miércoles, 8 de junio de 2016

Poesías por autor

A LAURA

Yo te lo digo, Laura... quien encierra
Valor para romper el yugo necio
De las preocupaciones de la tierra.

Quien sabe responder con el desprecio
A los que, amigos del anacronismo,
Defienden el pasado a cualquier precio. 

Quien sacudiendo todo despotismo 
A ninguno somete su conciencia 
Y se basta al pensar consigo mismo. 

Quien no busca más luz en la existencia 
Que la luz que desprende de su foco 
El sol de la verdad y la experiencia. 

Quien ha sabido en este mundo loco 
Encontrar el disfraz más conveniente 
Para encubrir de nuestro ser lo poco. 

Quien al amor de su entusiasmo siente 
Que algo como una luz desconocida 
Baja a imprimir un ósculo en su frente. 

Quien tiene un corazón en donde anida 
El genio a cuya voz se cubre en flores 
La paramal tristeza de la vida; 

Y un ser al que combaten los dolores
Y esa noble ambición que pertenece
Al mundo de las almas superiores;

Culpable es, y su lira no merece
Si debiendo cantar, rompe su lira
Y silencioso y mudo permanece.

Porque es una tristísima mentira
Ver callado al zentzontle y apagado
El tibio sol que en nuestro cielo gira;

O ver el broche de la flor cerrado
Cuando la blanca luz de la mañana
Derrama sus caricias en el prado.

Que indigno es de la gloria soberana, 
Quien siendo libre para alzar el vuelo, 
Al ensayar el vuelo se amilana. 

Y tú, que alientas ese noble anhelo, 
Mal harás si hasta el cielo no te elevas 
Para arrancar una corona al cielo... 

Álzate, pues, si en tu interior aún llevas 
El germen de ese afán que pensar te hace
En nuevos goces y delicias nuevas.

Sueña, ya que soñar te satisface
Y que es para tu pecho una alegría 
Cada ilusión que en tu cerebro nace. 

Forja un mundo en tu ardiente fantasía, 
Ya que encuentras placer y te recreas 
En vivir delirando noche y día. 

Alcanza hasta la cima que deseas, 
Mas cuando bajes de esa cima al mundo 
Refiérenos al menos lo que veas. 

Pues será un egoísmo sin segundo,
Que quien sabe sentir como tú sientes
Se envuelva en un silencio tan profundo.

Haz inclinar ante tu voz las frentes,
Y que resuene a tu canción unido
El general aplauso de las gentes. 

Que tu nombre doquiera repetido,
Resplandeciente en sus laureles sea
Quien salve tu memoria del olvido;

Y que la tierra en tus pupilas lea
La leyenda de una alma consagrada
Al sacerdocio augusto de la idea.

Sí, Laura... que tus labios de inspirada
Nos repitan la queja misteriosa
Que te dice la alondra enamorada;

Que tu lira tranquila y armoniosa
Nos haga conocer lo que murmura
Cuando entreabre sus pétalos la rosa;

Que oigamos en tu acento la tristura
De la paloma que se oculta y canta
Desde el fondo sin luz de la espesura;

O bien el grito en que su ardor levanta
El soldado del pueblo, que a la muerte
Envuelto en su bandera se adelanta.

Sí, Laura... que tu espíritu despierte
Para cumplir con su misión sublime,
Y que hallemos en ti a la mujer fuerte
Que del oscurantismo se redime.






A MI MADRE EN SU CUMPLEAÑOS


Entre los lirios morados
y las camelias hermosas;
entre las mágicas rosas
busqué una flor para ti.

Aunque todas eran puras,
encantadoras y bellas,
ninguna entre todas ellas
que fuese digna creí.

Porque ninguna tenía
las galas y la poesía
de la flor que yo deseaba,
de la flor de la ilusión.

Pero la busqué en seguida
y encontré, por mi fortuna,
una flor como ninguna
porque era del corazón. 

Esa flor que sólo nace
en el corazón del hombre,
y cuyo poético nombre
es el cariño filial.

Acéptala si te place
con el amor de tu hijo,
y en cambio sólo te exijo
un cariño para mí.





A ti, niña, la voz del sentimiento


A ti, niña, la voz del sentimiento, 
La palabra dulcísima y serena... 
Que me has hecho al arrullo de tu acento, 
Olvidar este eterno sufrimiento 
Al que Dios o la suerte me condena. 
A ti... la blanca estrella, a la que debo 
La luz de un rayo de ilusión y calma,
Yo que hace tanto tiempo que no llevo
Más que luto y tinieblas en el alma!
A ti... la que te llama mensajera
De un porvenir de ensueños y de gloria
Que mi espíritu muerto ya no espera...
La dulce golondrina, la que me hablas
De una mañana y de una primavera,
En medio de estas brumas invernales,
Y en medio de estos ásperos breñales
Que ya no brotan ni una flor siquiera.

