Conventos y monasterios de la provincia de Burgos
El monasterio de Santa María de Bujedo, también conocido como monasterio de Santa María de Bujedo de Candepajares, se encuentra situado en el municipio de Bujedo, Burgos (España), en la frontera con La Rioja, a 9 km al suroeste de Miranda de Ebro y 4 km al norte de Foncea.
Lo fundó Doña Sancha Díaz de Frías en el 1162 y lo patrocinó el rey Alfonso VIII de Castilla el de las Navas otorgándole numerosas tierras. Su pertenencia quedó sujeta a la abadía de San Cristóbal de Ibeas de Juarros. Destaca en el conjunto arquitectónico tres ábsides de estilo románico en la cabecera de la iglesia, el central más alto y amplio mientras que los laterales son más pequeños y semicirculares.
Monasterio-Noviciado de los hermanos de las Escuelas Cristianas
Actualmente el monasterio está habitado por los Hermanos de La Salle, que se encargan de su mantenimiento desde 1891, utilizando las dependencias como residencia, Centro de Espiritualidad y lugar de encuentro de campamentos y colonias de jóvenes.
En la iglesia reposan, altar lateral derecho, los restos mortales de los religiosos mártires de Turón en el año 1934. Estos ocho mártires fueron las primeras víctimas de la persecución religiosa en España (1931-1939) en ser canonizadas. Fueron beatificados el 29 de abril de 1990 por el papa Juan Pablo II y canonizados el 21 de noviembre de 1999. San Benito de Jesús es el primer santo nacido en Argentina.
Acerca del nombre
El nombre "Bujedo" puede también escribirse "Bugedo" indiferentemente, pues proviene del latín buxētum, lugar de bojes,2tanto para el nombre del pueblo como del Monasterio.
El uso cotidiano ha hecho que el nombre del pueblo suela escribirse Bugedo, para no confundirlo con Bujedo de Juarros, población y antiguo convento de la misma provincia, y el del monasterio como Bujedo.
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Nunca se recuperó y a finales del siglo XVIII el establecimiento fue ocupado por las tropas francesas que dañaron sus dependencias. Las cosas se agravaron a principios del siglo XIX, con las diferentes exclaustraciones temporales y la definitiva en 1835.
| Interior de la iglesia | Capiteles de la iglesia |
En 1844 se subastaron las propiedades. Los edificios monásticos pasaron por diversas manos y se construyó una línea de ferrocarril a pocos metros. En 1891 pasó a los hermanos de La Salle, congregación que todavía es la propietaria y tiene una residencia para los hermanos de edad avanzada.
| Claustro (siglo XVII) | Claustro |
Bóveda de la escalera | Ábside lateral | Ábside central |
Ventanal del ábside central El monasterio de Santa María de Bujedo de Juarros (Santa Cruz de Juarros), perteneció a la orden del Císter y se encuentra situado en el fondo de un pequeño valle surcado por el río Seco, a escasos kilómetros de la ciudad de Burgos. Historia
La fecha de fundación no se puede fijar con exactitud. Los investigadores apuntan a dos fechas para datar su origen, 1159 y 1172. En 1159, los fundadores de la abadía, don Gonzalo Marañón y su esposa, doña María García, entregaron el lugar de Bujedo al superior del Monasterio cisterciense de Gimont, pero dicha fundación parece que no llegó a realizarse. La fecha de 1172 está basada en las Tablas del Císter. El testimonio documental más antiguo que confirma la existencia del monasterio es de 1182. En esta fecha, doña María García procede a fundar el cenobio femenino de Haza, en cuya carta fundacional se indica que permanecerá bajo la tutela del Monasterio de Bujedo (su abad Fortunato, figura entre los confirmantes del documento).
Sus primeros doce monjes procedían de la abadía francesa de Scala Dei, encabezados por el abad Fortunato. Su dominio estuvo, principalmente en la comarca deJuarros, pero algunas de sus propiedades alcanzaron las riberas del Duero y el Arlanza. La evolución y desarrollo posterior del monasterio está poco documentada, pero no fue nunca un centro importante.
