El Cabildo de Salta (actual Museo Histórico del Norte) es un edificio colonial de laCiudad de Salta, Argentina, sede de las autoridades desde el año 1626 hasta el año 1888, reconstruido en 1676 por el Capitán Diego Vélez de Alcocer. Las obras de construcción del actual edificio se iniciaron hacia 1780 bajo la dirección del Coronel de Milicias y Maestre de Campo Don Antonio de Figueroa y Mendoza (y Suárez de Cabrera). Su torre fue levantada varios años después. El Cabildo alojó la policía y la sede de la Casa de Gobierno hasta 1880. Nueve años después, durante el gobierno del Dr. Martín G. Güemes, fue vendido en pública subasta a particulares, siendo ocupado por propietarios, inquilinos, locales de negocios como "Casa Villagran" y hotel. Más adelante fue parcialmente demolido: desaparecieron la sala capitular, tres arcos de la planta baja y cuatro de la alta.
En 1945 fue restaurado por el arquitecto Mario Buschiazzo, quien también participó en la reconstrucción de la imagen original del Cabildo de Buenos Aires y la Casa Histórica de la Independencia. Es el cabildo más completo y mejor conservado de laArgentina.
Actualmente es sede de dos museos en su interior: del Museo Histórico del Norte en la planta baja y el Museo Colonial y de Bellas Artes en la planta alta.
El 9 de enero de 1937, el cabildo de la ciudad de Salta fue declarado Monumento Histórico Nacional por Ley 12345 del Poder Ejecutivo de la Nación.
Fue en este edifcio donde Manuel Belgrano, luego de ganar la Batalla de Salta el 20 de febrero de 1813, nombró a Eustoquio Díaz Vélezgobernador militar de la provincia de Salta, colocando la bandera argentina por primera vez en el balcón del cabildo y los trofeos apoderados de los realistas en su sala capitular.

El Café de Marco fue un café situado en Buenos Aires (Argentina), fundado en 1801, que funcionó hasta 1871.
En 1801, en Buenos Aires, en la esquina de las calles Alsina y Bolívar, Pedro José Marco, inauguró su café. El establecimiento contaba con servicio de confitería y botillería y, según rezaba un cartel ubicado en su entrada, también contaba con villares, con v, según se escribía en la época para referirse al billar. Gracias a su sótano, que hacía las veces de depósito y bodega, los parroquianos disfrutaban, en verano, de tomar bebidas “frescas”.
Las bebidas no alcohólicas habituales eran el café y leche actualmente conocido como café con leche, el chocolate, el candial o candeal, una bebida en base al trigo, y los refrescos de horchata y naranjada. Curiosamente, el té, generalmente no se bebía en los cafés, fondaso pulperías de principio de siglo XIX, sino que se adquiría en farmacias como hierba de uso medicinal.
El café y leche era servido en inmensas tazas que desbordaban hasta llenar el platillo y jamás se veía azúcar en azucarera. Se servía una pequeña medida de lata llena de azúcar, generalmente no refinada, colocada en el centro del platillo y cubierta por la taza; el parroquiano daba vuelta la taza, volcaba en ella el azúcar, y el mozo le echaba café y leche hasta llenar la taza y el plato.
Durante los días de lluvia, las calles porteñas, en su mayoría de tierra, se anegaban y hacían muy difícil el trasladarse. Para facilitar el desplazamiento de los clientes en la vuelta a casa después de las tertulias, el café contaba con un servicio único en los establecimientos comerciales de la época: un coche de alquiler, de cuatro asientos esperando a la puerta del café para quienes lo pudieran costear.
En una ubicación de privilegio, a un paso del Cabildo, el Fuerte, la actual Plaza de Mayo y justo a comienzos del siglo XIX, en el que se forjaron las independencias americanas, el café de Marco fue lugar obligado de cita para varias generaciones de políticos. Por sus mesas pasaron variadísimos personajes de nuestra historia como Martín de Álzaga, Juan José Castelli, Bernardo Monteagudo, Manuel José de Lavardén, todos los integrantes de la Sociedad Patriótica y los de la Sociedad del Buen Gusto, Agustín Donado, French, Beruti, como así también casi todos los hombres de la burguesía porteña.
