El amor dura tres años es una novela de inspiración autobiográfica de Frédéric Beigbeder, publicada en Francia en 1997, que relata la vida y las decepciones sentimentales de Marc Marronnier, cronista mundano.
Citas[editar]
- «Demasiados recuerdos, demasiadas cosas que olvidar... Voy a tener que vivir muchos buenos recuerdos para reemplazar a los anteriores».
- «Al no poder estar por encima del resto del mundo, deseamos ser igual a todo el mundo por temor a quedar por debajo».
- «El hombre es un animal insatisfecho que se debate entre varias frustraciones. Si las mujeres quisieran actuar con putería, se negarían a estar con ellos para que les fueran detrás toda la vida».
- «¿Cómo sabes que estás envejeciendo? Viendo que tardas tres días en recuperarte de una borrachera».
- «Amar a alguien que no te ama, eso es amor».
- «Para ser felices necesitamos seguridad, cuando resulta que para estar enamorados necesitamos inseguridad».
- «Una mujer necesita que un hombre la admire para resplandecer».
- «Nadie desea la soledad porque te deja demasiado tiempo para pensar».
- «Algunas chicas tienen una mirada tan vacuna que, de pronto, parece que eres un tren atravesando una pradera».
- «Los esposos cenan, los amantes almuerzan».
- «Disfrutar de la lentitud. Escuchar el perfume de los colores. Todas esas cosas que el mundo quiere prohibirte».
- «Para ser feliz hay que haber sido infeliz».
Argumento[editar]
Marc Marronnier relata desordenadamente sus vicisitudes amorosas y su visión del Amor. La tesis que plantea ya en el título aparece en diversas ocasiones a lo largo de la novela: el amor dura solamente tres años, luego en las relaciones de pareja se imponen el tedio y la monotonía. El narrador inicia el relato de sus aventuras con la ruptura con su esposa Anne, lo que le permite relatar toda su historia sentimental, y la aparición del amor adulterino con su amante Alice, incapaz de seguirle cuando se ve separado.
Beigbeder utiliza su habitual estilo satírico para criticar todo el mundo burgués de la sociedad parisina.
Amor, curiosidad, prozac y dudas es una novela de Lucía Extebarría publicada en 1997.
Citas[editar]
- «Apenas el recuerdo incierto y añorado de las horas felices, las únicas que cuentan, las realmente vividas».
- «Aunque nunca lo dijimos, estuvimos enamorados, pero el amor no dura para siempre».
- «Apple fabrica varios millones de ordenadores al año. Millones de mundos virtuales diseñados a diario por demiurgos de veintisiete años, microsiervos de coeficiente de inteligencia desmedido...».
- «Que me lleve de nuevo a aquellas fechas en que todavía me llamabas tuya».
- «Sin embargo no sabe lo que es despertarse junto a alguien y compartir el desayuno en la cama».
- «Tenía mis libros, mis discos y mi universo propio; y no me importaba el de las demás».
- «Descubrí que nunca había estado enamorada de Gonzalo, sino de la idea misma del amor».
- «Ojalá la vida fuese tan fácil de arreglar como los contratiempos domésticos».
- «Hace falta mucho valor para hacer una cosa así».
- Nota: Hablando del suicidio.
- «Cuando le dije que iba a casarme, ella no hacía más que repetir una y otra vez que me lo pensase. Que no me precipitase. Que no hiciese algo de lo que podía acabar arrepintiéndome; una persona no debería casarse con alguien a quien no está muy seguro de conocer».
- «Me parece que no hay forma de volver a hilar una pareja cuando las cosas se han agriado».
- «A veces, no sé, me siento como una pieza de un rompecabezas que apareció por equivocación en la caja que no le correspondía».
- «No echamos de menos a las personas que amamos. Lo que echamos de menos es la parte de nuestra vida que se va con ellas, que ya no va a existir si no están ellas».