En la Edad Moderna, se produce su integración en la Congregación de Castilla. Las leyes desamortizadoras de 1835, trajeron consigo el final del monasterio.
En 1931 fue declarado Monumento Histórico-Artístico. Tras muchos años de abandono, se restauró por iniciativa privada y dicha intervención fue premiada en 1981 por la Asociación Europa Nostra. Actualmente es de propiedad particular.
Iglesia
La iglesia, construida en la primera mitad del siglo XIII, presenta planta de cruz latina, con una sola nave de seis tramos, crucero saliente con un tramo por cada brazo y cabecera con tres capillas.
El exterior destaca por su uniformidad, sólo rota por la espadaña situada en el brazo sur del crucero. La fachada occidental, como sucede con frecuencia dentro de la orden del Císter, es la parte más cuidada, enmarcada por dos contrafuertes muy anchos, con remate en chaflán bastante acentuado. La portada principal se compone dechambrana y tres arquivoltas, dos apuntadas y la interior trebolada. A los lados se disponen dos crismones y en la parte alta se abre un gran ventanal de dos vanos.
El interior destaca por su sencillez; los muros del templo están construidos con aparejo se sillería, de dimensiones uniformes. La nave mayor se cubre con bóvedas de crucería cuatripartitas que descargan sobre columnas adosadas al muro, que sólo llegan a media altura y descansan sobre pequeñas ménsulas.
El crucero es de una sola nave y cada brazo está cubierto por bóveda de crucería con nervios y clave simple, sin decoración. La cabecera se compone de tres capillas, la central de planta semicircular, de clara tradición románica y las laterales rectangulares. A los pies de la iglesia, ocupando los dos últimos tramos, se encuentra el coro alto, con bóveda estrellada muy rebajada, realizado a principios del siglo XVI.
Monasterio
Se situaba al sur de la iglesia. Aún se conservan algunos restos del primitivo edificio que permiten fechar su construcción en el siglo XIII. El claustro actual, muestra íntegros sus costados sur y oeste. Del claustro medieval se conservan siete capiteles dobles y cuatro basas.
La sacristía, adosada al hastial del crucero, presenta planta rectangular y bóveda de cañón continuo. La sala capitular, se encuentra situada a continuación de la sacristía y se abre al claustro por medio de tres vanos, de los cuales, el central, sirve de entrada a la sala. Su interior se cubre con bóveda de crucería y en el centro, los arcos y nervios descansan en dos columnas.
Aunque no sea una obra artística de primera categoría, sí es un ejemplo de la arquitectura desarrollada por el Císter en la Península Ibérica.
El Monasterio cisterciense de Santa María la Real de Bujedo se localiza a unos 25 kilómetros al Este de la Ciudad de Burgos, en pleno Alfoz de Juarros y muy próximo a las primeras elevaciones que anuncian ya la proximidad de la Sierra de la Demanda.
Para llegar a él es necesario salir de la capital burgalesa por la carretera Nacional 120, también llamada del Camino de Santiago, hasta las afueras de Ibeas de Juarros, desde donde parte un estrecho vial en dirección sur que, tras cruzar el río Arlanzón y recorrer unos 15 kilómetros a través de desoladas parameras, nos deja a las puertas del antiguo cenobio y del modestísimo caserío surgido a su amparo.
Pese a que fue declarado Monumento Histórico Artístico nada menos que en el año 1931, se trata de uno de los monasterios menos conocidos no solo de la provincia de Burgos, sino de toda Castilla y León, siendo incluso, en ocasiones, confundido con el también burgalés monasterio premostratense de Santa María de Bujedo (o Bugedo) de Candepajares, situado muy cerca de Miranda de Ebro y de los límites autonómicos riojanos.
Breve aproximación histórica
Los orígenes del monasterio de Santa María la Real de Bujedo son bastante difusos en cuanto a documentación se refiere, razón por la cual se han barajado tradicionalmente los años de 1159 y 1172 como posibles fechas de su fundación, sin que exista una documentación sólida que lo contraste.
