viernes, 11 de enero de 2019

OBRAS LITERARIAS


Así habló Zaratustra es una obra del filósofo aleman Friedrich Nietzsche, en la que relata la llegada del "Übermensch"[1] siendo una de sus principales propuestas[2], y que ha sido discutida y elaborada por el propio autor en su momento. Mediante Zaratustra, lo que hace es una fuerte crítica al sistema de valores y creencias. Nietzsche enloqueció a los 44 años y su obra (Fénix, Anticristo, Dionisio y más) siguen siendo parte de la literatura filosófica mas importante de los últimos siglos. En Así hablo Zaratustra nos cuenta la historia de un hombre; que establece ciertos cánones de lucha social. Principalmente la ideológica donde se incluyen: Familia, Religión, Amistad, Amor, Dios y Muerte.

Citas[editar]

  • «En verdad les digo que el individuo es un río nauseabundo. Hay que ser un mar para poder recoger un río nauseabundo sin contaminarse».
    • «Cosa para preocupar es la vida humana y además, falta siempre de sentido: un bufón puede serle fatal».
    • «El mejor ovejero es aquel que lleva a su cordero a pacer a la pradera más verde; así conviene al sueño tranquilo».
    • «El cuerpo es una soberbia razón, una pluralidad gobernada por un sólo sentido: guerra y paz, rebaño y pastor».
    • «Sin embargo, una cosa es el pensamiento, otra, la acción y otra, la imagen de la acción. No rota entre ellos la rueda de la casualidad».
    • «El que todo el mundo cuente con una oportunidad de saber leer daña con el tiempo no únicamente a las plumas sino igualmente a los pensamientos».
    • «Siempre hay una pizca de locura en el amor. Sin embargo, igualmente hay en todo momento un poco de razón en la locura».
    • «[...] halló repentinamente a este joven, sentado al pie de un árbol, con la mirada velada por una profunda pena y fija abajo, en el valle. Recargó Zaratustra la mano en el tallo del árbol y dijo lo que sigue: Aunque utilizara toda mi fuerza no podría sacudir este árbol. No obstante, el viento que no vemos, lo zarandea y dobla como quiere. Manos imperceptibles son las que nos zarandean y doblan. El joven se paró sobresaltado y dijo: Escucho la voz de Zaratustra, cuando precisamente estaba pensando en él. Zaratustra le contestó: ¿Y esto te sobresalta? Ocurre con el hombre lo que sucede con el árbol. Cuanto más intenta llegar a las alturas y la claridad, tanto más profundo penetran sus raíces en la tierra hacia las profundidades y la oscuridad..., hacia el mal. Exclamó el joven: ¡Eso es, hacia el mal!».
    • «La lujuria es un pecado, aseguran unos predicando la muerte. ¡Alejémonos de ésta y no procreemos hijos!. Dar a luz es una experiencia penosa, afirman otros. ¿Para que dar todavía a luz? ¡Únicamente nacen seres desdichados! Y estos igualmente son predicadores de la muerte».
    • «¡Únicamente el hombre, deseoso de subsistir, transmitió su valor a las cosas! ¡Únicamente el hombre otorgó a las cosas un sentido: un sentido para los hombres, el ser que valora».
    • «Te refugias en el prójimo, al tratar de escapar de ti mismo y pretender declarar esto como una cualidad; sin embargo a mi no me engaña tu desprendimiento. El 'tú' es el precursor del 'yo'; el 'tú' esta santificado, sin embargo no aún el 'yo'. De esta manera el hombre va solícitamente hacia el prójimo».
    • «El rebaño dice: Se pierde fácilmente el que busca. Todo retiro representa una culpa. Y por bastante tiempo permaneciste al rebaño. Asimismo, en ti continuará hablando la voz del rebaño. Y cuando afirmes: Mi conciencia ya no es la vuestra, colectiva, tus palabras sonarán con tono de dolor».
    • «Ya es de noche; ahora mana de mí, como una fuente, mi ansia... ansia de hablar».
    • «¿Aseguran, amigos míos, que sobre gustos y gustar no hay disputas? ¡Pero si la vida es todo un disputar sobre gustos y gustar! El gusto es peso balanza y pesador simultáneamente ¡y ay de lo vivo que pretendiera vivir sin disputa y sin pesa, sin balanza, y sin pesadores!».
    • «Hay, en mí algo inmune, insepultable, insurrecto: mí voluntad. Muda e inalterable, ella transita los años».
    • «¡Ah, bastantes cosas hay entre el cielo y la tierra que solamente se imaginan los poetas! Y particularmente por encima del cielo; ¡pues todos los dioses son imágenes de poetas, mitos de poetas».
    • «La iglesia, contesté, es una especie de gobierno; la más mentirosa para ser preciso».
