jueves, 27 de abril de 2017

CUADROS POR AUTOR

Cuadros de Francisco de Zurbarán


Bodegón con cacharros es un óleo sobre lienzo del pintor barroco español Francisco de Zurbarán. Mide 46 centímetros de alto por 84 cm de ancho. Está datada hacia del año 1650 y se encuentra en el Museo del Prado de Madrid (España).1
Se trata de una sencilla pero ejemplar composición con cuatro objetos de la vajilla tradicional y la luz como únicos protagonistas.nota 1 Tres vasijas muy alfareras y otras tres piezas de metal —una copa trabajada y dos bandejas.2 El pintor, seducido por "la pura técnica pictórica, las texturas y el goce estético",3 los ha colocado sobre una repisa, bien alineados y enmarcados por un fondo neutro. Se considera obra ejemplar entre los pocos bodegones conservados del pintor extremeño, apreciándose la conjunción magistral del crudo realismo y la ternura por las pequeñas cosas cotidianas, que dan como resultado un misticismo rústico y de hermosa solidez. Otra versión del cuadro, casi idéntica y catalogada también como autógrafa, se conserva en el MNAC de Barcelona.

Elementos intrínsecos

  1. TécnicaÓleo sobre lienzo.
  2. Tema y géneroBodegón compuesto por tres cacharros de cerámica, una copa de metal y dos bandejas, también metálicas.nota 2 De las tres piezas alfareras, dos blancas, del tipo de jarra alcarraza fabricado en los talleres trianeros sevillanos, y un búcaro de barro rojizo, cuyo diseño aún podía rastrearse en el siglo XX en Salvatierra de los Barros.4
  3. Forma y estilo: Al margen de su pericia pictórica, Zurbarán sentía una capacidad excepcional para apreciar y reflejar lo cotidiano de la manera más simple.nota 3 Todas las características propias de Zurbarán parecen presentarse aquí:
    1. La composición es muy simple: las cuatro piezas se alinean sobre un plano, individualizadas, autónomas unas de las otras. Se ha buscado el equilibrio de las formas y tonalidades; apenas hay lugar para la perspectiva o la riqueza cromática.
    2. Las texturas permiten al pintor experimentar los diferentes modos de responder cada una de las piezas a la iluminación y a los reflejos.
    3. Colorido pobre, en consonancia con la austeridad general, se reduce a varias tonalidades parduscas, pero vibrantes a causa de la iluminación.
    4. La luz, de estilo tenebrista, intensa, contrastada y dura, hace resaltar vivamente los objetos sobre un fondo oscuro. Luz y color armonizan sin esfuerzo, haciendo protagonista al silencio.
  4. Otros aspectos: Los bodegones españoles del Siglo de Oro contrastan en su austeridad con los opulentos, casi opresivos, bodegones flamencos de la misma época, como los de Claesz o de Heda.

Elementos extrínsecos

  • La obra: datada hacia 1650, está expuesta en el Museo del Prado (número de catálogo 2803), donada en 1940 por Francesc Cambó.5Este mismo coleccionista obtuvo un segundo ejemplar de la composición, que se halla en el MNAC de Barcelona. Algunos especialistas han propuesto que en ella colaboró el hijo menor del pintor, Juan de Zurbarán. Pertenece a un período de bonanza para el pintor, anterior a su crisis (iniciada con la muerte de su esposa en 1639) y la aparición en la escena pictórica sevillana de Murillo.
Bodegón de recipientes (Zurbarán).jpg








Cristo en la Cruz es un cuadro de Francisco de Zurbarán realizado en 1627. En 1626 y ante un notario, firmó un nuevo contrato con la comunidad de los predicadores de la orden dominicana de San Pablo el Real, en Sevilla: tenía que pintar 21 cuadros en ocho meses. Fue entonces, en 1627, cuando pintó el "Cristo en la Cruz", obra que fue tan admirada por sus contemporáneos que el Consejo Municipal de Sevilla le propuso que se instalara en dicha ciudad en 1629.
Cristo crucificado de Velázquez1632, (250 x 170 cm). Museo del Prado. Madrid.
En este cuadro la impresión de relieve es sorprendente: Cristo está clavado en una burda cruz de madera. El lienzo blanco, luminoso, que le ciñe la cintura, con su hábil drapeado—ya de estilo barroco—, contrasta dramáticamente con los músculos flexibles y bien formados de su cuerpo. Su cara se inclina sobre el hombro derecho. El sufrimiento, insoportable, da paso a un último deseo: la Resurrección, último pensamiento hacia una vida prometida en la que el cuerpo, torturado hasta la extenuación, pero ya glorioso, lo demuestra. Igual que en La Crucifixion de Velázquez (pintado hacia 1630, más rígido y simétrico), los pies están clavados por separado. En esa época, las obras, en ocasiones monumentales, trataban de recrearse morbosamente en la crucifixión, de ahí el número de clavos.
Por ejemplo, en las Revelaciones de Santa Brígida se habla de cuatro clavos. Por otra parte, y tras los decretos tridentinos, el espíritu de la Contrarreforma se oponía a las grandes escenificaciones orientando, especialmente a los artistas, hacia las composiciones en las que se representara únicamente a Cristo. Muchos teólogos sostenían que tanto el cuerpo de Jesús como el de María tenían que ser unos cuerpos perfectos. Zurbarán aprendió estas lecciones afirmándose, a los veintinueve años, como un maestro incontestable.









La Defensa de Cádiz contra los ingleses, también conocido como Desembarco hostil de los ingleses cerca de Cádiz en 1625, al mando del Conde de Lest o simplemente Defensa de Cádiz, es un cuadro de Francisco de Zurbarán expuesto en el Museo del Prado de MadridEspaña. Está pintado al óleo sobre lienzo y mide 302 cm de alto por 323 cm de ancho.
La escena representa la defensa que las fuerzas españolas hicieron de la ciudad de Cádiz en 1625 ante el ataque de la flota conjunta anglo-holandesa bajo el mando de Edward Cecil. En primer término aparece el gobernador de Cádiz Fernando Girón (sentado, ya que se encontraba enfermo) impartiendo órdenes a sus subordinados (frente a él, el teniente de maestre de campo Diego Ruiz), mientras al fondo se contempla el desembarco de las tropas atacantes frente al fuerte de El Puntal, en la bahía gaditana.
Inicialmente atribuido a Eugenio Caxés,1 este cuadro fue pintado por Zurbarán2 como parte de un encargo decorativo para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro de Madrid. Se encomendó a Zurbarán esta escena de hechos militares así como una serie de diez cuadros sobre Los Trabajos de Hércules, actualmente también en el Prado.


No hay comentarios:

Publicar un comentario