Batallas de la Guerra de la Independencia Española
El combate de Almaraz fue un enfrentamiento de la Guerra de Independencia Española que tuvo lugar entre el 18 y el 19 de mayo de 1812 en Lugar Nuevo, cerca de Romangordo, Cáceres. En él, el Ejército Anglo-Portugués a las órdenes de Lord Hill destruyó un puente de pontones francés sobre el Tajo. El puente estaba protegido por tropas francesas en ambos extremos.1 2 3 La acción fue oculta, rápida y audaz. Su resultado, decisivo, mejoró significativamente la posición aliada al mantener diversas fuerzas francesas alejadas de la inminente Batalla de los Arapiles.
Preliminares
A finales de abril de 1812, el duque de Wellington había capturado las plazas fuertes fronterizas de Badajoz yCiudad Rodrigo, de gran importancia estratégica al dominar los dos accesos principales entre España y Portugal. A continuación se puso a preparar el avance hacia España con el mayor ejército que había mandado hasta el momento, suficientemente fuerte para enfrentarse a cualquier ejército francés de la Península Ibérica. Sin embargo, en España había dos ejércitos franceses: el Ejército de Portugal, de Marmont, en las proximidades de Salamanca, y el Ejército del Sur, de Soult. El río Tajo separaba ambos ejércitos.
Los únicos puentes sobre el Tajo se encontraban en Toledo, Talavera, Puente del Arzobispo, Romangordo y Alcántara. El puente de Alcántara había sido cortado por los portugueses, bajo el coronel Mayne, el 14 de mayo de 1809. Los puentes de Toledo, Talavera, y Puente del Arzobispo estaban bajo control francés pero, segúnNapier, en los dos últimos lugares la orilla izquierda del Tajo "tenía tan poco espacio, por las abruptas estribaciones de la Sierra de Guadalupe, que se podía considerar como impasable para un ejército". Cualquier tipo de artillería o suministro pesado que se moviese entre ambos ejércitos franceses tenía que cruzar, por tanto, por Toledo o Romangordo.
El combate
El llamado por la historiografía inglesa puente de Almaraz, se denomina realmente puente de Albalat4 y fue construido por la ciudad de Plasencia5 bajo el reinado deCarlos I en el siglo XVI. Este puente había sido destruido parcialmente por las tropas españolas de Cuesta el 14 de marzo de 1809 para evitar su uso por los franceses. Los portugueses a las órdenes del coronel Mayne destruyeron el puente de Alcántara el 14 de mayo de 1809 por el mismo motivo. Los franceses construyeron un puente de pontones en el otoño de 1809, dos km. al oeste del puente de Albalat, en Lugar Nuevo. Tenía unos 200 metros de longitud y estaba construido con pontones pesados. El tramo central era una embarcación ligera, diseñada para ser retirada por la noche por motivos de seguridad.
Se destacó al general Rowland Hill con una pequeña fuerza para atacar el puente francés sobre el Tajo. Su fuerza, de unos 6.000 hombres con nueve piezas de artillería, era prácticamente la misma que había sorprendido a Jean-Baptiste Girard en el combate de Arroyomolinos de 1811. La tarea que tenía Hill por delante no era sencilla, ya que el puente estaba protegido en ambas orillas por sólidas fortificaciones de campaña. El extremo sur del puente estaba además protegido por una cabeza de puente dominada por el fuerte de Napoleón.
El fuerte de Napoleón era capaz de albergar 450 hombres y estaba situado en lo alto de una colina, sobre un terraplén empinado. Sin embargo no ofrecía dificultades a la ascensión por una tropa atacante, y la entrada en el fuerte se facilitaba por una escarpa dividida como en dos escalones, que llevaban hasta las murallas del fuerte. La gola del fuerte bajaba en pendiente hacia la cabeza de puente y estaba protegida por una zanja con empalizada y una torre con aspilleras pensada para servir como último refugio si los hombres de Hill acabasen entrando en el fuerte. En la orilla norte del Tajo se encontraba el fuerte de Ragusa, donde se almacenaban toda la munición y los suministros de la guarnición. Este fuerte pentagonal también disponía de una torre aspillerada de casi 8 metros de alto pensada como último reducto. También este fuerte estaba cubierto por una fortificación de campaña cercana al puente.