    • «Sin embargo, Zaratustra contestó a quien así le comentaba: dice la gente que quitándole la joroba al jorobado se le quitan los sesos. Y cuando se sana al ciego, ve muchas cosas malas en la tierra, así que acaba de denigrar a quien lo sanó. Y mal favor se le hace al lisiado habilitándolo para caminar, pues no bien puede caminar, se descamina, así lo enseña la gente respecto de los lisiados. ¿Y por qué Zaratustra no ha de aprender de la gente así como la gente aprende de Zaratustra?. Desde que convivo con los hombres, lo que menos me interesa es ver que a esté le falta un ojo y a aquél, una oreja, y al de acullá, una pierna, y que hay quienes han perdido la habilidad para hablar o el olfato o la cabeza. He visto y veo cosas peores que esto y tantos horrores que no quiero referirme a todos ellos ni de algunos siquiera callar; hombres que no eran más que un ojo colosal o un gran hocico o una panza y otra cosa hiperbólica. Yo les doy el nombre de inválidos invertidos».
    • «Cree hasta las mentiras de ustedes si mienten bien acerca de él; puesto que en lo más insondable su corazón suspira: ¡Qué soy yo! Y si la virtud real es la que se desconoce a sí misma ¡El vanidoso desconoce su modestia!».
      • Fuente: capítulo "De la cordura", p.103.
    • «Y contesté: ¿Ay, es mi palabra? ¿Quien soy yo? Ojalá que llegue otro más digno: yo no merezco ni siquiera fenecer»
      • Fuente: capítulo "La hora más silenciosa", p. 105.
    • «Lo más inaceptable en ti es que tienes el poder y te opones a dominar».
    • «Las palabras más dóciles desencadenan la tormenta. Gobiernan el mundo, pensamientos que llegan con delicadeza de paloma».
    • «Sin embargo, igualmente los he enterado por mi boca de quiés es aún el más callado de todos los hombres... ¡y quiero serlo!».
    • «Así hablé, bajando cada vez más el tono de la voz, puesto que tenía pavor de mis propios pensamientos abiertos y secretos. Entonces, repentinamente escuché a un perro aullar muy cerca».
      • Fuente: capítulo "De la visión y el enigma", parte II, p. 112.
    • «El que acudieras ante mi, hermoso, escondido tras tu belleza, el que me hables mudo, patente en tu sabiduría».
    • Fuente: capítulo "Antes de la salida del sol", p. 116.
    • «Yo sirvo, tú sirves, nosotros servimos, así reza entre ellos también la hipocresía de los gobernantes. ¡Y, Ay, si el primer amo es simplemente el primer servidor!».
    • «En este sitio, por el contrario, te encuentras en tu casa; en este lugar puedes decir todo lo que tienes que decir y sacas a relucir todas las observaciones; aquí nada se avergüenza de los sentimientos recónditos y obstinados [...]. Aquí puedes conversar con franqueza con todas las cosas, y en verdad suena como elogio en tus oídos el que uno hable rectamente en todas las cosas».
    • «¡Ebrio de placer respiro otra vez la libertad serrana! ¡Libre está finalmente, mi nariz del olor de las cosas humanas!».
    • «El avestruz es más veloz que el caballo más ágil, sin embargo hasta él mete la cabeza con impaciencia, en tierra pesada, de esta manera también actúa el hombre que todavía no sabe volar».
    • «No me agrada tampoco aquellos para los que todas las cosas son buenas y este es el mejor de los mundos. Pienso que son personas que se conforman con cualquier cosa».
    • «De igual manera allí, recogí en el camino la palabra superhombre y la idea de que el hombre es un ente que debe ser rebasado; de que el hombre es puente, no fin, festejando su mediodía, y azar como camino de nuevos amaneceres».
    • «Ya sólo los pájaros están por encima de él. Y si el hombre aprendiera inclusive a volar, ¡ay, hasta qué alturas volaría... su codicia!».
    • «¡Hemos de considerar desperdiciado el día en que no se haya bailado aunque sea una sola ocasión! Y hemos de considerar falsa toda verdad que no haya dado lugar siquiera a una sola carcajada».
    • «¡Que importa la patria! Dirijan nuestra proa hacia allá, donde esta la tierra de nuestros hijos! Hacia allá se precipita, más bravo que el mar, nuestro gran anhelo».
      • Fuente: capítulo "De viejas y nuevas tablas", parte XXVIII, p. 151.
    • «Toda da igual, nada vale la pena; el saber ahoga».
    • «¿Nos pertenece el presente a la plebe? Más la plebe es ajena a las nociones de lo grande y pequeño, de lo honesto y recto, es torcida con todo candor, miente siempre».
    • «Crece en la soledad lo que uno lleva a ella, también la bestia que lleva por dentro. De ahí que a muchos no conviene la soledad. Jamás ha habido en la tierra nada tan asqueroso como los santos retirados al desierto. Alrededor de ésos andaba suelto además del diablo, el puerco».
    • «Puesto que el sentimiento original y primario del hombre es el miedo, por el miedo se explican todos los pecados y virtudes originales. Del miedo ha nacido también mi virtud; la ciencia».




