miércoles, 31 de mayo de 2017

Arquitectura de la antigua Roma

Acueductos romanos en España


El acueducto romano de Sexi se ubica en el municipio de Almuñécar (GranadaAndalucíaEspaña), conservándose de él varios tramos: uno en el barrio de Torrecuevas, otro en el casco urbano de Almuñécar y otros dos restantes entre el barrio de Torrecuevas y la ciudad de Almuñécar, en medio de los cultivos de árboles tropicales (chirimoyoaguacatemango) de la vega sexitana. Su función era la del abastecimiento de agua a la ciudad, en época del Alto Imperio Romano. Se trata del acueducto romano mejor conservado de Andalucía.3 Es Bien de Interés Cultural desde 1931.

Descripción

El acueducto romano de Sexi contó con una longitud de 7 kilómetros aproximadamente desde el sitio conocido como las Angosturas, punto final de la captación, hasta los depósitos terminales en la ciudad. El agua transportada provenía del acuífero del río Verde y era recogida a través de una galería de infiltración que afloraba a la superficie en el sitio conocido como la Fuente de los Granados. Al finalizar la galería de captación subválvea, el agua era conducida a la ciudad por canales abovedados que operaban en régimen de lámina libre siguiendo las curvas de nivel del terreno, algunas veces casi superficial y otras enterrada a unos cuantos metros. Se hizo uso de dispositivos especiales tipo subtructiones y arcuationes para salvar depresiones cuando se consideró necesario, cuatro de estos últimos han sido estudiados en detalle por su monumentalidad. También se sabe que contó con un túnel que permitía el paso de la canalización de la cuenca del río Verde y a la del río Seco. La parte final de la conducción terminaba con un sifón invertido de 1 kilómetro de longitud realizado con tubos cerámicos y que posiblemente tenía un dispositivo de rotura de presión columnaria en su parte final.
Parte de la antigua canalización ha seguido en funcionamiento hasta nuestros días como acequia para el riego de la rica vega sexitana, razón que explica la conservación de gran parte de sus elementos extraurbanos y que lo convierte en el acueducto romano mejor conservado de Andalucía.
Los cuatro acueductos que componen el conjunto, el de Torrecuevas y los denominados tramos I, II y III, en dirección aguas abajo del Río Seco, constituyen una obra de gran unidad. Presentan dos tipos de arcos: uno con luz normal de 4'90 metros y otro con luz reducida de 2'80 metros. Los pilares de sección cuadrada miden 1'80 por 1'80 metros y, cuando su altura rebasa los 5 metros, lo que aproximadamente supone el triple de la dimensión transversal, se enlazan entre sí mediante la intercalación de un segundo cuerpo en la zona inferior. Esta conducción encuentra semejanzas estilísticas con la de Baelo Claudia, especialmente en los arquillos de aligeramiento en los pilares, detalle poco frecuente en los acueductos romanos. Fernández Casado los fecha en el siglo I d.C., por lo que al de Almuñécar se le podría dar una cronología similar.3
Tramo del acueducto en el barrio de Torrecuevas.  
Tramo de Torrecuevas.  
Tramo en el casco urbano de Almuñécar.  

Historia

El primer estudio realizado sobre el trazado del acueducto es obra del ingeniero Carlos Fernández Casado, quien publicó en 1949 en el Archivo Español de Arqueología un artículo en el que describía y analizaba los restos conservados del mismo, apuntando ya la necesaria existencia de un sistema de sifón inverso para permitir que el agua salvara la vaguada que se extiende a los pies de las colinas sobre las cuales se asentó Almuñécar en época antigua.
Una segunda propuesta fue la presentada por Antonio Tovar Sabio y Tomás Camero Uclés como proyecto de fin de carrera en la década de los 80, bajo el título «Conducción romana de Sexi», donde se describen los restos conservados en ese momento del acueducto.
En el año 2000 vio la luz el último estudio sobre la conducción con una nueva propuesta de trazado, obra de Federico Molina Fajardo, arqueólogo municipal de Almuñécar durante dos décadas, y que recogió en su análisis los datos arrojados por las excavaciones llevadas a cabo en el municipio. Como nueva aportación se encuentra la excavación llevada a cabo en lo que tanto Torres Balbás como Fernández Casado identificaron con el castellum aquae, los restos conocidos como Cueva de los Siete Palacios; hipótesis que descartó al no aparecer rastro alguno de mortero hidráulico en la construcción. También describe los restos arqueológicos exhumados en las diferentes campañas de excavación realizadas en la zona de La Carrera, concretamente el venter del sifón, cuya existencia ya se apuntara en los cuarenta.3