Sea como fuera, lo que sí parece claro es que las principales personalidades que promovieron la fundación de un monasterio en Bujedo fueron Don Gonzalo de Marañón, Alférez del Rey Alfonso VIII de Castilla y figura de notable relevancia en la corte castellana de la época, y su esposa Doña Mayor García de Haza, quiénes, a mediados del siglo XII, donarían el lugar de Bujedo al monasterio cisterciense francés de Gimont.
La primera mención documental que de manera inequívoca da fe de la existencia del cenobio de Bujedo hay que remontarla al año 1182, momento en el cual la citada Doña Mayor García, bajo el auspicio de Bujedo, funda una comunidad monacal femenina en la villa de Haza.
En dicha carta fundacional, entre otros firmantes, aparece el nombre de Fortunato, primer abad de Bujedo que había llegado a tierras burgalesas, en compañía de otros once monjes, procedente de la abadía francesa de Escaladieu, filial de Morimond, y desde donde llegaron también los primeros religiosos destinados a poblar otros cenobios cistercienses españoles de la relevancia de Veruela (Zaragoza), Fitero y La Oliva (Navarra), Monsalud (Guadalajara) o Sacramenia (Segovia).
Pese que a lo largo de la Edad Media constan algunas donaciones reales, especialmente de la Reina Urraca, lo cierto es que la de Bujedo fue siempre una comunidad modesta, contando con pequeñas heredades en el propio Alfoz de Juarros y en torno a Aranda de Duero y Haza, solar de su fundadora y protectora Doña Mayor García.
Así pues, sin avatares históricos de especial relevancia y caracterizada por su extrema humildad, la vida monacal se prolonga en Bujedo hasta el fatídico 1835, año en que la Desamortización de Mendizábal provocó la definitiva exclaustración del cenobio y el abandono del mismo, pasando a partir de entonces ser utilizado el monasterio como morada temporal de varias familias de jornaleros, y la iglesia como establo y corral de ganado.
Tras pasar a titularidad privada, ya en el siglo XX, los maltrechos restos de Santa María de Bujedo fueron objeto de una oportuna, necesaria y celebrada restauración por iniciativa particular de Rafael Pérez Escolar, personalidad de gran relevancia en los contextos políticos y financieros de finales de la pasada centuria.
El Monasterio de Santa María de Bujedo
Del primitivo conjunto monacal de Santa María de Bujedo de Juarros tan solo ha llegado a nuestros días su iglesia, románica de transición, y algunas dependencias claustrales como la sala capitular, la sacristía, una estancia desde donde arrancaba la escalera de acceso a las celdas de los monjes, y la conocida como "sala del prior" o locutorio.
El resto de equipamientos monásticos originales, bien por quedar obsoletos dada la modestia de la comunidad que lo moraba, bien por causa de sus largas décadas de abandono y exposición al expolio, o bien por distintas reformas acometidas a lo largo de los siglos, han ido desapareciendo.
La iglesia
La iglesia monacal, respetuosa prácticamente al cien por cien tanto en lo arquitectónico como en lo escultórico con los ideales de rigor y austeridad que preconizaba la Orden del Císter, se estructura en una única y profunda nave de seis tramos que desemboca en un crucero marcado tanto en alzado como en planta que, a su vez, da paso a una tripe cabecera compuesta por un ábside central de planta semicircular y dos absidiolas laterales cuadrangulares de testero plano; una morfología prácticamente idéntica al también cisterciense monasterio de Santa María de Valdeiglesias, en la Comunidad de Madrid.
El templo, comenzado en sus cuerpos bajos siguiendo los cánones arquitectónicos del románico, fue rematado, aproximadamente a mediados del siglo XIII, por un segundo taller ya perfectamente dominador de las formulaciones arquitectónicas góticas; de ahí que los arcos fajones acusen un marcado apuntamiento y las bóvedas presenten diferentes modelos de crucería nervada.
