miércoles, 22 de enero de 2020

MAPAS DE HISTORIA POR PAÍSES - ESPAÑA


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Mapa del ducado de Atenas

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Ducado de Cantabria

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Mapa del Ducado de Neopatria

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Mapa del Ducado de Vasconia (rojo) bajo Eudes el Grande (c. 710-740)

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SITUACION GEOGRAFICA DE LOS EDETANOS

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Mapa manuscrito que muestra el pueblo de La Coruña ("Gronia") y la ciudadela que repelió el ataque inglés durante la expedición Drake-Norris, c. 1589, en el momento de la expedición Drake-Norris. 

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Embajada Keichō, en el siglo XVII. La ida y la vuelta fueron muy similares, pero la vuelta no se hizo escala en lugares como Saint Tropez.

Edetanos es el gentilicio de las personas que vivieron en el territorio de Edeta. Y se conoce así tanto a los íberos edetanos como a los romanos de la ciudad de Leiria (actual Liria). Con una superficie aproximada de 8.545 km², la Edetania ocupaba el sur de la provincia de Castellón y las dos terceras partes septentrionales de la provincia de Valencia. Sus límites fueron al norte el río Mijares (Udiva), al oeste las sierras de Javalambre y Gúdar y el valle del río Cabriel, al sur el río Júcar (Sucro) y al este el mar Mediterráneo, aunque no todos los autores coinciden en cuáles fueron los límites norte y oeste. Limitaban al norte con los Ilercavones, al noroeste con los Sedetanos, al oeste con los Olcades y al sur con los Contestanos.



La misión Keicho a Europa de 1613: una embajada japonesa en Coria del Río


A principios del siglo XVI llegó a las costas andaluzas una exótica expedición al mando de un samurai  japonés, Hasekura Tsunenaga, con el propósito de entablar relaciones de fidelidad con el rey Felipe III. Algunos de sus hombres se quedaron a vivir en Coria del Río y sus descendientes  llevan todavía el apellido “Japón”. Esta es  la historia de una curiosa vinculación histórica entre España y aquel país de Extremo Oriente.