Tramos

Acueducto de Torrecuevas

Tramo superior del acueducto romano, con 130 metros de longitud, 17 arcos de luz normal y 2 de luz reducida a ambos extremos, realizado con mampostería de pizarra. La delimitación se amplía 300 metros hacia el sur para abarcar restos de canal que se encuentran bajo la carretera y dos pequeños tramos de arcadas.
Ya en la barriada de Torrecuevas se localiza el siguiente resto de specus, descubierto gracias a una excavación arqueológica llevada a cabo en junio de 2008 en un sitio conocido como El Convento; un tramo de 75 metros de canal abovedado de 1,00 metro de altura interna y entre 0,36 y 0,40 metros de anchura en la base.
Tras cruzar la carretera del Suspiro del Moro, el canal aparece elevado sobre el denominado Acueducto de Torrecuevas, arcuatio de 130 metros de longitud.4 A partir de esta construcción, la conducción discurre soterrada a través de tierras de cultivo y bajo edificaciones de reciente construcción a lo largo de casi todo su recorrido hasta el cambio de cuenca, apareciendo de forma puntual sobre un arco posiblemente reconstruido;4 un Salud; elevado sobre una obra de cuatro arcos en terrenos de Juan Salado4 5 y una spiramina de 4 metros de profundidad.6

Acueductos I, II y III

Hacia el sur se conocen tres tramos del acueducto romano. El AI tiene un sólo cuerpo, con 4 arcos de luz normal y 2 pequeños. El AII consta de 9 arcadas normales y 2 reducidas. El tramo de más altura presenta tres arcos de refuerzo entre los pilares. El AIII está formado por dos cuerpos con 9 arcadas principales y dos reducidas. En la delimitación se incluyen restos pertenecientes a arquetas y sifones que jalonarían el acueducto a lo largo de su recorrido.7

Primer tramo

Corresponde a la galería de captación del acueducto,4 cuyo punto final se localiza en la conocida como Fuente de Los Granados, siendo sin embargo discutido su punto inicial.

Segundo tramo

Desde la dicha Fuente de Los Granados, el agua pasa a discurrir en régimen de lámina libre por una acequia de nueva construcción que se supone reutiliza, al menos en parte, el trazado del acueducto de época romana.

Tercer tramo

El canal de factura romana aparece, a lo largo de unos 200 metros, en las cercanías de la finca de «Los Fonollá», coincidiendo con el inicio de un sector excavado en la roca de unos 30 metros de longitud. A lo largo de este primer sector, el canal abovedado muestra 0,40 metros de anchura en la base y una altura variable entre 0,80 y 1,00 metro medidos desde la solera hasta el intradós de la bóveda.
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El acueducto de Valdepuentes, también conocido como Aqua Vetus o Aqua Augusta,1 era uno de los tres acueductos que, en época romana, suministraban agua a la ciudad de Corduba (actual CórdobaEspaña).
Desde los siglos XVIII y XIX existen descripciones sobre acueductos conservados en los alrededores de la ciudad, pero se dudaba sobre su origen romano o medieval, y aunque la existencia de algunos restos de conducciones de plomo, atarjeas, cloacas, etc. apuntaban a su origen romano, se mantenía la duda sobre su posible origen medieval. Esta duda está hoy despejada gracias a evidencias epigráficas encontradas en el último cuarto del siglo XX que demuestran fehacientemente su origen romano.
Durante el reinado del emperador Augusto (27 a. C. - 14) la expansión de Corduba hizo necesaria la construcción de un acueducto para el abastecimiento público de agua, que hasta entonces se había realizado gracias a los acuíferos subterráneos horadados mediante numerosos pozos. Aquel primer acueducto se denominó Aqua Augusta y posteriormente, tras la construcción del segundo acueducto o Aqua Nova Domitiana Augusta, pasaría a llamarse Aqua Vetus, siendo conocido en la actualidad como acueducto de Valdepuentes.
Esta conducción captaba el agua principalmente de la zona de Santa María de Trassierra (arroyo del Bejarano, caño de la Escarabita y Veneros de Vallehermoso) y tenía una longitud de 18,6 km, discurriendo en subterráneo prácticamente en su totalidad. La canal (specus) estaba construida en opus caementicium con revestimiento interior de opus signinum y tenía una sección de 90x64 cm con paredes 30-40 cm de espesor y cubierta por una bóveda de medio cañón de 30 cm de radio interno. Hay que destacar en su obra la existencia de un sistema de más de 40 pozos de resalto (spiramina) empleados para reducir la velocidad de las aguas en la ladera de la sierra, en la zona de Valdepuentes. Además tenía otros pozos cuya misión era cambiar de dirección o simplemente facilitar la limpieza del conducto subterráneo. Su aportación de agua a la ciudad se calcula entre 20.000 y 35.000 m³/día.
En época medieval fue reutilizado para abastecer de agua a la ciudad palatina de Medinat al-Zahra (Medina Azahara) y en la actualidad puede observarse un fragmento de 2,5 m de longitud, perteneciente a un largo tramo de más de 70 m encontrado en las excavaciones para construir en la zona de La Arruzafilla, que ha sido conservado por el Ayuntamiento en una zona ajardinada junto a la Glorieta de Santa Beatriz, en las proximidades de donde fue encontrado.