    Estructura de la obra[editar]

    La idea inicial de Nietzsche era estructurar el libro en tres partes, que vieron la luz a lo largo de 1883 y principios de 1884: el primer volumen fue escrito entre el 1 y el 10 de febrero, el segundo del 26 de junio al 6 de julio y el tercero entre el 8 y el 20 de enero. Tiempo después, en 1885, Nietzsche decidió editar una cuarta parte de Así habló Zaratustra, originalmente destinada a ser la primera parte de una nueva obra, Mediodía y eternidad, compuesta a su vez por tres volúmenes, que nunca llegó a completarse. Esta cuarta parte permaneció circunscrita al círculo de amistades del autor ―que realizó una edición privada de 40 ejemplares― hasta su publicación en 1890. La obra completa en un volumen único, tal cual la conocemos en la actualidad, no fue publicada sino hasta 1892.2
    La primera parte de la crónica es una exposición de las opiniones fundamentales que se personifican en la vivencia literaria del profeta. Así hace su primera presentación del Übermensch ('superhombre' o 'suprahombre') y del anatema a las corrientes morales (en las que se incluyen las religiosas) de su época. En el desarrollo de la obra, la segunda y tercera parte se centran tanto en las conductas del personaje como el matiz histriónico de la doctrina. Zaratustra se hace más un profeta de «tablas nuevas» que un mero eremita que «da regalos a los hombres».