¡Gracias...! si tú no sabes ni adivinas
La suprema ventura que se siente
Cuando de la corona de la frente
Viene alguien a quitarnos las espinas;
Si ignoras lo que vale
Una frase de amor y de consuelo
Para aquél que suspira sin un cielo
Que guarde el ¡ay!  que de su pecho sale;
Yo no, que acostumbrado
A llorar mis dolores siempre solo
Y en el fondo de mi alma retirado,
Yo, niña, he comprendido que no hay queja
Como la queja que respuesta no halla,
Que no hay pesar como el pesar oculto,
Que no hay dolor como el dolor que calla,
Y que triste el llorar, agobia menos
La calcinante lágrima que rueda,
Cuando una mano cariñosa enjuga
La que temblando en las pestañas queda.
¡Sí, niña! desde ahora
Ya al sufrimiento no seré cobarde,
Ni me hará estremecer aterradora
La llegada tristísima de esa hora
Que empieza en las tinieblas de la tarde;
Te tengo a ti... la que a mi lado vienes
Cuando el consuelo de tu voz reclamo...
La que me das tus brazos y tu abrigo,
La que sufres conmigo si yo sufro,
La que al verme llorar, lloras conmigo...
¡Gracias! y si algún día,
Cuando tu pecho al desengaño abras,
Llegas a padecer esta agonía
Y esta negra y letal melancolía
Que tanto han endulzado tus palabras,
Si alguna vez te miras en el mundo
Sola y abandonada á tu congoja,
Sin encontrar en tu dolor profundo
Quien tus calladas lágrimas recoja;
Llámame entonces, y a tu blando lecho, 
Mientras que tú dormitas y descansas
Yo iré a velar tranquilo y satisfecho
Y a encender en el fondo de tu pecho
La estrella de las dulces esperanzas;
llámame... y cuando en vano
Tiendas la vista en tu redor sombrío,
Yo iré a llevarte en el consuelo mío
Los besos y el cariño de un hermano.


A UNA FLOR

Cuando tu broche apenas se entreabría
para aspirar la dicha y el contento
¿te doblas ya y cansada y sin aliento,
te entregas al dolor y a la agonía?

¿No ves, acaso, que esa sombra impía
que ennegrece el azul del firmamento
nube es tan sólo que al soplar el viento,
te dejará de nuevo ver el día?...

¡Resucita y levántate!... Aún no llega
la hora de que en el fondo de tu broche
des cabida al pesar que te doblega.

Injusto para el sol es tu reproche,
que esa sombra que pasa y que te ciega,
es una sombra, pero aún no es la noche.





AL POETA MÁRTIR



Hoy que de cada laúd
Se eleva un canto a tu muerte,
Con la que supiste hacerte
Un altar del ataúd;
Unido a esa juventud
Que tu historia viene a hojear,
Mientras ella alza el cantar
Que en su pecho hace nacer,
Yo también quiero poner
Mi ofrenda sobre tu altar.

                II
En la tumba donde flota
Tu sombra augusta y querida
Descansa muda y dormida
La lira de tu alma, rota...
De sus cuerdas ya no brota
Ni la patria ni el amor;
Pero en medio del dolor
Que sobre tu losa gime
Ese silencio sublime,
Ese es tu canto mejor.

                III
Ese es el que se levanta
De la arpa del patriotismo;
Ese silencio es lo mismo
Que la libertad que canta;
Pues en esa lucha santa
En que te hirió el retroceso,
Al sucumbir bajo el peso
De la que nada respeta
Sobre el cadáver del poeta
Se alzó, cantando, el progreso.

                IV
Un monstruo cuya memoria
Casi en lo espantoso raya,
El que subió en Tacubaya
Al cadalso de la historia,
Sacrificando su gloria
Creyó su triunfo más cierto,
Sin ver en su desacierto
Y en su crueldad olvidando,
Que un labio abierto y cantando
Habla menos que el de un muerto.

                V
De tu existencia temprana
Tronchó la flor en capullo,
Matando en ella al orgullo
De la lira americana.
Tu inspiración soberana
Rodó ante su infamia vil:
Pero tu pluma gentil
Antes de romper su vuelo,
Tomó por página el cielo
Y escribió el once de Abril.

                VI
La patria a quien en tributo
Tu santa vida ofreciste,
La patria llora y se viste
Por tu memoria, de luto...
Y arrancando el mejor fruto
De su glorioso vergel,
Te erige un altar, y en él
Corona tu aliento noble
Con la recompensa doble
De la palma y el laurel.

                VII
Si tu afán era subir
Y alzarte hasta el infinito,
Ansiando dejar escrito
Tu nombre en el porvenir,
Bien puedes en paz dormir
Bajo tu sepulcro, inerte:
Mientras que la patria al verte
Contempla enorgullecida,
Que si fue hermosa tu vida,
Fue más hermosa tu muerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario