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viernes, 6 de mayo de 2016

Monasterios por países - Alemania


La abadía de Corbiebenedictina, fue fundada en 657 por Santa Batilda, esposa del rey merovingio Clotario III, en CorveyPicardía,Francia.1 El condado se estableció en el siglo VII, siendo poseedores del título los abades. Durante el siglo VIII quedó ligada al imperio Carolingio.
Adelaida Capeto, hija de Roberto II de Francia el Piadoso, fue nombrada condesa de Corbie y aportó dominios señoriales del condado en la región flamenca a su marido el conde Balduino V de Flandes; Adelaida (también recordada como Adela) murió el 8 de enero de 1079.
El vizcondado existía hacia el año 1000. Hacia 1042 era vizconde Dreux, señor de Boves y Coucy. En 1070 fue ocupado por Gauthier III, conde de Amiens y Vexin; éste lo cedió a la corona en 1074 pero compensó a Enguerrando, hijo de Dreux, con la cesión del usufructo del condado de Amiens. Enguerrando llegó a una transacción con la abadía el 23 de febrero de 1079, que tenía los derechos feudales del vizcondado, probablemente cuando su padre Dreux ya estaba muerto (murió entre 1076 y 1082).
La iglesia de Saint Pierre de la Abadía, es una iglesia gótica , clasificada como monumento histórico desde el 7 de junio de 1919.

  







La abadía de Echternach está situada junto al río Sauer en Echternach al este deLuxemburgo, fue un monasterio benedictino, fundado en el siglo VII por San Willibrord, y suprimido durante la ocupación francesa a finales del siglo XVIII. La iglesia, centro de peregrinaciones a la tumba de san Willibrord, es basílica menordesde 1939.
La abadía es ahora muy popular y debe gran parte de su fama a la procesión danzante anual que se celebra cada martes por Pentecostés. Decenas de miles de turistas, excursionistas, peregrinos y clérigos visitan Echternach para presenciar o participar en la ceremonia tradicional.
Basilica in Echternach.jpg

Historia

En el siglo VI, una comunidad monástica se estableció a lo largo del Sauer en un terreno que había sido una antigua villa romana. El lugar pertenecía a la diócesis deTréveris que dio permiso para construir allí un pequeño priorato.
Con el fin de evangelizar la región, santa Irmina de Oeren propietaria de gran parte del terreno concedió permiso en el año 698 a Willibrord, recientemente consagrado obispo de Utrecht,1 para construir un monasterio mayor y del que fue nombrado abad.3
El primer edificio del templo se abrió en el año 700 con el apoyo financiero de Pipino de Heristal, esta conexión continuó con el hijo de Pipino, Carlos Martel, fundador de la dinastía carolingia, quien a la vez bautizó allí a su hijo Pipino el Breve en el 714, y este concedió a la abadía de Echternach el año 751, el nombramiento de «abadía real», por lo tanto su inmunidad. Alrededor de los muros de la abadía, creció una ciudad que pronto se convirtió en unas de las más prósperas de Luxemburgo.1
Además del apoyo carolingio, la abadía tuvo la ayuda de Wilfrido de York, con quien Willibrord había estado en Ripon (Northumbria). Willibrord superó con éxito el sesgo antiirlandès de Wilfrid, y aseguró el apoyo de muchos monjes irlandeses, que desde la abadía de Fountains se convertirían en la columna vertebral para el primer establecimiento en Echternach.
Sarcófago de san Willibrord en la cripta de la abadía.
Willibrord pasó mucho tiempo en Echternach, sobre todo tras el saqueo de Utrecht ocurrido en el 716, y murió allí el año 739 a los 81 años de edad. Fue enterrado en el oratorio, que pronto se convirtió en un lugar de peregrinación, sobre todo después de su canonización.4 1
El tercer abab de Echternach, Bernard, en el 785 fue nombrado arzobispo de Sens. A su muerte en 797, Carlomagno tomó el control de la abadía. La abadía se convirtió en un famoso centro de producción de manuscritos iluminados entre los siglos IX al XI. El scriptorium era conocido en todo el reino Franco. Los principales manuscritos elaborados en Echternach han sobrevivido al paso del tiempo. La reputación de la abadía era tan grande que Carlomagno envió su consejeroAlcuino de York para formarse allí antes de la apertura de la Escuela Palatina de Aquisgrán. Laminúscula carolina debe mucho a Echternach.5 6
Estrechamente relacionada con el reino Franco, la abadía declinó rápidamente cuando perdió este patrocinio. Una restauración se realizó en el 971 cuando el emperador Otón I envió cuarenta monjes benedictinos de Tréveris. Fue durante esta nueva «edad de oro» cuando elaboraron el Codex Aureus de Echternach, un códice bíblico escrito completamente en tinta de oro (siglo XI).7