Los franceses habían reforzado aún más su posición protegiendo el camino principal desde Trujillo en un punto a unos 10 km al sur del puente. Aquí, donde el camino pasa la Sierra de Miravete, el puerto estaba dominado por un castillo de origen musulmán en cuyos restos los franceses habían construido una batería con ocho cañones. Esto estaba conectado a una venta fortificada inmediata a la carretera por dos pequeñas fortificaciones de campaña, los fuertes de Colbert y Senarmont. Las montañas eran imposibles de pasar por cualquier vehículo con ruedas y el único paso alternativo por las montañas, La Cueva, estaba a 3 km la este de Miravete. El camino por la cara sur de las montañas era utilizable por vehículos, pero una vez pasado el puerto el camino empeoraba hasta convertirse en algo poco mejor que un sendero.
El plan de Hill contemplaba dividir su fuerza en tres columnas. La primera, con los regimientos ingleses de infantería 28º, 34º y el 6º de caçadores portugués, al mando de Chowne, iba a asaltar el castillo de Miravete. La segunda, o del medio, consistía en el 6º y el 18º de infantería portuguesa junto con toda la artillería, y avanzaría por el camino principal para atacar las fortificaciones que defendían el puerto. La tercera columna, o brigada de Kenneth Howard, incluía a los regimientos británicos 50º,71º, 92º (Gordon Highlanders) y una compañía suelta del 5º batallón del regimiento 60º; mandada por by Hill en persona, subiría por el camino al puerto de La Cueva y se acercaría al puente francés por el sendero. Las tres columnas partieron al atardecer del día 16 de mayo, pero al alba las tres estaban aún muy lejos de sus objetivos por la naturaleza accidentada del terreno.
Hill tuvo claro que había pocas probabilidades de sorprender a la guarnición del puente y por tanto buscó otra manera de pasar sus cañones por las montañas. La guarnición francesa aún no había detectado a la fuerza de Hill, y éste pensó que un ataque al fuerte de Napoleon y al puente usando sólo su infantería podría salir bien.
El 18 de mayo por la tarde, la brigada de Howard atravesó el puerto de La Cueva, reforzada por los caçadores portugueses. Al amancer del 19 de mayo, las tropas de Hill estaban sólo a unos 800 m del fuerte Napoleón, pero por la mañana les habían visto cruzando las montañas. La guarnición del fuerte Napoleón, al mando del coronel Aubert, se puso en alerta y las dos barcas centrales del puente fueron retiradas.
El ataque al puente empezó al amanecer el 19 de mayo, cuando los cañones de Chowne abrieron fuego contra el castillo moro de Miravete. Los defensores del fuerte Napoleón, alertados por la presencia de las tropas de Hill, estaban preparados para el asalto, pero aun así fueron tomados por sorpresa cuando el 50th y parte del 71st salieron de sus posiciones y cargaron cuesta arriba hacia el fuerte, recibiendo el fuego de los defensores y de los cañones en el fuerte de Ragusa. Las tropas británicas caían a medida que avanzaban, pero algunos alcanzaron la cima de la colina y lanzaron sus escalas contra la escarpa. Los hombres se alzaron hasta el primero de los escalones y volvieron a izar sus escalas. Apoyándolas en el escalón de la escarpa, subieron a los muros y enseguida estuvieron empeñados en combate cuerpo a cuerpo con los defensores.
El primero en subir fue el capitán Candler del 50º, que saltó sobre el parapeto y fue alcanzado por varias balas de fusil francesas. Sus hombres le siguieron y los defensores empezaron a retirarse a la cabeza de puente. El comandante del fuerte, coronel Aubert, no quiso huir y se defendió valerosamente. Rechazó la oferta de rendición y un sargento del 50º le atravesó con su pica. Los franceses intentaron ponerse a salvo en la torre pero fueron obligados a rendirse. Los cañones del fuerte de Ragusa dejaron de disparar por miedo a alcanzar a sus propios hombres, que huían hacia el río.
Los defensores de la cabeza de puente se unieron a la retirada a través de puente. Las piezas del fuerte de Ragusa dispararon unos momentos contra el fuerte de Napoleón, hasta que les respondieron con las piezas capturadas. La acción sólo había durado cuarenta minutos. Cuatro granaderos del 92º nadaron hasta el fuerte de Ragusa y trajeron de vuelta algunas barcas para reparar el puente de pontones. Enseguida llegó el resto de las fuerzas de Hill, para encontrarse a los franceses abandonando todas sus fortificaciones en ambos lados del río. Hill mandó volar las fortificaciones y quemar el puente.