- «La belleza, lo esencial, es invisible a los ojos».
- «A veces pienso que eso fue lo que hizo que me enamorase de esa manera de Lain: que materializó todas mis fantasías de adolescente».
- «Me encantaba su escritura desaliñada e imprecisa... me encantaban las notas que iba dejando por toda la casa en papeles amarillos. Las manos, huesudas y nerviosas. Los dedos larguísimos. Y la voz [...] Me gustaba la manera que tenía de manejar las cosas, los tenedores, los bolígrafos, los lápices... Me gustaba su calma, su sempiterna copa de whisky con hielo...».
- «La ignorancia es una traidora que se ha aliado con la imaginación».
- «La pasión es la amenaza más presente, no importa lo racional que creas que eres».
- «Mejor echar algo de menos que acabar echándolo de más; llegar al punto en que la ternura se convierte en amabilidad».
- «Le vi marcharse y no dije una palabra. Quería morirme. Desintegrarme. Estaba harta de toda esa gente que utiliza su amor como arma».
Capítulo Q, capítulo LL, capítulo Y[editar]
- «Tenía la boca seca, como si hubiera masticado tiza».
- «He intentado olvidar, pero la memoria, la muy traidora, aprovecha cuando duermo, cuando estoy indefensa».
- «[...] esas cosas que te hacen levantarte cada mañana con la ilusión de que el día que comienza va a ser distinto del anterior y del siguiente».
Citas[editar]
Primera parte[editar]
- «Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera».
- Nota: Frase inicial del capítulo I
- «No obstante la diferencia de sus inclinaciones y caracteres, se querían como suelen quererse dos amigos de la adolescencia. Pero, como pasa a menudo entre personas que eligen diversas profesiones, cada uno, aprobando y comprendiendo la elección del otro, la despreciaba en el fondo de su alma». [1]
- Nota: Capitulo V.
- «Entró en la pista, procurando no mirar a Kitty sino a largos intervalos, como hacen los que temen mirar al sol de frente. Pero como el sol, la presencia de la joven se sentía aun sin mirarla». [2]
- Nota: Capitulo IX.
- "Himmlisch ist's, wenn ich bezwungen
- Meine irdische Begier;
- Aber doch wenn's nicht gelungen,
- Hatt' ich auch recht hübsch Plaisir!"
- Traducción: «Estoy contento cuando he podido vencer el deseo de mi carne; pero, si no lo logro, tengo al menos el placer para mí».
- Nota: Capítulo XI, en alemán en el original.
- "Honni soit qui mal y pense!"
- Traducción: «¡Infame sea el que piense mal!»
- Nota: Capítulo XVII, en francés antiguo en el original. Es una cita atribuida al rey Eduardo III de Inglaterra, que Stepán Arkádievich Oblonski reproduce jocosamente.
- «El café no llegó nunca a beberse. Se derramó de la cafetera, vertiéndose sobre la alfombra, ensució el vestido de la Baronesa y salpicó a todos, pero alcanzó su objetivo, que parecía ser provocar el regocijo y la risa general».
- Nota: Capítulo XXXIV.
Segunda parte[editar]
- «—Las mujeres con sombra terminan mal generalmente —contestó una amiga de Ana».
- Nota: Capítulo VI.
- «—La mujer, amigo mío, es un ser que por más que lo estudies te resulta siempre nuevo.
- —Entonces vale más no estudiarlo.
- —¡No! Un matemático ha dicho que el placer no está en descubrir la verdad, sino en el esfuerzo de buscarla».
- Nota: Capítulo XIV. Diálogo entre Stepán Arkádievich Oblonski y Konstantín Lyovin.
- «—Nadie está contento con lo que tiene, pero todos están satisfechos de su inteligencia».
Tercera parte[editar]
- «—Creo que ninguna actividad puede ser duradera si no está basada en el interés personal. Esto es una verdad general, filosófica —sentenció, subrayando la palabra "filosófica" como para demostrar que él también, como los demás, tenía derecho a hablar de filosofía».
