En el transcurso del siglo XX, la historiografía chilena experimentó profundos cambios con respecto a la tradición de los grandes historiadores liberales del siglo XIX. Éstos se debieron a una confluencia de factores, entre los cuales predominaron las pugnas ideológicas propias de la época y la progresiva profesionalización de los estudios históricos, merced a la creación de institutos y departamentos especializados en distintas universidades del país. Hoy día, aunque la historia centrada en los sucesos políticos siga concentrando la atención de los medios de comunicación y el debate público, nuevos ámbitos de estudio como la historia social, económica y cultural han logrado insertarse sólidamente el ambiente académico.
La discusión ideológica generada en las primeras décadas del siglo XX a raíz de la crisis de legitimidad del viejo orden oligárquico, marcó el rumbo de los estudios históricos durante gran parte de la centuria. Surgió entonces la escuela conservadora, la que alcanzó un grado de influencia social e ideológica de tal magnitud que prácticamente monopolizó el debate historiográfico hasta inicios de la década de 1960. Sus mayores exponentes, entre ellos Alberto Edwards, Francisco Antonio Encina y Jaime Eyzaguirre, realizaron una ácida crítica del liberalismo decimonónico y de las transformaciones sociales que habían ocurrido a partir de la década de 1920, entendiendo éstas como el resultado de un largo proceso de decadencia de las instituciones políticas que se había iniciado en el último tercio de siglo XIX. En diversos grados, los historiadores conservadores rechazaban la modernidad y postulaban el reemplazo de la democracia representativa por un régimen autoritario que garantizara el mantenimiento del orden social y la fe católica.
A mediados de siglo, surgieron dos nuevas corrientes historiográficas que compitieron con la escuela conservadora. La primera, de talante marxista, orientó sus esfuerzos a la reconstrucción y rescate de la historia del proletariado nacional, tomando como sustento teórico el materialismo dialéctico de Karl Marx. Aunque los historiadores de la escuela marxista -entre los que se encontraban Julio César Jobet yHernán Ramírez Necochea- fueron criticados por el carácter político-ideológico que le imprimieron a sus estudios, su legado perduró en las nuevas generaciones que en la década de 1980 desarrollaron una nueva historia social centrada en los sujetos y movimientos populares chilenos. La segunda corriente, en cambio, nació de la mano de un grupo de historiadores que realizó una verdadera renovación historiográfica al introducir nuevas técnicas y metodologías de investigación. Junto a ello, estos historiadores -Mario Góngora, Álvaro Jara, Rolando Mellafe y otros- incursionaron en temas que tradicionalmente habían sido descuidados por la historiografía como la economía y la demografía.
Sin embargo, las transformaciones más importantes estuvieron relacionadas con la progresiva profesionalización de los estudios históricos. La creación de institutos y departamentos de historia en la Universidad Católica de Valparaíso, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad de Concepción a fines de los años sesenta, generó nuevos espacios académicos y de investigación especializada. Tras el desmembramiento de la Universidad de Chile en la década de 1980 y la creación de universidades regionales en todo el país, se crearon nuevos departamentos de historia en gran parte de ellas, los que aportaron a la profesionalización de la historiografía regional y su posicionamiento en los circuitos académicos. Durante las dos últimas décadas del siglo XX, la progresiva especialización de los estudios históricos y la aparición de programas de postgrado aportaron nuevas temáticas y enfoques metodológicos, destacándose una renovada historia cultural, más preocupada de los fenómenos culturales que de la "alta cultura" de la élite. Empero, aún subsisten áreas de investigación que permanecen alejadas de ámbito académico o que se han desarrollado de manera paralela a éste. La genealogía y la historia local son buenos ejemplos de ello, aunque en el caso de la historiografía eclesiástica se han mantenido lazos importantes con el mundo universitario.
Como balance general del siglo XX, se pueden observar ciertas tendencias que incluyen una creciente especialización y diversidad temática, el predominio de investigaciones "de archivo" por sobre las grandes interpretaciones globales y los esfuerzos por establecer un catálogo unificado de todas las obras históricas producidas durante el período.
Durante el siglo XIX, la producción historiográfica estuvo altamente determinada por las corrientes ideológicas que primaban en la época, así como por el ethos fundacional de lo nacional. Como señala Cristián Gazmuri en La historiografía chilena, el siglo XIX se caracterizó por producir una historiografía política, militar e institucional de muy buen nivel, pero de horizonte aristocrático, con limitadas y ocasionales incursiones en el análisis de los problemas sociales, económicos y culturales.
