Guerra de la Independencia Española
La acción de Ontígola fue un enfrentamiento bélico entre los ejércitos español y francés, ocurrido el 18 de noviembre de 1809 en las cercanías de la villa de Ontígola, durante la Guerra de la Independencia (1808-1814). La parte francesa estaba dirigida por los mariscales de campo Victor y Sebastiani a las órdenes del Mariscal Soult, y la española por el General Aréizaga. Este enfrentamiento resultó ser el mayor entre regimientos de caballería de toda la guerra.
Antecedentes
Aréizaga, con un ejército de 60.000 hombres, tenía la misión de dirigirse desde Sierra Morena hacia Madrid. Tras varias jornadas de marcha llegan a Ocaña el 11 de noviembre. Tras sopesar la idea de seguir o no su avance directamente hacia Aranjuez, donde se encontraba concentrado el ejército francés, decidió retroceder hastaVillamanrique de Tajo, desde donde el 15 de noviembre intentó cruzar el Tajo. Su idea era la de lanzar la ofensiva a través de Arganda del Rey y sorprender de este modo a los franceses.
Las inclemencias meteorológicas malograron las ideas de Aréizaga. Una fuerte tormenta y la posterior crecida de las aguas del Tajo imposibilitaron un avance rápido, por lo que el ejército tuvo que permanecer en Santa Cruz de la Zarza hasta el 18 de noviembre. Este retraso permitió a Soult conocer las intenciones de Aréizaga, concentrando en la margen derecha del Tajo los batallones de Victor, Sebastiani, Milhaud y Paris, frente al ejército español.
Entrada en combate
Paris y Milhaud que había cruzado el Tajo por Aranjuez con ocho regimientos, unos 3.000 jinetes, se encontraron con dieciséis regimientos del ejército español, unos 4.000 jinetes, al mando del Duque de Rivas y March. En un principio el desenlace fue favorable a la caballería española, celebrándose especialmente la labor de losregimientos de Pavía, los Guardias de Corps y los Voluntarios de Madrid. Sin embargo, los franceses se encontraban tácticamente mejor posicionados, lo que les permitió replegar a la caballería española que sería perseguida, en confuso desorden, hasta las inmediaciones de Ocaña. En esta zona se encontraba el regimiento deZayas que acudió rápidamente a prestar ayuda, consiguiéndose rechazar a los perseguidores. Las tropas españolas se retiraron a Ocaña, mientras que las francesas acamparon en Ontígola esa misma noche. Nicomedes Pastor Díaz y Francisco de Cárdenas describen así el final de la batalla: «Cerró triste y negra la noche: los nuestros en confuso desórden se retiraron á Ocaña donde estaba ya el grueso del ejército y los franceses con pérdida de su general se replegaron sobre Antígola quedando por unos y otros abandonado el campo de batalla cubierto de cadáveres».1 Al día siguiente tendría lugar la decisiva batalla de Ocaña.
Bajas
En el bando español cayeron 80 prisioneros y varios centenares de muertos y desaparecidos. Entre estos últimos se hallaba Ángel de Saavedra, hermano del Duque, que en un principio se le dio por muerto.2 Por la parte francesa perecieron un centenar de hombres, entre ellos el general Paris que murió a manos del cabo Vicente Manzano.
En el combate de caballería librado junto al lago de Ontígola, en el camino que va de Aranjuez a Ocaña, la víspera de la batalla de este nombre, el general francés París cayó muerto a los pies del cabo de Pavía Vicente Manzano, que lo atravesó de parte a parte con su sable y despojó del uniforme y papeles que llevaba, siendoo dicho valiente Cabo recompensado con dos escudos, uno de distinción y otro de premio (el sable del general París fue cedido al Museo de Artillería, donde se conserva con el número 1.911, por el teniente general duque de Ahumada).
También se distinguió en este combate, del que salió con once heridas, atravesado el pecho por una lanzada de los polacos, quedando en el campo por muerto, el oficial de Guardias de Corps, don Angel de Saavedra, después duque de Rivas.
La batalla de Alcañiz fue un enfrentamiento armado de la Guerra de la Independencia Española que tuvo lugar en la localidad turolense de Alcañiz el 23 de mayo de 1809.
