jueves, 30 de marzo de 2017

Guerra de independencia de los Estados Unidos

Los lealistas fueron los colonos americanos que permanecieron leales al Reino de Gran Bretaña y a la monarquía británica durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Los patriotas se referían a ellos como torieslealistas u hombres del rey. Tras las dificultades que pasaron a manos de los patriotas, huyeron a Gran Bretaña, a ciertos territorios de la Norteamérica Británica (como Canadá, donde se les conoció como Lealistas del Imperio Unido) o a las Indias Occidentales Británicas. Los lealistas negros estaban formados por integrantes de la comunidad lealista.
Ciertos historiadores han estimado que un 15-20% de la población blanca era lealista.1 El historiador Robert Middlekauff estima que 500.000 colonos, es decir, un 19% de la población blanca, permanecía leal a Gran Bretaña.

Los lealistas durante la Guerra de Independencia

El 4 de julio de 1776 los revolucionarios estadounidenses obtuvieron el control de todo el territorio de los trece estados combatiendo violentamente a los lealistas, a los que exigieron renunciar a su lealtad a la corona. Los que se negaron corrían el riesgo de ser torturados mediante un baño de alquitrán tras el que se les cubría el cuerpo con plumas; con ello los revolucionarios trataban de disuadir al resto de lealistas. La neutralidad no estaba permitida. Aquellos que aún estaban determinados a seguir leales se alistaron como voluntarios en el ejército británico.[cita requerida]
Los británicos fueron expulsados de Nueva York en marzo de 1776; no obstante, regresaron en agosto tras derrotar al ejército revolucionario en Long Island. Con esta victoria lograron capturar Nueva York y sus alrededores, donde permanecerían hasta 1783. Gradualmente fueron recuperando importantes ciudades como Filadelfia (1777), Savannah (1778-83) y Charleston (1780-82). No obstante, el 90% de la población vivía fuera de las ciudades. Como resultado, el gobierno revolucionario controlaba al 80-90% de los habitantes estadounidenses. Los británicos expulsaron a sus gobernadores de donde los revolucionarios administraban el territorio valiéndose de la ley marcial. Sin embargo, los lealistas instalaron el alto mando en la costa de Georgia (1779-82);3 aunque los revolucionarios todavía dominaban parte del norte de dicho estado. En otros lugares los británicos sólo fueron capaces de mantener el control gracias a la presencia de la Armada Real.
Durante el invierno de 1774-75 estaban activos en Canadá algunos oficiales de los revolucionarios, entre los que destacan John, agente del Boston Committee of Correspondence, y Thomas Walker, mercader estadounidense-canadiense. Dichos hombres simpatizaron con algunos miembros del Congreso; aunque el resto - la mayoría - se mantuvo neutral, pues tampoco se unieron a la milicia británica destinada a defender el país de los invasores estadounidenses (1775). A pesar de todo, sólo unos pocos manifestaron abiertamente su lealtad a Jorge III: sólo 1.500 milicianos apoyaron al rey en la defensa de Montreal. La parte sur de dicha región auxilió a los estadounidenses revolucionarios mediante el envío de dos destacamentos.4 En Nueva Escocia los yankees trataron de obtener apoyos mediante la difusión de torturas con plumas y alquitrán; no obstante, la rápida intervención de la armada británica detuvo estas prácticas.
La práctica antes mencionada era una tortura mediante la que los patriotas desnudaban a los lealistas y les hacían mirar cómo incendiaban un recipiente con alquitrán, a continuación se volcaba el contenido de dicho recipiente sobre el lealista, que se echaba a rodar sobre unas plumas.