- Nota: Capítulo III. Konstantiín Lyovin.
Cuarta parte[editar]
- «—Se puede ofender a una persona honrada, o a una mujer honrada; pero decir a un ladrón que lo es significa sólo la constatation d'un fait.»
- Nota: Capítulo IV. Karenin.
- «—He oído decir que las mujeres aman a los hombres hasta por sus vicios —empezó de repente—, pero yo odio a mi marido por su bondad».
- Nota: Capítulo XXI. Ana Karénina.
Quinta parte[editar]
- «Él ha revelado a los pequeños lo que ha ocultado a los sabios y a los prudentes».
- Nota: Capítulo XIX. Reflexión de Konstantín Leyoin, parafraseando el Evangelio según San Mateo 11, 25.
Séptima parte[editar]
- «—¡Es un sentimiento penoso el de huir, el de encontrarse con un hombre y tener que considerarle casi un enemigo!».
- Nota: Capítulo I. Palabras de Konstantín Lyovin.
- «[...] sin ayuda de la religión ningún padre podría, con sus medios solamente, llevar adelante la educación de sus hijos».
- Nota: Capítulo IV palabras de Arsenio Lvov a su concuñado Lyovin.
- «La razón se le ha dado al hombre para librarse del tedio».
- Nota: Capítulo XXXI, señora que habla con Ana en el tren.

Argumento[editar]
Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciadaAna Karenina, comienzo de la primera parte
Al comienzo de la primera parte, el príncipe Stepán Arkádievich Oblonsky ("Stiva"), personaje principal y alto funcionario que ha sido infiel a su mujer Darya Aleksándrovna ("Dolly"), llama a su hermana, Anna Karénina, que reside en San Petersburgo, para que convenza a Dolly de que no lo abandone.
Cuando el tren de Anna está llegando a Moscú, un trabajador del ferrocarril cae accidentalmente en las vías. Mientras tanto, un amigo de la infancia de Stiva, Konstantín Dmítrievich Lyovin llega a Moscú para proponer matrimonio a la hermana menor de Dolly, Ekaterina Aleksándrovna Shcherbátskaya ("Kitty"). Kitty lo rechaza esperando una oferta de matrimonio del oficial Conde Alekséi Kiríllovich Vronski. Pero a pesar de su interés por Kitty, él no piensa en casarse con ella. Pronto se enamora de Anna, después de conocerla en la estación de tren de Moscú y bailar una mazurca con ella en una fiesta.
Anna, sorprendida por el galanteo de Vronski, regresa enseguida a San Petersburgo. Vronski la sigue en el mismo tren. Lëvin (se pronuncia Lyovin) regresa a su granja, abandonando toda esperanza de matrimonio, y Anna regresa con su marido, Alekséi Aleksándrovich Karenin, un alto funcionario del Gobierno, y su hijo Seriozha.
En la segunda parte, Karenin regaña a Anna por relacionarse demasiado con Vronski y generar chismorreos de la clase aristocrática a la cual pertenecen, pero después de un tiempo, ella vuelve a su relación con Vronski y queda embarazada de él. Anna se muestra angustiada cuando Vronski se cae en una carrera de caballos a la cual acude con su esposo, haciendo evidentes para la sociedad sus sentimientos y obligándola a confesárselos a su marido. Cuando Kitty se entera de que Vronski prefiere a Anna sobre ella, se marcha de vacaciones a Alemaniapara recuperarse, creciendo en ella una fuerte religiosidad antes desconocida.
La tercera Parte examina la vida de Lyovin en su granja rural. Dolly se encuentra con Lyovin e intenta revivir sus sentimientos por Kitty. Dolly parece no haberlo conseguido, pero finalmente Lyovin se da cuenta de que aún la ama. De nuevo en San Petersburgo, Karenin se niega a conceder un divorcio en favor de Anna y la amenaza con impedirle ver a su hijo Seriozha si lo abandona.