Antecedentes
En los primeros días de 1808 las fuerzas del emperador Napoleón Bonaparte invaden España. Pero en primavera de ese mismo año la situación se precipita con el levantamiento del Dos de Mayo en Madrid, el fracaso de las fuerzas del mariscal Duhesme en Cataluña, las del mariscal Moncey en Valencia y en Andalucía la derrota total del ejército del mariscal Dupont en la batalla de Bailén por las tropas regulares españolas del capitán general Castaños, que llevan a la retirada francesa al norte del Ebro a primeros de agosto.
La reacción imperial no se hace esperar y en noviembre de 1808 el Emperador en persona con lo mejor de su Grande Armée aplasta a las fuerzas españolas en las batallas de Gamonal, Espinosa de los Monteros, Tudela y Somosierra entrando en Madrid, y siendo Zaragoza y Gerona asediadas de nuevo. Pero en enero de 1809 Napoleón ha de volver a Francia ante el rearme austriaco y la amenaza de un golpe de estado en París. En primavera las fuerzas españolas están preparadas para el contraataque.
En Aragón el 26 de enero de 1809 el general Watier asaltó la población de Alcañiz aplastando la resistencia de sus entonces 4.000 habitantes que habían organizado una milicia de voluntarios para su defensa, mientras la ciudad de Zaragoza tras un cruento asedio cayó finalmente en manos francesas el 4 de marzo. Con vistas a recuperarla el 20 de mayo de 1809 llega a Alcañiz el Segundo Ejército de la Derecha o Ejército de Aragón y Valencia formado por 8.500 infantes y 500 jinetes con 19 cañones al mando del teniente general don Joaquín Blake, retirándose ante él sin presentar combate la primera división Laval y una brigada de dragones formadas por 6.500 infantes y 800 jinetes con 12 cañones del III Cuerpo de Ejército francés que la ocupaban replegándose a la población de Híjar a 28 kilómetros al noroeste de Alcañiz en la ruta hacia Zaragoza.
Blake toma posiciones en las alturas al noroeste de Alcañiz desplegando su fuerza organizada en brigadas. El teniente general don Joaquín Blake y Joyes era malagueño hijo de irlandeses, y a sus 50 años era un veterano con amplia experiencia en combate contra británicos y franceses.
El despliegue de las fuerzas
De izquierda a derecha el teniente general don Joaquín Blake emplaza ocultos en un olivar 500 infantes del coronel don Martín González de Menchaca y los 500 jinetes del brigadier don Miguel Ibarrola. En el cerro Perdiguer sitúa al general don Pedro Roca con 2.000 hombres de ellos 1.400 soldados de infantería que defienden la posición y tres cañones con sus artilleros. En el cerro de las Horcas bloqueando la entrada a Alcañiz desde Zaragoza, como posición central donde el capitán general don Joaquín Blake establece su cuartel general, sitúa al marqués de Lazáncon otros 2.000 hombres y al brigadier don Martín García-Loygorri e Ichaso con seis cañones. A la derecha sobre elcerro de los Pueyos de Fórnoles ante la ermita de la Virgen de los Pueyos bloqueando la entrada a Alcañiz desde Caspe sitúa al brigadier don Carlos de Areizaga con otra brigada de 2.000 hombres y un solitario cañón cubiertos desde el cercano cerro del Tiro de Cañón a su derecha por otros 1.000 hombres con dos cañones. A los pies delcerro de los Pueyos de Fórnoles está el caserío Tella abandonado. Como fuerza de alerta vigilando la carretera de Zaragoza se sitúa a diez kilómetros al noroeste de Alcañiz en las Peñas de Borrita una fuerza de 1.000 hombres al mando del teniente coronel don Pedro de Tejada.
