sábado, 24 de febrero de 2018

Santos por meses y días

santos del 16 de febrero

Juliana de Nicomedia ( ¿? -16 de febrero del 304) es una santamártir de la Iglesia Católica. Su fiesta se celebra el 16 de febrero y el 28 de junio, y en la Iglesia Ortodoxa Griega el 21 de diciembre.
Juliana era hija de una conocida familia ilustre de Nicomedia —en la actual Turquía— pero con un padre pagano —que llegó a convertirse en perseguidor de los cristianos— y una madre agnóstica. Ella, por la situación familiar, se hace bautizar en secreto. Además se entregó enteramente a Cristo, desechando el matrimonio.
Pero el joven senador Eleusio quiso casarse con Juliana y el padre concertó el matrimonio entre el senador y la joven, comprometiendo su honorabilidad. Ésta recibió al pretendiente pero, cuando se concretaron los acuerdos matrimoniales, puso la condición de que no lo aceptaría hasta que no llegara a ser juez y prefecto de la ciudad. Pero el joven lo logró, por lo que ella le puso otra condición: hacerse cristiano.
Ante esto, Eleusio puso al padre al corriente, y éste dijo: «¡Por Apolo y Diana! Más quiero verte muerta que cristiana». A lo que ella respondió: «mi Salvador es Jesucristo en quien tengo puesta toda mi confianza».
Entonces, durante la persecución de Maximiano, se le sometió a tortura, con estaño derretido y fuego, y fue encarcelada con el objetivo de darle tiempo para pensar y llevarla a un cambio de actitud. Sus Actas describen las luchas que se dice que tenía con el Diablo; se le representa en las imágenes con un diablo alado a quien lleva atado con una cadena. Esta pelea de Juliana con Satanás era una de las historias favoritas de la Iglesia medieval. Cabe destacar su gran significado psicológico: se dice que Satanás se le apareció a la santa como un ángel de luz con el propósito de persuadirla de que todo a lo que había renunciado en este mundo era, de hecho, bueno.
Finalmente, con dieciocho años, se le corta la cabeza el 16 de febrero del 304.
Cuando llegó la paz de Constantino, la matrona Sofronia tomó las reliquias del cuerpo de la mártir Juliana en Nicomedia con la intención de llevarlas consigo a Roma, pero una tempestad le obligó a desembarcar en Pozzuoli (Campania), donde le edificó un templo que luego destruyeron los lombardos. Este traslado hizo que la Juliana mártir de Nicomedia, fuera confundida con Santa Juliana de Cumas, por lo que no se sabe si se trata de la misma o si son personas totalmente diferentes.
A principios del siglo XIII, las reliquias se vieron peligrar y prudentemente se trasladaron a Nápoles donde reposan y se veneran con gran devoción. Otras reliquias se encuentran en la actualidad en Bruselas (Bélgica), en la Iglesia de Nuestra Señora del Sablon. Sin embargo, una tradición del norte de España mantiene que es allí donde está enterrada, en la Abadía de Santa Juliana (Cantabria), que da su nombre a la localidad de Santillana del Mar, como contracción de Santa-Iuliana, hoy convertida en colegiata, de estilo románico, con más de mil años de antigüedad.
En el arte, Santa Juliana es a veces mostrada en un caldero, guiando a Satanás encadenado, o con una corona y llevando una cruz sobre su pecho. En la pintura y ventanales eclesiásticos de la Edad Media, Santa Juliana es mostrada frecuentemente batallando con un dragón con alas; usualmente ella lleva una cadena para amarrarlo. También puede ser vista con un dragón a sus pies.

