domingo, 22 de junio de 2014

MAPAS ANTÍGUOS - CARTOGRAFÍA DE LA PLENA Y BAJA EDAD MEDIA


MAPAS MUNDI CIRCULARES .-

 Cuando empezaba a decaer el espíritu de las cruzadas, se reavivó el viejo mito de oriente, que venía siendo recurrente desde la antigüedad. Dos acontecimientos literarios, ambos ficticios, impulsaron el renacer del mito. De una parte la difusión del “Roman de Alexandre”, narrando las aventuras de Alejandro Magno en su conquista de la India y las maravillas que allí vio y realizó. De otra, a partir de 1164 empezó a circular por las cortes europeas la carta que el misterioso Preste Juan dirigiera al emperador de Bizancio, al Papa y al emperador Federico Barbarroja.
  El Preste Juan era un supuesto rey-sacerdote que gobernaba un también supuesto imperio cristiano más allá de los dominios del Islam. En su carta describía las maravillas de un mundo demasiado semejante al paraíso terrenal bíblico, repleto de riquezas, animales exóticos y vegetación lujuriosa y habitado por los hombres más hermosos de la tierra. También estaban aquellas tierras pobladas por seres míticos, animales fabulosos y criaturas prodigiosas. Las abundancia de iconografía extraída de estas fuentes, dará fe de su importancia.
  
 Fragmento de la franja central del mapamundi de Ebstorf, desde el Norte (izquierda) al centro (Jerusalen). 1234 

Un viajero animado a conquistar este mundo magnífico iba abriendo las nuevas rutas comerciales que por mar -o preferentemente por tierra- conducían hacia los misterios de oriente y sus riquezas. Entre quienes recorrían estos caminos, el transeúnte más común era seglar, sin mayor ligazón con la iglesia que la propia del tiempo en que vivían. El paradigma de este tipo de viajero es, sin duda, Marco Polo. Como él, la mayoría de los viajantes que transitaron a partir del siglo XIII la ruta de oriente fueron aventureros intrépidos dedicados al comercio y viajando en pos de su negocio, o embajadores -laicos o religiosos- que viajaban con la encomienda de encontrar aliados para la cristiandad en los imperios del lejano oriente.
Fragmento de la franja central del mapamundi de Ebstorf, desde el centro (Jerusalen) a las antípodas en el Sur (derecha). 1234   
Había un tercer grupo de “viajeros” de los que no debemos olvidarnos pues en buena medida son los responsables del estallido cultural que germinaría a partir del siglo XIII en Europa. El camino que recorrían era intelectual y sus viajes fueron “virtuales”. Eran hombres curiosos y ávidos de acceder a los conocimientos que se iban incorporando al acervo cultural de su época.
  La paulatina difusión en Europa del papel, que empezó a substituir al pergamino a partir del siglo XII, y el amparo de las universidades, impulsó la secularización del oficio de copista y de su mano floreció una importante producción literaria de carácter laico y muy descriptiva, trabajada en scriptoriums seglares. Una parte de esta rica literatura ilustrada se centró en las crónicas de viajes y narraba en imágenes, verso o prosa, todo tipo de historias reales o imaginadas.
  Se trata de un género difícil de clasificar. Algo tiene de guía turística y de descripción de rutas e itinerarios; algo de localismos, costumbres y paisajes, y mucho de aventura y literatura de ficción. Aunque los viajes narrados solían ser fingidos –tal es el caso del más significativo de todos ellos, el viaje que Jean de Mandeville relata en su “Libro de las maravillas del mundo”- se trata de una producción estética y literaria de calidad, cargada de interés didáctico y capaz de procurar al ‘viajero’ que no viaja una experiencia excitante del mundo.

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