El 22 de mayo el mariscal conde Louis Gabriel Suchet al mando del III Cuerpo de Ejército francés llega desde Zaragoza con 3.500 soldados de la brigada Fabre de su segunda división Musnier a la población de Híjar, donde toma el mando de la fuerza de Laval sumando 10.000 infantes y 800 jinetes con 18 cañones, iniciando la marcha nocturna hacia Alcañiz protegidos de miradas inoportunas por la oscuridad. A las seis de la mañana del día 23 de mayo de 1809 la fuerza de alerta de Tejada en las Peñas de Borrita detecta la llegada francesa y tras dar la alarma se repliega a su posición prevista en el cerro del Tiro de Cañón en la derecha del despliegue español completando la brigada de 2000 hombres con dos cañones allí emplazada. Al alba del 23 de mayo de 1809 el mariscal Suchet establece su despliegue frente a Alcañiz en el cerro Portes cerca de la carretera a Caspe donde sitúa a los 6.500 soldados de la división Lazán con doce cañones delante y los 800 jinetes de la caballería detrás como reserva, y a los 3.500 soldados de la brigada Fabre en el cerro del Hambre a su derecha junto a la carretera a Zaragoza.
El mariscal Suchet a sus 39 años es veterano de las guerras revolucionarias y de formación del Imperio napoleónico con amplia experiencia en combates contra británicos, españoles, austriacos, rusos y prusianos.
Los primeros ataques franceses
El combate empieza con un duelo artillero entre la artillería francesa situada en la falda del cerro Portes contra el solitario cañón situado en lo alto del cerro Pueyos, pero la falta de efectividad contra la brigada española dada la diferencia de altura lo hizo durar poco tiempo. El general Lazán formó en el cerro Portes a la 1ª y 2ª brigadas de su división de infantería en dos columnas de ataque de 2.000 soldados cada una dirigiéndolas por la carretera de Caspe contra el cerro de los Pueyos defendido por los 1.400 soldados de la brigada del general Areizaga formada por la infantería ligera de los Voluntarios de Aragón, Tiradores de Murcia, 2ª de Voluntarios de Aragón y Daroca, pero al intentar flanquear la posición descubrieron que estaban bajo el fuego artillero del cerro del Tiro de Cañón y fueron rechazados replegándose ordenadamente. El general Fabre desde el cerro del Hambre envió otra fuerza de ataque formada por los 1.000 polacos del 1º regimiento del Vístula contra el cerro del Perdiguer pero también fue rechazado por la brigada del general Roca, mientras Laval atacaba de nuevo enviando sus columnas contra los cerros de los Pueyos y del Tiro de Cañón siendo otra vez rechazado tras un intenso combate por la brigada del general Areizaga y la del teniente coronel Tejada con la infantería ligera de los Cazadores de Fernando VII yVoluntarios de Valencia junto a la infantería de línea de los regimientos América y el suizo Traxler nº5.
Durante la segunda serie de ataques el teniente general Blake envía a la caballería e infantería de Ibarrola desde el olivar de su flanco izquierdo al caserío Tella a los pies del cerro de los Pueyos donde la infantería ligera del 2º de Cazadores de Valencia y el 1º de Voluntarios de Aragón se parapeta tras las tapias y paredes del caserío mientras los 500 jinetes de los dos escuadrones de caballería de línea del regimiento Santiago y otros dos escuadrones de la caballería ligera de los regimientos Húsares Españoles y Cazadores de Olivenza se posiciona tras la casa: cuando los 2.000 soldados de la columna francesa que atacaba el cerro Pueyos bajan rechazados y desorganizados reciben una descarga de mosquetes desde la casa y la caballería española carga sobre ellos entrando en pánico la columna francesa que huye hacia el cerro Portes, allí la infantería de protección hace una descarga sobre la caballería española hiriendo a Ibarrola y los 800 dragones franceses de la reserva cargan sobre ellos persiguiéndoles, pero los jinetes españoles los llevan hacia el caserío Tella donde otra descarga de mosquetes de la infantería ligera rechaza a los jinetes franceses mientras la caballería española se reorganiza detrás de la casa. Tras ello y antes del previsible ataque francés, la infantería y la caballería españolas del caserío se repliegan emplazándose tras el cerro Pueyos reforzando este punto de la línea.
El combate se decide: la artillería de Loygorri
Tras este revés el mariscal Suchet ordena al general Fabre realizar el ataque principal a la posición central, y al resto de sus fuerzas presionar toda la línea española para fijarla e impedir que refuerce el centro: Fabre despliega una fuerza de 2.000 soldados de los regimientos 114º de línea y 1º regimiento del Vístula que en formación de columna a tambor batiente por la carretera de Zaragoza ataca la posición central en el cerro de las Horcas, defendida por 1.400 soldados de los regimientos de infantería de línea Saboya, Valencia y América del marqués de Lazán y la artillería al mando del brigadier Martín García-Loygorri e Ichaso.