Juliana of Nicomedia.jpg
Santa Juliana
Nacimiento285NicomediaTurquía
Fallecimiento16 de febrero del 304NicomediaTurquía
Venerada enIglesia Católica y en la Iglesia Ortodoxa Griega
Festividad16 de febrero y el 28 de junio en la Iglesia Católica y el 21 de diciembre en la Iglesia Ortodoxa Griega

Santa Juliana de Nicomedia, mártir. 16 de febrero, 21 de diciembre (Iglesia Griega), 13 de debrero (martirologio pseudo-jeronimiano), 25 de febrero (traslación de las reliquias a Nápoles), 5 de marzo (traslación a Bruselas).Las Actas, aunque ficticias, son muy antiguas, pues ya estaban escritas en 568, año la primera traslación de la que se tiene noticia, a Puzzoli. El martirologio de Usuardo (siglo IX) menciona sus reliquias en Cumae. En la leyenda Aurea del inefable Beato Santiago de la Vorágine (13 de julio) la leyenda de Juliana es aún más adornada, contribuyendo notablemente a su iconografía y fama.

La passio dice que Juliana era una cristiana hermosísima, hija de un senador llamado Africano. Juliana, ya convertida y bautizada en secreto, hizo voto de virginidad. En el año 305, imperando Maximiano, fue conminada por su padre a casarse, Juliana se negó primeramente aduciendo que no se casaría con alguien a menos de que fuera prefecto de la ciudad. Para Eleusio esto fue un acicate, así que logró ser prefecto. Y hubo boda, entonces Juliana, la noche de bodas le dijo que no estaba dispuesta a casarse con un pagano, por lo que tenía que convertirse. El marido le dice que solo quiere humillarlo y que si cambiase de fe, el emperador le cortaría la cabeza. La respuesta de Juliana fue: "Si temes tanto al emperador terrenal, ¿cuánto más deberías temer al emperador celestial? Haz como mejor te parezca, pero has de saber que te engañas". Y le dejó plantado, volviéndose a su casa, pero allí le tocó una paliza por parte de su padre, que la tomó del pelo y a rastras la devolvió a su marido.
Pero en vano: Jualiana confesó su fe con más ardor que nunca. Como suele pasar, el prefecto mudó su amor en odio y mandó la desnudasen y apaleasen. Mientras más firme aparecía Juliana, más se enfurecía Eleusio. La sometieron a varios tormentos, como colgarla de los pelos y verter plomo hirviendo sobre el cuerpo. Al no lograr nada, la metió en la cárcel, y aquí viene el principal aporte de nuestro querido dominico: Estando en la cárcel, se le presenta el demonio con apariencia de ángel:
Demonio: "Juliana, soy enviado de Dios que para convencerte de que sacrifiques a los ídolos. No pretendas continuar sufriendo dolor, ya has padecido bastante. Esto debe terminar".

Juliana
: "Señor Dios, no permitas que me pierda. Deja claro quien es el que me da este consejo".Entonces una voz del cielo ordenó al "mensajero" revelar su identidad.

D
: "Yo soy un demonio. Mi padre me ha enviado aquí para decirte que estás en el camino equivocado".

J
: "¿Quién es tu padre?"
D: "Es Belcebú. Él nos envía a todas partes para llevar a cabo malas acciones. Para mi desgracia he sido enviado aquí, pues no te puedo convencer".

Y aquí viene una larga disertación del diablo de como posee a los cristianos que no oran bien, no atienden los sermones ni siguen las enseñanzas de los pastores de la Iglesia. Entonces Juliana tomó al diablo, lo lanzó al suelo y comenzó a golpearlo con las mismas cadenas que antes llevaba ella. Mientras el demonio gritaba: "¡Oh, poderosa Juliana, ten compasión de mí!". En ese momento el juez mandó llamar a Juliana y esta se encaminó a ser juzgada con el diablo atado cual perrito. Muy parecido se lee en la leyenda de Santa Margarita de Antioquía (20 de julio), salvo que allí es un dragón. El diablo le suplicaba: "Juliana, ten compasión, no me hagas aparecer tan ridículamente ante la gente. Así nunca tendrán miedo de mi y no podré poseer a nadie. ¿No dicen acaso que los cristianos son compasivos? Pues en ti no he hallado compasión alguna". Pero alguna halló realmente, pues Juliana finalmente lo dejó libre tras arrastrarlo a una letrina y lanzarlo allí.