Consecuencias
El castillo de Miravete permaneció en manos francesas después de que Sir William Erskine, 2º Baronet difundiera el rumor de que el ejército completo de Soult se estaba acercando. Esto causó hizo que Hill, quien quería destruir el castillo, se retirase a Trujillo y perdiese la oportunidad de alcanzar un éxito completo. La incursión al puente les costó a los británicos 33 muertos y 148 heridos, de los que 28 muertos y 110 heridos pertenecían al regimiento 50º. Las pérdidas francesas se estimaron en unas 400, de las que 259 fueron hechos prisioneros.
En 1813, el Duque de Wellington mandó al teniente coronel Henry Sturgeon del Royal Staff Corps británico a reparar el puente. Construyó uno de suspensión, similar al que ya había construido en Alcántara. Los españoles reconstruyeron el puente de Albalat entre 1841 y 1845.
La destrucción del Puente de Almaraz
Una de las más atrevidas incursiones de la guerra de la Independencia fue la llevada a cabo por los ingleses el 19 de Mayo de 1812 y tuvo como resultado la destrucción del puente de barcas francés en el río Tajo. Esta incursión fue una combinación de movimiento rápido, de engaño, de asedio y de un ataque sorpresa que destruyó el puente francés.
Situación estratégica
A finales de Abril de 1812, el Duque de Wellington se había adueñado con éxito de las estratégicas fortalezas fronterizas de Badajoz y de Ciudad Rodrigo. A partir de ese momento estaba preparado para penetrar en la España central y para liberar Madrid de los franceses. El ejército de Wellington era el más grande que él había mandado hasta la fecha y era suficientemente fuerte para enfrentarse a un solo ejército francés. Sin embargo había dos ejércitos franceses móviles en España: el ejército de Portugal, dirigido por el mariscal Marmont y el ejército del Sur, dirigido por el mariscal Soult. El ejército de Portugal estaba acuartelado en las proximidades de Salamanca, mientras que el ejército del Sur estaba ocupando las provincias meridionales de España. Si estos dos ejércitos franceses se unieran en algún momento, Wellington estaría en dificultades.
Entre los dos ejércitos franceses había un serio obstáculo: el río Tajo. Este río era ancho y discurría de este a oeste, cortando de hecho en dos a España. Había pocos puentes en el Tajo. De este a oeste estos puentes estaban en Toledo, Talavera, Arzobispo, Almaraz y Alcántara. Los puentes de Toledo, Talavera y Arzobispo estaban bajo el control francés, sin embargo el puente de Almaraz, construido por el Emperador Carlos I en el siglo XVI y conocido por la gente de la zona como puente de Albalat, fue destruido por los españoles el 14 de Marzo de 1809 para impedir su uso por parte de los franceses. Los portugueses, al mando del coronel Mayne, destruyeron el puente de Alcántara el 14 de mayo de 1809.
Los puentes de Toledo, Talavera y el Arzobispo estaban disponibles para los franceses. La orilla izquierda del Tajo en Talavera y en el Puente del Arzobispo según Napier estaba “… tan llena de los escarpados terrenos cubiertos de maleza de la sierra de Guadalupe que puede decirse en líneas generales que era intransitable para un ejército…” La carretera no era transitable para la artillería ni para el equipaje pesado, por consiguiente, una fuerza francesa que se moviera entre los dos ejércitos tendría que hacer por Toledo un recorrido extra de 700 Kilómetros.
La cabeza de puente francesa
En el otoño de 1809, para acortar sus líneas de comunicación, los franceses construyeron un puente de barcas exactamente al oeste del puente del siglo XVI de Almaraz. El puente era aproximadamente de 200 metros de largo y estaba construido con pesados pontones. El espacio central era una ligera embarcación, diseñada para ser retirada durante la noche por motivo de seguridad. El puente estaba protegido por varias fortificaciones. En la orilla derecha, apartadas unos 200 metros del río sobre una colina, las fortificaciones
“… constaban de un reducto para 400 hombres, sobre un muy respetable contorno, llamado Fuerte de Ragusa, con una torre de albañilería en su interior de 25 pies de alto, que tenía dos filas de aspilleras para poder disparar con los mosquetes. Al estar esta obra situada tan lejos de la orilla del río como para permitir la posibilidad de que se hiciera durante la noche un intento de destruir el puente a sus espaldas, se construyó a la orilla del río una fortín, que también servía para flanquear el Fuerte de Ragusa”.