El objetivo de Suchet es romper la línea española por el centro. La columna francesa avanza con brio bajo el fuego de mosquete y entonces el brigadier Loygorri, con enorme serenidad y sangre fría, aguanta a dar las órdenes de fuego a que las tropas enemigas estén casi en la boca de sus cañones, disponiendo los disparos de las piezas de forma precisa e ininterrumpida durante más de media hora, provocando la dispersión y una gran mortandad en las tropas napoleónicas, que emprendieron la huida, presa del pánico, cerro abajo, volviendo a su punto de partida en el cerro del Hambre.
Tras siete horas de combate, a las 13:00 horas ambos bandos están a la vista en sus posiciones, pero no hay más ataques en toda la tarde. Los cirujanos hacen su trabajo en los hospitales de campaña auxiliados por los acompañantes civiles del ejército, en su mayoría mujeres vinculadas a los soldados con funciones de aguadoras y enfermeras, que traían y atendían a los heridos. La población de Alcañiz fue al campamento español animando a la tropa y socorriendo a los heridos. Esa noche y de nuevo a cubierto de la oscuridad el ejército francés se retiró hacia Samper de Calanda.
Por su decisiva intervención en la batalla, el brigadier García-Loygorri fue ascendido a mariscal de campo y le sería otorgada años después la Laureada de San Fernando, la más prestigiosa de las condecoraciones militares españolas, siendo los primeros hechos de armas en ser recompensados con tan preciado galardón.
El día después
Al amanecer del día 24 de mayo las fuerzas españolas descubrieron que los franceses se habían retirado. En elcampo de batalla se encontraron 500 cadáveres enemigos abandonados, ya que se trasportó solo a los heridos estimados en unos 1.500, sumando las bajas francesas aproximadas los 2.000 hombres y 40 prisioneros. Los españoles sufrieron 300 bajas entre muertos y heridos, de ellos 24 oficiales y 260 soldados.
A pesar de las bajas el ejército de Suchet seguía siendo numéricamente superior, especialmente en caballería que debía encabezar la persecución, además de que a la defensiva podría elegir el campo de batalla. En tal situación el teniente general don Joaquín Blake mantuvo sus posiciones mientras Suchet se retiraba ordenadamente. Cerca de la población de Samper de Calanda el grito de un tambor que creyó ver tropas españolas acercándose hizo que cundiera el pánico en la 1ª división Laval que iba en cabeza —la misma que padeció la carga de la caballería española durante la batalla— sucediéndose un caos en el que la tropa francesa desmandada y mezclada entró en el pueblo buscando refugio en la mayor confusión e incluso intercambiándose disparos: el mariscal Suchet hizo buscar y fusilar al tambor permaneciendo dos días en Samper hasta recuperar el control de la tropa, antes de dirigirse a Zaragoza intentando ocultar su derrota no informando siquiera de la existencia del combate.
Por esta batalla se creó el 14 de mayo de 1815 una cruz de distinción con cinta roja, con las aspas de San Andrés rojas esmaltadas, una corona de laurel con una llama amarilla y roja, un óvalo blanco en su centro con la inscripciónFernando VII y Alcañiz en letras de oro.
Desde los primeros momentos, al estallar la Guerra de la Independencia en Aragón, se vio de urgente necesidad aislar los prisioneros franceses que se capturaban en Zaragoza, de las posibles iras españolas. Es por ello que, desde la capital aragonesa, se vieron obligados a evacuar los presos que se hacinaban en la Aljafería, donde estaban recluidos y trasladarlos a otros puestos de retaguardia en lugar seguro, como es el caso del Castillo de Alcañiz.
El empleo masivo del fuerte alcañizano, viene a finales de Noviembre de 1808 con las primeras victorias en Zaragoza. Palafox, el 30 de ese mes, manda a Antonio Lacasa quien con 23 hombres del batallón Cerezo conduce hasta Alcañiz los prisioneros de la Aljafería y poco después, con el avance francés, se hubieron de trasladar a Tortosa:
El 26 de Diciembre de 1808, se organiza en Samper de Calanda un cordón defensivo para intentar defender y proteger la entrada a Zaragoza por esa parte y resguardar la entrada hacia el bajo Aragón, tierras abajo del Ebro.