    Temática[editar]

    Como un recurso literario, Nietzsche emplea una imaginaria versión de Zaratustra, que no representa al personaje histórico pero le sirve como portavoz y símbolo de las ideas principales sobre las que se asienta toda su obra y que son exhaustivamente tratadas a lo largo de este libro: la muerte de Dios, el Übermensch, la voluntad de poder y (definido por primera vez, aunque no desarrollado explícitamente) el eterno retorno de la vida.
    Se presenta como el profeta supremo, superior en sabiduría y conocimiento al resto de los humanos. Nietzsche lo emplea como contraposición a la doctrina de la Iglesia católica, a la que considera heredera de Sócrates en cuanto a la manera de entender la vida. Zaratustra fue escogido por el autor como ejemplo de la filosofía presocrática, para explicar su teoría del Übermensch (‘superhombre’ o ‘suprahombre’), vitalista y naturalista, y para reivindicar la aceptación de los aspectos negativos y positivos de la vida. En definitiva, para proponer una actitud de aceptación de la vida en su plenitud y negación del más allá, que en su opinión era la causa de la debilidad humana.
    Zaratustra es un ermitaño que vive recluido en la montaña, donde a lo largo de su retiro reflexiona sobre la vida y la naturaleza del hombre. Una vez siente que es el momento adecuado, decide regresar al mundo para comunicarle el fruto de su conocimiento. Esto queda patente al principio del prólogo con la frase:
    Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.3
    En cierto modo, y como recursiva referencia a la Biblia y la tradición cristiana, presente a lo largo de toda la obra, Zaratustra es un mesías que lleva al hombre la noticia de su salvación; y al igual que Juan el Bautista anunció la llegada de Jesús, Zaratustra proclama el advenimiento del Übermensch.
    Es evidente desde el principio el parangón que Nietzsche hace de sí mismo, proyectado sobre la figura del profeta Zaratustra. Siente la necesidad de transmitir su conocimiento al mundo, para lo cual escribe un libro. De modo similar, en su afán comunicador Zaratustra desciende de la montaña y se mezcla con el pueblo.

    Muerte de Dios[editar]

    Aunque el argumento principal es el del Übermensch, Nietzsche considera la muerte de Dios un requisito previo a su concepción. En el capítulo De la virtud que hace regalos escribe:
    Muertos están todos los dioses, ahora queremos que viva el superhombre.3
    La noticia de la muerte de Dios es la primera enseñanza de Zaratustra, metafóricamente el pilar sobre el que se sustenta la construcción del Übermensch. En el primer encuentro que Zaratustra mantiene apenas abandonado su retiro en la montaña, con el que resulta ser un religioso, se sorprende:
    ¡Será posible! ¡Este viejo santo en su bosque no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto!3
    La muerte de Dios supone el momento en que el hombre ha alcanzado la madurez necesaria para prescindir de un dios que establezca las pautas y los límites a la naturaleza humana, o sea, la moral. La moral va inextricablemente ligada a lo irracional, a las creencias infundadas (o más bien inferidas), es decir, a Dios en el sentido de que la moral emana de la religiosidad, de la fe axiomática, de la pérdida colectiva de juicio crítico en pos del interés de los poderosos y el fanatismo de la plebe. Valga decir que en la filosofía nihilista y en muchos autores que reciben esta catalogación, les sea digna o no, se dan esta clase de modelos conceptuales en los que se reducen o explican valores y nociones tradicionales bajo otros valores de categoría moral inversa como la razón, explicada por el instinto, la potestad de Dios encausada en la servidumbre del hombre, etc. Para Nietzsche la moral ha de ser sustituida por la verdad, es decir, el hombre al servicio de sí mismo, su naturaleza: entregado a la consumación de su propia existencia.
    Escribe Nietzsche en Ecce homo, acerca de este tema:
    La autosuperación de moral por veracidad, la autosuperación del moralista en su antítesis, es lo que significa en mi boca el nombre Zaratustra.
    Nietzsche4
    Refiriéndose a Así habló Zaratustra, Nietzsche afirma:
    ...nacido de la riqueza más íntima de la verdad, un pozo inagotable al que ningún cubo desciende sin subir lleno de oro y de bondad.
    Nietzsche4

    Nietzsche y Zaratustra[editar]

