CARTOGRAFÍA DEL RENACIMIENTO .-
A lo largo del siglo XV, potencias emergentes como Portugal y más adelante Castilla, tenían poca opción de desarrollarse en las rutas acostumbradas, por ello fueron los primeros en volver la mirada a la ruta africana y al Atlántico sur. Y no fue mala elección, porque cuando la amenaza otomana fue estrangulando el comercio mediterráneo, la ruta atlántica estuvo preparada para tomar provechosamente el relevo y ambas naciones para convertirse en las potencias más ricas y poderosas del momento.
Puertos de Lisboa (arriba) y de Sevilla en el Guadalquivir, en el siglo XVI
El crecimiento de las ciudades y el mismo dinamismo económico de la población urbana condujo a incorporar al circuito comercial una importante variedad de mercaderías ‘modestas' - tejidos corrientes, colorantes textiles, cuero, madera, cestería, herramientas, objetos cerámicos, minerales diversos, ganado etc.- cuyo precio estaba al alcance de los habitantes de las ciudades, por lo que suscitaba una gran demanda. La combinación de lujo y necesidad resultaba muy rentable, cada barco que llegaba a puerto cargado de mercancías suponía un gran beneficio para quienes lo habían fletado.
En una época en la que el comercio marítimo era la principal fuente de acceso al lujo y a la riqueza, la rentabilidad de los negocios exigía que el transporte por mar se hiciera en cargamentos grandes, capaces de absorber el coste de los fletes y también de neutralizar las frecuentes pérdidas que se producían en las travesías a causa de los naufragios, los conflictos bélicos, la piratería o las actividades corsarias. A principio de la Edad Moderna era tal la demanda de mercaderías que los mismos comerciantes, a fin de dinamizar y proteger su negocio, optaron por hacerse armadores e invertir parte de sus beneficios en construir barcos cada vez más grandes, rápidos y seguros.
Capacidad, seguridad y velocidad eran las cualidades exigidas a las embarcaciones destinadas al transporte de mercancías. Estas cualidades no se daban fácilmente en un mismo tipo de navío; cada momento y cada proyecto requería un esfuerzo de conciliación entre la tecnología y la experiencia náutica a fin de conseguir la embarcación capaz de alcanzar con éxito el objetivo. En el siglo XV, aventurarse a navegar por el océano abierto, era todo menos seguro y para conseguirlo fue imprescindible dar un vuelco a los sistemas tradicionales de navegación.

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