Fuerte de Ragusa
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El mapa del Fuerte de Ragusa fue dibujado por el Sr. Prieto después de una visita al mismo en Marzo de 2002. Los muros del fuerte eran aproximadamente de 50 metros de largo y estaban protegidos por una trinchera. En el mapa de arriba, lo verde es un terreno elevado en el interior del fuerte. La zona que está entre las líneas rojas es la trinchera, mientras que las líneas negras muestran el terraplén para la entrada del fuerte.
La orilla izquierda tenía dos obras defensivas: un fortín en la cabeza de puente y un fuerte sobre una colina con vistas a ella. El Fuerte de Napoleón estaba situado sobre el Cerro del Tesoro en el emplazamiento de la ermita de Nuestra Señora del Agua. Durante 1808 y 1809 tanto los españoles como los franceses ocuparon esta zona y la ermita fue destruida muy probablemente durante los enfrentamientos. Los españoles construyeron una fortificación en el cerro en 1808 y los franceses la ampliaron hasta convertirla en lo que se conoció como Fuerte de Napoleón.
“… una bien flanqueada cabeza de puente, revestida de mampostería en un buen contorno, protegía el puente, y como el terreno se elevaba inmediatamente desde el río hasta un cerro, que dominaba la cabeza de puente a corta distancia, fue construido en su cima un reducto para 450 hombres. Esta obra, llamada fuerte de Napoleón, tenía a sus espaldas un atrincheramiento reforzado en su centro por una torre con aspilleras de 25 pies de altura”.
“La escarpa de la obra exterior estaba imprudentemente dividida en dos niveles, mediante una muy amplia cornisa, y no era ciertamente un obstáculo difícil de superar; pero la zanja del atrincheramiento estaba bien empalizada, la entrada de la torre bien asegurada por un puente levadizo, y el atrincheramiento totalmente formaba un posición capaz de una defensa excelente después de la pérdida del recinto externo. "
El Fuerte de Napoleón
A 8 kilómetros aproximadamente al sur de la cabeza de puente, a lo largo de la carretera general que circula a través de las montañas
“… se levanta la vieja torre de Miravete. Los franceses habían rodeado esta torre mediante un muro de 12 pies de altura y tenía instaladas siete u ocho piezas de artillería en ella. Ellos habían fortificado también una casa (utilizada como “venta”), que estaba construida junto a la carretera y habían construido dos pequeñas obras entre la casa y la torre, formando una sólida línea de defensa frente al puerto de Miravete.”
La guarnición francesa
La guarnición francesa de aproximadamente 1.000 hombres era una mezcla de tropas:
Jefe de la guarnición: Coronel Aubert
Regimiento de Prusia (4° Extranjero) 400 hombres
39° Regimiento de Línea (1 Batallón)
6° Regimiento Ligero (2 Compañías)
1 Compañía de Artillería
1 Compañía de Ingenieros
Los fuertes estaban equipados con:
Fuerte de Napoleón
2 Compañías de granaderos procedentes de los Regimientos 6° Ligero y 39° de Línea
9 piezas de Artillería
Fuerte de Ragusa y los fortines de las cabezas de puente
Regimiento de Prusia
1 Compañía del 6° Ligero
6 piezas de artillería en el Fuerte de Ragusa
3 piezas de Artillería en el fortín de la orilla derecha
Miravete
39° Regimiento de Línea (menos la Compañía de Granaderos) 300 hombres
9 piezas de artillería
El Ataque
El 7 de Mayo de 1812, Wellington ordenó al General Rowland Hill que marchase a Almaraz y destruyera el puente que había allí. El General Hill tenía las siguientes fuerzas:
Infantería: Teniente General Tilson Chowne
Brigada del Mayor General Howard
50° de Infantería
71° de Infantería Ligera de Highland
92° o "The Gordon Highlanders"
1 Compañía de Rifles del 60°
Brigada del Coronel Wilson
28° de Infantería
34° de Infantería
1 Compañía de Rifles del 60°
Brigada del Coronel Ashworth
6° Regimiento de Infantería Portuguesa
18° Regimiento de Infantería Portuguesa
6° de Cazadores
Caballería: Mayor General Long
13° de Dragones Ligeros
Artillería: Teniente Coronel Dickson
Batería de 9 libras del Mayor Maxwell (3 cañones)
6 obuses de 24 libras
El General Hill esperaba capturar el fuerte francés de Miravete por sorpresa y luego seguir hacia el Fuerte de Napoleón. Sin embargo, la noticia de la aproximación inglesa llegó a los franceses y Hill tuvo que cambiar sus planes. Dividió sus fuerzas en tres columnas:
La primera columna, bajo el mando del General Wilson-Chowne, haría una demostración contra Miravete. Esta columna estaba formada por la Brigada de Wilson.
