EVOLUCIÓN DE LA VIDA .-
El hombre no apareció en la Tierra porque la teoría evolutiva prediga su presencia fundándose en axiomas de progreso y complejidad neural creciente. Los seres humanos surgieron, por contra, en virtud de un resultado fortuito y contingente de miles de acontecimientos trabados, cada uno de los cuales pudo haber tenido lugar de manera diferente y haber dirigido la historia hacia una senda alternativa que no hubiera conducido a la conciencia. Por citar algunos de entre una multitud: 1) Si nuestro linaje irrelevante y frágil no se hubiera contado entre los supervivientes de la radiación inicial de vida pluricelular animal en la explosión del Cámbrico, hace 530 millones de años, entonces no habría habido ningún vertebrado. (Sólo se ha encontrado un miembro de nuestro tipo o phylum, el de los cordados, entre estos primeros fósiles: Pikaia. Este animal nadador, pequeño y simple, que evidencia en su notocordio su relación de parentesco con nosotros, es uno de los fósiles más raros de la fauna cámbrica de Burgess Shale.) 2) Si un grupo de peces de aletas lobuladas no hubiera desarrollado por evolución huesos de las aletas con un fuerte eje central capaz de aguantar peso en tierra, entonces quizá los vertebrados nunca hubieran colonizado la tierra firme. 3) Si un gran cuerpo extraterrestre no hubiera hecho impacto en el planeta hace 65 millones de años, entonces los dinosaurios tal vez seguirían siendo dominantes y los mamíferos insignificantes (situación registrada a lo largo de los 100 millones de años anteriores al suceso). 4) Si una pequeña estirpe de primates no hubiera alcanzado por evolución la postura erecta en las sabanas africanas, hace de dos a cuatro millones de años, entonces nuestra ascendencia podría haber terminado en un linaje de simios que, como el chimpancé y el gorila, se habrían convertido en especies marginales desde el punto de vista ecológico, condenadas probablemente a la extinción pese a la complejidad de su conducta.

Los animales ediacarenses se extinguieron antes de la explosión de la vida moderna en el Cámbrico.
Estos organismos tenues, acolchados y laminares podrían ser los antepasados de formas modernas,
pero también representar un experimento distinto, fracasado, de la vida pluricelular.
Para entender, pues, los episodios y generalidades de la senda de la vida debemos acudir, más allá de los principios de la teoría evolutiva, al examen paleontológico del modelo contingente de la historia real: la única versión que cristalizó entre los millones de alternativas plausibles. Semejante visión de la historia de la vida se aleja de los modelos deterministas habituales en ciencia y se aparta también de las ideas arraigadas en la cultura occidental, donde el hombre constituye la expresión más sublime de la vida y se erige en administrador planetario por antonomasia.
La senda de la vida incluye, sin duda, muchas características predecibles a partir de las leyes de la naturaleza, pero estos aspectos son demasiado generales para proporcionar la «exactitud» que buscamos a la hora de validar los resultados de la evolución: rosas, setas, personas, etcétera. Los organismos se adaptan a los principios físicos, y se hallan constreñidos por ellos. En este sentido, no ha de sorprendernos, dadas las leyes de la gravedad, que los mayores vertebrados en el mar (las ballenas) superen a los más pesados animales en tierra (los elefantes en la actualidad, los dinosaurios en el pasado), que, a su vez, son mucho más corpulentos que los mayores vertebrados que jamás hayan volado (los pterosaurios del Mesozoico).
Existen reglas ecológicas predecibles que rigen la estructuración de las comunidades mediante principios de flujo de energía y de termodinámica (más biomasa en las presas que en los depredadores, por ejemplo). Las tendencias evolutivas, una vez se han iniciado, pueden tener una predecibilidad local; por ejemplo, «carreras de armamentos» en las que los depredadores y las presas pulen sus defensas y armas (una pauta que Geerat J. Vermeij ha denominado «escalada» y ha ejemplificado en la robustez, creciente con el tiempo, de las quelas de cangrejos y de las conchas de los gasterópodos que eran sus presas). Pero las leyes de la naturaleza no nos dicen en absoluto por qué hay cangrejos y caracoles, por qué los insectos predominan en el mundo pluricelular y por qué las formas de vida más complejas de la Tierra son los vertebrados.
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