El veterano coronel Pedro Elola formará alrededor de esta población el famoso “Cordón de Samper” que se extendería entre Vinaceite y La Zaida formando un refuerzo de voluntarios de retaguardia compuesto por cerca de 6000 hombres armados.
En Enero, el General Watier llega a Aragón con abundantes soldados e importantes efectos militares, con el fin de proveer víveres para los sitiadores de Zaragoza y antes de recuperarse los españoles, desde Fuentes de Ebro arremete contra el Cordón con 3000 infantes y 500 caballos, desbaratándolo ante la negativa de la población de La Zaida en suministrarlos.
Watier se dirige a la Puebla de Hijar en donde están retirados los de Vinaceite, todo el río Martín, mandado por Pedro Elola, sostuvo fuertes y vivísimos combates que duraron dos días, en donde quemaron el olivar, muriendo mucha gente.
Elola ante tal opresión y perseguido por el general francés, se tiene que retirar a Alcañiz, guarneciendo y armando la ciudad ante la inminente llegada de Watier.
El 19 de enero el Cordón queda destruido, las tropas españolas que subsisten tienen que replegarse a lugar seguro, dirigiéndose por el momento hacia Caspe y Mequinenza.
26 DE ENERO, EL SITIO DE ALCAÑIZ
El nuevo año trae consigo la capitulación de muchas poblaciones aragonesas. Zaragoza se rinde a los franceses; la entrada triunfante del Lannes, el día 4 de Marzo de 1809, hace destituir de su cargo al General Palafox. A lo largo de ese año, numerosas poblaciones se entregan también al todopoderoso Napoleón.
A finales de Enero de 1809, el ejército de Watier, que se haya instalado entre Hijar y La Puebla, decide continuar río abajo hasta llegar a Alcañiz con el fin de controlar los accesos del levante español
El francés seduce a los alcañizanos a tratar “asuntos de importancia” y manda hasta la población un emisario, el cual, es reducido a prisión por orden de la Junta Gubernativa local y dando como respuesta, la defensa de la población.
La guerra era inminente, la población quedó en estado de máxima alerta, las autoridades habían anunciado el estado de emergencia. La defensa de Alcañiz, con la apertura de zanjas y otros medios, debía de estar concluida, la junta de gobierno local lo acababa de aprobar:
“En este estado, se redoblaron las providencias de defensa, se convocaron a los habitantes de los Pueblos del Partido con sus armas, se comisionaron individuos para conducir Cañones de Mequinenza y para acopiar municiones y cuando apenas había reunidos en la Ciudad mil y quinientos paisanos, incluso doscientos de Albarracín (una compañía de voluntarios llamada “Serranos de Albarracín”) y cuatro o seis cajones de cartuchos de fusil, los más inútiles para escopeta, se presentó el General Watier con dos mil hombres de infantería y quinientos caballos, tres cañones y un obús en posición de atacar la ciudad”.
La defensa fue creada precipitadamente, poca gente y muy mal armada acudieron al toque de las campanas la mañana del 26 de Enero. Los 1.500 defensores, comandados algunos capitulares y dos oficiales retirados, apuraron sus fuerzas para intentar contener al enemigo, superior en hombres y efectivos:
“Como la ciudad estaba abierta en su mayor parte, salieron a recibirle a media legua 700 hombres con lanzas, escopetas y muy pocos fusiles, obligando a los defensores replegarse a la ciudad. Desde ésta se defendieron todo lo posible hasta que viéndose casi circunvalados y que el enemigo había penetrado por la parte abierta del matadero, les fue preciso huir y abandonar la ciudad. No obstante pasaron de 140 que sucumbieron al filo de la espada enemiga, personas de uno y otro sexo”.