Supresión de la abadía

Los abades de Echternach eran príncipes del Sacro Imperio Romano y continuaron hasta el final de siglo XVIII. El último de ellos murió en 1793, sin un sucesor ni ninguna elección que se realizara. El 13 de agosto de 1794, el general Claude-Sylvestre Colaud entró al frente de las tropas francesas en la ciudad de Echternach. La abadía fue saqueada, los monjes fueron expulsados y la tumba de san Willibrord fue profanada.4 El monasterio y la iglesia se vendieron como propiedad de la nación en 1797. Jean-Henri Dondelinger, que consiguió la compra a través de una subasta, condicionó los edificios para una fábrica de porcelana.

Restauraciones

Interior actual de la basílica.
A mediados del siglo XIX, el coro de la iglesia se derrumba parcialmente y está en peligro por completo. En 1862, una asociación para la reconstrucción de la iglesia ( Kirchbauverein ) se creó en Echternach. En 1868, la reconstrucción en estilo neorománico se completó y la iglesia se consagró nuevamente. Reconociendo su importancia como centro nacional de peregrinación a San Willibrord, el papa Pío XII concedió el 1 de enero de 1939 a la iglesia el título de basílica menor.4
Parte de la basílica fue destruida en 1944 como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, los obuses destruyeron los últimos muros. Fue nuevamente reconstruida -quinta iglesia en catorce siglos- en estilo románico como fue en su origen, la fachada está inspirada en la basílica románica del Sagrado Corazón de Paray-le-Monial. El edificio, una vez reconstruido, fue consagrado en el año 1953. La cripta del siglo VIII ha sido una de las partes del templo que ha sobrevivido, sin grandes daños y donde se pueden apreciar unas pinturas al fresco de la época carolingia.2 4
La escuela secundaria de Echternach y su internado ocupan gran parte de los antiguos edificios monásticos.




La abadía de Fleury (en francésAbbaye de Saint-Benoît-sur-Loire)? es una célebre abadía medieval de Francia localizada sobre el río Loira no lejos de Sully, en la diócesis de Orleans, conocida también con el nombre de San Benito sobre el Loira.
El fundador de esta abadía fue Leodebod, abad de San Arriano, más adelante, obispo de Orleans, en los primeros años del reinado deClodoveo II (638, 657). El primer abad del convento que hizo observar desde luego la regla de San Benito y de Columbano, se llamaba Mummolus, lector asiduo de libros piadosos y de las Sagradas Escrituras. Leyendo un día los diálogos de Gregorio, y habiendo llegado a la vida de san Benito de Nursia, pensaba con dolor en la devastación del monte Casino por los lombardos, y mandó allí al monje Aigulfo para que buscase entre las ruinas el cuerpo de san Benito y se lo trajese. Aigolfo descubrió felizmente el precioso tesoro que buscaba, así como el cuerpo de santa Escolástica. Trasladó las reliquias de san Benito a Fleury y dejó las de santa Escolástica a los habitantes de Mans (Cenomanenses) a quienes el obispo Berarius había enviado al mismo tiempo que Mummolus a Casino y con la misma intención. Se hizo este traslado en 653; está confirmado por Pablo Warnefried, por el testimonio de Optato, abad del monte Casino (f. en 760), de León, abad romano de fines del siglo X y por una multitud de autores, mientras que muchos otros, es verdad, la ponen en duda o la niegan absolutamente.