Los lealistas en las Trece Colonias

El historiador Robert Calhoun escribe esto acerca del número de lealistas y patriotas:
Los historiadores estiman que el 15/20% de la población blanca adulta era lealista. Aproximadamente la mitad de los colonos con ascendencia europea trataron de evitar tomar parte en el conflicto - algunos de ellos deliberados pacifistas, otros emigrantes recién llegados, y la mayoría simple populacho al que no le interesaba la política. Los patriotas recibieron el apoyo activo del 40/45% de la población blanca, o como máximo no mucho más de la mitad de dicho sector de la población.5
Las estimaciones previas a las mencionadas anteriormente eran algo más altas, estableciendo el porcentaje de lealistas en un tercio de la población.6 A finales de 1960 Paul H. Smith dio la cifra más baja hasta el momento (19,8%). Los cálculos estadísticos de Smith se basan en la fuerza de los regimientos lealistas que combatieron por los británicos.7
El historiador Robert Middlekauff resume de este modo las investigaciones acerca de los lealistas:
El mayor número de lealistas se encontraba en las colonias del interior: muchos agricultores arrendatarios de Nueva York apoyaban a la corona, por ejemplo, al igual que un importante porcentaje de los holandeses de las colonias y de Nueva Jersey. Los alemanes de Pensilvania trataron de mantenerse al margen de la revolución, al igual que hicieran muchos cuáqueros. Se mantuvieron leales al rey los escoceses de Carolina del Norte y del Sur, los clérigos anglicanos y sus feligreses de Connecticut y Nueva York, los presbiterianos de las colonias sureñas y un gran número de indios iroqueses.8
Las ciudades de Nueva York y Long Island, bases de operaciones militares y políticas británicas en América del Norte (1776-83) albergaban un considerable número de lealistas, muchos de los cuales eran refugiados procedentes de otros estados.9
Los lealistas solían ser hombres ancianos, frecuentemente mercaderes adinerados; aunque también había muchos de ellos que eran humildes.[cita requerida] Muchos activos de la Iglesia de Inglaterra trasladaron su lealtad a la corona.[cita requerida] Los emigrantes recién llegados, sobre todo los escoceses, solían ser lealistas. No obstante, los lealistas del sur fueron fácilmente sometidos por los revolucionarios, quienes controlaban las administraciones local y estatal. Muchos estadounidenses - algunos de los cuales eran ex-reguladores de Carolina del Norte - rechazaron unirse a los revolucionarios a consecuencia de que anteriormente habían protestado por la corrupción presente en las autoridades locales, a las que más tarde se verían sometidos los líderes revolucionarios. Este antecedente a la Guerra de Independencia contribuyó a que los campesinos de Carolina del Norte tendieran a ser lealistas.9 Gran parte de los alemanes de Pensilvania eran lealistas,10ya que temían que las concesiones de tierras de la corona se vieran en peligro bajo una nueva administración republicana.
En los territorios controlados por los revolucionarios - la mayor parte del país - se confiscaban las propiedades a los lealistas. Los que manifestaban abiertamente su apoyo a la corona, eran amenazados con ser humillados públicamente o con ser agredidos físicamente. No se conoce con certeza el número de lealistas asesinados por los revolucionarios, aunque es probable que fuera suficiente para intimidar al resto de ellos y que no tomaran las armas en su contra; en Filadelfia se asesinó a una serie de funcionarios públicos partidarios de los británicos. En 1775William Drayton y un líder lealista, el Coronel Thomas Fletchall, firmaron un tratado de neutralidad. En octubre de ese mismo año el Congreso firmó una resolución por la que se animaba a detener a todos los lealistas, quienes eran peligrosos para «las libertades americanas».

Los lealistas negros y la esclavitud

Como resultado de la inminencia de la crisis de 1775, el Gobernador Real del Estado de Virginia emitió una resolución por la que concedería la libertad a cualquier sirviente o esclavo que fuera capaz de portar un arma y alistarse en el regimiento lealista etíope. Alrededor de ochocientos de ellos lo hicieron, y fueron capaces de derrotar a la milicia de Virginia en Kemp's Landing. Posteriormente librarían una batalla sobre el Gran Puente del Río Elizabeth, conducidos por el lema «libertad para los esclavos», pero esta vez fueron derrotados. El resto de ellos se vio envuelto en la evacuación de Norfolk, tras lo que sirvieron en Chesapeake; no obstante, el campamento que levantaron allí fue azotado por un brote de viruela y otras enfermedades. Además de las víctimas que se cobró, la enfermedad incapacitó a un gran número de esclavos. Los supervivientes se enrolaron en otras unidades lealistas y permanecieron activos durante el transcurso del conflicto. Frecuentemente eran los esclavos negros los que antes y en mayor número se presentaban voluntarios; un total de 12.000 soldados de raza oscura sirvieron del lado de los británicos entre 1775 y 1783. Este hecho obligó a los revolucionarios a ofrecer la libertad a aquellos esclavos que se alistaran en sus filas. No obstante, tras la guerra, la mayor parte de ellos continuaron en las mismas condiciones.11 12
A medida que el conflicto finalizaba y que los lealistas iban abandonando el país, se calcula que 75.000 a 100.000 esclavos negros decidieron irse con ellos. Aunque, obviamente, no todos los que querían lograron huir de territorio estadounidense; un importante número de ellos fueron capturados por los propietarios patriotas.11 Muchos alcanzaron las Bahamas, donde volvieron a establecer las plantaciones de algodón. Aunque este proyecto fracasara, en el futuro los esclavos negros heredarían estas islas y otros muchos territorios de las Islas Británicas. Alrededor de 400 a 1.000 huyeron a Londres, donde se unieron a la comunidad de negros libres de la ciudad, la cual comprendía a 10.000 de ellos. Unos 3.500 a 4.000 fueron destinados a las colonias británicas de Nueva Escocia y Nuevo Brunswick, donde se les proporcionaron tierras; 1.500 de estos se instalaron en Birchtown (Nueva Escocia), allí formaron parte de la comunidad negra más importante de América del Norte. No obstante, principalmente a causa de que estaban dispuestos a trabajar por menos dinero que los blancos, regresaron viejos prejuicios coloniales. A pesar de todo, Gran Bretaña deseaba recompensarles por los servicios prestados, por lo que ofreció trasladar a otros lugares a los que no estuvieran contentos con su situación; 1.500 negros abandonaron Nueva Escocia para ir a Sierra Leona, cuya capital les debe su nombre (Freetown). Tras 1787 se covirtieron en la élite del país; por ello, el krio, es decir, el africano con ascendencia americana, empleaba «dólares y centavos» como moneda.