Tres largas horas de ardiente fuego duró el asedio delante mismo de la población, fuertes peleas cuerpo a cuerpo se registraron por las calles alcañizanas al entrar los franceses, con actos heroicos por parte de algunos vecinos, defendiendo sus casas con sus vidas
Subió la infantería francesa, escoltados por la caballería de Watier, impetuosos por la calle Mayor, arrasando todo cuanto se les ponía delante, más de un centenar de vecinos quedaron muertos por las calles al arrollador paso francés. Durante la jornada se acertaron gestos heroicos pues, desde el balcón de una casa, Miguel Rufi con su escopeta de caza se defendió con fuego y sangre hasta su muerte. Desde la plaza Mayor, fueron dividiéndose los franceses, recorriendo las calles adyacentes Alejandre, Blasco y la del Carmen que fue foco de los asaltos y en donde en esta ultima otro héroe, Tomas Barreda, dejó su vida gritando desde su balcón y arcabuceando a todo francés que se le puso a tiro.
Aquella fatídica tarde del 26 de Enero de 1809, la tragedia hubo de cobrarse la paz y tranquilidad de los alcañizanos, los franceses ocuparon Alcañiz.
Después de este episodio bélico, escenas de sangre y desolación se estamparon por doquier, 400 hombres le costaron a los franceses y 140 defensores de Alcañiz que se convirtieron en aquella jornada en héroes; pero la crueldad estaba por llegar y en los días que precedieron a la ocupación, posicionados en el castillo alcañizano, les dio tiempo suficiente para despojar a la ciudad de todo su valor y en los dos meses de permanencia, les dio tiempo de saquear las casas, expoliar sus riquezas históricas, artísticas y religiosas que fueron usurpadas por la tenaz y obstinada resistencia de sus vecinos.
Placa conmemorativa a las victimas alcañizanas |
LA BATALLA DE ALCAÑIZ
En las inmediaciones de Alcañiz, casi a los pies de las puertas de la ciudad, entre suaves colinas y fértiles campos de cultivo, se desarrolló la mayor ofensiva española en el Bajo Aragón, ”La Batalla de Alcañiz”
Este enfrentamiento serviría para intentar frenar el avance francés por suelo aragonés y se convertiría en la mayor contienda de la historia alcañizana a cargo del ejército levantino del General Joaquín Blake, con tropas del su recién creado 2º Ejército de la Derecha, y con la ayuda del marqués de Lazan y su cuerpo de ejercito voluntariado aragonés, el día 23 de Mayo de 1809. Las personas que participaron la contienda fueron casi de 20.000 hombres entre los dos frentes que, esparcidos en varios ejes y en un campo de batalla hostil y abrupto, representaba un número de soldados considerablemente suficiente para que este enfrentamiento adquiriera tintes históricos importantes.
En el parte oficial de guerra que el general Blake escribió, relata los hechos de la salida de los franceses que ocupaban Alcañiz antes de la batalla:
“Con fecha de 21 del corriente mes de Mayo, la evacuación de Alcañiz por lo enemigos a sido un éxito y su retirada a Hijar, Puebla de Hijar, y Samper, en donde en este ultimo dejó un destacamento de consideración; el 21 envié a D. Casimiro Loy, teniente coronel de Húsares españoles con 800 caballos y 200 voluntarios de Valencia para un reconocimiento del enemigo, verificó, atacando Samper, retirándose a la Puebla de Hijar”. [1]
El mariscal Luis Gabriel Suchet, como General en Jefe del ejército francés en Aragón, se pone al mando del “III Cuerpo del Ejército”, que comandaba Junot en Zaragoza. El Mariscal, encuentra en sus filas una desastrosa situación de su tropa; de los 26.000 hombres que la componían, 13.123 están hospitalizados o en mal estado.
Suchet con 39 años, sin ser oficial de carrera, pero con excelente experiencia militar y mejor estratega, llevará incluso a devolver la confianza al III Cuerpo, a la que la llamó “maquina de guerra”.
Con este ejército, aun supo rehacer la muy buena organización en sus filas y posteriormente, una justa administración en el territorio que le tocó gobernar.
El Mariscal se entera en Zaragoza de las maniobras que se desarrollan en Alcañiz, la concentración de tropas venidas de Valencia y Murcia que amenazantes intentarán acercarse a la capital. Sin perder el tiempo y con toda la premura que le es posible, organiza su ejercito para enfrentarse cuanto antes con Blake.
