viernes, 6 de noviembre de 2015

Guerras por países - España

Batallas de la Guerra de la Independencia Española

La batalla de Buçaco o Bussaco (27 de septiembre de 1810) fue una batalla librada en la Sierra de Buçaco, Portugal, durante la llamada Guerra Peninsular(guerra de la independencia española). Fue una derrota del ejército francés, con más de sesenta y cinco mil hombres bajo el mando de André Masséna,1 por elejército anglo-portugués bajo el mando de Wellington.

Probablemente ningún español o portugués recuerde tan bien a un par anglosajón como sucede con Wellington, aquel gran militar inglés que comandó sus propias fuerzas y la de sus aliados de España y Portugal contra las fuerzas napoleónicas que buscaban apoderarse de toda Europa. A pesar de que la posesión de la península ibérica había sido algo relativamente fácil para los franceses,  no fue así el mantener la región pacificada y sumisa. Los brotes de resistencia se hicieron cotidianos por toda la región.  Los británicos, muy superiores a los franceses en el mar, salvaron su isla y vieron a la península ibérica y a sus habitantes como la mejor posición para iniciar una campaña de hostigamiento a las tropas de Napoleón, las que para 1810 eran aún bastante fuertes en el continente, habiendo derrotado a austríacos, prusianos y rusos en numerosas, sucesivas y grandes batallas.
Wellington ocupó la cuidad de Bussaco con unos 25 mil británicos, contando además con la misma cantidad de soldados portugueses.
Era ya septiembre del año 1810  y una derrota sobre Napoleón era siempre algo bienvenido dadas las circunstancias. Ahora bien, el militar francés en cuestión que debía hacer frente a Wellington era Andre Massena, quien no estaba enterado correctamente de las fuerzas con las que contaba su enemigo debido a la posición estratégica que éste había ocupado gracias a unas colinas cercanas. ¿Cuáles eran las fuerzas exactas a enfrentarse? Wellington contaba con sus 50 mil soldados, desplegados en seis divisiones de infantería inglesas y tres más portuguesas que deberían encarar la batalla, además,  contaba con muchas unidades y brigadas que debían darle el apoyo necesario colocándose como reservas. Entre estas brigadas existían cuatro que eran de caballería así como cuatro regimientos de jinetes portugueses; respecto a la artillería los aliados contaban con alrededor de 50 piezas. El ejército francés, por su parte, contaba con proximadamente unos 65 mil franceses que debían acabar con los aliados, cada brigada contaba con un grupo de caballería, sin contar las reservas de jinetes.
Sin embargo, en artillería  eran muy superiores, contaban con 112 piezas en total. Sin duda alguna,  muy pronto la primera gran batalla en el frente de la península ibérica estaba por comenzar y el ejército portugués tendría la oportunidad de una revancha frente al odiado enemigo invasor francés y así poder contribuir a la liberación de su patria y además aumentar la experiencia de combate de sus soldados.

wellington

Sir Arthur Wellesley (Duque de Wellington)

Planes de ataque

Como hemos mencionado para Wellington no había nada mejor que la geografía, pues le permitía al grueso de su ejército camuflarse. Las colinas que formaban casi una cordillera, tenían altitudes de hasta casi 500 metros, que los hacía casi inaccesibles y difíciles para maniobras como las de los terrenos llanos, allí acampó y pernoctó la noche del 21 de septiembre al 22. La posición de semejante ejército en medio de colinas no permitía movimientos a grandes escalas, por ende las posiciones eran a menudos confundidas, por otra parte,  si bien los aliados dominaban los dos o tres puntos de acceso a su posición, en caso de ser vencidos su retirada sería a todas luces penosa. Finalmente, la caballería se ubicó en los puntos más planos posibles. El grueso del ejército aliado aguardaba desde la cresta de la colina de Bussaco.