La segunda columna, bajo las órdenes del General Long, estaba formada por la brigada de Ashworth y por toda la artillería. Ellos tenían que seguir detrás de la primera columna y continuar hacia el puente una vez que la primera columna hubiera dominado Miravete.
La tercera columna, bajo las órdenes de Hill, estaba formada por la brigada de Howard y el 6° de Cazadores. Ella intentaría una marcha nocturna por el Puerto de la Cueva, bajaría por Romangordo y haría un ataque sorpresa en el Fuerte de Napoleón.
El ataque en cada fuerte tenía que empezar en el amanecer del 19 de Mayo. Wilson-Chowne no tuvo problemas en llegar a su posición, sin embargo el viaje a través del Puerto de la Cueva no estaba yendo bien:
“La marcha de la brigada del General Howard para alcanzar el Puerto de la Cueva fue considerablemente mas prolongada de lo que se había imaginado; ninguna gran dificultad se experimentó en alcanzar la cima de la sierra. El descenso, sin embargo, en el otro lado, fue a través de un serpenteante camino de cabras entre rocas, abrupto e intrincado y ocasionó tal retraso en el movimiento de la columna…”
Estaba muy oscuro, porque la fase de la Luna no era todavía llena y se había puesto a la 1:44 a.m. Para complicar más las cosas, los soldados tenían que llevar largas escaleras de 30 pies. Según un soldado del 71° de Infantería ligera de Montaña:
“Bajábamos la colina muy mal; estaba tan oscuro que no podíamos ver a tres yardas delante de nosotros. La colina era muy escarpada y nosotros teníamos que caminar a través de jaras y bajar las rocas como podíamos, siempre llevando las escaleras. Cuando por fin el amanecer de la mañana del 19 nos dejó vernos unos a otros, estábamos todos dispersos a los pies de la colina como un rebaño descarriado, no habiendo más en el mismo sitio que los que nos manteníamos juntos por una escalera.”El sol salió a las 5:05 a.m. y los guías de la brigada de Howard estaban sólo en Romangordo y todavía quedaban aproximadamente 2 kilómetros de áspero camino para alcanzar el Fuerte de Napoleón. Descansaron durante un breve tiempo y después procedieron a continuar colina abajo en dirección de los franceses. A las 6 en punto, la primera columna comenzó su ataque a Miravete y los franceses del Fuerte de Napoleón abarrotaron los muros del sudoeste para observar el combate. El 50° de Infantería y el ala derecha del 71° de Infantería Ligera de Montaña llegaron pronto a un punto distante del muro sur aproximadamente 300 metros.
El asalto al Fuerte de Napoleón
El General Hill, faltando aun la mitad de su fuerza (el ala izquierda del 71° y el 92° de Montaña) decidió atacar inmediatamente. Según Oman:
“… los 900 hombres disponibles, en tres columnas de medio batallón cada una, encabezados por los grupos de las escaleras, arrancaron sin freno hacia la cima de la ladera más cercana al Fuerte de Napoleón y corrieron a tres puntos separados de su recinto. Los franceses, aunque cogidos por sorpresa, tenían listos todos sus preparativos y un fuego furioso estalló sobre los asaltantes tanto de cañón como de mosquetes. Sin embargo todas las tres partes lograron su objetivo sin muy abrumadoras pérdidas, saltaron dentro de la zanja y comenzaron a colocar sus escaleras en los puntos del parapeto que estaban más cerca de ellos… Muchos hombres cayeron en los primeros minutos y hubo un parón cuando se descubrió que las escaleras eran demasiado cortas, debido a haber sido cortadas antes del comienzo [para hacerlas más fáciles de transportar]. Pero el parapeto tenía una cornisa bastante ancha, un defecto de construcción, y los asaltantes, descubriendo esto, subieron a ella y arrastrando con ellos algunas escaleras, las volvieron a colocar en la sección superior de las defensas, que fácilmente superaron. Por este inesperado recurso, se estableció una base sobre los parapetos en diversos puntos simultáneamente…”
El pánico cundió en la guarnición cuando los ingleses subieron sobre el parapeto y los defensores echaron a correr por la puerta de salida. El coronel Aubert intentó organizarlos de nuevo y contraatacar, pero cuando cargó contra los ingleses, nadie le siguió. El capitán Patterson del 50° de Infantería consignó que Aubert
“… rehusó rendirse a nuestros hombres y estando resuelto a vender su vida tan cara como pudiera, apoyó su espalda contra la torre redonda en el centro de la fortificación donde con su sable daba golpes a derecha y a izquierda, matando a algún loco impetuoso que se atrevió a acercarse a su arma. Finalmente el sargento Checker de la Compañía Ligera del 50°, un soldado excelente, irritado por la persistente obstinación del francés, puso fin a su existencia con su alabarda, dando al valiente jefe el destino que, en su desesperación, tan decididamente buscaba.”