    Cubierta de una edición española de 1932. Traducción de Eduardo Ovejero y Maury.
    De entre todos los escritos de Nietzsche, es sin duda Así habló Zaratustra el que el autor tiene en más alta estima. Con él cree haber superado toda la literatura preexistente:
    Entre mis escritos ocupa mi Zaratustra un lugar aparte. Con él he hecho a la humanidad el regalo más grande que hasta ahora ésta ha recibido. Este libro [...] no es sólo el libro más elevado que existe, [...] es también el libro más profundo, nacido de la riqueza más íntima de la verdad [...].4
    Puede apreciarse, pues, la especie de naturaleza mesiánica que Nietzsche otorga al Zaratustra ― «el regalo más grande que la humanidad ha recibido»―, precisamente a escasas líneas de haber escrito:
    La última cosa que yo pretendería sería «mejorar» a la humanidad.4
    Esta ambivalencia, que algunos podrían interpretar como ambigüedad o contradicción, es característica de la obra nietzscheana y probablemente constituye un claro ejemplo de la ausencia de términos absolutos que preconiza el autor, los cuales habrían de ser la derivación necesaria de Dios y la moral.
    En Ecce homo, su especie de autobiografía, dedica a este libro un capítulo mucho más extenso que al resto, además de referenciarlo e incluso citarlo recurrentemente a lo largo de toda la obra.

    Zaratustra: síntesis[editar]

    Entre las restantes obras de Nietzsche y este denso volumen en cuatro partes hay una gran diferencia de tono. El espíritu del estilo es poético. Asimismo muestra un elevado lirismo y una gran fantasía. No debemos olvidar que Nietzsche escribía frecuentemente poemas; y es de hecho considerado uno de los mayores escritores en lengua alemana.
    Con la misma intensidad que la atmósfera bíblica se advierten aires orientales. El legendario profeta Zaratustra ―el Zoroastro de los persas― no es elegido por casualidad. Sustentador de la moral del «bien» y del «mal» ha de venir ahora a destruirla, a hacerla entrar en el ocaso y la caducidad definitiva.
    El profeta legendario peregrina entre las páginas en medio de extrañas prédicas, acompañado de dos animales simbólicos: el águila y la serpiente. Extraños también son los personajes que se presentan desde el principio y deambulan con sus mensajes. El pueblo en el que Zaratustra predica en el prólogo del libro y al que vuelve en varias ocasiones más es llamado por Nietzsche «la vaca multicolor».
    Zaratustra fue históricamente el ordenador primario de los valores del bien y del mal. Ahora ha de ser el «transmutador de esos valores», en una nueva escala inédita en la historia de occidente. No será el hombre el ejecutante. El hombre es algo que debe ser superado, porque es un «ocaso» y un «puente» que debe conducir al Übermensch.
    El Übermensch encarnará un nuevo tipo de hombre, del cual en la historia ha habido, en determinadas épocas brillantes y excepcionales, sólo «atisbos que lo bosquejaban». El Übermensch ha de ser un hombre desgajado de toda forma de «trasmundo», de todo paradisíaco más allá, de todo mundo celestial. Será fiel a la «tierra», lo que quiere decir, a su destino y a la realidad. La mediocridad de la moral occidental, vigente desde el triunfo del cristianismo, entrará en su definitivo ocaso.
    Dios deviene en una figura en extinción. Ya no sustentará falsos valores, escalas erróneas de valores. No uno sino todos los dioses se extinguirán y esa ausencia permitirá al hombre obtener su plenitud. Sólo vivirá la vida, y la vida es siempre, cuando no es acallada por la mentira y por la falsa moral, «voluntad de poder». Voluntad de más vida, que ama los hechos tal como son y busca la superación.









    Las aventuras de Tom Sawyer es una novela del autor estadounidense Mark Twain publicada en 1876.