La batalla

Las tropas francesas fueron las primeras en atacar con el alba en medio de una mañana con neblina, era el 27 de septiembre de 1810. Los galos atacaron con considerables fuerzas.  Así, tuvieron  que ascender las faldas de las colinas mientras que los aliados alistaban sus baterías y las descargaron un par de veces sin resultados verdaderamente significativos. Muy pronto,  los escopeteros aliados desde todas las cimas y partes altas comenzaron a causar gran mortandad entre los franceses, todo fue una vil carnicería. Los galos caían por montones  pues  su posición era  muy vulnerable . Toda la infantería se tornó en confusión. Sin embargo, quizá por el número, consiguieron superar el pánico y se organizaron a partir de un mínimo punto de apoyo en la colina en la que algunos franceses lograron resistir.
Por el norte de la cordillera,  los franceses atacaron simultáneamente, pero se encontraron con una nueva y fuerte resistencia aliada y muchos generales franceses llegaron a ser heridos. No convencidos de que estaban siendo totalmente masacrados,  los galos decidieron lanzar una nueva contraofensiva  pues de ganar esta batalla  la toma de Lisboa podría estar cerca, además 50 mil aliados era una suma jugosa que Massena no quería dejar pasar.  Obligado por el francés Reynier, Maximilien Foy fue el encargado de llevar a cabo este ataque, el hecho es que la neblina ocultaba las tropas apostadas por los enemigos aliados en la cima  y si bien el contraataque francés fue fuerte, los anglo-portugueses consiguieron ocultar en su flanco derecho una importante fuerza que fue enviada por Wellington para resistir la arremetida. Ante la llegada de los refuerzos los franceses volvieron a retroceder, un comandante fue herido y prácticamente fueron obligados a abandonar la colina.
Nuevamente,  en las faldas de las colinas los franceses se estaban preguntando qué hacer para tomar la cima, sin duda alguna,  los aliados eran muy bueno combatientes, o quizá acaso solo  estaban muy entusiastas por pelear, hecho que quedó reflejado perfectamente en la batalla hasta el momento. Pero otro general francés, Ney, conseguiría un éxito efímero por casualidad, debido a su escasa visibilidad  creyó que los hombres mandados por Reynier tenían algún éxito y decidió un ataque en su sector que atraviese Moura y Sula para llegar a una cima donde estaba el convento de Bussaco. Fue una carrera difícil que encontró la clara oposición inglesa pero que finalmente se consiguió vencer, al llegar a la cumbre, sin embargo, no hubo refuerzos ni todos los batallones victoriosos que se esperaban que llegasen, al acercarse al convento los ingleses allí acantonados y apuntando dispararon contra los galos haciendo que sus filas se dispersen por completo, el líder de una brigada, Loison fue muerto ipso facto, el comandante en jefe, Edouard Simon fue herido y capturado mientras los huidizos galos se ponían cuesta abajo.
Al sur, otra brigada del fallecido Loison intentó capturar un par de baterías aliadas, pero todo fue en vano, su esfuerzo resultó en un fracaso y fueron derrotados. Como vemos hasta este momento de la batalla, los franceses no pudieron tomar las cimas. La neblina seguía siendo su principal obstáculo,  las bajas se estaban incrementando  y el resto del día fueron intercambios de disparos de batería y bayonetas pero nada más. Massena, no se resignó a aceptar la derrota y trasladó a su flanco derecho una de sus últimas tropas para intentar flanquear la posición, pero Welington sabiamente decide no arriesgar a los suyos y se traslada al conjunto de líneas fortificadas, llamado, valga la redundancia, Líneas de Torres Vedras, trasladándose allí el 10 de octubre.
Para Massena eran tan sólo una ilusión atacar semejante línea defensiva sus tropas necesitaban descansar, recuperarse y rearmarse, por ende aceptó tácitamente su derrota y se retiró a sus cuarteles de invierno, humillado y triste por la derrota. Después de eso, la falta de provisiones no pudieron rechazar los constantes ataques de los aliados y perdió 25 mil soldados más antes de marcharse a España a principios de 1811. En el retiro si bien hubo otras batallas como las de Pombal, Redinha, Sabugal y Fuentes de Oñoro, con resultados para ambos bandos, los franceses abandonaron Portugal a excepción de Almeida, lugar donde por cierto se terminaría por expulsarlos, y partieron hacia la tierra española, donde aún quedaban muchas batallas por librar pero con victorias como esta, quedaba una luz de esperanza para todos aquellos que luchaban contra el imperialismo de Napoleón.
http://historiamundo.com/la-batalla-de-bussaco-las-correrias-de-wellington/



En la batalla de Fuentes de Oñoro (3–5 de mayo de 1811), el ejército Británico-Portugués del Duque de Wellington evitó un intento del ejército francés del MariscalAndré Masséna para disminuir la presión del sitio de la ciudad de Almeida.
Fuentes de Onoro.jpg
A principios del siglo XIX, Fuentes de Oñoro sufrió las fatales consecuencias de una guerra: la Guerra de la Independencia. Con la disculpa de invadir Portugal, las tropas napoleónicas habían ido tomando posiciones en toda España, y tras la sublevación del pueblo de Madrid el 2 de mayo de 1.808 prendió como una mecha en toda España y Ciudad Rodrigo se dispuso a no dejarse dominar por los franceses.
Batalla de Fuentes de Oñoro
Tras la heroica resistencia de Ciudad Rodrigo, sucumbió el 10 de julio de 1.810 ante el inminente saqueo de los franceses. Todo el pueblo de Fuentes de Oñoro abandonó sus casas y el párroco ocultó los objetos de valor de la Iglesia. La batalla entre franceses y aliados (ingleses, portugueses y españoles al mando del guerrillero Julián Sánchez El charro) tuvo su epicentro en el casco urbano de Fuentes de Oñoro. Al mando de las tropas aliadas estaba el inglés Lord Wellington y por parte de los franceses el Mariscal Massena. El objetivo de los franceses era avituallar a las tropas francesas cercadas en Almeida, y la intención de los aliados impedirla.
Tras varios días de dura batalla y numerosas pérdidas por ambos bandos, los franceses se atribuyeron la victoria, incluyendo su recuerdo en el Arco del Triunfo de París, aunque la verdad es, que la victoria fue de los aliados: Wellington impidió el abastecimiento de Almeida, que era la causa del enfrentamiento.
La derrota hundió ante el emperador Napoleón al Mariscal Massena, e hizo crecer la aureola del general inglés.
La ciudad de Londres, agradecida a este pueblo, que aupó en la fama a Lord Wellington, le dedicó una de sus calles:“ Fuentes de Oñoro street”.
Es de destacar el heroísmo del párroco de Fuentes de Oñoro, Don Luis Silva, que durante la batalla de Fuentes de Oñoro, se introdujo en la iglesia entre el cañoneo de la artillería y las llamas de la iglesia para salvar “el copón”. Después de doscientos años, aún perdura en el recuerdo popular el heroísmo del párroco, habiendo merecido el copón pasar a la historia ocupando el centro del escudo del pueblo.

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