A partir de este momento se desató una carrera hacia el puente. Los franceses intentaron reorganizarse en el fortín de la orilla izquierda, sin embargo el 92° de Montaña había llegado a este punto y los obligó a pasar el puente. En la pelea que siguió, se rompió el puente bajo la masa de los soldados que huían y un montón se ahogaron. El pánico se extendió a la guarnición prusiana del Fuerte de Ragusa y ellos también huyeron.
El General Hill puso rápidamente las tropas a trabajar en la destrucción del puente de barcas y de todos los pertrechos que servían para su mantenimiento. Muchas balas de cañón y obuses fueron tirados al río. El Fuerte de Napoleón fue volado y el 20 de Mayo los ingleses se retiraron. El fuerte de Miravete no fue nunca capturado y el 11 de Julio los franceses lo abandonaron. El total de bajas de los Aliados fueron 2 oficiales y 31 soldados muertos, 13 oficiales y 131 soldados heridos. Los franceses perdieron unos 400 hombres, de los cuales 17 oficiales y 262 soldados fueron hechos prisioneros.
La ruta de Hill
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Conclusión
La incursión de Hill sobre el puente de Almaraz fue una de las acciones más audaces y brillantes de la guerra de la Independencia. Su éxito permitió a Wellington avanzar contra el Mariscal Marmont, sabiendo que podría atraerle a la batalla con escaso temor de una intervención del Mariscal Soult. Quedó preparado el escenario para su victoria en Arapiles y para la liberación de Madrid. La destrucción del puente de Almaraz, junto con otros factores, impidió hasta el principio del otoño que el mariscal Soult se moviera hacia el norte. Pero para entonces era demasiado tarde para hacer algo que obligara a los ingleses a retirarse hacia la frontera portuguesa.
La batalla de Almonacid tuvo lugar durante Guerra de la Independencia Española, el 11 de agosto de 1809, junto al pueblo toledano de Almonacid de Toledo. Enfrentó a un Grande Armée francés con unos efectivos de unos veintiséis mil infantes, cuatro mil caballos y cuarenta cañones al mando del mariscal Sebastiani con otro español de unos veintidós mil infantes, tres mil caballos y veintinueve piezas de artillería al mando del general Venegas.
Preparación
Después de la batalla de Aranjuez, animado el general Venegas por la pequeña ventaja conseguida y convencido de que los franceses no pasaban de catorce mil hombres, se dirigió con todo el ejército de La Mancha hacia Toledo; el 10 de agosto reunió en Almonacid todas sus fuerzas, consistentes en veintidós mil infantes, más de tres mil caballos y veintinueve piezas de artillería. Dicho ejército estaba organizado en cinco divisiones, comandadas respectivamente por Luis Lacy, Gaspar de Vigodet, Pedro Agustín Girón, Francisco González de Castejón y Tomás de Zeraín. Ejercían el cargo de mayor general de infantería y de caballería Miguel de los Ríosy el marqués de Gelo, y el de comandante general de artillería y de ingenieros, los brigadieres Antonio de la Cruz y Juan Bouligni. Tan confiados estaban en el triunfo, que no se respetaron ninguna de las reglas establecidas en los reglamentos para campar en tiempo de guerra, sobre todo estando tan próximo el enemigo, que el día anterior había pasado el Tajo por Toledo y los vados de Añover de Tajo y ese mismo día 20 se había acantonado en el inmediato pueblo de Nambroca, a una legua de Almonacid.
Movimientos previos
El caudillo español, tras escuchar la opinión del resto de generales, de acuerdo con la suya a pesar de saber la retirada del ejército aliado desde Talavera de la Reinahacia Extremadura, había determinado atacar a los franceses el 12 de agosto para dar descanso a sus tropas; pero aquellos se anticiparon, presentándose frente a las posiciones de los españoles a las cinco y media de la mañana del 11 de agosto, en número de veintiséis mil infantes, cuatro mil caballos y cuarenta piezas de artillería, pertenecientes al IV Cuerpo al mando de Sebastiani, y al de Reserva a las órdenes de Dessolles y del rey José en persona. El ejército de La Mancha se situó apresuradamente delante de Almonacid y en ambos costados: la división Vigodet, un poco retrasada, en la extrema derecha, con gran parte de la caballería; seguían por su izquierda, la división Castejón, establecida en el cerro de Utrera, la división Zeraín a su lado cubriendo el llamado cerro Santo, y la de Lacy, más próxima al arroyo Guazalate; la 3.ª, (de Girón), se distribuyó entre la altura de los Cerrojones, extrema izquierda y verdadera llave de toda la línea de batalla, y el cerro de la Cruz o del castillo, llamado así por las ruinas del que asienta en su cima, para servir como de reserva.