Según el deán Gregorio Funes, parece que existía una enemistad bastante virulenta entre los parroquianos del café de Los Catalanes, que ocupaba la esquina nordeste de las calles San Martín y Cangallo y los del café de Marco. Dice Funes, que era partidario deSaavedra, que el café de los Catalanes servía como tribuna política y competía con el de Marco, donde concurrían los partidarios deMoreno, "muchachones perdidos y sin obligaciones" tales como Francisco Seguí, Lucio Norberto Mansilla o Julián Álvarez.
Como consecuencia de la asonada de Álzaga de 1809, que se había gestado en el café, el virrey Liniers mandó clausurar el local y dio tres días a Marco para salir de la ciudad. José Antonio Gordon, socio en otros negocios de Marco, presentó dos rogatorias a Liniers para reabrir el local y ambas fueron denegadas. A partir del mes de agosto, ya en su cargo el virrey Cisneros, Marco retornó a Buenos Aires y, junto con una nueva rogatoria, presentó a las autoridades una memoria de las pérdidas sufridas producto de la clausura que, entre productos y utensilios sumaba 30.000 pesos. El 21 de agosto de 1809, finalmente, el local volvió a las actividades comerciales.
A partir de mediados de siglo XIX, con las sucesivas epidemias de fiebre amarilla en Buenos Aires, el público del café, perteneciente a la alta burguesía que había emigrado hacia los nuevos palacios edificados en el barrio norte, dejó de frecuentar el lugar y el local entró en decadencia hasta su cierre, en el año 1871.
Sobre el nombre que recibió el café, a lo largo de la historia, ha habido diferentes versiones. En algunos libros de memorias de la época, se lo nombra como Café de Marcos, otros lo recuerdan como Café de Marcó y Miguel Cané lo evoca como Café de Mallcos. Un ejemplar del Telégrafo Mercantil en el que se hace referencia a la inauguración del café, nos informa acerca del apellido de su dueño, Marco, sin tilde en la o. Y el mismo propietario, en la rogatoria que enviara a Cisneros en 1809, no le adjudica nombre; se refiere al local como la "casa de café en la calle que va del colegio a la Plaza Mayor" (actual calle Bolívar); por lo cual, resulta muy probable que el local nunca haya tenido nombre alguno.
Pedro José Marco, también era socio de Antonio F. Gómez, quien atendía otro café que ambos tenían en sociedad por la misma época. Se trataba del establecimiento ubicado a escasos cien metros del anterior, en la esquina de las actuales calles Perú y Alsina. Este café, del que tampoco se conoce nombre cierto, era más modesto que el que atendía Marco y lo frecuentaba una clientela más bohemia; cantantes, músicos y actores que se presentaban en el Teatro de la Ranchería y comerciantes, changadores y carreteros que trabajaban en el Mercado Viejo, también llamado Mercado del Centro. Ese mismo Histórico Café abrió nuevamente sus puertas en Tte. Gral. J. D. Peron 1259 entre las calles Libertad y Talcahuano (frente a la Gran Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones).

La Capilla de los negros de la ciudad argentina de Chascomús, provincia de Buenos Aires fue originalmente creada en 1867 como sede de una hermandad de negros. En la actualidad la construcción tiene techo de zinc, paredes descubiertas, piso de tierra y alberga una rústica imagen de la Virgen morena de los Milagros, antigua talla venerada por la comunidad negra del lugar. A su lado se halla la Virgen del Rosario rodeada de ofrendas. Sirvió como centro asistencial durante las epidemias de cóleraen la segunda mitad del siglo XIX.
Con el tiempo se convirtió en un lugar de oración para los católicos pero, a pesar de llamársele capilla, el edificio nunca fue reconocido como tal por la iglesia de esa religión, razón por la cual no se realizan misas. Se encuentra ubicada sobre la llamada antiguamente calle ancha, hoy avenida Teniente Juan Domingo Perón, esquina Venezuela, a una cuadra de la laguna de Chascomús.