Juliana llegó ante el juez, que la condenó a padecer el tormento de la rueda, pero un ángel la rompió y le sanó de las heridas, como mismo se lee de Santa Catalina de Alejandría (25 de noviembre). También padeció el potro, que la descoyuntó. Luego la mandó meter en un caldero de plomo hirviendo, lo cual fue para Juliana como un baño relajante. Finalmente fue decapitada, no sin antes ver de nuevo al mismo diablo en forma de muchacho, que gritaba pidiendo más tormentos para ella, pero con solo mirarlo, se escondió rápidamente, redordando la paliza que le había dado la santa. Todos los que vieron estos prodigios, 500 hombres y 130 mujeres, se convirtieron y fueron martirizados, su memoria es el mismo 16 de febrero, como los Mártires de Nicomedia. El último prodigio fue la muerte del Eulosio y 34 hombres suyos en una tormenta marina, además de ahogarse, los cuerpos fueron comidos por las aves y las fieras en la playa.

Culto y reliquias.
Sus supuestas reliquias han recorrido varios sitios, y se han dispersado. Reclaman tener su cuerpo o trozos del mismo, lugares tan diferentes como España, Portugal, Alemania, Francia o Bélgica. El Acta Santorum trae varias de estas traslaciones, demostrando que siempre se trata de cuerpos y, por tanto, personas diferentes, sin determinar cual podría ser la verdadera mártir nicomediense. En Hal, El Tirol, se venera una cabeza, y en Notre Dame de Sablon, Bruselas, hubo un cuerpo casi completo. Las reliquias más conocidas, tal vez, sean las españolas, en Santillana del Mar, Cantabria. Allí hay una supuesta sepultura (es una tumba muy posterior a la santa, por supuesto), mientras las reliquias se guardan en un relicario del siglo XV.

Es patrona en los partos, los vidrieros y emplomadores. Contra las tentaciones, la muerte inesperada y las infecciones. Y de los endemoniados, los tentados y oprimidos. 








San Maruta o Maruta de Martirópolis fue un monje que se convirtió en obispo de Maypherkat1​ en Mesopotamia(Meiafarakin)2​ entre 399 y 410. Probablemente murió antes de 420. Sus reliquias se llevaron a la ciudad episcopal donde recibieron el apellido de Martyropolis.
Por los intereses de la iglesia persa, sufrió las persecuciones del rey Sapor II de Persia. Intentó buscar el amparo del emperador Arcadio pero éste estaba ocupado en el exilio de San Juan Crisóstomo, amigo de Maruta. Posteriormente fue enviado por el emperador Teodosio II a la corte de Persia, donde se ganó el aprecio de Yezdegard I de Persia.3​ De esta manera, consiguió instaurar la paz entre los dos imperios.
Estuvo presente en el Primer Concilio de Constantinopla en 381 y en el Concilio de Antioquía en 383 (o 390), donde Mesalianofue condenado. Se caracterizó por ser un gran dirigente y fue uno de los primeros en dotar a la Iglesia de una estructura. La ciudad de su episcopado, Meiafarakin, recibió las reliquias de los mártires de Persia, por lo que fue rebautizada como Martirópolis.
También han llegado hasta nosotros sus escritos. Algunas de ellos son las Actas de los mártires de Persia (estas actas recuerdan a las víctimas de Shapur II; se conservan muchas partes aunque lo más probable es que lo escribiera alguien que no era él)
  • Historia del Concilio de Nicea
  • Actas del Concilio de Seleucia-Ctesiphon y algunos himnos de la Sagrada Eucaristía.


