domingo, 2 de octubre de 2016

Arte de paisajes


La marica en un árbol es un óleo pintado por Francisco de Goya para la Real Fábrica de Santa Bárbara, destinada a decorar el comedor de los Príncipes de Asturias en el Palacio del Pardo.
Forma parte de la quinta serie de cartones para tapices hechos por el aragonés. Fue descubierta en 1870 y trasladada al Museo del Prado. Su alargado formato indica que se usó como sobreventana o rinconera. Guarda gran similitud con El niño del árbol y El muchacho del pájaro, cuadros de las series anteriores.

Análisis

Es posible que se haya inspirado en algún biombo chino, famosos en la centuria de Goya. En ellos se representaban animales exóticos sobre los árboles, sustituidos por el pintor por varios animales de la fauna de España, entre ellos una urraca.
Goya sitúa a los animales en primer plano, para logra la sensación de profundidad que complemente el formato. El naturalismo es patente en la obra, sobre todo en el vuelo de los pájaros y en la urraca magníficamente equilibrada.
El pintor sitúa los animales en planos sucesivos, para lograr una sensación de profundidad que complemente el formato alto y estrecho, a la vez que expresa con vivo naturalismo el vuelo de los pájaros y el equilibrio de la urraca en la rama del árbol.
Era, posiblemente, un complemento del cartón La era, que representaba al verano, siendo la estación estival donde más crecen los pájaros.







La masía es una pintura al óleo, realizada por el pintor Joan Miró entre los años 1921 y 1922, constituye una especie de inventario de la masía que poseía su familia desde el año 1910 en la población de Montroig. El mismo Miró consideraba esta obra como una pieza clave en su carrera artística, describiéndola como «un resumen de toda mi vida en el campo». Está conservada en la National Gallery of ArtWashington D. C., donde fue donada por Mary Hemingway en 1987.

Historia

Iglesia de San Miguel en Montroig, pueblo donde se ubica La masia deJoan Miró
Aunque el pintor nació en Barcelona, su vida particular y pictórica está relacionada con el mundo rural especialmente el de la población de Montroig. Desde sus primeras obras ya muestra una influencia en los paisajes y personajes del mundo que visiona durante los veraneos en las tierras de Tarragona.1 Esta vinculación con la tierra se puede apreciar en las pinturas realizadas entre los años 1918 y 1924 como Huerto con asno (1918) o Montroig, la iglesia y el pueblo (1919). La obra de La masía la empezó en un verano al regreso del primer viaje de París y la acabó en París.2 Era una época en la cual Miró se había establecido en París y alternaba con algunos viajes, sobre todo en el verano, a Montroig.3
La observación de todo lo que le rodea y de las luces sobre las rocas y árboles, que cambiaban en determinados momentos por la luminosidad del sol, hacían que el artista se sintiera atado al elemento de la tierra de la que dijo:
... es esencial tener los pies firmemente apoyados en la tierra para levantar el vuelo por el aire [...] cuando se pinta, se ha de caminar sobre la tierra, porque, a través de las extremidades, nos comunica su vigor.
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Finalizó esta pintura en París ya que por esos años residía en la capital de Francia donde ocupaba el estudio cedido por Pablo Gargallo y solo iba a pasar los veranos a la finca familiar en Montroig del Camp. Por necesidad económica, inició un recorrido entre marchantes para poder venderla. Léonce Rosenberg que se ocupaba de las pinturas de Picasso, accedió a tenerla en depósito y al cabo de algún tiempo y ante la insistencia de Miró, le sugerió al artista dividir la tela en trozos pequeños para que fuera más fácil su venta. Miró, enfadado, recogió la tela y se la llevó a su taller. Se hizo cargo de la pintura Jacques Viot, de la galería Pierre, que después de unos tratos se la vendió al escritor Ernest Hemingway, por cinco mil francos.5 Hemingway escribió en 1934 en la revista Cahiers d'art:«No cambio La masía per ningún otro cuadro del mundo»6
Miró utilizó posteriormente la zona de Montroig en otras obras, como Tierra labrada y Paisaje catalán (el cazador), que junto con La masía se puede ir observando la sucesión en la transformación de la sformas figurativas en otras planas donde hay toda clase de simbología y grafismo.7