Al frente de la Misión Keicho a España, el señor de Sundai nombró a uno de sus samurais más fieles, Hasekura Tsunenaga: un héroe de las dos recientes guerras, de 1591 y de 1607, ganadas por los japoneses en la península de Corea. A éste le acompañaba una comitiva de hasta ciento cincuenta japoneses más, entre personal de servicio, hombres de armas y comerciantes. La navegación del ‘San Juan Bautista’ sería responsabilidad de Sebastián Vizcaíno y veinticinco hombres de mar españoles más. En cuanto al cuerpo expedicionario- religioso, lo componían tres frailes franciscanos: el mencionado Fray Luis Sotelo, Fray Ignacio de Jesús y Fray Diego de Ibáñez. Su secreto objetivo estribaba en conseguir del Papa un episcopado en Japón que les pusiese en línea de igualdad con sus acérrimos enemigos, los jesuitas, que contaban con un obispo en las islas… Cuando el San Juan Bautista zarpó de las costas de Mutsu, Date Mutusane, recién convertido al catolicismo, y en contra de las directrices emanadas del poder central japonés, se dedicó a perseguir sin piedad a budistas y shintoistas en su señorío. El también tenía un secreto objetivo con la misión Keicho: establecer de manera autónoma y al margen de la estructura feudal japonesa, nuevas fidelidades con el monarca más poderoso del planeta, según le habían dicho: el rey Felipe III de España.
En la rada de Acapulco, el San Juan Bautista o Mutsu Maru fondeó a finales de enero de 1614. Llegada la comitiva a Ciudad de Méjico, el virrey Guadalcázar recibió a la embajada y organizó prontamente el bautismo de hasta sesenta y ocho japoneses del séquito. Pero tan solo Fray Luis Sotelo, el samurai Hasekura Tsunenaga y treinta japoneses más se deciden a continuar el viaje en caravana de mulas hasta la costa atlántica en Veracruz. El 10 de junio de 1614 partirán desde el fuerte de San Juan de Ulúa a bordo del galeón San José, integrado en la flota de Indias que retornaba a la Península aquel año vía La Habana y comandada por Don Antonio de Oquendo. La llegada a Sanlúcar de Barrameda tuvo lugar el 30 de septiembre de 1614 y el duque de Medina Sidonia, señor de la villa, envió carrozas para recibir y honrar a los embajadores del Asia y su séquito, dispensándoles famoso alojamiento. Además, el duque aparejó dos galeras que los condujesen río arriba hasta Coria del Río, donde deberían esperar unos diez días hasta ser recibidos por las autoridades sevillanas.
Coria del Rio, en la época, tenía una población de poco más de dos mil habitantes, que vivían esencialmente de la pesca fluvial, la cría de caballos y de algunos huertos de modesta importancia. Sin embargo algunos de los japoneses del samurai Hasekura vieron en Coria el soñado paraíso terrenal… Cautivados con el lugar y sabiendo de la persecución del Cristianismo recién decretada en su país, después de su partida, junto con el cierre de las fronteras japonesas (una situación que perduraría ya hasta 1852), decidieron quedarse a vivir en Coria para profesar su nueva religión sin peligro. Y algunas mujeres de Coria decidieron casarse con estos católicos de ojos rasgados llegados del fin del mundo… La huella de este entronque nipón en Coria fue una nueva descendencia mestiza que pronto distinguió a las calles de este lugar con rasgos asiáticos únicos en el contexto del resto de Andalucía. Las primeras noticias acerca de este singular hermanamiento coriano-nipón se identifican por primera vez a mediados del siglo XVII en el registro bautismal de la parroquia local de Santa María de la Estrella, donde se encontró la partida bautismal de un niño que llevaba por apellido Japón y que era hijo de uno de los japoneses miembros del séquito de Hasekura. Lo notable es constatar en el censo sevillano de 1995 el apellido Japón perdura en el caso de mas de 600 ciudadanos. Sin embargo, la existencia del apellido Japón como consecuencia de aquel largo viaje protagonizado por la Misión Keicho de 1613 permaneció desconocida para la historiografía nipona hasta que en 1989, con motivo de la conmemoración de la fundación de la ciudad de Sendai, se empenzó a investigar sobre el pasado de la misma, hallándose una serie de documentos escritos por el propio Date Masamune, el gran Señor de Mutsu y Sendai, donde se menciona la misión de Hasekura. Hoy la Asociación Hispano-Japonesa ‘Hasekura’ de Coria del Río, fundada en 1993, organiza actividades y fomenta el encuentro entre corianos y japoneses que vienen a visitar el pueblo de sus antepasados de la Misión Keicho. Una Misión Keicho que continuó su viaje de Coria a Sevilla y de aquí a Cordoba y Madrid en dos carros, dos literas y veintidós acémilas de monta y carga. En la Villa y Corte fueron recibidos en audiencia por el rey Felipe III, cuyo gabinete mantuvo con los enviados una prudente y diplomática distancia, en medio de todas las atenciones, al conocer que eran embajadores de un poderoso señor feudal pero no del soberano de su lejano país. La comitiva japonesa se aloja en el madrileño convento de San Francisco. El 30 de enero de 1615 fueron recibidos en audiencia por el monarca Felipe III. Y el 17 de febrero, en el monasterio de las Descalzas Reales, con asistencia del propio rey y de toda la corte, el samurai Hasekura es bautizado como Felipe Francisco Tsunenaga. En el mes de agosto de 1615 partirán hacia Roma. Su ruta pasa por Alcalá de Henares, Daroca, Zaragoza y Lérida. En Barcelona embarcan hacia Génova en dos fragatas y un bergantín de la Armada española. Y el 3 de noviembre son finalmente recibidos por el pontífice Pablo V, quien nombra a Fray Sotelo obispo de Mutsu, como era su estratégico deseo. Pero se trata de una política de gestos, sin compromiso real alguno ni por parte del rey de España ni por parte del Papado. Cuando en 1622 las Misión Keicho retorna, después de once años de viaje, de nuevo al puerto de Nagasaki, el samurai Hasekura, Felipe Francisco Tsunenaga, es inmediatamente encarcelado por orden del shogun y Fray Sotelo es quemado vivo sin contemplaciones. Sólo continúa feliz el grupo de japoneses que en Coria del Río decidieron quedarse para siempre a orillas del Guadalquivir.

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