Fleury llegó a ser por la posesión de las reliquias del Patriarca de los monjes de Occidente, como dijo el papa León VII en una carta dirigida al abad Odón, la cabeza y la capital de todos los conventos. Este santuario atrajo hasta el tiempo de la reforma millares de peregrinos que concurrían anualmente de todos los puntos de Francia y de Europa; los papas y los reyes lo colmaron de privilegios, de inmunidades y de dones; llegó a ser en manos de los benedictinos un foco de ciencia y de piedad. El rey Clotario III hizo donación al convento del dominio de Sacerge,Caputcervium y en las actas de la asamblea de Aix-la Chapelle de 817, Fleury se halla nombrado a la cabeza de los principales conventos de Francia, obligados a ofrecer presentes al Emperador y a contribuir al servicio de la guerra. Más adelante Carlos el Calvo se mostró muy liberal hacia el monasterio. Al mismo tiempo que la abadía se ensanchaba materialmente, se fortificaba en lo espiritual gracias a Mummolus, el ardiente lector en 679, a Aigulfo que había traído el cuerpo de san Benito y que llamado en 661 a dirigir el convento de Lerins, pereció víctima de su celo; gracias también a Magullo, abad de Fleury, alabado mucho por Aleuino, que creó una sala de lectura para los hermanos y dedicó un altar a san Benito. El convento prosperó más aun bajo Teodulfo, el sabio obispo de Orleans, que era al mismo tiempo abad de Fleury; en las capitulares dirigidas a los sacerdotes de su diócesis les aconseja que manden sus parientes a la escuela, sea a Santa Cruz, sea a San Amano o a San Benito (Fleury). Después de la muerte de Teodulfo (f. en 821). En tiempo de Luis el Bondadoso fue la gloria del convento el monje Adrevaldo (Arevaldo, Adalberto), que, bajo el reinado de Carlos el Calvo compuso un libro sobre los milagros de San Benito, libro que continuó Adelerius, otro monje de Fleury. La consideración de Fleury se aumentó por este tiempo con la creación de doshospicioshospitale nobilium y hospitale pauperum, debidos a la munificencia de Luis el Bondadoso, por el regalo de varias reliquias preciosas que le hizo el convento de san Dionisio y por la institución de una gran fiesta en honor de este santo y de san Benito, cuya memoria se celebra solemnemente todos los años en el convento y en toda Francia, el 4 de diciembre. No pudiendo las mujeres penetrar ea el convento, se exponía para ellas en el bosque que rodeaba la abadía el tesoro de las reliquias en una tienda.
Desgraciadamente las invasiones de los normandos impidieron estos pacíficos progresos. En 865 los bárbaros quemaron el convento, del cual se habían retirado los monjes, llevándose las reliquias de San Benito. En 878 los ávidos conquistadores volvieron a presentarse, pero fueron derrotados por el valiente abad Hugo. Aparecieron por tercera vez en 909. Esta vez su duque, Reinaldo, estableció su cuartel general en el mismo dormitorio de los monjes, pero san Benito se le apareció por la noche y le anunció su próximo fin. Desde este momento los normandos concibieron un gran respeto por san Benito y el mismo Rollo, aunque pagano todavía, perdonó la abadía de Fleury.
A pesar de estos acontecimientos tan poco favorables a la disciplina, esta permaneció vigente basta principios del siglo X; pero hacia 930 había caído completamente en decadencia como en los demás conventos de Francia. Afligido de la caída profunda del santuario de San Benito, el conde Elisiardo pidió el convento para restablecer en él el orden; lo obtuvo del rey Rodolfo (Raoul), y se encaminó a él acompañado de dos condes, de dos Obispos y del célebre abad de Cluny, Odón de Cluny (san Odón). Cuando el cortejo se acercó a Fleury, los monjes tomaron las armas y en tanto que unos defendían la entrada del convento, otros subieron a los tejados y lanzaron piedras sobre el conde y la comitiva, resueltos a oponerse a la entrada de un abad extraño en su casa. Después de tres días de conferencias inútiles, una resolución súbita y de Odón doblegó el obstinado orgullo de los monjes. Contra el parecer de sus compaisanos, Odón se adelantó solo a caballo y pidió atrevidamente la entrada en el convento. A la vista del santo los monjes, se arrojaron contritos a sus pies. Odón permaneció algún tiempo en Fleury, hizo entrar todo en orden, abolió las propiedades particulares de los monjes, restableció la comida de vigilia, renovó la antigua disciplina y vio multiplicarse el número de religiosos a los cuales se juntaron canónigos y obispos, que renunciaron a sus dignidades para abrazar la vida severa del convento. Por lo demás, Fleury no fue puesto bajo la dependencia de Cluny.