Servicio militar

Los lealistas no hicieron ningún intento de organizarse políticamente, pues a menudo eran poco más que unidades regulares británicas destinadas en la zona. No obstante, los británicos se valían de la capacidad de los regimientos lealistas de formar y movilizarse rápidamente, y gran parte de su estrategia giraba en torno a dichos regimientos. La línea defensiva provincial de los británicos estaba formada por estadounidenses alistados en el ejército regular; 19.000 lealistas estadounidenses (50 unidades y 312 compañías). Otros 10.000 hombres sirvieron en la milicia lealista o en «asociaciones». En diciembre de 1780 se registra el mayor número de lealistas destinados en la línea provincial (9.700).13 14 De los 50.000 soldados o milicianos británicos destinados en la región, 15.000 eran lealistas procedentes de su ciudad más importante, Nueva York.15 La mayor parte de las fuerzas lealistas combatieron en las colonias del sur, muy pocos lo hicieron en el norte.[cita requerida] Paralelamente, un gran número de estadounidenses sirvieron en el Ejército regular Británico y en la Armada Real.

Emigración

La mayor parte de los lealistas blancos (450.000-500.000) permanecieron en América durante y tras el término del conflicto. A mediados de la década de 1780 comenzaron a volver a los Estados Unidos un pequeño porcentaje de los huidos.
Tanto durante como tras el término de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (1783), los lealistas (especialmente los soldados y los ex-oficiales) tenían la opción de huir de América. Aquellos que no eran originarios del Nuevo Mundo tenían más opciones de marcharse. No obstante, aquellos ancianos que habían fundado una familia, hecho amigos y adquirido propiedades en territorio americano, tendían a quedarse allí.16
Cerca del 10-15% de los lealistas abandonaron América; se calcula que 62.000 de ellos eran blancos, así como que constituían el 2% de la población total de ese territorio en 1783 (tres millones). Los historiadores han determinado que unos 100.000 lealistas fueron exiliados, aunque dicha cifra es una estimación, quizá exacta en el caso de que se incluya a los lealistas indios y negros.
Aproximadamente 46.000 de ellos se trasladaron a la Norteamérica Británica, territorio que hoy corresponde a Canadá; de esos, 34.000 fueron a Nueva Escocia, 2.000 a la Isla del Príncipe Eduardo y 10.000 a Ontario. Unos 7.000 se marcharon a Gran Bretaña y otros 9.000 a las colonias británicas caribeñas, sobre todo a la bahamense. De hecho, los lealistas constituyen los primeros refugiados políticos canadienses, así como los primeros colonos británicos del territorio, pues, a pesar de que dicho territorio había sido anexado por la corona, estaba habitado esencialmente por franceses.17 Los 34.000 que se trasladaron a Nueva Escocia, no fueron bien recibidos por los habitantes de esas tierras, en su mayoría descendientes de colonos británicos que se habían asentado allí antes del estallido del conflicto independentista. Los colonos lealistas establecieron varios asentamientos en Nuevo Brunswick, colonia que hasta 1784 había sido territorio neoescocés. De los 46.000 que huyeron a Canadá, 10.000 fueron a Quebec y el resto se repartió entre los territorios orientales de la región y aquellos que corresponden a la actual provincia de Ontario. La Colección Haldiman constituye la principal fuente de la que se valen los historiadores a fin de realizar un estudio acerca del asentamiento de los colonos lealistas en territorio canadiense.
El gobernador de Quebec, consciente de la importancia que tenía realizar cualquier clase de deferencia hacia los lealistas, declaró el 9 de noviembre de 1789 que era su deseo «honrar a las familias que se habían adherido a la unión imperial». A consecuencia de dicha declaración, los impresos de la milicia tenían escrito lo siguiente:
Aquellos lealistas que se hayan adherido a la Unidad del Imperio, y unido al Estandarte Real antes del Tratado de Separación del año 1783, y sus descendientes sea cual sea su sexo, serán distinguidos con la adición de las siguientes capitales a su nombre: U.E. aludiendo al gran principio que constituye la unidad imperial.
