Hubo una selva y un nido
y en ese nido un jilguero
que alegre y estremecido,
tras de un ensueño querido
cruzó por el mundo entero.
y en ese nido un jilguero
que alegre y estremecido,
tras de un ensueño querido
cruzó por el mundo entero.
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* *
Que de su paso en las huellas
sembró sus notas mejores,
y que recogió con ellas
al ir por el cielo, estrellas,
y al ir por el mundo; flores.
sembró sus notas mejores,
y que recogió con ellas
al ir por el cielo, estrellas,
y al ir por el mundo; flores.
*
* *
* *
Del nido y de la enramada
ninguno la historia sabe;
porque la tierra admirada
dejó esa historia olvidada
por escribir la del ave.
ninguno la historia sabe;
porque la tierra admirada
dejó esa historia olvidada
por escribir la del ave.
*
* *
* *
La historia de la que un día
al remontarse en su vuelo,
fue para la patria mía
la estrella de mas valía
de todas las de su cielo.
al remontarse en su vuelo,
fue para la patria mía
la estrella de mas valía
de todas las de su cielo.
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La de aquella a quien el hombre
robara el nombre galano
que no hay a quien no le asombre
para cambiarlo en el nombre
de Ruiseñor Mexicano.
robara el nombre galano
que no hay a quien no le asombre
para cambiarlo en el nombre
de Ruiseñor Mexicano.
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* *
* *
Y de la que al ver perdido
su nido de flores hecho,
halló en su suelo querido
en vez de las de su nido
las flores de nuestro pecho.
su nido de flores hecho,
halló en su suelo querido
en vez de las de su nido
las flores de nuestro pecho.
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* *
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Su historia... que el pueblo ardiente
en su homenaje más justo
viene a adorar reverente
con el laurel esplendente
que hoy ciñe sobre su busto.
en su homenaje más justo
viene a adorar reverente
con el laurel esplendente
que hoy ciñe sobre su busto.
*
* *
* *
Sobre esa piedra bendita
que grande entre las primeras
es la página en que escrita
leerán tu gloria infinita
las edades venideras.
que grande entre las primeras
es la página en que escrita
leerán tu gloria infinita
las edades venideras.
*
* *
* *
Y que unida a la memoria
de tus hechos soberanos,
se alzará como una historia
hablándoles de tu gloria
a todos los mexicanos.
de tus hechos soberanos,
se alzará como una historia
hablándoles de tu gloria
a todos los mexicanos.
*
* *
* *
Porque al mirar tus destellos
resplandecer de ese modo,
bien puede decirse de ellos
que el nombre tuyo es de aquellos,
que nunca muere del todo.
resplandecer de ese modo,
bien puede decirse de ellos
que el nombre tuyo es de aquellos,
que nunca muere del todo.
Aliento de la mañana
que vas robando en tu vuelo
la esencia pura y temprana
que la violeta lozana
despide en vapor al cielo:
Dime, soplo de la aurora,
brisa inconstante y ligera,
¿vas por ventura a esta hora
al valle que te enamora
y que gimiendo te espera?
¿O vas acaso a los nidos
de los jilgueros cantores
que en la espesura escondidos
te aguardan medio adormidos
sobre sus lechos de flores?
¿O vas anunciando acaso,
soplo del alba naciente,
al murmurar de tu paso,
que el muerto sol del ocaso
se alza un niño en Oriente?
Recoge tus leves alas,
brisa pura del Estío,
que los perfumes que exhalas
vas robando entre las galas
de las violetas del río.
Detén tu fugaz carrera
sobre las risueñas flores
de la loma y la pradera,
y ve a despertar ligera
al ángel de mis amores.
Y dile, brisa aromada,
con tu murmullo sonoro,
que ella es mi ilusión dorada,
y que en mi pecho grabada
como a mi vida la adoro.
que vas robando en tu vuelo
la esencia pura y temprana
que la violeta lozana
despide en vapor al cielo:
Dime, soplo de la aurora,
brisa inconstante y ligera,
¿vas por ventura a esta hora
al valle que te enamora
y que gimiendo te espera?