La primera gran obra sobre Historia de Chile producida después de la independencia, fue encargada por el gobierno al naturalista Claudio Gay, quien a partir de 1844 comenzó a publicar en París su Historia Física y Política de Chile.
A mediados del siglo XIX, la polémica protagonizada por Andrés Bello y Jacinto Chacón tuvo gran influencia en la historiografía decimonónica. Mientras el segundo se inclinaba hacia una reflexión sobre una "filosofía de la historia" que permitiera hacer inteligible el decurso de la humanidad, Bello proponía una historiografía positivista basada en documentos, hechos y narraciones objetivas, la que finalmente predominaría durante la segunda mitad del siglo XIX. Bajo su égida, la investigación histórica alcanzó un alto grado de documentación y erudición, destacándose historiadores como Diego Barros Arana, quien sentó los cimientos de la historia nacional al publicar entre 1884 y 1902 su Historia General de Chile, en dieciséis volúmenes. Junto a él, los hermanos Miguel Luis y Gregorio Víctor Amunátegui representan la máxima expresión de la historiografía positivista del siglo XIX al realizar una exposición de los hechos, especialmente políticos y militares, con un amplio bagaje documental y, aparentemente, con el menor grado de interpretación personal posible.
Por su parte, las obras de Benjamín Vicuña Mackenna denotan el surgimiento de la interpretación y el rol de la subjetividad, hasta entonces vedados por el positivismo, destacándose por tener un estilo entretenido y vehemente. En esta línea, abordó una gran variedad de temas como la historia política, urbana, empresarial, de la salud, de las costumbres y del clima, por nombrar algunos.
Con todo, la historiografía de Barros Arana, Vicuña Mackenna y los hermanos Amunátegui ha sido considerada liberal por la perspectiva que entrega del pasado nacional y la elección, tanto temática como documental, de sus investigaciones. En parte como respuesta, surgió la historiografía conservadora, cuyos máximos exponentes fueron Ramón Sotomayor Valdés y Alberto Edwards, quienes expresaron su admiración por la herencia hispano colonial, los gobiernos fuertes, la jerarquía y el orden. Esto se tradujo en una admiración por la obra de Diego Portales como político y estratega, caracterizada genialmente en el libro La fronda aristocrática de Alberto Edwards, quien incorpora al análisis histórico la intuición, la interpretación y nuevas metodologías historiográficas.
Finalmente, cabe señalar a José Toribio Medina quien, con dotes de erudición, sobresale en la persecución y obtención del documento o libro extraño, difícil de conseguir.
Durante este período, los historiadores se dieron a la tarea de reunir numerosas fuentes históricas que, para la época, se refería principalmente a documentos emanados de una entidad gubernamental, como causas judiciales, procesos notariales, entre otros. Eran documentos "oficiales" que eran considerados más objetivos que los emanados de un sujeto particular. Tras recorrer diversas bibliotecas europeas en búsqueda de documentos y libros raros, este esfuerzo se vio plasmado en la publicación de diversos textos y colecciones documentales, como por ejemplo el manuscrito de Diego de Rosales, Historia general del reino de Chile: Flandes Indiano, publicado por Vicuña Mackenna varios siglos después, y la monumental Colección de Historiadores y de documentos relativos a la historia nacional. Cristián Gazmuri señala que los historiadores decimonónicos reunieron la mayor parte de las fuentes para "hacer la historia de Chile", siendo fundamental para las aproximaciones al análisis histórico de muchos historiadores.
Algo habrán hecho por la historia de Chile fue una serie de televisión chilena de carácter documental, coproducida por Televisión Nacional de Chile y Promocine. Fue uno de los primeros programas masivos grabado, y transmitido en alta definición en Chile.
Basada en el programa argentino Algo habrán hecho por la historia argentina, realizado por Eyeworks Cuatro Cabezas, la versión chilena relató a lo largo de cada episodio algún fragmento de la historia del país desde laÉpoca de la Conquista hasta el Centenario de la Nación. El programa es narrado por el actor Francisco Melo, quien es guiado en cada capítulo por el historiador Manuel Vicuña, alternando grabaciones en la época contemporánea con animaciones y reproducciones de hechos históricos por actores.1
Episodios
- Estreno: 18 de julio de 2010
- El capítulo se inicia en la Plaza de Armas de Santiago con la destrucción de la ciudad en 1541, luego se retrocede a la fundación de Santiago ese mismo año para regresar al momento en que Inés de Suárezdecapita a Quilicanta y a otros seis caciques prisioneros. Esto da pie al relato de la conquista de Chile, pasando por el viaje de Pedro de Valdivia al Perú, las batallas de Andalién, Penco y Tucapel hasta la muerte del toqui Lautaro.
- Reparto:
- Álvaro Espinoza como Pedro de Valdivia.
- Trinidad González como Inés de Suárez.
- Ariel Mateluna como Lautaro.
- Guión: Luis Ponce.
- Estreno: 25 de julio de 2010
- Comienza con la Batalla de Curalaba en 1598, el sitio de Villarrica de 1599 a 1602, la historia de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, Luis de Valdivia, elMestizo Alejo, el parlamento de Quilín, la Quintrala, el terremoto de Santiago de 1647, sor Ursula Suárez y el poder de las órdenes religiosas.
- Reparto:
- Bárbara Ríos como Isabel Vivar (madre de Alejo)
- Leonardo Ñancupal como el cacique Curavilu (padre de Alejo)
- Andrés Reyes como Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán.
- Diego Ruiz como Mestizo Alejo
- Begoña Basauri como Catalina de los Ríos y Lisperguer, La Quintrala.
- Francisca Walker (joven) y María Eugenia Ilabaca (anciana) como Ursula Suárez.
- Guión: Gonzalo Losada.
- Estreno: 1 de agosto de 2010
- Parte con la expulsión de los jesuitas en 1767, las historias del corregidor Zañartu y la de Ambrosio O'Higgins, los intentos de independencia de José Antonio de Rojas, la independencia de los Estados Unidos, la Revolución francesa, la Primera Junta Nacional de Gobierno de Chile y el golpe de estado de 1813 de parte deJosé Miguel Carrera.
- Reparto:
- Pedro Vicuña como Corregidor Zañartu
- Catalina Bice como Isabel Riquelme.
- Mario Santander como Ambrosio O'Higgins.
- Pablo Krögh como José Antonio de Rojas.
- Jaime Omeñaca como Juan Martínez de Rozas.
- Marcial Tagle como Bernardo O'Higgins.
- Diego Noguera como José Miguel Carrera.
- Guión: Luis Ponce y Gonzalo Losada.
- Estreno: 8 de agosto de 2010
- El proceso de independencia de Chile es el hilo narrativo principal del capítulo, que parte con los fines de la Patria Vieja. El conflicto entre carrerinos yo'higginistas y la formación de los primeros símbolos patrios son contados en el capítulo, al igual que la batalla de Rancagua, la resistencia patriota durante laReconquista y los planes de la Logia Lautaro. Hacia el final del capítulo se presenta la formación de la Patria Nueva tras las batallas de Chacabuco y Maipú, mientras en Argentina, José Miguel Carrera es detenido y fusilado tras sus acciones en la Pampa. El episodio finaliza con la abdicación de Bernardo O'Higginscomo director supremo del país.
- Reparto:
- Marcial Tagle como Bernardo O'Higgins.
- Diego Noguera como José Miguel Carrera.
- Felipe Pinto como Luis Carrera.
- Juan Pablo Larenas como Juan José Carrera.
- Alejandra Díaz como Javiera Carrera.
- Marcial Edwards como Ignacio de la Carrera.
- María Angélica Arcos como Isabel Riquelme.
- Guión: Luz Croxatto.
- Estreno: 15 de agosto de 2010
- El capítulo se centra en el período de la llamada Anarquía, protaganizada por el conflicto entre pipiolos y pelucones, el gobierno de Ramón Freire y la influencia de Diego Portales en el desarrollo político del país, llegando a la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana.
- Reparto:
- Cristián Hidalgo como Ramón Freire.
- Andrés Waas como José Joaquín Prieto.
- Juan Pablo Ogalde como Diego Portales.
- Alejandro Trejo como el dueño de una taberna.
- Guión: Luis Ponce y Gonzalo Losada
- Montt y Mackenna3
- Estreno: 22 de agosto de 2010
- Reparto:
- Nicolás Poblete como Benjamín Vicuña Mackenna.
- Emilia Noguera como Victoria Subercaseaux.
- Alejandro Trejo
- Guión: Luz Croxatto y Luis Ponce
- Balmaceda y el fin de la guerra3
- Estreno: 29 de agosto de 2010
- Reparto:
- María de los Ángeles García como Irene Morales.
- Chamila Rodríguez como Emilia de Toro
- Guión: Luis Ponce y Gonzalo Losada
- El inicio del siglo XX3
- Estreno: 5 de septiembre de 2010
- Reparto:
- Víctor Montero como Luis Emilio Recabarren.
- Iván Álvarez de Araya como Arturo Alessandri Palma.
- Gabriel Prieto como Rafael Orrego.
- Hugo Vásquez como Luis Izquierdo.
- Santiago Meneghello como Alfredo Barros Errázuriz.
- Guión: Luis Ponce
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