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Acueductos romanos en España


El acueducto de Segovia es un acueducto romano situado en la ciudad española de Segovia. Su construcción data de principios del siglo II d. C., a finales del reinado del emperador Trajano o principios del de Adriano. La parte más visible, y por lo tanto famosa, es la arquería que cruza la plaza del Azoguejo, en la ciudad.

El acueducto

Vista desde los pilares de la arquería del acueducto. Se aprecia la total ausencia de argamasa entre los sillares.
Vista de la arquería del acueducto desde los pies de la muralla de Segovia.
El acueducto de Segovia conduce las aguas del manantial de la Fuenfría, situado en la sierra cercana a 17 kilómetros de la ciudad, en un paraje denominado La Acebeda. Recorre más de 15 kilómetros antes de llegar a la ciudad. El agua se recoge primeramente en una cisterna conocida con el nombre de El Caserón, para ser conducida a continuación por un canal de sillares hasta una segunda torre (llamada Casa de Aguas), donde se decanta y desarena, para continuar su camino. Después recorre 813 m (con una pendiente de un 1 %)2 hasta lo alto del Postigo (el espolón rocoso sobre el que se asentaba la ciudad en torno al Alcázar). Antes, en la plaza de Día Sanz, hace un brusco giro y se dirige hacia la plaza del Azoguejo, donde salva la depresión con una arquería, que presenta todo el esplendor del monumento. En la parte más elevada mide 28 metros (con cerca de 6 metros de cimientos) y tiene dos órdenes de arcos sobre pilares. En total, tiene 167 arcos.3
Desde su llegada a la ciudad hasta la plaza de Día Sanz hay 75 arcos sencillos y a continuación 44 arcadas de orden doble (esto es, 88 arcos), siguiendo después otros cuatro arcos sencillos. En el primer sector del acueducto aparecen 36 arcos apuntados, reconstruidos en el siglo XV para restaurar la parte destruida por los musulmanes en el año 1072. En el piso superior, los arcos tienen una luz de 5,10 metros, con los pilares de menor altura y grosor que los del piso inferior. El remate es un ático por donde discurre el canal conductor de agua (con una sección en forma de U de 180 x 150 cm), adaptándose el piso inferior a los desniveles del terreno. En el piso inferior, los arcos tienen una luz que oscila alrededor de los 4,50 metros y los pilares disminuyen su sección de manera escalonada, de abajo arriba: en la coronación tiene una sección de 1,80 x 2,50 metros, mientras que en la base llegan a alcanzar 2,40 x 3 metros.
Maqueta del recorrido del acueducto.
Está construido con sillares de granito asentados sin argamasa entre ellos. Sobre los tres arcos de mayor altura había en la época romana una cartela con letras de bronce donde constaba la fecha y el constructor. También en lo alto pueden verse dos nichos, uno a cada lado del acueducto. Se sabe que en uno de ellos estuvo la imagen de Hércules Egipcio, que según la leyenda fue el fundador de la ciudad. En tiempos de los Reyes Católicos se colocaron en esos dos nichos la imagen de la Virgen de la Fuencisla (patrona de la ciudad) y san Sebastián. Sin embargo, hoy en día tan sólo se puede apreciar la primera talla. El 4 de diciembre, onomástica de santa Bárbara, patrona del cuerpo de Artillería, cuya academia está en Segovia, los cadetes arropan la imagen de la Virgen con una bandera. La línea de arcos se levanta organizada en dos pisos, con una decoración simple en la que predominan unas sencillas molduras, que enmarcan y estructuran el edificio.
Vista aérea del acueducto de Segovia.
En la época de los Reyes Católicos se realizó la primera gran obra de reconstrucción del acueducto. Se encargó de las obras el prior del monasterio cercano de los Jerónimos del Parral, llamado Pedro Mesa. Se reedificaron 36 arcos, con mucho respeto hacia la obra original. Más tarde, en el siglo XVI, fue cuando se pusieron en los nichos centrales las estatuas antes mencionadas de la Fuencisla y san Esteban.
Vista nocturna del acueducto.
El acueducto es el hito arquitectónico más importante de la ciudad. Se ha mantenido en activo a través de los siglos y quizás por eso haya llegado al tiempo presente en perfecto estado. Hasta casi nuestros días proveía de agua a la ciudad de Segovia, y más concretamente al Alcázar. En los últimos años ha sufrido un patente deterioro causado principalmente por la contaminación medioambiental y a los propios procesos de erosión del granito. El tráfico rodado de vehículos cerca del acueducto (que incluso llegó a circular entre las arcadas del acueducto hasta 1992) y la realización de conciertos y actividades musicales de gran volumen a sus pies también son hechos que perjudican el monumento.4 Para garantizar su supervivencia, se ha procedido a un minucioso proceso de restauración que ha durado casi ocho años, bajo la dirección del arquitecto Francisco Jurado.5 6 [cita requerida] Con todo, sigue expuesto a la contaminación, ya que se sigue circulando a escasos metros de él.7