¿O vas acaso a los nidos
de los jilgueros cantores
que en la espesura escondidos
te aguardan medio adormidos
sobre sus lechos de flores?
¿O vas anunciando acaso,
soplo del alba naciente,
al murmurar de tu paso,
que el muerto sol del ocaso
se alza un niño en Oriente?
Recoge tus leves alas,
brisa pura del Estío,
que los perfumes que exhalas
vas robando entre las galas
de las violetas del río.
Detén tu fugaz carrera
sobre las risueñas flores
de la loma y la pradera,
y ve a despertar ligera
al ángel de mis amores.
Y dile, brisa aromada,
con tu murmullo sonoro,
que ella es mi ilusión dorada,
y que en mi pecho grabada
como a mi vida la adoro.
«¡Allá!» se dijo, y extendiendo al aire
Las gigantescas plumas,
Con la mirada fija en los fulgores
Que a través de las brumas
Conducen en su vuelo a los condores,
Subió asentando la atrevida garra
Sobre la cumbre inmensa,
Donde el mundo genésico concluye
Y se levanta el mundo del que piensa;
Sobre la blanca cima de esa roca
Cuyas piedras de mármol y granito
Se alzan, entre lo azul de lo infinito,
De pedestal sublime al que las toca;
Allí donde se encienden los tabores
Con su grandiosa y santa refulgencia
Al resonar del cántico que entona
Con un grito de alarma la conciencia.
Las gigantescas plumas,
Con la mirada fija en los fulgores
Que a través de las brumas
Conducen en su vuelo a los condores,
Subió asentando la atrevida garra
Sobre la cumbre inmensa,
Donde el mundo genésico concluye
Y se levanta el mundo del que piensa;
Sobre la blanca cima de esa roca
Cuyas piedras de mármol y granito
Se alzan, entre lo azul de lo infinito,
De pedestal sublime al que las toca;
Allí donde se encienden los tabores
Con su grandiosa y santa refulgencia
Al resonar del cántico que entona
Con un grito de alarma la conciencia.
*
* *
* *
Subió, llegó, y al extender los ojos
Sobre la turba de hombres
Que germinaba de sus pies debajo,
Anhelando mirar lo que es un pueblo
Que marcha por la senda del trabajo,
En vez de la ilusión de su utopía,
Halló un pueblo de libres
Envuelto del incienso entre el aroma
Y enlazando a su cuello esa cadena
Cuyo eslabón primero empieza en Roma;
Halló la libertad aprisionada
Entre los negros muros del convento,
Y un más allá de luto y de tinieblas
Marcando el hasta aquí del pensamiento;
Al Dios-dulzura convertido en otro
De sangre y venganza,
Al Dios creador entrando en la pelea
Con el rojo puñal de la matanza;
Y gozando al murmullo de los salmos
Y gozando al gemir de la agonía,
Al Dios que sólo quiere en sus altares
Los himnos del amor y la poesía.
Sobre la turba de hombres
Que germinaba de sus pies debajo,
Anhelando mirar lo que es un pueblo
Que marcha por la senda del trabajo,
En vez de la ilusión de su utopía,
Halló un pueblo de libres
Envuelto del incienso entre el aroma
Y enlazando a su cuello esa cadena
Cuyo eslabón primero empieza en Roma;
Halló la libertad aprisionada
Entre los negros muros del convento,
Y un más allá de luto y de tinieblas
Marcando el hasta aquí del pensamiento;
Al Dios-dulzura convertido en otro
De sangre y venganza,
Al Dios creador entrando en la pelea
Con el rojo puñal de la matanza;
Y gozando al murmullo de los salmos
Y gozando al gemir de la agonía,
Al Dios que sólo quiere en sus altares
Los himnos del amor y la poesía.