Aunque es raro observar hoy en día el posnominal «U.E.», la influencia lealista sobre la historia canadiense aún permanece. Su vínculo con Gran Bretaña, así como su antipatía hacia los Estados Unidos, proporcionó a Canadá la fuerza necesaria para mantenerse independiente en Norteamérica. La desconfianza de los lealistas hacia el republicanismo y la oclocracia allanó el camino hacia la independencia canadiense. De hecho, las provincias británicas norteamericanas del Alto Canadá (moderno Ontario) y Nuevo Brunswick fueron concebidas a fin de ser habitadas por los lealistas.
Los lealistas más ricos e influyentes se exiliaron en Gran Bretaña, donde trataron de reconstruir sus carreras; muchos de ellos acabaron recibiendo pensiones de la administración. Los lealistas sureños huyeron a las Islas Occidentales y a las Bahamas, especialmente a las islas Ábaco.
Miles de iroqueses y de otros nativos americanos fueron expulsados de Nueva York y de otros estados y reasentados en Canadá. Los descendientes de las tribus iroquesas, dirigidos por Joseph Brant Thayendenegea, fundaron las Seis Naciones del Gran Río, la reserva más extensa en territorio canadiense. Algunos lealistas negros se establecieron en Nueva Escocia, aunque emigraron de nuevo a Sierra Leona a causa de las discriminación a la que se vieron sometidos por parte de los neoescoceses.
Benjamin Thompson, conde de Rumford, fue un lealista que se marchó a Londres a comienzos de la Guerra de la Independencia. Allí se convirtió en un importante científico, destacado por sus aportaciones a la termodinámica y por sus investigaciones en torno a los artefactos de artillería. En 1799 expresó su deseo de regresar a territorio estadounidense, donde los americanos le necesitaban a fin de enfrentarse a los franceses. No obstante, nunca volvió a América, sino que permaneció atento al establecimiento de las instituciones reales británicas.
Muchos lealistas fueron despojados de sus propiedades por los revolucionarios durante la Guerra de la Independencia; la restauración de estos bienes estará presente en la firma del Tratado Jay (1795).

Retorno del exilio

La inmensa mayoría de los lealistas no abandonaron los Estados Unidos; no obstante, durante su estancia allí no estaban reconocidos como ciudadanos del nuevo país. Algunos de ellos renegaron de su pasado político y se convirtieron en poderosos líderes nacionales, entre ellos Samuel Seabury y Tench Coxe. A fin de firmar un tratado con el que combatir el poder que detentaban los radicales en Nueva York, Alexander Hamilton, miembro del Partido Liberal,18 recurrió a los lealistas del territorio (1782-85). Varios miles de los que habían abandonado Florida volvieron a Georgia. Hubo un retorno gradual de aquellos exiliados a los que la vida en Nueva Escocia se les hacía demasiado difícil. Ciertos lealistas de Massachusetts se trasladaron a Maine. Las historias son muchas y varían en cuestión de la colonia que sea. La mayoría nunca volvió, si bien muchos de sus descendientes acabaran retornando al odiado país por el sur durante las masivas migraciones de ciudadanos canadienses (1870-1930). Las ricas familias que habitaban en las provincias marítimas enviarían a sus descendientes a Harvard y a Yale cuando se normalizó la situación.
Es probable que algunos de ellos se internaran con cautela en Massachusetts;19 aunque ninguno de aquellos que partieron de dicha región expresó el deseo de volver al territorio que en el pasado había sido su hogar a causa del arraigado sentimiento antilealista existente en la zona aún tras la firma del tratado de 1783. En 1790 se rescindió la totalidad de las leyes aprobadas en contra de los tories. La lealtad a la corona británica se tornó en un tema tabú entre la sociedad americana de la época, a causa de lo cual esta parte de la historia lealista está salpicada de leyenda. Se dice que había familias en Boston que se vestían de luto y corrían las cortinas de sus casas el 4 de julio de cada año.