En el folclore popular

Hay una leyenda del acueducto de Segovia en la que se cuenta que una niña subía todos los días hasta lo más alto de la montaña y bajaba con el cántaro lleno de agua. Un día, harta de aquello, pidió al demonio que construyera algún medio para que no tuviera que subir y bajar todos los días con el cántaro. Entonces, por la noche, se le apareció el diablo y le concedió el deseo a cambio de que, si conseguía terminar el acueducto antes de que cantara el gallo, le tendría que dar su alma. La niña accedió y el diablo comenzó a construir el acueducto, momento en que la niña se arrepintió de haberlo deseado. Justo cuando le quedaba una piedra para terminar cantó el gallo, lo que hizo que el diablo fracasara y la niña no perdiera su alma. En el hueco que quedó es donde está ahora puesta la estatua de la Virgen de la Fuencisla.
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Arquitectura de la antigua Roma

Acueductos romanos en España


El acueducto de los Milagros era una de las conducciones que, en época romana, suministraban agua a la ciudad de Emérita Augusta (actual MéridaEspaña).

Dicho acueducto tenía como función principal suministrar agua al lado Oeste de la ciudad.1 El punto de captación de agua o caput aquae se situaba en el embalse de Proserpina, desde donde nacía una conducción que serpenteaba a lo largo de casi 12 kilómetros. La conducción discurre sinuosa bajo el suelo siguiendo la curva de nivel con una ligera pendiente. Es en su mayor parte una galería subterránea excavada en roca viva, salvo en los pasos sobre algunos arroyos que se salvan con pequeñas arquerías en alzado. En la parte final de la conducción es donde se sitúa la arquería más famosa, cuando se salva el río Albarregas, para lo cual se tuvo que construir una serie de pilares (arcuationes), que constituyen la parte más vistosa. El acueducto finalizaba al entrar en la ciudad por el punto más alto del cerro del Calvario, donde apareció intramuros un ninfeo como final monumental (tradicionalmente denominado castellum aquae, aunque este debió situarse en las proximidades).
Este último tramo de arquerías se alarga 830 metros, con una altura de 25 metros en la parte más profunda del valle del río Albarregas. La estructura de dicho tramo es característica de Mérida. Se compone de robustos, pero elegantes pilares, en los que alternan cinco hiladas de sillares de granito con otras tantas hiladas de ladrillo. Arcos a diferentes alturas van enlazando los pilares, cuyo núcleo es de opus caementicium. Los arcos de enlace son de ladrillo, salvo el que salva el cauce del río, que tiene las dovelas de granito muy bien trabajadas. Son todavía 73 los pilares que han permanecido más o menos deteriorados.
Esta obra, que causó el asombro general en los pasados siglos, donde se consideró un milagro que los pilares se conservaran en gran medida aún en pie, tomando así el nombre con el que se conoce el acueducto.2 3
Respecto a la cronología, como apuntan las intervenciones del tramo del canal frente al cementerio y del Ninfeo ubicado en el Calvario, se dataría aproximadamente en época Claudia o de los Flavios, es decir siglo I d. C.

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El Acueducto romano de Peña Cortada, también Acueducto de La Serrada o Acueducto de La Serranía discurre por los municipios de TuéjarChelvaCalles y Domeño, en la Provincia de Valencia.

Descripción

Este acueducto fue trazado con distintos sistemas de conducción de aguas que, desde su origen en el azud del río Tuéjar, salvan grandes escollos topográficos. La longitud de los restos hallados es de 28,6 kilómetros, siendo su entidad comparable con los acueductos romanos más relevantes de España: SegoviaLes Ferreres de Tarragona y Los Milagros de Mérida.
En el acueducto de Peña Cortada coexisten dos tipos, el de acueducto puente y el de acueducto viaducto. En el primero se aúnan las técnicas ya resueltas del puente y del arco honorífico o triunfal que aquí se emplean sobre todo para salvar la rambla de Alcotas y el barranco de la Cueva del Gato con la monumentalidad requerida por sus autores para magnificar el poderío de su imperio. En el segundo tipo de acueducto de circulación libre por canal, canalis structilis, se despliega aquí, en su tramo excavado en roca, el dominio técnico romano en cuanto a sistemas de conducción de aguas.
No se conoce el trazado total del acueducto, aunque con toda probabilidad se puede descartar que su destino fuera Sagunto, que tenía su propio sistema de agua como Liria, donde ocurre lo mismo. Además por cotas de nivel a esta última llegaría a una cota casi 100 m. por encima de la población. Por otra parte la anchura de la conducción, claramente de dimensión superior por ejemplo a la del acueducto de Tarragona, una de las ciudades de mayor población de la España romana, nos pueden indicar un uso para riego y su destino seria el llano entre Casinos y Liria.