*
* *
* *
Y «¡No!» dijo él, ardiendo
En esa inspiración sencilla y santa
Que hizo del vagabundo de Judea
El muerto más sublime de los muertos
En el martirologio de la idea;
«Ya es tiempo de volver a su santuario
El dulce amor de la familia humana,
Sustituir el hogar al relicario,
Sustituir la violeta al incensario,
Y el trino del turpial a la campaña;
Ya es tiempo de rasgar el negro abismo
Que oculta la verdad a la existencia,
Y cambiar por el Dios del fanatismo
El Dios de la razón y la conciencia».
Dijo, y abandonando las remotas
Cumbres de la esperanza y de la vida,
Bajó á la tierra entre las dulces notas
De esa cantiga tierna y bendecida
Cuya primera vibración se escucha
Brotando de las arpas del delirio,
Y la última en la lucha
Con el ¡ay! estertóreo del martirio.
En esa inspiración sencilla y santa
Que hizo del vagabundo de Judea
El muerto más sublime de los muertos
En el martirologio de la idea;
«Ya es tiempo de volver a su santuario
El dulce amor de la familia humana,
Sustituir el hogar al relicario,
Sustituir la violeta al incensario,
Y el trino del turpial a la campaña;
Ya es tiempo de rasgar el negro abismo
Que oculta la verdad a la existencia,
Y cambiar por el Dios del fanatismo
El Dios de la razón y la conciencia».
Dijo, y abandonando las remotas
Cumbres de la esperanza y de la vida,
Bajó á la tierra entre las dulces notas
De esa cantiga tierna y bendecida
Cuya primera vibración se escucha
Brotando de las arpas del delirio,
Y la última en la lucha
Con el ¡ay! estertóreo del martirio.
*
* *
* *
Bajó, y apóstol de la buena nueva,
De la luz y el derecho,
Su palabra de paz sonó en los aires
Anunciando al Mesías
Que el porvenir en su ilusión espera,
Y de quien son augustas profecías
Las protestas del mártir en la hoguera.
Bajó, y envuelto entre el vapor espeso
De los blancos perfumes conventuales
El pueblo suyo, por el monje opreso.
Escuchó la palabra de progreso
Salida de sus labios inmortales;
Y al buscar al apóstol atrevido
Donde su airado grito resonara,
Oyó el nombre de Dios... luego un gemido,
El incienso quedó desvanecido...
Y allí estaba el cadáver junto al ara.
De la luz y el derecho,
Su palabra de paz sonó en los aires
Anunciando al Mesías
Que el porvenir en su ilusión espera,
Y de quien son augustas profecías
Las protestas del mártir en la hoguera.
Bajó, y envuelto entre el vapor espeso
De los blancos perfumes conventuales
El pueblo suyo, por el monje opreso.
Escuchó la palabra de progreso
Salida de sus labios inmortales;
Y al buscar al apóstol atrevido
Donde su airado grito resonara,
Oyó el nombre de Dios... luego un gemido,
El incienso quedó desvanecido...
Y allí estaba el cadáver junto al ara.
*
* *
* *
La lucha fue un instante...
Un instante no más, y aquel vidente,
Misionero de luz entre los ciegos,
Se hundió en la sombra y ocultó la frente.
Un instante no más, y aquel vidente,
Misionero de luz entre los ciegos,
Se hundió en la sombra y ocultó la frente.
*
* *
* *
Fue el cóndor que se lanza de las nubes
Sobre el tigre feroz que le arrebata
Los polluelos hermosos de su cría,
Y que baja, se mece,
Lucha, se aparta, vuelve, le provoca,
Y en el punto de herirle se estremece
Cayendo a agonizar sobre una roca.
Sobre el tigre feroz que le arrebata
Los polluelos hermosos de su cría,
Y que baja, se mece,
Lucha, se aparta, vuelve, le provoca,
Y en el punto de herirle se estremece
Cayendo a agonizar sobre una roca.
*
* *
* *
Murió... Su apostolado
Hizo temblar en su poder al fraile,
Y el fraile en nombre de ese dios maldito
Que vive entre la noche y lo encubierto,
Armó su mano entre la niebla impía,
Y después, al nacer del otro día,
Halló el mundo... un patíbulo y un muerto.
Hizo temblar en su poder al fraile,
Y el fraile en nombre de ese dios maldito
Que vive entre la noche y lo encubierto,
Armó su mano entre la niebla impía,
Y después, al nacer del otro día,
Halló el mundo... un patíbulo y un muerto.
*
* *
* *
Ese muerto allí está... dentro el sepulcro
Cavado para ahogar en su silencio
La gigante protesta de sus labios...
Esqueleto sublime y majestuoso,
Más grande y elocuente en el reposo
De su lecho eternal y soberano,
Que en medio de la grita atronadora
Que alzara en su redor el Vaticano.
Allí está... en ese túmulo sombrío
Regado con el llanto de los libres...
Santa reliquia que la edad presente
Guarda de su cariño
En el inmenso y dulce relicario,
Como un recuerdo de tristeza y gloria,
Que evoca del pasado en la memoria
Su camino de sangre y su calvario.
Allí está... murmurando una esperanza
De miel y libertad para el futuro
Precursor auroral de esa lumbrera
Tanto soñada y esperada tanto,
Y a cuya luz en hoy vienen tus hijos
A arrullar tu dormir con sus canciones,
A gemir en tu polvo, y a decirte
Sus nobles y sentidas bendiciones.
Cavado para ahogar en su silencio
La gigante protesta de sus labios...
Esqueleto sublime y majestuoso,
Más grande y elocuente en el reposo
De su lecho eternal y soberano,
Que en medio de la grita atronadora
Que alzara en su redor el Vaticano.
Allí está... en ese túmulo sombrío
Regado con el llanto de los libres...
Santa reliquia que la edad presente
Guarda de su cariño
En el inmenso y dulce relicario,
Como un recuerdo de tristeza y gloria,
Que evoca del pasado en la memoria
Su camino de sangre y su calvario.
Allí está... murmurando una esperanza
De miel y libertad para el futuro
Precursor auroral de esa lumbrera
Tanto soñada y esperada tanto,
Y a cuya luz en hoy vienen tus hijos
A arrullar tu dormir con sus canciones,
A gemir en tu polvo, y a decirte
Sus nobles y sentidas bendiciones.
*
* *
* *
¡Mártir, descansa ya de la tarea,
Y duérmete en el lecho de perfumes
Con que la gratitud cubre tu foso...
Duérmete ya... mientras la fe y el templo
Cuyo poder al cabo se derrumba,
Vienen a despertarte, en su caída,
De tu sueño inmortal bajo la tumba.
Y duérmete en el lecho de perfumes
Con que la gratitud cubre tu foso...
Duérmete ya... mientras la fe y el templo
Cuyo poder al cabo se derrumba,
Vienen a despertarte, en su caída,
De tu sueño inmortal bajo la tumba.
Allá va... como un átomo perdido
Que se alza, que se mece,
Que luce y que después desvanecido
Se pierde entre lo negro y desaparece.
Allá va... en su mirada
Quién sabe qué fulgura de profundo,
De grande y de terrible...
Allá va, sin destino vagabundo,
Tocando con su frente lo invisible,
Con sus plantas el mundo...
¿De dónde vino...?
Preguntadlo al caos
Que dio forma a los seres
De su potente voz al «levantaos»;
Decídselo a la nada,
Que ella, tal vez, sabrá cual fue la cuna
De ese arcángel vestido con harapos
A que llamamos hombre;
Que ella, tal vez, sabrá de donde vino
Ese titán pigmeo
Tan grande y tan mezquino,
¿Del lodo? puede ser; pero su frente
Está demasiado alta para el lodo;
¿Del cielo? puede ser; pero la tumba,
Donde concluye todo,
No dista de sus plantas más que un paso,
Y si fuera del cielo, debería
Ya que tiene un ocaso,
Tener también su oriente como el día.
Aborto incomprensible de la nada
Que lo lanzó, destello de su abismo,
Esperad esperad a que las sombras
Entre sus negros pliegues os cobijen,
Que allí tal vez, escrito entre esos pliegues
Encontraréis su origen...
