Hernando de Acuña (1518-1580?)
Lavinio, al comenzar de mi cuidado,
vi que a mi perdición iba derecho,
pero juzgué tal daño por provecho,
y así lo hubieras tú también juzgado;
por do el amonestarme es excusado,
que, aunque me pone ausencia en gran estrecho,
lo que piensas que sufro a mi despecho,
contento lo padezco y de mi agrado.
Que si Amor de este mal quiere que muera,
no me podrá quitar que esto no sea
remedio de mis males, y el más sano;
porque, tras haber visto a Galatea,
¿qué bien podrá igualarse al que perdiera
en no padecer muerte de su mano?
vi que a mi perdición iba derecho,
pero juzgué tal daño por provecho,
y así lo hubieras tú también juzgado;
por do el amonestarme es excusado,
que, aunque me pone ausencia en gran estrecho,
lo que piensas que sufro a mi despecho,
contento lo padezco y de mi agrado.
Que si Amor de este mal quiere que muera,
no me podrá quitar que esto no sea
remedio de mis males, y el más sano;
porque, tras haber visto a Galatea,
¿qué bien podrá igualarse al que perdiera
en no padecer muerte de su mano?
De Amor se hace, y por él mismo es hecha
la red de amor que tanta gente prende,
y como la refuerza el que la tiende,
no está ni puede estar rota o deshecha.
Hermosura es el arco que Amor flecha;
del cual ninguna fuerza se defiende,
y el gusto humano es quien le da y le vende
de diversos metales tanta flecha.
Nace niño, y por horas crece y viene
a ser más que gigante y, siendo ciego,
vuélvese en Argos al tomar la mira
y un monstruo tan extraño, que, aunque tiene
en una mano el arco, en otra el fuego,
con mil tiende la red y con mil tira.
la red de amor que tanta gente prende,
y como la refuerza el que la tiende,
no está ni puede estar rota o deshecha.
Hermosura es el arco que Amor flecha;
del cual ninguna fuerza se defiende,
y el gusto humano es quien le da y le vende
de diversos metales tanta flecha.
Nace niño, y por horas crece y viene
a ser más que gigante y, siendo ciego,
vuélvese en Argos al tomar la mira
y un monstruo tan extraño, que, aunque tiene
en una mano el arco, en otra el fuego,
con mil tiende la red y con mil tira.
De la alta torre al mar Hero miraba,
al mar, que siempre más se embravecía,
y esperando a Leandro se temía
mas siempre con temerse le esperaba.
Cuando la tempestad ya le acababa
de su vida la lumbre, y de su guía,
y el cuerpo sin el alma a dar venía
do el alma con el cuerpo deseaba,
en esto la triste Hero, esclareciendo,
vio muerto a su Leandro en la ribera
del viento y de las ondas arrojado,
y dejóse venir sobre él, diciendo:
«Alma, pues otro bien ya no se espera,
éste al menos te será otorgado».
al mar, que siempre más se embravecía,
y esperando a Leandro se temía
mas siempre con temerse le esperaba.
Cuando la tempestad ya le acababa
de su vida la lumbre, y de su guía,
y el cuerpo sin el alma a dar venía
do el alma con el cuerpo deseaba,
en esto la triste Hero, esclareciendo,
vio muerto a su Leandro en la ribera
del viento y de las ondas arrojado,
y dejóse venir sobre él, diciendo:
«Alma, pues otro bien ya no se espera,
éste al menos te será otorgado».
De oliva, y verde yedra coronado,
cuando el rayo del sol es más caliente,
vueltos los ojos a una clara fuente,
y al pie de un alto pino recostado:
sin acuerdo de sí ni del ganado,
que de pacer dejaba al son que siente,
así soltó la voz suavemente
de amores un pastor apasionado:
«Las ondas cesarán del mar profundo,
por altas cumbres subirán los ríos,
sin hoja verde nos vendrá el Verano
y oscuro hará el sol antes el mundo
que aunque refuerce Amor los males míos,
a Silvia deje de adorar Silvano».
cuando el rayo del sol es más caliente,
vueltos los ojos a una clara fuente,
y al pie de un alto pino recostado:
sin acuerdo de sí ni del ganado,
que de pacer dejaba al son que siente,
así soltó la voz suavemente
de amores un pastor apasionado:
«Las ondas cesarán del mar profundo,
por altas cumbres subirán los ríos,
sin hoja verde nos vendrá el Verano
y oscuro hará el sol antes el mundo
que aunque refuerce Amor los males míos,
a Silvia deje de adorar Silvano».