Partes integrantes

Peña Cortada.
  • 1. La captación de agua (azud de Tuéjar). En su inicio, en término de Tuéjar, un simple dique, saeptum, perpendicular a la corriente, permite desviar directamente hacia el canal, specus, donde su tramo inicial está tallado en roca.
  • 2. El puente del barranco del Convento (Chelva) de un solo arco.
  • 3. El puente de la rambla de Alcotas (Calles). Escolano en 1611 y Marés en 1681 pudieron comprobar que este puente tenía seis arcos. Sin embargo Cavanilles un siglo más tarde, en 1795, ya constata la existencia del único arco apoyado sobre dos pilas que hoy en día permanece en pie, así como una tercera pila con el arranque de un segundo arco.
  • 4. El puente del barranco de la Cueva del Gato (Calles) de tres arcos que constituye la fábrica más espectacular y mejor conservada de todo el acueducto. Su longitud total es de 36 m., mientras que su altura máxima rasante supera los 18 metros
Una vez rebasado este puente el specus gira bruscamente en dirección este para seguir a través de un impresionante cortado denominado Peña Cortada o La Serrada, ya que la montaña sufrió un corte casi en vertical de unos 25 metros de altura y en una longitud de unos 50 metros. La roca extraída debió aprovecharse en la construcción de este puente acueducto.
  • 5. Puente de la Torre de Castro (Calles) A partir de este punto, la conducción alterna 5 tramos al aire libre con otros 4 en galería, bordeando los costados oriental y septentrional de la Torre de Castro, mientras que en el occidental se localizan los restos de un puente acueducto, construido para salvar el barranco de Más de Solaz.
  • 6. Puente del barranco de La Cabra (Calles) de un solo arco
  • 7. Puente del barranco de El Zurdo (Calles) del que apenas se distingue uno de los machones.
  • 8. Puente del barranco del Tío Roque (Calles) de un solo arco en el que apenas se distingue el arranque de los machones.
  • 9. Puentes de los barrancos del Arenal y de la Olivera del Arquillo (Calles) de un solo arco, también muy destruido.
  • 10. Canalizaciones en el término municipal de Domeño, cubiertas y descubiertas.
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Arquitectura de la antigua Roma

Acueductos romanos en España


El Acueducto de Gades fue la conducción de agua potable construida por el Imperio Romano para abastecer a Gades (antigua Cádiz, España). El acueducto medía 75 kilómetros,1 lo que lo convertiría en una de las obras civiles más importantes de la antigua Hispania, el mayor acueducto de la región y probablemente el quinto de todo el imperio. Traía agua desde los manantiales del Tempul, que aún hoy siguen siendo usados como toma de agua.

Se tiene constancia que la antigua ciudad de Gadir ya poseía un sistema de cisternas de agua de lluvia desde época fenicia que ayudaba a paliar la mala calidad del agua de pozo y de su escasez. Estrabón hace referencia de esto en su viaje a Gades, lo cual comparte con autores contemporáneos.2 Tradicionalmente se ha creído que fue Lucio Cornelio Balbo el Menor el promotor del proyecto, pero los estudios actuales sugieren que se podría haber construido durante el gobierno del emperador Claudio, en el I siglo d.C. Se cree que fue posteriormente abandonado en el siglo IV obligando a volver a los habitantes al sistema de cisternas fenicias, hasta la mitad del siglo XIX que se vuelve a construir una red de abastecimiento.