Esperad el momento en que se os abra
Negro y aterrador ante los ojos,
Ese libro de sangre donde labra
La triste muerte en caracteres rojos
De sus calladas víctimas el nombre,
Y allí veréis, acaso, la palabra
Que os ayude a saber quién es el hombre.
Que se alza, que se mece,
Que luce y que después desvanecido
Se pierde entre lo negro y desaparece.
Allá va... en su mirada
Quién sabe qué fulgura de profundo,
De grande y de terrible...
Allá va, sin destino vagabundo,
Tocando con su frente lo invisible,
Con sus plantas el mundo...
¿De dónde vino...?
Preguntadlo al caos
Que dio forma a los seres
De su potente voz al «levantaos»;
Decídselo a la nada,
Que ella, tal vez, sabrá cual fue la cuna
De ese arcángel vestido con harapos
A que llamamos hombre;
Que ella, tal vez, sabrá de donde vino
Ese titán pigmeo
Tan grande y tan mezquino,
¿Del lodo? puede ser; pero su frente
Está demasiado alta para el lodo;
¿Del cielo? puede ser; pero la tumba,
Donde concluye todo,
No dista de sus plantas más que un paso,
Y si fuera del cielo, debería
Ya que tiene un ocaso,
Tener también su oriente como el día.
Aborto incomprensible de la nada
Que lo lanzó, destello de su abismo,
Esperad esperad a que las sombras
Entre sus negros pliegues os cobijen,
Que allí tal vez, escrito entre esos pliegues
Encontraréis su origen...
Esperad el momento en que se os abra
Negro y aterrador ante los ojos,
Ese libro de sangre donde labra
La triste muerte en caracteres rojos
De sus calladas víctimas el nombre,
Y allí veréis, acaso, la palabra
Que os ayude a saber quién es el hombre.
*
* *
* *
Y entretanto... allá va...
Solo... en el mundo
Que tiembla con su peso de gusanos
Y que al mirarle se estremece y duda;
Sobre la tierra inmensa
Que le siente su rey y le saluda,
Que le siente su dios v que le inciensa.
Allá va... soberano cuya frente
Circunda por diadema el infinito,
Monarca cuyo trono omnipotente
Es el trono de mármol y granito
Tallado por los buitres en la roca;
Y que marcha, y que marcha dominando
Lo mismo en lo que ve y en lo que toca,
Desnudo y mendigando
Un pedazo de pan para su boca.
Solo... en el mundo
Que tiembla con su peso de gusanos
Y que al mirarle se estremece y duda;
Sobre la tierra inmensa
Que le siente su rey y le saluda,
Que le siente su dios v que le inciensa.
Allá va... soberano cuya frente
Circunda por diadema el infinito,
Monarca cuyo trono omnipotente
Es el trono de mármol y granito
Tallado por los buitres en la roca;
Y que marcha, y que marcha dominando
Lo mismo en lo que ve y en lo que toca,
Desnudo y mendigando
Un pedazo de pan para su boca.
*
* *
* *
Polluelo de ese cóndor de lo obscuro
Que se llama el misterio,
Y que sin alas y sin luz se lanza
Por el supremo espacio de la idea
En pos de una esperanza...
Polluelo que dormido entre la noche
Sueña ver una estrella,
Y enamorado de ella, y atrevido,
Se escapa de su nido
Creyéndose capaz de ir hasta ella;
Quién sabe anoche en su delirio blando
Qué luz o qué ilusión distinguiría
En medio de esas nubes caprichosas
Que pueblan, al soñar, la fantasía;
Quién sabe lo que en su alma
Durante la embriaguez germinaría;
Pero capullo que despierta rosa
Con los halagos de la brisa amante,
Él, creciendo de formas en el sueño,
Durmió pequeño y despertó gigante.
Y «El Universo es mío»
Clamó al sentirse poderoso y fuerte,
Y agitando su cráneo en el vacío,
Sin escuchar la ruda carcajada
Que como eco a su voz daba la muerte,
«¡Adelante!» —se dijo— «¡El mundo es poco
Para encerrar mi espíritu... hasta el cielo!»
