EVOLUCIÓN DE LA VIDA .-
En ese sentido freudiano, la revolución darwinista sigue siendo incompleta. Aunque se acepta el hecho de la evolución, la mayoría continúa mostrándose reacia a abandonar la confortable idea de evolución entendida como progreso o preñada al menos con un principio básico de avance; progreso que haría predecible, si no inevitable, la aparición de la conciencia humana. No destruiremos el pedestal mientras continuemos defendiendo, como principio fundamental, el progreso o la adquisición de complejidad creciente, mientras no aceptemos la posibilidad de queHomo sapiens constituya una ramita minúscula, surgida en el último momento, del arbusto frondoso de la vida; un pequeño brote que no aparecería una segunda vez si pudiéramos replantar el arbusto desde su semilla.
Somos animales visuales. Las ilustraciones que dibujamos traicionan nuestras más profundas convicciones y exhiben nuestras limitaciones conceptuales. Los artistas pintan la historia de la vida fósil en una secuencia desde los invertebrados al hombre, pasando por peces, primeros anfibios terrestres, reptiles, dinosaurios y mamíferos.
No hay escena que muestre otro invertebrado tras la aparición de los peces, ¡pero los invertebrados no desaparecieron ni dejaron de evolucionar! Después de la llegada de los reptiles terrestres, se esfuman las representaciones de peces (los cuadros marinos pintan sólo reptiles que retornan al mar, como ictiosaurios y plesiosaurios). Pero los peces no dejaron de evolucionar una vez que una pequeña estirpe colonizó la tierra firme. La verdad es que el principal hito de la evolución de los peces, el origen de los teleósteos y su auge hasta la dominancia, aconteció durante la época de los dinosaurios, y hoy cuentan con más de la mitad de todas las especies de vertebrados. ¿Por qué colocar al hombre en el remate de todas las secuencias? Tras nuestro orden, el de los primates, antiguo entre los mamíferos, surgieron muchos otros linajes.
No completaremos la revolución de Darwin hasta que encontremos otra representación visual de la historia de la vida. J.B.S. Haldane proclamó que la naturaleza es «más excéntrica de lo que podemos suponer», pero estos límites podrían ser sólo impedimentos sociales, sin nada que ver con nuestras neuronas. Nuevas imágenes pueden hacer saltar tales herrajes. Árboles (yo diría arbustos que se ramifican copiosos y lujuriantes), y no escalas de los seres y secuencias, guardan la llave de esa transición conceptual.
Hemos de aprender a ilustrar la gama completa de la variación. Hemos de reconocer que el árbol pudo haber contenido un número máximo de ramas en los comienzos de la vida pluricelular y que la historia subsiguiente es, en su mayor parte, un proceso de eliminación y de supervivencia afortunada de unos pocos. Las ramitas apicales son brotes accidentales, no culminaciones predecibles del arbusto que las sustenta.

Representación clásica de la historia de la vida; revela la distorsión dimanante de la concepción
según la cual la evolución entraña un principio básico de progreso y complejidad creciente. En la base
se muestra los invertebrados de la explosión Cámbrica. Pero en cuanto, por evolución, entran los
peces ya no hay escena subsiguiente que muestre ningún otro invertebrado, aunque no
desaparecieron ni dejaron de evolucionar. Cuando surgen los vertebrados terrestres, de los peces
no se pone nada, en cambio algunos reptiles marinos se representan. La secuencia siempre termina
arriba con los mamíferos, aunque peces, invertebrados y reptiles todavía existen;
y, desde luego, junto con los seres humanos.
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