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El Acueducto subterráneo de Huelva es una obra hidrológica civil datada en el siglo I d.C. Ubicado en la actual ciudad de Huelva, conocida como ONVBA AESTUARIA en tiempos del Imperio romano, se encuentra situado en una zona de cabezos llamada El Conquero recorriendo la ciudad desde el monasterio de la Cinta, hasta las inmediaciones del cabezo de San Pedro.
La especial localización de la ciudad de Onuba, en el estuario entre los ríos Tinto y Odiel y su alto aporte de sedimentos propició en el periodo terciario la creación de los llamados “Cabezos”, elevaciones de hasta 60 metros de tierra ya compactada, semipermeable y protegida por la vegetación autóctona. La “Fuente Vieja”, sorteando estos cabezos o incluso a través de ellos, suministró agua a Huelva durante los años de mayor esplendor de la ciudad romana, entre mediados del siglo I y principios del siglo II según las dataciones del estudio. Se trataba de una urbe con un importantísimo tráfico de minerales que llegaban desde las minas de cobre, oro y plata cincuenta kilómetros al norte. Pero el comercio minero no había sido el único que dio cierta importancia económica a Onuba. El salazón del pescado era otro de los pilares de la economía, procesado de pescado que requería ingentes cantidades de agua. En el estudio arqueológico se encontraron dos tuberías principales en la actual Calle Palos que confirmaron la presunción que en época romana existía un importante sistema de abastecimiento de agua para la ciudad.
Panorámica de Huelva desde las elevaciones-cabezos de El Conquero. A pocos metros se iniciaba el acueducto.
Tras época romana el acueducto siguió abasteciendo a la ciudad hasta después del siglo XVI a través de diferentes fuentes ya desaparecidas como:
  • La Fuente de San Pedro, que tenía que superar más distancia desde la captación y que probablemente estaba sometida a cortes y taponamientos de manera más frecuente que la Fuente Vieja.
  • La Fuente Vieja. Situada en las laderas del Conquero su propio nombre indica que para los pobladores de la Huelva medieval se trataba de una obra ya anterior a la memoria. Por su situación, que propiciaba un mayor y continuo caudal de agua, suministraba agua a la ciudad incluso en épocas de sequía. Esto implica que probablemente esta fuente no sea más que un surtidor agregado a uno de los depósitos romanos aprovechando una buena situación en la que el aporte de agua era permanente.
  • La Fuente Nueva y la Fuente de la Alcoba.
  • Otras fuentes o caños laterales al acueducto, que servían para el riego de los campos de las zonas de La Vega y San Sebastián.
Existen algunos documentos escritos que hablan de esta construcción, el más antiguo del siglo XV usando probablemente fuentes más antiguas, de entre los siglos XI y XIII algunas de ella árabes, pero quizá la más conocida es la mención que hace Rodrigo Caro en el año 1635:
«... hay una ermita [...] que llaman Nuestra Señora de la Cinta, donde está una imagen muy devota y de muchos milagros, y cerca de ella un antiguo acueducto, que por debajo de tierra da muy buena agua y bastante a la villa.
En esa época la ciudad contaba con no más de 5.000 habitantes por lo que resultaba extraña tal obra para tan pequeña villa. Otro texto, ya de 1691 y del propio ayuntamiento de la ciudad, menciona que las “cañerías” de la conducción llegan a la ciudad por debajo de tierra dejando patente el cierto carácter mítico que los onubenses de la época le dan a la construcción.
En el siglo XVIII, el conocimiento de la historia de la antigua Huelva va a permitir comenzar a resituar esta construcción. Antonio Jacobo del Barco impugna la tesis de Caro por la que la ciudad de Onuba era la localidad de Gibraleón y la emplaza en Huelva. Ello da más sentido al acueducto porque al ser Huelva la antigua Onuba es más lógica tal infraestructura de origen romano para la ciudad. En eso años el mantenimiento del acueducto era ya nulo aunque setenta años antes se había intentado su rehabilitación y limpieza mediante una tasa sobre el pescado. A este abandona se le sumaron las desastrosas consecuencias del terrible Terremoto de Lisboa de 1755 que afectó seriamente a todas las infraestructuras de la ciudad. El caudal de las aguas disminuyó sensiblemente al encontrarse algunas galerías semibloqueadas por escombros. Las noticias de los daños al acueducto incluso llegaron a Honduras, cuando el presbítero onubense Diego Márquez Ortiz, primer capellán, vicario y juez eclesiástico de San José de Juscarái, donó 2.000 pesos para su reparación. En 1772 las reparaciones permitieron al acueducto vivir una segunda edad de oro cuando se devuelve la conducción de agua a la Plaza de San Pedro e incluso mediante tuberías a la Plaza de San Juan (hoy de las Monjas) a una fuente de mármol y bronce.