Los mencionados arcos fajones que dividen en seis tramos la nave mayor presentan la particularidad de que sus soportes, en lugar de apear directamente sobre el piso, reposan sobre potentes ménsulas de ornamentación vegetal a media altura del muro, un recurso muy recurrente en fundaciones cistercienses.
La triple cabecera, canónicamente orientada, presenta idénticos rasgos de austeridad que el resto del conjunto eclesial, quedando dividido su único ábside de tambor en dos cuerpos mediante una moldura horizontal, abriéndose, en el registro superior, tres sencillos ventanales de medio punto dovelados. Quedan rematadas las cornisas con una sencilla colección de canecillos geométricos que se prolonga también a lo largo de los muros exteriores de la nave.
En el hastial occidental, culminado en un agudo frontón o piñón triangular, abre su portada principal, habilitada en un cuerpo en resalte y enmarcada entre dos potentes contrafuertes que se proyectan hasta la altura del segundo cuerpo, el cual, queda rematado mediante un doble vano apuntado con óculo central abrazado, a su vez, por otro arco mayor de medio punto sobre columnillas y capiteles vegetales.
El arco de ingreso, de factura gótica, presenta un perfil trilobulado trasdosado por dos arquivoltas apuntadas sobre pares de columnas rematadas en los clásicos capiteles vegetales cistercienses. Llama la atención, a cada lado de la portada, la presencia de dos crismones. Asimismo, conserva este hastial occidental los restos de los anclajes de lo que pudo ser un pórtico -hoy desaparecido- al que algunos especialistas han coincidido en atribuir una funcionalidad funeraria.
El claustro y dependencias anejas
El claustro original, hoy prácticamente perdido, se acomodaba al costado sur de la iglesia. Durante la Edad Moderna fue objeto de una profunda reforma que afectó a sus pandas occidental y meridional, a las cuales, además, le fueron añadidas un segundo piso. Las crujías oriental y norte, sin embargo, perdieron sus arquerías, conservándose tan sólo una serie de dependencias monacales en las que a continuación nos detendremos.
El acceso de la iglesia al claustro se realiza a través de la llamada "puerta de monjes", ubicada en el brazo sur del transepto y que pertenecería a la primera fase constructiva del conjunto. Presenta un sencillo arco de medio punto y dos arquivoltas lisas abrazadas por un guardapolvo decorativo a base de arquillos y formas geométricas. Descansan las arcadas en dos pares de columnas cilíndricas acodilladas rematadas por capiteles lisos.
También lisos o, como mucho, de temática vegetal típicamente cisterciense, serían los capiteles de las arquerías claustrales desaparecidas, de las cuales, tan sólo han sobrevivido siete cestas dobles y cuatro basas.
En el sector meridional del claustro se ubican las únicas dependencias monacales llegadas a nuestros días: un espacio rectangular con bóveda de cañón corrida utilizado como sacristía, una sala capitular, un habitáculo también rectangular del que partirían las escaleras hacia las celdas de los monjes, y una última estancia identificada como la sala del prior o el locutorio.
La sala capitular comunica con lo que sería la desaparecida galería claustral mediante tres vanos apuntados y moldurados que descansan sobre gruesos pilares poligonales que, en origen, contarían con unas columnillas adosadas -hoy perdidas en su mayoría- que conferirían al soporte una morfología cruciforme.
Al interior, la sala se estructura en seis tramos (tres por dos) cubiertos con soluciones de crucería nervada cuyos nervios van a desembocar directamente en los muros perimetrales y sobre dos columnas centrales de basas poligonales y rematadas con capiteles vegetales. Queda iluminada la estancia a través de tres sencillos ventanales de medio punto.
Preside el hoy cuidadísimo espacio ajardinado una monumental fuente de forma circular sostenida por varias columnillas cilíndricas de imprecisa cronología.
Así pues, puede afirmarse que el Monasterio de Santa María de Bujedo de Juarros, sin llegar a ser una obra cumbre el monacato burgalés, castellano y español, sí se presenta ante el visitante como un ejemplo paradigmático de los ideales arquitectónicos de la Orden del Císter.
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