Y sin mirar siquiera por donde iba,
Se lanzó despeñado como un loco,
Con la mirada arriba... siempre arriba.
Que se llama el misterio,
Y que sin alas y sin luz se lanza
Por el supremo espacio de la idea
En pos de una esperanza...
Polluelo que dormido entre la noche
Sueña ver una estrella,
Y enamorado de ella, y atrevido,
Se escapa de su nido
Creyéndose capaz de ir hasta ella;
Quién sabe anoche en su delirio blando
Qué luz o qué ilusión distinguiría
En medio de esas nubes caprichosas
Que pueblan, al soñar, la fantasía;
Quién sabe lo que en su alma
Durante la embriaguez germinaría;
Pero capullo que despierta rosa
Con los halagos de la brisa amante,
Él, creciendo de formas en el sueño,
Durmió pequeño y despertó gigante.
Y «El Universo es mío»
Clamó al sentirse poderoso y fuerte,
Y agitando su cráneo en el vacío,
Sin escuchar la ruda carcajada
Que como eco a su voz daba la muerte,
«¡Adelante!» —se dijo— «¡El mundo es poco
Para encerrar mi espíritu... hasta el cielo!»
Y sin mirar siquiera por donde iba,
Se lanzó despeñado como un loco,
Con la mirada arriba... siempre arriba.
*
* *
* *
Sonámbulo que duerme y deja el lecho
Al supremo mandato
De yo no sé qué voz grande y divina
Que alzándose en su pecho
Le sorprende y le grita poderosa:
«¡Levántate y camina...!»
Pisando aquí una espina y una rosa,
Y más allá una rosa y una espina,
El hombre con un cielo de esperanzas
Germinando en montón en su cerebro,
Sigue a tientas y a obscuras por la senda
Desde antes a sus pasos señalada,
Soñando... y en los ojos una venda
Que con sus pliegues lóbregos y espesos
Le impide que comprenda
Su marcha entre sepulcros y entre huesos.
Al supremo mandato
De yo no sé qué voz grande y divina
Que alzándose en su pecho
Le sorprende y le grita poderosa:
«¡Levántate y camina...!»
Pisando aquí una espina y una rosa,
Y más allá una rosa y una espina,
El hombre con un cielo de esperanzas
Germinando en montón en su cerebro,
Sigue a tientas y a obscuras por la senda
Desde antes a sus pasos señalada,
Soñando... y en los ojos una venda
Que con sus pliegues lóbregos y espesos
Le impide que comprenda
Su marcha entre sepulcros y entre huesos.
*
* *
* *
Y allá va ...¡pobre niño que aún suspira
Como en los dulces tiempos de la infancia!
Mas dejadle seguir, y será el hombre
Que haga nacer la vida del osario.
El apóstol sin nombre,
Que Dios admire y que mortal asombre
Lo mismo en el Tabor que en el Calvario.
Dejadle caminar, dejad que siga
El vuelo de su genio por los mares,
Y mañana ese niño
Será el anciano pálido y fecundo,
Que, moderno criador, haga que brote
Del seno de las olas otro mundo.
Como en los dulces tiempos de la infancia!
Mas dejadle seguir, y será el hombre
Que haga nacer la vida del osario.
El apóstol sin nombre,
Que Dios admire y que mortal asombre
Lo mismo en el Tabor que en el Calvario.
Dejadle caminar, dejad que siga
El vuelo de su genio por los mares,
Y mañana ese niño
Será el anciano pálido y fecundo,
Que, moderno criador, haga que brote
Del seno de las olas otro mundo.
*
* *
* *
Allá va... con un tronco por apoyo
Y un girón miserable por abrigo,
Valiente y ambicioso y soberano.
Bajo su mismo harapo de gitano
Y su corteza sucia de mendigo.
¿Qué busca? ni aun él sabe
Lo que busca en su loco devaneo...
Ni aun él acierta a definir ese algo
Que le hace encontrar siempre su deseo;
Pero titán del sueño que en la sombra
Forja un espacio y a escalarlo sube,
Él, mientras pisa en el inmundo cieno,
Se duerme con el pie sobre una nube.