"Se derrama y corre por las calles en bastante caudal, de forma que, sin dispendio alguno, los vecinos pobres por donde pasa dicha agua la recogen en sus casas y usan de ella para bebida y aseo de sus ropas y la sobrante la utilizan varios hortelanos para la crianza de sus legumbres". (1772)]])
En la imagen, se pueden observar los restos de uno de los respiraderos del acueducto (línea vertical) en la zona del Cabezo de San Pedro.
Pero esta rehabilitación no había significado realmente la salvación del acueducto. Daños estructurales serios provocaron que solo dos años después el agua dejara de llegar a la Plaza de San Juan. A esto había que sumársele que propietarios de tierras en los Cabezos continuaran cegando las lumbreras que hacían respirar al acueducto. Eso no significa que el acueducto dejara de funcionar, de hecho siguió siendo el principal medio de abastecimiento de agua de la ciudad hasta casi inicios del siglo XX, con lo que ello significa para la calidad de la salud de la población de Huelva. Por ello, en pleno siglo XIX las fuentes de abastecimiento de agua para la ciudad seguían siendo prácticamente las mismas que las de anteriores siglos por lo que el agua de la Fuente Vieja seguía siendo esencial para los onubenses. Por lo tanto el uso de pozos ilegales que disminuían el caudal y la sobreexplotación de esta agua era patente, legislándose incluso en 1828 el horario por el que los aguadores podían abastecerse en ella evitando así la lógica especulación. Desordenes por su control llevaron al propio Ayuntamiento incluso a mantener un guarda que se ocupara tanto de la vigilancia como de la limpieza de la fuente. Pero la mayor causa de deterioro era la propia desidia del Ayuntamiento que no patrocinaba o no podía permitirse económicamente patrocinar un adecuado mantenimiento del acueducto excepto cuando apremiaba garantizar el consumo de agua para evitar graves problemas de salud pública, como se hizo en 1843. Pocos años antes, Richard Ford en 1831, comentaba que el acueducto romano de la ciudad iba progresivamente desapareciendo al servir de cantera a la población local.1 Pero no solo la economía era la causa de tal deterioro, el desconocimiento científico de la estructura y funcionamiento del acueducto era patente, sustentándose incluso más en la información oral que en las pocas citas antiguas sobre la obra.
A finales de este siglo ocurre un hecho trascendental para la ciudad y la provincia de Huelva: un grupo de empresarios británicos compra las minas de la Cuenca Minera instalándose y creándose importantísimas empresas mineras como la Rio Tinto Company Limited. Por todo ello la ciudad se convierte en un importante puerto industrial por lo que la población aumenta vertiginosamente superando los 20.000 habitantes y por lo tanto así también lo hacen las necesidades de agua de la misma. Paradójicamente, Huelva se encontraba con que la mayor parte de estas fuentes estaban ya prácticamente secas, por lo que incluso se había hecho necesario abrir los propios depósitos para un mejor acceso a la poca agua que manaban. Esto influyó, por ejemplo, en el espectacular aumento de mortandad por enfermedades digestivas derivadas por el mal abastecimiento de agua. La respuesta a ello fueron tanto los trabajos por parte del Ayuntamiento de recuperar o mejorar el caudal y las fuentes como los intentos de algunas empresas de carácter privado por crear una red de abastecimiento de aguas moderna trayendo el agua desde la Rivera de Nicoba, a pocos kilómetros de la ciudad. Esta imperiosa necesidad de agua provoca que desde la misma prensa local se critique a las autoridades, que antepusieran el uso industrial del agua al civil y que impidiera el propio desarrollo y modernización de la ciudad:
"Sin agua, es imposible que los veraneantes de otras provincias acudan a Huelva". (La Provincia, 1897)
Ya en el siglo XX se acometieron nuevas reformas como la de 1906 en la que se agrega una tubería nueva hasta San Pedro y pequeñas mejoras pero las inversiones se encontraban encaminadas a construir un moderno suministro de agua al núcleo urbano. Solo serían destacables las obras de consolidación de los cabezos en 1916 para evitar derrumbes sobra la fuente y las casas aledañas. A partir de ahí Fuente y Acueducto quedaron en desuso.