En 1839, muy cerca del lugar que esta ocupa, se refugiaron los heridos que combatieron contra Prudencio Rosas en labatalla de Chascomús.
El solar donde se alza la capilla fue declarado Lugar Histórico el 22 de junio de 1962.
Historia
En en 1779, el capitán Pedro Nicolás Escribano, comandante del fuerte “El Zanjón”, ubicado aproximadamente donde hoy se encuentra Cnel. Brandsen, lo trasladó más al sur, en las proximidades de la laguna de Chascomús. Alrededor de este fuerte fueron levantando sus viviendas los pobladores de la zona, utilizando para estos trabajos a los negros y mulatos esclavos que, aun cuando ya fueron liberados, los seguían manteniendo a su servicio. Los negros vivían fieles a sus tradiciones africanas, aunque muchos eran nacidos en el país, agrupados en el Barrio del Tambor, cerca del casco histórico.
Se desconoce si tenían una organización comunitaria previa o si había otra construcción, lo cierto es que en 1861 enviaron al municipio una nota firmada por José Antonio Silva, en nombre de la nueva hermandad de morenos instituida en este pueblo con el título de Bayombé de Invenza (o de Dimbenza) pidiendo construir un Cuarto de las Ánimas y demás objetos indispensables a nuestros regocijos festivos. El municipio les otorgó en 1862 un solar, separado del pueblo por la Alameday anexo al cementerio; sobre la barranca a la laguna. Tenía un lugar abierto para los bailes, reuniones y otras actividades sociales que ellos realizaban. En 1867 se terminó de construir un edificio rectangular, cuyas paredes primitivamente fueron en su totalidad de adobe, revocadas con barro, y en su interior pintadas de blanco; el techo a dos aguas era de paja, sostenido por gruesas cañas tacuara, cuatro ventanas y puerta al frente. El piso era de tierra apisonada, no había color en la fachada, ni había revoque exterior.
La construcción, si bien bastante deteriorada por la acción del tiempo y la falta de cuidado, se conservaba tal como era, hasta que en 1950 un violento temporal casi acabó con ella, pues destrozó el techo, las ventanas y gran parte de las paredes entre otras cosas.
Su precario estado movió a su comunidad a encarar la reparación. Así, ayudados por la municipalidad, resolvieron reconstruirla en su totalidad. Pero sufrió varios cambios en su aspecto. De los dos frontis quedó uno solo, el techo se cambió por chapa acanalada, se pintaron los zócalos de verde inglés al igual que la puerta y las ventanas, se cambiaron los herrajes que estaban forjados a mano, y se quitaron las persianas de madera entre otras cosas. Entonces se le construyó un altar, un nicho para la Virgen de Rosario y otras modificaciones que convirtieron la construcción en una capilla católica, pese a que no está reconocida por la Curia. Gracias a las imágenes, los cuadros, velas, y la ornamentación se transformó en un sitio de religiosidad popular, aún para aquellos que no pertenecen a la primitiva comunidad.
También se incluyó una talla de la Virgen Morena de los Milagros, además de la imagen de San Martín de Porres: el Santo Moreno con su escobita que, según la tradición pasó toda su vida barriendo. También adornan la capilla la Virgen Gaucha de Luján, la de San Benito de Palermo y un retrato de Ceferino Namuncurá.
Durante la epidemia de cólera en 1868 y la de fiebre amarilla de 1871 fue utilizada para la atención de los enfermos.
En 1839, mucho antes de la construcción de la capilla, muy cerca del lugar que esta ocupa, se refugiaron los heridos que combatieron contra Prudencio Rosas en labatalla de Chascomús. Un monolito guarda las cenizas de aquellos que murieron en la confrontación.
El solar donde se alza la capilla en avenida Teniente Juan Domingo Perón y Venezuela, fue declarado Lugar Histórico el 22 de junio de 1962 por decreto nº 5674.
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