San Maruta
Saint Maruthas, Bishop of Martyropolis in Mesopotamia (Menologion of Basil II).jpeg
Nacimientosiglo IV
Fallecimiento422
Venerado enIglesia Católica
Iglesias Orientales
Festividad16 de febrero
Elogio: En el reino de los persas, san Maruta, obispo, que al establecerse la paz de la Iglesia presidió el concilio de Seleucia, reparó las iglesias destruidas durante la persecución bajo el rey Sapor y colocó las reliquias de los mártires persas en la ciudad episcopal, Talgrit, la cual recibió desde aquella ocasión el nombre de Martirópolis.
Este santo prelado fue un ilustre Padre de la Iglesia siria de fines del siglo IV. Era obispo de Maiferkat (actual Silvan, en Turquía), que se encuentra entre el Tigris y el Lago Van, cerca de la frontera de Persia. El santo reunió las actas de los mártires que sufrieron allí durante la persecución del rey Sapor, y trasladó a su diócesis tal cantidad de reliquias, que la ciudad episcopal acabó por llamarse Martirópolis, es decir, «Ciudad de los mártires». Todavía conserva eclesiásticamente ese nombre y es una sede titular. San Marutas escribió varios himnos en honor de los mártires. Suelen cantarse en los oficios en los que se emplea la lengua siria.
El año 399 Yezdigerdo ascendió al trono de Persia. San Marutas fue entonces a Constantinopla a suplicar al emperador Arcadio que defendiese a los cristianos ante el nuevo monarca. La corte estaba entonces muy ocupada con el asunto de san Juan Crisóstomo. En una carta que san Juan Crisóstomo escribió a santa Olimpia, desde el destierro, le cuenta que había escrito dos veces a san Marutas y le ruega que vaya a visitarlo en su nombre: «Necesito de su ayuda en los asuntos persas. Tratad de averiguar si ha tenido éxito en su misión. Si tiene miedo de escribirme personalmente, decidle que os cuente a vos lo sucedido. No retardéis un solo día vuestra visita». Cuando fue a la corte de Persia como embajador de Teodosio el joven, san Marutas hizo cuanto pudo por conseguir que el rey se mostrase benévolo con los cristianos. El historiador Sócrates dice que, gracias a sus conocimientos de medicina, el santo curó a Yezdigerdo de unas violentas jaquecas; desde entonces, el rey le llamó «el amigo de Dios». Los mazdeístas, temerosos de que el rey se convirtiese al cristianismo, recurrieron a un truco. En efecto, escondieron a un hombre debajo del piso del templo. Cuando el monarca fue ahí a orar, el hombre gritó: «Arrojad de este lugar santo a quien ha cometido el sacrilegio de prestar fe a un sacerdote cristiano». Yezdigerdo entonces decidió expulsar a Marutas de su reino, pero el santo le persuadió de que fuese otra vez al templo y mandase levantar el piso para descubrir al impostor. Así lo hizo Yezdigerdo, y el resultado de ello fue que descubierto el impostor, dio a Marutas permiso de construir iglesias en donde quisiera. Como quiera que fuese, Yezdigerdo favoreció ciertamente a san Marutas y, gracias a esa ayuda, éste se dedicó a restablecer el orden entre los cristianos persas.
La obra de organización de san Marutas duró hasta la invasión árabe del siglo VII. Pero la esperanza de los cristianos (y el temor de los mazdeístas) de que Yezdigerdo II se convirtiese en «el Constantino de Persia» no llegó a realizarse. La obra de pacificación llevada a cabo por san Marutas fue destruida por la violencia de Abdas, obispo de Susa, quien provocó una nueva persecución al final del reinado de Yezdigerdo. Probablemente para entonces san Marutas ya había muerto puesto que falleció antes que Yezdigerdo, quien murió el año 420. Se le considera como el principal de los doctores sirios, después de san Efrén, a causa de los escritos que se le atribuyen, aunque se duda de que fuera realmente el autor de todas las obras que llevan su nombre.

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