COSMOGRAFÍAS Y ATLAS SIGLOS XVI Y XVII .-
No es difícil imaginar el vasto universo del cosmógrafo y la complejidad de la representación cartográfica a medida que avanzaba la exploración del mundo. Pronto, el principio de prudencia substituyó al apasionado caos heredado de las enciclopedias medievales y la moderna cosmografía se constituyó acumulando y registrando datos de tal manera que permitiera organizar por temas los distintos conocimientos y, además, ampliar la información y reestructurar y reeditar las obras sin perder la coherencia interna en sucesivas ediciones.
La cosmografía renacentista, como todas las ciencias en aquel momento, se caracterizó por su adhesión a los principios y metodología científicos. Pero no debe entenderse por ello que la obra gráfica y descriptiva del Renacimiento fuera fundamentalmente sobria, al contrario, la exuberancia que caracterizaba toda representación de lo natural desde la antigüedad clásica y que, concretamente, había adornado los mapas medievales, se vio incrementada en la misma medida que aumentaron los conocimientos y se amplió el ámbito de estudio de las ciencias de la naturaleza. Si a ello añadimos que también el cosmógrafo, como todos los sabios renacentistas, fue propenso a la representación visual de su cosmos, no nos sorprenderá encontrarnos ante una cartografía llena de elementos gráficos superfluos que significan una fascinante convergencia del arte con la ciencia y de la fantasía con la racionalidad.
1539. Carta Marina de Olaus Magnus, editada en Venecia. Este gran cosmógrafo renacentista sueco, publicó el primer mapa detallado de Escandinavia con tanta exactitud y precisión como la tecnología y los conocimientos de la época permitían. Es un mapa preciosista y muy detallado en el que, además de los aspectos geográficos, se expresan las formas de vida de los pueblos septentrionales, buena parte de sus mitos y un importante elenco de monstruos marinos.
También escribió en 1555 y en latín una interesante compilación cosmográfica de la historia de los pueblos escandinavos, titulada Historia de gentibus septentrionalibus. En ella, siguiendo la inspiración de la historiografía humanista, proporciona un brillante retablo de las tierras y gentes de Suecia en el umbral de una nueva era. Aquella obra, frecuentemente editada y, a partir del siglo XVII, traducida a otros idiomas, fue por mucho tiempo la más completa fuente de información sobre las gentes y formas de vida del norte de Europa.

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