Y un girón miserable por abrigo,
Valiente y ambicioso y soberano.
Bajo su mismo harapo de gitano
Y su corteza sucia de mendigo.
¿Qué busca? ni aun él sabe
Lo que busca en su loco devaneo...
Ni aun él acierta a definir ese algo
Que le hace encontrar siempre su deseo;
Pero titán del sueño que en la sombra
Forja un espacio y a escalarlo sube,
Él, mientras pisa en el inmundo cieno,
Se duerme con el pie sobre una nube.
*
* *
* *
Soñar... esa es la vida, ese es el puente
Que entre la cuna y el sepulcro media,
El papel miserable de Iviviente,
De la existencia vil de la comedia:
Soñar un cielo en que revueltos vagan
Hermosos y magníficos vapores,
La esperanza, la dicha,
La gloria y el placer y los amores;
¡Ondinas que se tienden por el aire
Al despuntar la vida, allá a lo lejos
Y que con ella crecen y con ella
Mueren entre los últimos reflejos!
Que entre la cuna y el sepulcro media,
El papel miserable de Iviviente,
De la existencia vil de la comedia:
Soñar un cielo en que revueltos vagan
Hermosos y magníficos vapores,
La esperanza, la dicha,
La gloria y el placer y los amores;
¡Ondinas que se tienden por el aire
Al despuntar la vida, allá a lo lejos
Y que con ella crecen y con ella
Mueren entre los últimos reflejos!
*
* *
* *
Y, hermoso cisne que en el limpio lago
Agitando las olas con su pluma,
Ve brotar de su juego al dulce halago
Mil copos blancos de rizada espuma,
Y arroja un canto dolorido y vago
Al mirarlos perderse entre la bruma
El hombre en su tristeza,
Al ver rodar sus blancas ilusiones,
Sin colores, sin luz y sin belleza,
De la noche que empieza
Por yo no sé qué lóbregas regiones;
Suspirando y en lágrimas deshecho
Ante la triste realidad que asoma,
Arranca un ¡ay! terrible de su pecho,
Y luego, al dar un paso, se desploma.
Agitando las olas con su pluma,
Ve brotar de su juego al dulce halago
Mil copos blancos de rizada espuma,
Y arroja un canto dolorido y vago
Al mirarlos perderse entre la bruma
El hombre en su tristeza,
Al ver rodar sus blancas ilusiones,
Sin colores, sin luz y sin belleza,
De la noche que empieza
Por yo no sé qué lóbregas regiones;
Suspirando y en lágrimas deshecho
Ante la triste realidad que asoma,
Arranca un ¡ay! terrible de su pecho,
Y luego, al dar un paso, se desploma.
*
* *
* *
Atleta del dolor, de nuevo emprende
La lucha formidable
Con ese gladiador de las tinieblas
Que se llama el destino;
Y cantando y sonriendo
Para insultar la palpitante pena
Que le destroza el corazón mezquino,
Lanza un grito feroz y entra a la lucha...
Pero, vencido al fin, rueda en la arena
Que su alma es poca y su amargura es mucha.
La lucha formidable
Con ese gladiador de las tinieblas
Que se llama el destino;
Y cantando y sonriendo
Para insultar la palpitante pena
Que le destroza el corazón mezquino,
Lanza un grito feroz y entra a la lucha...
Pero, vencido al fin, rueda en la arena
Que su alma es poca y su amargura es mucha.
*
* *
* *
Y entonces... cuando hambriento de placeres
Soñándolos su presa,
Se mira débil y abatido y solo
Sobre el obscuro borde de la huesa,
Recuerda el Dios a quien por darle culto
Él se fingiera omnipotente y bueno;
Pero al sentir dentro del alma oculto
Del pesar y el dolor todo el veneno,
En su miseria misma
Lo ve pequeño, pobre,
Y cogiendo del cieno en que se arrastra
Miserable reptil con su congoja,
Burlándose de su ídolo, a la frente
Como un supremo insulto se lo arroja.