La abadía se hizo así más floreciente que nunca y la fama se elevó más alta que profunda había sido su caída. Suministró con frecuencia a los otros conventos, monjes encargados de reformarlos y estableció muchas colonias afiliadas. La congregación cantó en su seno hombres de todas países, españoles, alemanes, como por ejemplo, Dietrich Heresfeld, autor de la relación de la traslación del cuerpo de san Benito de Orleans a Fleury,Los usos de la abadía, redactados hacia el año 1000, suministran datos importantes y de interés. Ahí se vé cuan benéfico era este monasterio para los pobres, de los cuales alimentaba un centenar el Jueves Santo, el día dePentecostés y en otras épocas del año; desde la más remota antigüedad había habido al lado de la iglesia de la abadía un hospital para los pobres.
La abadía de Fleury se reanimó igualmente de una manera especial desde la retirada de Odon. De allí salió uno de los mayores sabios de la época, Abón de Fleury, que ocupó en el siglo X, con Remy de Auxerre, Hucbald, monje de Elnom, Frodoardo, Gerberto y Fulberto de Chartres, uno de los primeros puestos entre los restauradores de la ciencia. Entre sus numerosos discípulos de Francia y del extranjero, Abón distinguía sobre todo a san Osvaldo, obispo de Worcester, que ayudó poderosamente a Dunstan a reformar la Iglesia de Inglaterra; otro Cooperador de Dunstan Ethelvatdo, el venerable Obispo de Winchester, envió una misión a Fleury para tomar datos sobre la disciplina que allí reinaba, y Dunstan mismo se sirvió de las observancias de Fleury en sus Concordias. Su predecesor, el Arzobispo Odón, no había querido aceptar la dirección de su diócesis antes de haber tomado la costumbre de la congregación de Fleury. Abón también tuvo que dirigirse a Inglaterra a invitación del Obispo Oswaldo y enseñó allí en el convento de Ramsay de 985 a 987; Abón tenía gran cuidado de recomendar a sus monjes el estudio y la copia de manuscritos como medios especiales y eficaces contra las tentaciones.
Entre los discípulos de Abón se distinguieron en el convento de Fleury:
  • Aimon, autor de Gesta Francorum, de una vida muy interesante de su maestro Abón y de cuatro libros de los milagros de San Benito
  • el monje Constantino, con el cual el célebre Gerberto, más adélante el Papa Silvestre, estuvo en correspondencia, a quien llamaba un noble y sabio profesor, invitándole a que fuese a su lado, y le llevase libros de Fleury
  • los monjes Gerardo, Vital, Tortarius, Gausberto, etc.
Además de las obras de Abón, se deben en el curso del siglo XI varios libros a monjes de Fleury, por ejemplo, al monje Isembardo un tratadito sobre la invención del cuerpo de san Yodoc; al monje Helgaldus, la vida del Rey Roberto (f en 1031) y varias crónicas e historias a otros religiosos del convento como puede verse en J. A. Boreo, en Bouquet y en la Historia literaria de Francia.
La escuela de Fleury gozó de gran consideración durante toda la Edad Media, y hasta después de la mitad del siglo XVI. Se vieron allí con frecuencia 5.000 estudiantes reunidos, de los cuales cada uno debía pagar los gastos de sus estudios en cuanto fuera posible por medio de dos manuscritos. Del mismo modo, todos los conventos dependientes de Fleury, debían contribuir anualmente al mantenimiento de la biblioteca. Así es como se formó un inmenso tesoro de manuscritos y libros preciosos, con los cuales más tarde no supieron hacer cosa mejor los hugonotes que desgarrarlos, diseminarlos y destruirlos en nombre de la pura luz del Evangelio. Otro tanto hicieron con los templos católicos y con los santuarios más venerados del país y Fleury debió tenerse por muy dichoso de que en su rabia devastadora, que se ensañaba contra las reliquias perdonasen el cuerpo de San Benito y no destruyesen el convento que le estaba consagrado, después de haber saqueado en varias ocasiones los preciosos tesoros que la piedad de las naciones había acumulado allí hacia siglos.
Los monjes de Fleury acabaron por asociarse a la congregación de San Mauro.

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