Tipos de inmunidad
Inmunidad congénita o natural
Como se deduce de su título, la inmunidad congénita o natural es la que se deriva del sistema inmunitario del propio ser. Pueden existir variantes en función de la raza, especie, o según las características de cada individuo. Así, algunas razas o especies están mejor preparadas frente a otras para resistir las infecciones, e incluso dentro de una misma raza o especie un individuo puede sobresalir por sus características defensivas en base a factores hereditarios.
Las diferencias inmunológicas existentes entre diferentes especies animales (y también vegetales), explican la resistencia a determinadas enfermedades y que sin embargo se sufran otras. Por ejemplo, mientras que los humanos no padecen algunas enfermedades propias de los animales, como la peste porcina o la aviar de las gallinas, éstos tampoco conocen otras enfermedades muy comunes en el hombre, como la gripe, o el sarampión.
Inmunidad adquirida
La inmunidad adquirida es aquella que sobreviene a lo largo de la vida después de una enfermedad (inmunidad adquirida natural), o tras una vacunación (inmunidad adquirida artificial). Técnicamente se trata de la formación de anticuerpos en el organismo que contrarrestan los antígenos que representan los microorganismos y sus toxinas.
Inmunidad adquirida natural
Cuando se ha sufrido una enfermedad o infección, tras la curación se puede adquirir inmunidad, en cuyo caso se denomina inmunidad adquirida natural. Este tipo de inmunidad puede ser total o parcial, según dure toda la vida o sólo unos meses o años. Ejemplo, en los humanos las enfermedades del sarampión y la tosferina una vez sufridas y curadas inmunizan para el resto de la vida, mientras que la gripe, el tifus o el cólera pueden ser sufridas varias veces a lo largo de la vida, ya que la inmunidad solo dura unos pocos años, o incluso meses.
La enfermedad del sarampión inmuniza para toda la vida después de sufrida y curada
Inmunidad adquirida artificial
La inmunidad puede ser inducida externamente mediante la aplicación de anticuerpos, en cuyo caso se denomina inmunidad adquirida artificial. A su vez, si esa administración se realiza mediante vacunas se le conoce como activa, y si es mediante sueros, pasiva.
- Activa (vacunas)
Las vacunas contienen los gérmenes que producen la enfermedad que se pretende inmunizar, pero cuando se introducen en el organismo se encuentran muertos o atenuados (adormilados), con objeto de que al ser detectados sus antígenos por el sistema inmunitario se comience a producir anticuerpos pero sin llegar a desarrollar la enfermedad. El resultado es la manifestación de una resistencia del organismo por un tiempo variable, o permanente, a ser invadido por los verdaderos gérmenes activos; por ello algunas enfermedades requieren revacunaciones periódicas para mantener la inmunidad. A algunas personas de riesgo, con un sistema inmunitario débil, se les suele administrar vacunas contra enfermedades de gravedad menor, como la gripe o el resfriado. Ejemplo de vacunas que se administran frecuentemente o con regularidad a los humanos, son las de enfermedades infantiles, como el sarampión, poliomielitis, rubeola y tosferina.
- Pasiva (sueros)
Los sueros no contienen los gérmenes que producen la enfermedad, como sucede con las vacunas, sino que ya llevan los anticuerpos contra la propia enfermedad que se desea inmunizar. Estos anticuerpos se consiguen provocando su producción por otro animal, por ejemplo el caballo o el cerdo. A éstos se le inyectan los gérmenes patógenos para que sus organismos fabriquen los anticuerpos. Posteriormente, se le extrae la sangre cargada de ellos y una vez purificada se obtiene un suero contra la enfermedad, que ya puede ser inyectado a una persona enferma con objeto de estimular sus defensas y alcanzar la curación.
Las defensas orgánicas externas
La piel
La piel es la membrana exterior que cubre el cuerpo de los animales. Está constituida por dos partes: la epidermis o capa córnea superficial; y la dermis, o capa profunda y rica en vasos y nervios. Internamente, la piel continúa en los orificios naturales a través de las mucosas o tegumento interno.
La capa superficial o córnea de la piel contiene células muertas que están continuamente desprendiéndose, y a la vez siendo reemplazadas por las células en permanente producción de la capas inferiores, la llamada capa de Malpighi. La piel mantiene capacidad impermeable y parcialmente antiséptica, gracias a la lubricación que aportan las glándulas sebáceas de los folículos pilosos (los que se sitúan en la base de cada pelo). Estas barreras naturales impiden, en condiciones de piel sana y sin heridas o cortes, que el agua, el polvo o los gérmenes patógenos penetren en el interior y provoquen infecciones.
Las mucosas
Las mucosas son membranas de un tejido epitelial, que recubren las paredes internas de los órganos que comunican con el exterior a través de los orificios naturales del cuerpo. Mucosas son, por ejemplo, las que sitúan en la boca, faringe, laringe, tráquea, fosas nasales, uretra, ano y la vagina de la mujer.
Las mucosas contienen numerosas glándulas que segregan una mucosidad, con capacidad para atrapar los gérmenes. Así, los gérmenes capturados por los cilios de las células mucosas que tapizan los conductos respiratorios, son empujados hasta el esófago y desde ahí alcanzan el tubo digestivo al ser tragados, para ser finalmente expulsados con las heces. Muchos gérmenes son destruidos antes de ser expulsados, gracias a cierto poder antiséptico que poseen las secreciones de las mucosas.
Los ojos
Los ojos, por tratarse de una zona muy sensible del organismo, están expuestos y pueden ser vía de acceso de los gérmenes patógenos al interior del cuerpo. La protección natural de los ojos es laconjuntiva, una capa transparente y muy fina que los recubre.
Las lágrimas que son segregadas por las glándulas lagrimales bañan permanentemente la conjuntiva, tienen un ligero poder antiséptico contra los gérmenes y protegen los ojos del polvo y cuerpos extraños. La acción refleja del parpadeo ayuda a la protección periódica de los ojos, favoreciendo la lubricación. Las pestañas también tienen una función protectora.
El estómago
Al estómago llegan continuamente multitud de gérmenes que son ingeridos durante la acción de comer y beber. La gran mayoría de ellos son inocuos para el organismo, pero los patógenos podrían llegar a ser absorbidos por los tejidos o incluso alcanzar la sangre. La acidez del jugo gástrico y enzimas digestivas del estómago destruyen los gérmenes patógenos, impidiendo que acompañen los alimentos a través de todo el proceso de la digestión.
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