    Capítulo 2[editar]

    • «Tom se decía que, después de todo, el mundo no era un páramo. Había descubierto, sin darse cuenta, uno de los principios fundamentales de la conducta humana, a saber: que para que alguien, hombre o muchacho, anhele alguna cosa, sólo es necesario hacerla difícil de conseguir». [1]

    Capítulo 6[editar]

    • «Tiene uno que ir solo al bosque, donde sepa que hay un tronco con agua, y al dar la medianoche, apoyarse de espaldas al tronco y meter la mano dentro y decir:
      ¡Tomates, tomates, tomates y lechugas;
      agua de yesca, quítame las verrugas!».[2]
      • Nota: Método para sacar las verrugas según Tom Sawyer.

    Capítulo 8[editar]

    • «Ya estaba trazando su porvenir, deslumbrante y esplendoroso. ¡Cómo llenaría su nombre el mundo y haría estremecerse a la gente! ¡Qué gloria la de hendir los mares procelosos con un rápido velero, el “Genio de la Tempestad”, [...] y oiría con orgullo y deleite los cuchicheos: “¡Este es Tom Sawyer el Pirata! ¡El terrible Vengador de la América española!».[3]
      • Nota: Acerca de los sueños de Tom para su futuro.

    Prefacio del autor[editar]

    • «La mayor parte de las aventuras relatadas en este libro son cosas que han sucedido: una o dos me ocurrieron a mí; el resto, a muchachos que fueron mis compañeros de escuela».[4]
    • «Todas las raras supersticiones a las que se hace alusión prevalecían en la época de esta historia, es decir, hace treinta o cuarenta años, entre los niños y los esclavos en el Oeste».[4]

    Sobre el libro[editar]

    • «[...] Tom y Huck eran montaraces y revoltosos: Tom burlaba a su tía Polly, ligaba y visitaba cementerios de noche, y Huck se fugaba Misisipí abajo en una balsa junto a un negro esclavo. Toma ya. Se entiende que leyendo las aventuras de Tom y Huck mi vida se ensanchaba, se dignificaba».[5]
    • «Me sorprendía la pertinacia de ambos en descalzarse, en pescar y en fumar. Y me identificaba con su sensación de aislamiento, de incomprensión».[5]