Primeros ataques
Atacada primero la izquierda española por el general Lewal con las divisiones polaca y alemana después de un fuego muy violento de artillería, bien contestado por la española, lograron los batallones de Bailén y Jaén, de la 3.ª División, rechazar dos veces a los polacos. Pero, animados estos por los alemanes que marchaban a su izquierda y no llegando a tiempo algunas tropas de la reserva para sostener a aquellas escasas fuerzas que peleaban, pudo el ejército francés arrebatar a paso de carga las importantes posiciones de los Cerrojones, si bien a costa de pérdidas enormes (los tres regimientos polacos que constituían la división tuvieron cuarenta y siete bajas de jefes y oficiales). Apoyada su derecha en un gran cuadro que avanzaba por el llano al pie de aquel cerro, efectuó un movimiento envolvente sobre la extrema izquierda sin que pudiera impedirlo una carga de los jinetes de Fernando VII y Granada, dirigidos por el coronel Antonio Zea y el comandante Nicolás Chacón (murió en dicha carga el capitán Francisco Soto). La 1.ª División, para poder hacer frente a los alemanes, tuvo que retroceder algún tanto y colocarse oblicuamente a la retaguardia, resintiéndose algún tiempo; como entonces retrocedían ya a su vez el centro y la derecha, acometidos por las restantes fuerzas enemigas, apoyadas por la reserva, que con Dessolles y José Bonaparte acababan de llegar al campo de batalla, se vio obligada también a acogerse al cerro del Castillo.
Comienza la batalla
Numerosa artillería enemiga batía duramente a la 4.ª División española, a cuyo fuego contestaba tan solo una batería a caballo. Su jefe, el capitán de artillería José Chacón, cayó muy pronto mortalmente herido y murió el 13 de agosto en Tembleque. También pereció en el campo de batalla el teniente coronel del mismo cuerpo, don Álvaro Chacón. La batería española se sostuvo con gran energía; se distinguieron por su serenidad y denuedo los regimientos de Jerez, Córdoba y Guardias Españolas, guiado el segundo por su coronel, el brigadier Francisco Carvajal. Mas la caballería de su derecha no llevó adelante la carga iniciada para contener a los franceses y estos consiguieron llevar a cabo su ataque con toda felicidad, y como la 5.ª División cedió del mismo modo el campo, no tardó mucho el enemigo en ocupar también el pueblo y el cerro del Castillo, no pudiendo las tropas españolas resistir en él la terrible lluvia de proyectiles que de todas partes les dirigía la artillería francesa.
Intervino con mucha oportunidad en la contienda, impidiendo que la rota fuese desde luego inmediata y desastrosa, la división Vigodet, que ejecutó con gran presteza y habilidad un cambio de frente, protegida por el vivo fuego de los cañones, conteniendo así la persecución de las desbandadas tropas del centro y pasando luego con el mismo orden a la izquierda, donde las divisiones polaca y alemana amenazaban envolver por completo la línea y cortar la retirada. Allí se opuso nuevamente la 2.ª División al avance de los vencedores, los cuales trataron entonces de quebrantar por todas partes aquel inesperado obstáculo que les impedía sacar mayor partido de su triunfo; cargó una gran masa de caballería francesa, los terribles dragones de Milhaud, hacia su izquierda, y en aquel último periodo de la batalla las tropas de Vigodet se coronaron de gloria, rivalizando las tres armas en valor y abnegación; la artillería, que hacía fuego en retirada, cubriendo de metralla las cabezas de las columnas imperiales; la caballería, formada por jinetes de diferentes cuerpos que se fueron reuniendo de los dispersos, imponiendo aún con su firme actitud a la muy superior del enemigo; y la infantería, sosteniéndose impertérrita en medio del violento fuego que recibía y de la confusión y desorden que reinaba a su alrededor. Un pelotón de granaderos del Provincial de Ronda mandado por el teniente Antonio Espinosa, haciendo punta hacia los jinetes enemigos con la bayoneta calada, consiguió detenerlos y hasta arrancar de sus manos un cañón, que clavó su jefe. El subteniente de artillería, don Juan Montenegro logró también salvar una pieza de su batería. La unidad se sacrificó por sus compañeros de armas; solamente el desgraciado accidente de la voladura de unos carros de municiones, espantando los caballos, produjo algún desorden que aprovechó el enemigo, hostigando y acosando más de cerca de los últimos escalones, para acuchillar unos pocos soldados y coger algunas piezas.