La historia por Miró

Miró fue el primer relator de la historia de su obra La masía:
¡Nueve meses de trabajo constante y pesado! ¡Nueve meses (curiosamente, los mismos de la gestación humana) cada día pintando en él y borrando y haciendo estudios y volviendo a destruir! La Masía fue el resumen de toda mi vida (espiritual y poética) en el campo. Desde un gran árbol a un pequeño caracolillo, quise poner todo lo que yo quería en el campo. Creo que es insensato dar más valor a una montaña que a una hormiga (y esto los paisajistas no lo saben ver) y por eso no dudaba de pasarme horas y horas para dar vida a la hormiga. Durante los nueve meses que trabajé en La Masía trabajaba siete u ocho horas diarias. Sufría terriblemente, bárbaramente, como un condenado. Borraba mucho. Y empezaba a deshacerme de influencias extranjeras para ponerme en contacto con Cataluña.[...] En París, al ponerme a trabajar de nuevo en el cuadro, comprendí enseguida que había algo que no funcionaba [...] no podía pintar las hierbas de Montroig a partir de las del bosque de Boulogne, y, para poder continuar el cuadro acabé pidiendo que me enviasen hierbas auténticas de Montroig dentro de un sobre. Llegaron todas secas, claro. Pero al menos, gracias a estas flores, pude continuar el trabajo.[...] Cuando la terminé ... no había manera que ningún marchante se quedara con La Masía ni que quisiera mirarsela. Escribí a mucha gente y nada. Plandiura, a quien también se la ofrecí, no quiso saber nada. Finalmente Rosenberg, seguramente por compromiso con Picasso, aceptó tenerla en depósito en su casa [...] y se la dejé un puñado de tiempo [...] me hizo esta proposición: «Ya sabéis que en París actualmente la gente habita cámaras pequeñas y cada día más, debido a la crisis que se pasa [...] bien, pues por qué no hacemos algo? Podríamos hacer en ocho pedazos esta tela y venderla al por menor ...» Rosenberg hablaba en serio. Al cabo de un par de meses retiré esta tela de casa de Rosenberg y me la llevé al taller, conviviendo con ella en plena miseria.
Joan Miró8

Mas Miró

El edificio de la masía perteneciente a la familia Miró, está declarado Bien de Interés Cultural desde el 2006.9 Después de unos años de tramitaciones entre diversos estamentos y los herederos de Joan Miró se ha llegado a un acuerdo para realizar el proyecto de un museo activo, donde se exhibieran objetos personales del pintor además de la recreación de sus obras más importantes, entre ellas La masía, mediante unos grabados que presenan la calidad y textura de las pinturas al óleo. Según declaraciones efectuadas por el nieto del artista Emili Fernández Miró:«Además tanto la Fundació de Barcelona como la familia cederemos obras originales. La masía está repleta de grafitis, que mi abuelo utilizaba como borradores para sus obras [...] queremos que sea un museo vivo. Iremos dotándolo con obras en rotación.»10

Descripción

La masía, es la obra cumbre de su época «detallista», realizada a los veintinueve años de edad y que James J. Sweeney consideró como «obra clave del desarrollo posterior del artista».3 Trabajó en ella durante nueve meses de dura elaboración; la relación mítica mantenida por Miró con la tierra, se resume en este cuadro, en el grafismo de carácter ingenuo y realista de todos los objetos, los animales son los domésticos, los vegetales son los que el hombre trabaja y los objetos son todos de uso diario y necesarios para el hombre. Estudia todos los detalles al mínimo, es lo que se llama «caligrafía mironiana» empleada por el artista también en otras pinturas como Mont-roig, la iglesia y el pueblo (1919), Retrato de niña (1918) o Huerto con asno (1918), punto de partida todas ellas para los siguientes años de su contacto con el surrealismo.11
En la pintura se nota la familiaridad que todo lo representado tenía con Miró. Está realizada como un escenario donde se pueden apreciar las actividades propias de unamasía y las características del edificio, de los objetos y animales. La definición clara de los dibujos consigue hace fácil el reconocimiento de todo sin producir ninguna confusión.12 Como si fuese un inventario se muestra un mulo, un caballo, unas gallinas, un perro, una cabra, un conejo, caracoles, lagartijas e insectos, la mayoría aislados y muchos de ellos colocados sobre algún objeto que los hace aparecer como expuestos sobre unas penas, esta posibilidad de unión entre objeto y animal es la pieza que según Braque «asegura su justificación» y consigue el movimiento entre el resto de los elementos representados de la obra.13 El edificio de la casa incluye las grietas y los desconchones en el revoque de las paredes. En el centro de la pintura se encuentra un gran eucaliptus que nace de un círculo negro que contrasta con el círculo blanco del cielo que representa el sol.14 Todos los elementos de esta pintura, animales y objetos, llegaron a ser prototipos en forma de símbolo que fueron apareciendo en diversas obras realizadas por Miró, por ejemplo uno de los más habituales es la escalera de mano que representa la evasión.15