Sin embargo, en la cuarta parte, Karenin encuentra la situación intolerable y empieza a pensar en el divorcio. El hermano de Anna, Stiva, se opone y convence a Karenin de que hable con Dolly primero. Una vez más, Dolly parece fracasar en su tarea, pero Karenin cambia sus planes cuando descubre que Anna está muriendo de fiebre puerperal durante el parto. Al acudir a verla descubre a Vronski sufriendo al lado de Anna; ante esto Karenin perdona a Vronski allí mismo, quien intenta suicidarse por el remordimiento. Sin embargo, Anna se recupera, habiendo dado a luz a una hija a la que también llama Anna ("Annie"). Vronski planea marcharse a Taskent, pero cambia de opinión al ver a Anna, y ambos se marchan a Europa sin haber obtenido el divorcio de Karenin. Por otro lado, Stiva planea un encuentro en el que Lyovin y Kitty se reconcilian.
En la quinta parte, Lyovin y Kitty se casan. Unos meses después, Lyovin se entera de que su hermano Nikolái está muriéndose. La pareja acude con él, y Kitty lo cuida hasta que fallece, mientras se da cuenta de que está embarazada. Anna y Vronski viajan a Europa y allí tratan de ser aceptados por la sociedad pese a no ser esposos, pero no logran relacionarse con los rusos residentes en el extranjero al no estar casados, cayendo en el aburrimiento y el tedio al haber dejado atrás su círculo de amistades. Añorando el medio social típico de la aristocraciarusa, Anna y Vronski vuelven a Rusia para rehacer su vida como pareja, pero mientras la sociedad rusa permite a Vronski reanudar sus contactos con sus viejos amigos (a cambio de no presentarse públicamente con Anna ni mencionarla), Anna es excluida por todas sus antiguas amistades de San Petersburgo, que la marginan de todo evento social donde años antes podía presentarse. Peor aún, sus amistades rechazan sus invitaciones y se niegan a visitarla o a saludarla en el teatro donde Anna acude pese a la oposición de Vronski. El ostracismo que la aristocracia impone a Anna hiere duramente a la protagonista, acostumbrada a una intensa vida social desde su juventud dentro del mismo círculo de personas.
Karenin ha engañado mientras tanto a Seriozha, haciéndole creer que su madre ha muerto por consejo de la condesa Lidia Ivánovna, una fanática religiosa apegada a las hipocresías sociales, aunque Seriozha duda de la realidad de esa historia. Anna logra visitar clandestinamente a Seriozha por su noveno cumpleaños y se entera allí de la mentira construida por Karenin, pero éste la descubre y al cruzarse ambos, Karenin baja la mirada mientras Ana deja con presteza su antigua casa matrimonial. Desesperada, Anna convence a Vronski para huir de la ciudad y establecerse en la vasta finca familiar de éste.
Dentro de la sexta parte, podemos ver como Lyovin y Kitty viven en el campo, sus relaciones con los campesinos y demás trabajadores, así como el recibimiento de miembros de la familia. Por otra parte, cerca del lugar viven Vronski y Anna en un viejo castillo, remodelado con lujos exagerados y visitas inesperadas. En este capítulo se recalca la nueva vida familiar que lleva Lyovin, con riquezas pero sin ostentacción, y el lujoso estilo de vida que sostiene Vronski. Se hace notar además, que Anna pierde cada día más el juicio por celos irracionales y mal fundamentados y su repulsión hacia la soledad, sintiendo pánico ante la posibilidad que Vronski la abandone. Pensando que la negativa de Karenin a darle el divorcio hace que Vronski se aburra de ella al ser inviable un matrimonio entre ambos, Anna convence a Vronski de dirigirse nuevamente a Moscú.