Final de la batalla
Los imperiales, que habían tenido ya dos mil quinientas bajas, no llevaron la persecución más allá de Mora, y el ejército vencido pudo tomar la carretera de Andalucía y llegar en buen orden a Manzanares; pero corriendo allí la voz infundada de que los contrarios estaban en Valdepeñas, se desbandaron muchos cuerpos, que no pararon hasta alcanzar Sierra Morena. Las pérdidas de los españoles no pasaron de cuatro mil hombres, entre muertos, heridos y prisioneros, contando entre los primeros al coronel del regimiento de infantería de España, de la 1.ª División, Vicente Martínez, y entre los segundos, al coronel de dragones de Granada Diego Ballesteros, que quedó prisionero (para conmemorar este hecho de armas se creó por Real Orden de 30 de mayo de 1816 una condecoración con la inscripción siguiente en el centro:"Por Fernando VII", y en su contorno: "En Almonacid, 11 de agosto de 1809").
La batalla de Almonacid puso fin a la campaña del Tajo de 1809 , cuya primera parte terminó con la victoria táctica aliada en la batalla de Talavera (27-28 de julio) y en la retirada posterior de los ejércitos británico (hacia Portugal) y de Extremadura (hacia Andalucía).
Los franceses se retiraron hacia Madrid y el día 11 de agosto el general Venegas, al mando del Ejército de la Mancha (22.000 infantes, 3.000 jinetes y 29 cañones), toma posiciones en Almonacid de Toledo
Al amanecer aparece el 4º Cuerpo del Ejército Francés, al mando del general Sebastiani, acompañado del Ejército de Reserva a las órdenes de Dessole, y del rey José en persona, con un total de 26.000 infantes, 4.000 jinetes y 40 cañones.
Los españoles, que esperan una fuerza francesa mucho más pequeña forman a la defensiva en Almonacid. Los franceses atacan la izquierda española con divisiones polacas y alemanas. Los infantes españoles repelen dos ataques de jinetes polacos; pero la tercera carga logra expulsar a los defensores de sus posiciones en los Cerrojones, a costa de elevadas pérdidas.
Los españoles retroceden al Cerro del Castillo para continuar resistiendo hasta que una posterior carga de caballería francesa, con un nutrido bombardeo de artillería, ponen en desbandada a los hispanos. La división Vigodet evita una masacre al detener la persecución francesa.
Los franceses tienen 2.500 bajas, las de los españoles no pasan de 4.000 entre muertos, heridos y prisioneros; pero el Ejército de la Mancha desaparece al desbandarse sus unidades en Sierra Morena.

Los franceses se retiraron hacia Madrid y el día 11 de agosto el general Venegas, al mando del Ejército de la Mancha (22.000 infantes, 3.000 jinetes y 29 cañones), toma posiciones en Almonacid de Toledo
Al amanecer aparece el 4º Cuerpo del Ejército Francés, al mando del general Sebastiani, acompañado del Ejército de Reserva a las órdenes de Dessole, y del rey José en persona, con un total de 26.000 infantes, 4.000 jinetes y 40 cañones.
Los españoles, que esperan una fuerza francesa mucho más pequeña forman a la defensiva en Almonacid. Los franceses atacan la izquierda española con divisiones polacas y alemanas. Los infantes españoles repelen dos ataques de jinetes polacos; pero la tercera carga logra expulsar a los defensores de sus posiciones en los Cerrojones, a costa de elevadas pérdidas.
Los españoles retroceden al Cerro del Castillo para continuar resistiendo hasta que una posterior carga de caballería francesa, con un nutrido bombardeo de artillería, ponen en desbandada a los hispanos. La división Vigodet evita una masacre al detener la persecución francesa.
Los franceses tienen 2.500 bajas, las de los españoles no pasan de 4.000 entre muertos, heridos y prisioneros; pero el Ejército de la Mancha desaparece al desbandarse sus unidades en Sierra Morena.
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