Soñándolos su presa,
Se mira débil y abatido y solo
Sobre el obscuro borde de la huesa,
Recuerda el Dios a quien por darle culto
Él se fingiera omnipotente y bueno;
Pero al sentir dentro del alma oculto
Del pesar y el dolor todo el veneno,
En su miseria misma
Lo ve pequeño, pobre,
Y cogiendo del cieno en que se arrastra
Miserable reptil con su congoja,
Burlándose de su ídolo, a la frente
Como un supremo insulto se lo arroja.
*
* *
* *
Después... el aire de la muerte zumba
Con su bramar inquieto,
El átomo vacila, y... se derrumba...
La tierra es una tumba...
El hombre un esqueleto.
Con su bramar inquieto,
El átomo vacila, y... se derrumba...
La tierra es una tumba...
El hombre un esqueleto.
*
* *
* *
Todo acabó... la noche de la nada
Confundiendo en sus pliegues
Todo eso grande que la mente forma
Y que en el cráneo encierra,
Sólo dejó al pasar, como en recuerdo
Un pedazo de tierra...
Y allí... ¿qué hay más allá...?
¿Qué encuentra el hombre
Tras ese velo negro que separa
La luz de las tinieblas...?
¿Es en la tumba, acaso, donde toca,
Viéndola cara a cara,
Esa ilusión que en su carrera loca
Convertida en vapor se le escapara?
¿Es allí donde encuentra los perfumes
Y las notas dulcísimas y suaves
Que no pudieron darle en sus encantos
Las flores ni las aves...?
O luminoso punto que camina
Partiendo de la nada,
Por un círculo estrecho, y que termina
Su existencia mezquina
Allí donde ha empezado la jornada
¿Concluye en el sepulcro
Que sus despojos últimos recibe?
¿Es allí donde muere para siempre?
¿Es allí para siempre donde vive?
¡Quién sabe...! Nuestra mente
No alcanza a descifrar esos arcanos
Escritos entre huesos y mortajas
Por yo no sé qué fétidos gusanos...
Remueve y busca en el inmundo hueco
Donde ha visto rodar un ser inerme,
Y sin hallar a sus preguntas eco,
Sólo ve un cráneo seco
Que entre sus antros asquerosos duerme
Y entretanto... allá va...
Luz tenebrosa
Cuyo destino y cuyo ser esconde
La impenetrable niebla del abismo...
Allá va... tropezando y caminando
¡Sin comprender adónde,
Sin comprenderse él mismo...!
Confundiendo en sus pliegues
Todo eso grande que la mente forma
Y que en el cráneo encierra,
Sólo dejó al pasar, como en recuerdo
Un pedazo de tierra...
Y allí... ¿qué hay más allá...?
¿Qué encuentra el hombre
Tras ese velo negro que separa
La luz de las tinieblas...?
¿Es en la tumba, acaso, donde toca,
Viéndola cara a cara,
Esa ilusión que en su carrera loca
Convertida en vapor se le escapara?
¿Es allí donde encuentra los perfumes
Y las notas dulcísimas y suaves
Que no pudieron darle en sus encantos
Las flores ni las aves...?
O luminoso punto que camina
Partiendo de la nada,
Por un círculo estrecho, y que termina
Su existencia mezquina
Allí donde ha empezado la jornada
¿Concluye en el sepulcro
Que sus despojos últimos recibe?
¿Es allí donde muere para siempre?
¿Es allí para siempre donde vive?
¡Quién sabe...! Nuestra mente
No alcanza a descifrar esos arcanos
Escritos entre huesos y mortajas
Por yo no sé qué fétidos gusanos...
Remueve y busca en el inmundo hueco
Donde ha visto rodar un ser inerme,
Y sin hallar a sus preguntas eco,
Sólo ve un cráneo seco
Que entre sus antros asquerosos duerme
Y entretanto... allá va...
Luz tenebrosa
Cuyo destino y cuyo ser esconde
La impenetrable niebla del abismo...
Allá va... tropezando y caminando
¡Sin comprender adónde,
Sin comprenderse él mismo...!
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