Lealistas notables


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Todo Sobre Las 13 Colonias
Las Trece Colonias es el nombre que se ha dado históricamente a las posesiones coloniales de Gran Bretaña en la costa atlántica de América del Norte comprendida entre Nueva Escocia y Florida, y que a fines del siglo XVIII se unificaron bajo un gobierno independiente para crear los actuales Estados Unidos.

Gran Bretaña había establecido colonias en América del Norte desde 1607, cuando en Virginia se fundó la primera población permanente de colonos británicos. A lo largo del siglo XVII aumentó la población de este asentamiento y se fundaron muchas otras colonias de origen británico, usualmente dotadas de una gran autonomía en sus asuntos internos, pero sujetas al dominio de Gran Bretaña.

Un rasgo importante de estas colonias era que su población de origen europeo era bastante heterogénea, pues a los iniciales inmigrantes ingleses se unieron después escoceses, irlandeses, alemanes, flamencos y hugonotes franceses. A mediados del siglo XVII Suecia y los Países Bajos también habían fundado pequeñas colonias en la costa norteamericana, pero cuando Inglaterra conquistó tales asentamientos su población también fue absorbida por las Trece Colonias, aumentando la diversidad en la población. La religión era también otro factor de gran diferenciación, pues en estas colonias se asentaron diversas denominaciones religiosas de Inglaterra que eran perseguidas o discriminadas en su tierra natal, como los cuáqueros o católicos, con el fin de continuar sus creencias lejos del control de la Corona británica. En el siglo XVIII estos asentamientos se habían extendido a lo largo de la costa hasta las cercanías de los Montes Apalaches.

En los años 1770 ya habían surgido varios centros urbanos pequeños pero en proceso de expansión, y cada uno de ellos contaba con periódicos, tiendas, comerciantes y artesanos. Filadelfia, con 28.000 habitantes, era la ciudad más grande, seguida por Nueva York, Boston, y Charleston. A diferencia de la mayor parte de las demás naciones, Estados Unidos jamás tuvo una aristocracia feudal de tipo europeo. En la era colonial la tierra era abundante y la mano de obra escasa, y todo hombre libre tenía la oportunidad de alcanzar, si no la prosperidad, al menos la independencia económica.

Todas las colonias compartían la tradición del gobierno representativo. El monarca inglés nombraba a muchos de los gobernadores coloniales, pero todos ellos debían gobernar conjuntamente con una asamblea elegida. El voto estaba restringido a los terratenientes varones blancos, pero la mayoría de los hombres blancos tenían propiedades suficientes para votar. Además Inglaterra no podía ejercer un control directo sobre sus colonias estadounidenses. Londres estaba demasiado lejos, y los colonos tenían un espíritu muy independiente, además que los mismos estatutos de fundación de cada colonia la Corona inglesa reconocía la autonomía interna de los colonos. Finalmente, la ausencia de grandes riquezas minerales en las colonias (minas de oro y plata) desalentaba una intervención directa de Gran Bretaña en el gobierno las Trece Colonias.

En 1733, los ingleses habían ocupado 13 colonias a lo largo de la costa del Atlántico, desde Nuevo Hampshire en el norte hasta Georgia en el sur:

Nuevo Hampshire, 1679
Massachusetts, 1620
Rhode Island, 1636
Connecticut,1635
Nueva York, 1664
Nueva Jersey, 1664
Pensilvania1681
Delaware, 1701
Maryland, 1632
Virginia, 1607
Carolina del Norte, 1653
Carolina del Sur, 1670
Georgia, 1732
Los franceses controlaban Canadá y Luisiana, que comprendían toda la vertiente del río Misisipi: un imperio vasto con pocos habitantes. Entre 1689 y 1815, Francia y la Gran Bretaña sostuvieron varias guerras, y América del Norte se vio envuelta en cada una de ellas. En 1756 Francia e Inglaterra estaban enfrascadas en la Guerra de los Siete Años, conocida en Estados Unidos como la Guerra Francesa y Aborigen. El primer ministro británico, William Pitt, invirtió soldados y dinero en América del Norte y ganó un vasto imperio. Las fuerzas británicas tomaron las plazas fuertes canadienses de Louisburg (1758), Quebec (1759) y Montreal (1760). El Tratado de París, firmado en 1763, dio a la Gran Bretaña derechos sobre Canadá y casi toda Norteamérica (media y septentrional) al este del río Misisipi.