El acueducto es de forma) abovedada, está construida con ladrillos cuneiformes, y toda ella en seco o sin cemento, para facilitar la filtración de las aguas entre los ladrillos. Su altura va deprimiéndose a medida que avanza en su dirección al Santuario de Nuestra Señora de la Cinta. Esta galería principal se bifurca en algunos sitios para buscar, en las cañadas que forman las ondulaciones del terreno, nuevos cauces de filtración. Según la tradición, estos caudales de agua se enriquecían con los riquísimos que le enviaba la inmediata villa de Gibraleón por medio de atanores, cuyos restos se descubren con frecuencia en las labores de los terrenos". (Baldomero Lorenzo y Leal, "Onoba Listuaria")
Es reseñable decir que este tipo de arquitectura civil dedicada a ofrecer un eficaz abastecimiento de agua no apareció en la península hasta la romanización. El mundo romano era urbano por lo que tuvo la necesidad de desarrollar este tipo de construcciones para abastecer a la población, sus industrias, termas. Pero no siempre el agua estaba al alcance por lo que se idearon construcciones que trasladaran esa agua: el acueducto. Éste tomó forma aérea, subterránea o mixta según la orografía del terreno. Construcciones similares al acueducto de Onuba se ha encontrado en el sur de Francia, en la Bretaña Francesa o en el noreste de Italia pero lo esencial de ello no es la conducción en sí, sino el método por el que se conseguía captar el agua de acuíferos, método menos usual aún y solo similar a estructuras como las encontradas en Salices (Cuenca), datada también en el siglo I o Tomar en Portugal . También tendría ciertas similitudes el llamado “Rabo de Buey” en la localidad de Mérida y datada a mediados del siglo I. Es también destacable el hecho que este tipo de ingeniería ha sobrevivido a los años de tal modo que la mayoría de ellas, como la Fuente Vieja de Huelva, han seguido en funcionamiento hasta el siglo XX con independencia de que a lo largo del tiempo se hayan realizado reparaciones en ellas. La necesidad de captar el agua procedente del acuífero del Conquero y transportarla a la ciudad posibilitó que en el siglo I se levantara esta construcción capaz de drenar incluso hoy, y a pesar del abandono y daño de siglos, 200.000 litros diarios de agua. Para ello se ideó una construcción en su mayor parte bajo la tierra de los cabezos aprovechando el agua que filtraban y que era recogida en pequeñas habitaciones que le servían como depósito. Probablemente se ideó como una estructura con galería principal (conservada en la actualidad) y otra serie de pequeñas galerías transversales que se abastecían desde prácticamente toda la zona de cabezos. Según las investigaciones el acueducto saldría de la zona del actual Santuario de Nuestra Señora de La Cinta y finalizaría en el cabezo de San Pedro, teniendo un único tramo aéreo para salvar un desnivel de 20 metros en el actual paseo de Buenos Aires.
Imagen de una construcción similar en Alemania.
El estudio precisó que esta conducción transportaría una horquilla de entre 100.000 y 200.000 litros de agua al día en años lluviosos. Estos datos, se basan en el único tramo estudiado, la galería de la Fuente Vieja y que estuvo en uso hasta época relativamente reciente. La galería es pequeña (0.40 metros de anchura por 1,25 de altura a lo largo de 125 metros de longitud) y para su construcción se utilizaron dos técnicas: el adintelado y el abovedado con ladrillos. La galería se ensancha finalmente en un habitáculo de 2,50 metros por 1,80 metros y una altura de hasta 2,40 metros y en la que los constructores optaron por realizarla con bloques de arenisca que se encuentran unidos sin argamasa. Se cree que existe una segunda galería similar a ésta algo más al sur. Para ventilar y acceder a la galería se utilizaron pozos desde la superficie de algo más de medio metro de diámetro y probablemente forrado por ladrillos aunque es difícil de precisar porque en la actualidad se encuentran colmatados por escombros o desaparecidos. Llegaba a la ciudad por la actual calle de San Andrés abandonando la galería y conduciendo el agua a través de atanores hasta un depósito y a segunda fuente entre la Calle la Fuente (de ahí el nombre) y la Plaza de San Pedro. Del depósito anterior partía un caño hasta el actual Convento de las Religiosas Agustinas y a una nueva fuente en la Plaza de las Monjas.
Durante los siglos posteriores, con pequeñas remodelaciones y la apertura y abandono de fuentes, siguió siendo la mayor infraestructura de la ciudad aunque el acueducto en sí fuera lentamente quedando en el olvido. El estudio por termoluminiscencia de los investigadores de “Agua de Huelva” también dataron los ladrillos de parte de la bóveda ya a finales del siglo X y principios del XI , un arreglo de esta bóveda ya de época islámica en la que la Welba árabe seguía necesitando de esta conducción. Era común en Al-ándalus el aprovechamiento de estas canalizaciones romanas. Ya en época cristiana las “Actas Capitulares” del ayuntamiento recurrentemente hacen alusión al acueducto en cuanto a reparar y desatascar parte de él. Quizá fue a raíz de los presumibles daños causados pro el Terremoto de Lisboa cuando se cortan parte de las canalizaciones que llegan a la ciudad y la Fuente Vieja se convierte en un bien más esencial para ciudadanos y autoridades si cabe.
En la actualidad esta construcción, e incluso la antigua Fuente Vieja, resulta desconocida para la mayoría de onubenses. Su mal estado y su difícil acceso ha propiciado que no sea una obra reconocible siquiera monumento. Pese a ello y a que la galería se encuentra semiderruida, la superficie es menos permeable que hace un siglo y solo queda operativo un pequeño tramo de 125 metros el acueducto drena aún en torno a 30.000 litros diarios de agua. Caudal que se pierde por un desagüe, salvo el aprovechamiento puntual que hacen unas personas para regar las verduras y hortalizas de un huerto situado en las proximidades de la Fuente Vieja.

Resultado de imagen de Acueducto romano de Huelva

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