Demócrito
|
De tu tristeza, Heráclito, me espanto,
y de nuevo me admiro cada hora que, viendo el mundo y lo que pasa ahora, ya no hayas convertido en risa el llanto. |
Heráclito
|
Yo me admiro, Demócrito, que cuanto
en este triste siglo que empeora crecen más las miserias de hora en hora, más crece tu placer tu risa y canto. |
Demócrito
|
¿Pues quién no reirá si, en paz o en guerra,
el gobierno del mundo y del consejo es todo desconciertos y locura? |
Heráclito
|
Lo que a ti te da risa a mí me aterra,
eso me tienen ya doliente y viejo, y eso me llevará a la sepultura. |
Del bien del pensamiento se sustenta
el triste corazón entre mil males
que en mí se tratan como naturales,
y el alma hace ya la misma cuenta.
El no sufrirlos tiene por afrenta,
y por honra y valor sufrirlos tales,
y págase, sintiéndolos mortales,
con sólo consentirle que los sienta.
Esto por bien muy grande se le niega,
y la vida ha tomado por partido
seguir en padecer su estilo usado,
que llegando al extremo donde llega,
lo que con desearlo nunca ha sido,
no puede por razón serle negado.
el triste corazón entre mil males
que en mí se tratan como naturales,
y el alma hace ya la misma cuenta.
El no sufrirlos tiene por afrenta,
y por honra y valor sufrirlos tales,
y págase, sintiéndolos mortales,
con sólo consentirle que los sienta.
Esto por bien muy grande se le niega,
y la vida ha tomado por partido
seguir en padecer su estilo usado,
que llegando al extremo donde llega,
lo que con desearlo nunca ha sido,
no puede por razón serle negado.
Después, Amor, que me privó tu mano
de aquella vista en que vivía seguro,
es vuelto en escabroso estilo y duro
el mío, que antes era humilde y llano;
y en tal extremo, que si el más liviano
dolor que siento declarar procuro,
voy por áspera peña o alto muro
para haber de llegar al más cercano.
La lengua al pronunciar está turbada,
que en tantas tan dañosas ocasiones
cada cual se le ofrece por primera:
así sale la voz flaca y cansada,
y tan confusa de entre mil pasiones,
que de ninguna da
de aquella vista en que vivía seguro,
es vuelto en escabroso estilo y duro
el mío, que antes era humilde y llano;
y en tal extremo, que si el más liviano
dolor que siento declarar procuro,
voy por áspera peña o alto muro
para haber de llegar al más cercano.
La lengua al pronunciar está turbada,
que en tantas tan dañosas ocasiones
cada cual se le ofrece por primera:
así sale la voz flaca y cansada,
y tan confusa de entre mil pasiones,
que de ninguna da
razón entera.
Dígame quién lo sabe: ¿cómo es hecha
la red de Amor, que tanta gente prende?
¿Y cómo, habiendo tanto que la tiende,
no está del tiempo ya rota o deshecha?
¿Y cómo es hecho el arco que Amor flecha,
pues hierro ni valor se le defiende?
¿Y cómo o dónde halla, o quién le vende,
de plomo, plata y oro tanta flecha?
Y si dicen que es niño, ¿cómo viene
a vencer los gigantes? Y si es ciego,
¿cómo toma al tirar cierta la mira?
Y si, como se escribe, siempre tiene
en una mano el arco, en otra el fuego,
¿cómo tiende la red y cómo tira?
la red de Amor, que tanta gente prende?
¿Y cómo, habiendo tanto que la tiende,
no está del tiempo ya rota o deshecha?
¿Y cómo es hecho el arco que Amor flecha,
pues hierro ni valor se le defiende?
¿Y cómo o dónde halla, o quién le vende,
de plomo, plata y oro tanta flecha?
Y si dicen que es niño, ¿cómo viene
a vencer los gigantes? Y si es ciego,
¿cómo toma al tirar cierta la mira?
Y si, como se escribe, siempre tiene
en una mano el arco, en otra el fuego,
¿cómo tiende la red y cómo tira?
Dijo el docto Petrarca sabiamente:
«Pobre y desnuda vas, Filosofía»,
lamentando su tiempo, en que antevía
las faltas y miserias del presente;
do el vicio reina ya tan sueltamente,
que valen poco, y menos cada día,
la bondad, el saber, la valentía,
del mejor, o más sabio, o más valiente.
Mas cuanto el mal esta más encumbrado
y el mundo aprueba más lo que debiera
tenerse por infamia y maleficio,
tanto merece ser más estimado
el virtüoso obrar, pues ya no espera
la virtud premio, ni castigo el vicio.
«Pobre y desnuda vas, Filosofía»,
lamentando su tiempo, en que antevía
las faltas y miserias del presente;
do el vicio reina ya tan sueltamente,
que valen poco, y menos cada día,
la bondad, el saber, la valentía,
del mejor, o más sabio, o más valiente.
Mas cuanto el mal esta más encumbrado
y el mundo aprueba más lo que debiera
tenerse por infamia y maleficio,
tanto merece ser más estimado
el virtüoso obrar, pues ya no espera
la virtud premio, ni castigo el vicio.
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