La victoria de Inglaterra condujo directamente a un conflicto con sus colonias estadounidenses. Para evitar conflictos con los nativos de la región, llamados aborígenes por los europeos, una proclama real negó a los colonos el derecho de establecerse al oeste de los Montes Apalaches. El gobierno británico empezó a castigar a los contrabandistas e impuso nuevos gravámenes al azúcar, el café, los textiles y otros bienes importados. La Ley de Alojamiento obligó a las colonias a alojar y alimentar a los soldados británicos; y con la aprobación de la Ley de Estampillas, debían adherirse estampillas fiscales especiales a todos los periódicos, folletos, documentos legales y licencias.

Estas medidas parecieron muy justas a los políticos británicos, que habían gastado fuertes sumas de dinero para defender a sus colonias estadounidenses durante y después de la Guerra Francesa y Aborigen. Seguramente su razonamiento era que los colonos debían sufragar parte de esos gastos. Pero los colonos temían que los nuevos impuestos dificultaran el comercio, y que las tropas británicas estacionadas en las colonias pudieran ser usadas para aplastar las libertades civiles que los colonos habían disfrutado hasta entonces.

En general, estos temores eran infundados, pero fueron los precursores de lo que han llegado a ser tradiciones profundamente arraigadas en la política estadounidense. Los ciudadanos desconfían del "gobierno poderoso"; después de todo, millones de inmigrantes llegaron a los Estados Unidos para escapar de la represión política.

En 1765, representantes de nueve colonias se reunieron como "Congreso sobre la Ley de Estampillas" y protestaron contra el nuevo impuesto. Los comerciantes se negaron a vender productos británicos, los distribuidores de estampillas se vieron amenazados por la muchedumbre enardecida y la mayoría de los colonos sencillamente se negó a comprar las mencionadas estampillas. El parlamento británico se vio forzado a revocar la Ley de Estampillas, pero hizo cumplir la Ley de Alojamiento, decretó impuestos al té y a otros productos y envió funcionarios aduaneros a Boston a cobrar esos aranceles. De nuevo los colonos optaron por desobedecer, así que se enviaron soldados británicos a Boston.

Las tensiones se aliviaron cuando Lord North, el nuevo Primer Ministro británico, eliminó todos los nuevos impuestos salvo el del té. En 1773, un grupo de patriotas respondió a dicho impuesto escenificando la Fiesta del Té de Boston: disfrazados de aborígenes, abordaron buques mercantes británicos y arrojaron al agua, en el puerto de Boston, 342 huacales de té. El parlamento promulgó entonces las "Leyes Intolerables": la independencia del gobierno colonial de Massachusetts fue drásticamente restringida y se enviaron más soldados británicos al puerto de Boston, que ya estaba cerrado a los buques mercantes. En septiembre de 1774 tuvo lugar en Filadelfia el Primer Congreso Continental, reunión de líderes coloniales que se oponían a lo que percibían como opresión británica en las colonias. Estos líderes instaron a los colonos a desobedecer las Leyes Intolerables y a boicotear el comercio británico. Los colonos empezaron a organizar milicias y a almacenar armas y municiones.

En 1775 comienza oficialmente la guerra, cuyo desarrollo inicial fue claramente de dominio inglés, pero su curso cambiaría cuando tras la Batalla de Saratoga, primera gran victoria estadounidenses, Francia y posteriormente España entrarían en guerra apoyando a los independentistas estadounidenses.

En 1783 por la Paz de Versalles, Inglaterra se ve obligada a reconocer la independencia de las 13 colonias estadounidenses, tal y como éstas habían redactado en la famosa Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776.

Una vez lograda la independencia, resultó muy complicado poner de acuerdo a todas las antiguas colonias si seguían como Estados independientes, o se reunían en una sola nación. Tras varios años de negociaciones, en 1787, 55 representantes de las antiguas colonias se reunieron en el Congreso de Filadelfia con el fin de redactar una constitución. Se creaba así un único gobierno federal, con un Presidente de la República y dos Cámaras Legislativas (Congreso y Senado) como solución intermedia. Redactó también la Constitución de 1787, y llamó a las elecciones por las cuales George Washington fue investido primer Presidente de los Estados Unidos.

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