    Tom Sawyer vive con su tía Polly y su medio hermano, Sidney. En una pelea callejera, Tom se ensucia la ropa y le obligan a pintar la valla al día siguiente como castigo. Tom hábilmente convence a sus amigos para que le canjeen pequeños tesoros por el privilegio de hacer su trabajo. Luego negocia los pequeños tesoros por boletos de la Escuela Dominical que se reciben, normalmente, cuando se memorizan versículos de la Biblia. Tom intercambia los boletos por una Biblia, ante la sorpresa y el desconcierto del superintendente que pensaba que "era simplemente absurdo que este muchacho pudiera haber almacenado dos mil versículos de sabiduría bíblica en su cabeza mientras que, una simple docena, sin lugar a dudas forzaría en extremo su capacidad".
    Tom se enamora de Rebecca Thatcher (Becky), una chica nueva en la ciudad e hija de un juez, y la convence para "comprometerse" con él, besándolo. Pero su romance se derrumba cuando Becky se entera de que Tom se ha "comprometido" con anterioridad con Amy Lawrence. Poco después de que Becky lo rechaza, Tom acompaña a Huckleberry Finn, el hijo del borracho del pueblo, al cementerio por la noche (una noche de viernes) en donde son testigos del asesinato del Dr. Robinson a manos de Joe "el Indio".
    Tom, Huck y Joe Harper se escapan a una isla. Mientras disfrutan de su nueva libertad, jugando a ser piratas, los niños se enteran de que la comunidad estaba limpiando el fondo de los río para encontrar sus cuerpos. Tom se cuela en su casa una noche para observar la conmoción causada por su escapatoria. Tras un breve instante de remordimiento al ver a sus seres queridos sufrir por él, a Tom se le ocurre la genial idea de aparecer en su propio funeral.
    De regreso en la escuela, Tom se gana de nuevo el favor de Becky, después de que noblemente él acepta la culpa por un libro que ella ha desgarrado. Pronto, comienza el juicio de Muff, en el que Tom testifica en contra de Joe "el Indio". Potter es absuelto, pero Joe "el Indio" huye del juzgado a través de una ventana. Con Joe "El Indio" prófugo, Tom teme por su vida, ya que piensa que lo puede encontrar fácilmente.
    El verano llega, y Tom y Huck van en búsqueda de un tesoro enterrado en una casa embrujada. Después de aventurarse al piso de arriba, oyen un ruido en la parte de abajo. Mirando a través de agujeros en el suelo, ambos ven a Joe "el Indio" disfrazado como un español sordomudo mientras discute con su compañero el plan para enterrar un tesoro robado. Desde su escondite, Tom y Huck se retuercen de placer ante la perspectiva de desenterrarlo para hacerse con el mismo. Huck comienza a seguir a Joe "el Indio" por las noches, en busca de una oportunidad para conseguir el oro. Mientras tanto, Tom se va de "picnic" a la cueva de McDougal con Becky y sus compañeros de clase. En un exceso de confianza, Tom se desvía con Becky de los caminos marcados e irremediablemente se pierden en la cueva. Esa misma noche, Huck ve a Joe "el Indio" y a su socio escabulléndose con una caja. Huck los sigue y escucha sus planes para atacar a la viuda Douglas. Al correr en busca de ayuda, Huck previene el crimen y se convierte en un héroe anónimo.
    Durante los siguientes días, Tom y Becky deambulan por el extenso complejo de cuevas. Un día, Tom se topa accidentalmente con Joe "el Indio" aunque, afortunadamente, el eco de la cueva hace que su voz sea difícil de rastrear para su némesis. Finalmente, Tom y Becky encuentran una salida, y la comunidad vuelve a recibir jubilosamente a los dos niños. Como medida preventiva, el juez Thatcher (padre de Becky) hace clausurar la cueva de McDougal, atrapando sin saberlo a Joe "el Indio" en el interior. Varios días después, cuando Tom, quien durante ese tiempo había estado en cama, se entera del sellado de la cueva, dirige una pandilla a la cueva, donde descubren el cadáver de Joe "el Indio" justo en la entrada sellada, muerto por inanición.
    Una semana más tarde, después de haber comprobado la presencia de Joe "el Indio" en la cueva de McDougal, donde a su vez el villano habría escondido el oro robado, Tom lleva a Huck a la cueva y juntos encuentran la caja llena de oro, el cual les servirá para invertirlo en su futuro. La viuda Douglas adopta a Huck, y cuando él intenta escapar de la vida civilizada, Tom lo engaña haciéndole creer que podrá unirse a su banda de ladrones si regresa con la viuda, aduciendo que los ladrones, a diferencia de los piratas, tienen el respeto de la sociedad. De mala gana, Huck acepta y regresa con su protectora.

    Personajes[editar]

    Principales
    • Tom Sawyer, protagonista del libro.
    • Huckleberry Finn, mejor amigo de Tom.
    • Joe Harper, amigo íntimo de Tom.
    • Becky Thatcher, hija del juez del condado, novia de Tom.
    • Joe "el Indio", indio de carácter vengativo.
    • Muff Potter, hombre que ayudaba al Dr. Robinson.
    • Tía Polly, mujer de alma sencilla y tía de Tom Sawyer y persona muy poco inteligente.
    • Jim, muchachuelo de color que ayuda en los quehaceres en casa de Tía Polly.
    Secundarios
    • Sidney, medio hermano de Tom.
    • Mary, prima de Tom.
    • Billy, compañero de clase de Tom.
    • Johnny Milles, compañero de clase de Tom.
    • Amy Lawrence, ex novia y compañera de clase de Tom.
    • Juez Thatcher, juez del condado y padre de Becky.
    • Mr. Walters, superintendente de la escuela dominical.
    • Jeff Thatcher, abogado, hermano del juez Thatcher.
    • Ben Rogers, chico burlón de la pandilla.
    • Dr. Robinson, médico residente en el pueblo.

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