estudio longitudinal, a diferencia del estudio transversal, permiten el seguimiento de los mismos individuos a través del tiempo y de sus generaciones precedentes y siguientes eliminando los denominados efectos de cohorte. Por lo tanto las diferencias observadas en las personas tienen menos probabilidades de ser el resultado de las diferencias culturales entre las generaciones y mostrar por tanto diferencias cualitativas o cuantitativas realmente significativas. Debido a este gran beneficio frente a los estudios transversales, los estudios longitudinales ofrecen indicadores más precisos de los cambios en las sociedades estudiadas y además, su gran potencial permiten que sus consecuencias puedan aplicarse en otros campos de las ciencias sociales.1
En las ciencias sociales los estudios longitudinales permiten distinguir fenómenos de corto, medio y largo plazo, su distribución y su continuidad específica. Así, por ejemplo permite saber cómo afecta a una sociedad la pobreza. Si la tasa de pobreza es del 10% en un punto en el tiempo, esto puede significar que el 10% de la población son siempre pobres -siempre los mismos-, o que de toda la población un 10% experimenta la pobreza -alternándose los individuos-. Los estudios longitudinales nos permiten diferenciar esas situaciones y determinar con claridad cuál es la situación. Con los estudios transversales, ésta y otras muchas situaciones no pueden conocerse. Por tanto los estudios longitudinales sacar consecuencias más claras que influirán en otros campos y posibilitarán, en su caso, mejores tomas de decisiones.
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