Opiniones

En ella surge totalmente el ideal mironiano, entroncado por un momento con la afirmación, que es súplica, de Maragall: ¡para qué otro cielo, si esta tierra es tan hermosa? El «error» que antes introducía su profunda sombra en el pensamiento del artista ha sido concitado por el instante. La Masia es el cielo terrestre. En ella, los gallos sostienen el lirismo, el árbol levanta la fuerza de los instintos para beber la luz astral, que no se sabe si viene del sol o de la luna. Todo transparenta sus muros y la claridad absoluta hace accesibles los misterios de lo insondablemente lejano que es lo inmediato. Cada raya es un soplo del espíritu, cada vértice una alegría, cada plano un mundo construido gozosamente para habitar en él. Hay una atmósfera de éxtasis taoísta en esa masía que coincide con la paz catalana de la tierra.
Juan-Eduardo Cirlot Laporta, Joan Miró16
Miró, llevará a cabo, con una discreción perfecta y unos medios de increíble justeza, una experiencia poética y pictórica que lo elevará a los límites de la pintura y al corazón mismo de esta totalidad imaginaria de esa verdadera surrealidad, que los surrealistas no llegaron a conocer y de la que sólo rozaron la periferia.
Jacques Dupin, Miró17
Fue a través de este nuevo vocabulario de signos que Miró realizó finalmente su concepción poética del paisaje catalán, desligado de la política y de los debates sobre la situación cultural del arte moderno. En una época en que la vanguardia estaba sitiada y en que l aidea del Mediterráneo era utilizada para reforzar posiciones políticas, ideológicas y retóricas, Miró intentaba consolidar un nuevo tipo de alianza entre forma y contenido en sus imágenes arquetípicas de una Cataluña primitiva. Con La masia, de 1921-1922, Miró puso al descubierto su propia masía (la interior o poética) del campo de Tarragona y catalogaba el contenido con una claridad y una precisión sin precedentes...
Robert Lubar, La Mediterrània de Miró: concepcions d'una identitat18
Personalmente, no tengo ninguna duda en afirmar que La Masía representa para nuestra nación catalana lo mismo que El Guernica representa para nuestra plural España, por la singularidad y riqueza de los valores espirituales que ambas obras poseen y transmiten a los miembros de sus comunidades de origen y a los de toda la humanidad.
Saturnino Pesquero, Joan Miró: la intencionalidad oculta de su vida y obra19


 














La montaña de Sainte-Victoire, vista desde Bibémus es un cuadro del pintorfrancés Paul Cézanne. Está realizado en óleo sobre lienzo. Mide 65 cm de alto y 81 cm de ancho. Fue pintado entre 1898 y 1900. Actualmente, se encuentra en Museo de ArteBaltimoreEstados Unidos.
Esta obra pertenece al género paisajístico, uno de los favoritos de Cézanne, junto albodegón y el retrato. Es, además, uno de sus temas predilectos: la montaña de Sainte-Victoire, macizo calcáreo del sur de Francia, entre los departamentos deBocas del Ródano y Var. Cézanne, con sus cuadros, la hizo famosa.
Le dedicó numerosos cuadros en dos épocas distintas: de 1882 a 1890 y de 1901 a su muerte. Esta visión desde Bibémus se enmarca en la segunda época.1
Cézanne no pretendía una representación estática del paisaje. Quería lograr la unidad entre el color, la composición, la superficie y la tectónica. Además, buscaba dar una base teórica a sus experiencias y experimentos.

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