La séptima parte muestra el retorno de Anna y Vronski a Moscú. Allí Vronski retorna prontamente a su relajada vida urbana, frecuentando los clubes de sus viejos amigos donde se encuentra con Stiva, quien a su vez le presenta a Lyovin. En contraste, Anna sufre en Moscú el mismo ostracismo que había vivido en San Petersburgo, agravado por el tedio ante las ausencias de Vronski y los celos furibundos cada vez más crecientes que Anna siente hacia la vida social de Vronski, lo cual hace más frecuentes y severas las disputas de la pareja. Estos pleitos a su vez aumentan más el aburrimiento de Vronski hacia Anna e incrementan sus ausencias para huir de la presencia de ella. Las sospechas de Anna alcanzan su punto máximo cuando cree que una tarde Vronski se encontrará con una supuesta amante que la madre de éste le ha conseguido para casarse.
La ira de Anna estalla al convencerse sinceramente de la "traición" de Vronski y, desesperada, marcha a la misma estación ferroviaria moscovita donde conoció a Vronski. En paralelo con el evento visto al inicio de la obra, Anna se lanza a las vías para suicidarse.
La octava parte muestra la desesperación de Vronski, quien desea morir tras el suicidio de Anna y se enrola como voluntario para combatir en la revuelta de Serbia contra Turquía. Karenin asume el cuidado de la hija de Anna como suya, mientras Lyovin sufre una nueva conversión en su finca rural. Allí Lyovin reflexiona sobre los eventos recientes y descubre que, pese a tener una hermosa familia y una buena posición económica, eso no le asegura ser feliz sino que precisa orientar su vida hacia la bondad y la simplicidad de la existencia.
Crítica social[editar]
La obra además sirve de exponente para Tolstói al realizar una gran crítica en contra de la aristocracia rusa de la época, en la cual se pueden ver varios personajes representando antivalores y mostrando una hipocresía general dentro del selecto círculo de la élite rusa. Así, cuestiona a los amigos de Vronski, que le perdonan vivir en concubinato con una mujer casada, y se exhibe la falsedad moral de la Princesa Betsy Trubetskaya, que margina a Anna como adúltera, a pesar que la propia Betsy le confesó haber sido infiel a su esposo varias veces, o el empeño de Dolly en que sus hijos le hablasen en francés, reprendiéndolos si hablan en ruso.
Además resulta evidente, al comparar la biografía del autor con el tortuoso devaneo mental que sigue su héroe, entiéndase Lyovin, para llegar a la felicidad completa, que la crítica resulta también en una autocrítica, que avanza repasando la vida del autor, desde su juventud, bastante liberal en lo que a valores se refiere, hacia su adultez y madurez. Surge un paralelo entre Tolstói (a quien su mujer lo llamaba Lyova) y Lyovin, quien encuentra en la vida campestre el disfrute que no encontró nunca en los placeres usuales con los que se divertía la aristocracia rusa (la ópera, las tertulias sociales, incluso al concierto con música de Wagner, que le resulta incomprensible, por citar algunos ejemplos).
Su héroe personifica, además, su propio encuentro con la fe religiosa verdadera; Lyovin había alcanzado a su corta edad todo lo que podía desear un joven de la élite rusa en aquella época: una buena posición social, bienestar económico, un matrimonio alegre y beneficioso y la paternidad en el cúlmine del amor familiar. Pese a esto, no lograba encontrar aquella felicidad que con tanto esmero buscaba, esa felicidad espiritual y sobre todo consigo mismo, que lo llevó a realizar las diversas empresas de su vida, pero que solo alcanzó cuando su línea de pensamiento, habiendo divagado por la ciencia, la filosofía y la política, lo llevó finalmente a Dios. Posiblemente esta metamorfosis ideológica que se opera en Lyovin no es sino el reflejo de lo que ocurrió a Tolstói mismo y que una vez superada, al igual que lo hace Lyovin, descubre y critica en los otros todas las carencias espirituales que él ha conseguido por fin llenar.
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