Suchet da orden de formar para el enfrentamiento armado, la mayor parte de contingente de tropa de la IIª División Musnier, con el general Fabre a la cabeza y reforzar la Iª División del general Laval, expulsado de Alcañiz por Blake, donde se había hecho fuerte días antes y se encontraba en esos momentos en las alturas de Hijar para, desde allí, poder concentrar el mayor volumen posible de fuerzas francesas y ayudadas por la magistral caballería de Watier.
Dando noticias de ello y de que las tropas enemigas ascendían al número de 3.500 soldados que venían desde Zaragoza, completaban la ofensiva francesa en 10.000 infantes, 800 caballos y 12 piezas de artillería; con tales nuevas, se preparó en nuestra ciudad, lo que fue la “Gran Batalla de Alcañiz”.
Lo que sucedió aquel 23 de Mayo de 1809, lo relataba un periódico alcañizano en su edición especial de 1909, anunciando que tales acontecimientos fueron de unas proporciones enormes, presentando unos caracteres espectaculares y que dio como resultado una verdadera e importante batalla.
Se hace imprescindible por tanto, hacer una descripción lo más fiable posible del terreno en cuanto a la época para poder situar donde y como se desenvolvió la batalla:
“Asienta la ciudad en la orilla derecha del río Guadalope, sobre el declive de un cerro que corona el Castillo. Este río lame las faldas del cerro y el pie de las murallas que circundan la ciudad, la separa una serie de colinas que cubren la margen izquierda con un caudal suficiente como para servir de obstáculo sin el puente que lo atraviesa, a excepción de algún vado. Las colinas de Perdiguer y de las Horcas (Capuchinos) hacen, aún si cabe, defensa natural que obstaculiza la entrada a la población. Más lejos se encuentra la atalaya de Pueyos (lugar de la contienda, en donde está la ermita, patrona de Alcañiz) y surcada la vega por un caudal de riego, perdiéndose al Norte con una ancha Laguna hacia la Estanca. A las espaldas de Pueyos, se elevan otras colinas como el corral de la Mano y el cerro de Sta. Bárbara, otras más al norte están las peñas de Borrita (a unos 10 km. de la ciudad) en donde estaban desplegada la avanzadilla del ejército español, la llanura que resta atraviesan dos canales acuíferos con acequias y caminos de Zaragoza y Caspe”. [2]
La defensa española corrió a cargo del general Blake, el cual tenía situadas todas sus fuerzas por los promontorios más inmediatos de Alcañiz. El “Cerro de Pueyos”, centro neurálgico de la contienda, fue donde se registró el grueso de la batalla y donde estaba apostado el general Areizaga, con los tercios de Aragón:
“La vega de Alcañiz está rodeada de montañas a varias distancias de la posición que ocuparon las tropas, algunas accesibles con caballería, para impedir al enemigo el paso, se colocaron 2.000 hombres de los batallones de Daroca, reservas de Aragón, Tiradores de Murcia y el 2º de Voluntarios Aragoneses al mando del general de Campo Juan Carlos Areizaga”.
En las alturas de “Tiro de Cañón”, la más cercana a la línea de fuego, se colocó el teniente coronel Pedro Tejada con sus infantes compuesto por un batallón del regimiento ”Fernando VII”, 300 hombres del Batallón de Voluntarios de Valencia, dos compañías de granaderos del regimiento de América y otras dos de granaderos suizos de Traxler.
A la izquierda del cerro mencionado y más al Sur de esta zona, quedaban las fuerzas del general Pedro Roca, defendiendo la entrada a la ciudad por el centro de la vega alcañizana, con dos baterías apoyadas en el “Cerro Perdiguer” cerrando la retaguardia. Más avanzado y cubriendo el flanco, quedaba el coronel Martín González de Menchaca con la caballería y su columna, al abrigo de unos olivares.
En el flanco izquierdo de esta colina, en unos campos de olivos, quedó la caballería del brigadier Miguel Ibarrola:
“En los olivares de la izquierda se pusieron tropas ligeras de Vanguardia, la caballería compuesta por dos escuadrones del Regimiento de Santiago, otro de Húsares españoles y otro de Olivencia, los cuales pretendían evitar el enemigo por el frente entre el camino Zaragoza”.
Y en el centro del campo de batalla, junto a la entrada de la ciudad, estaba establecido Blake y su Segundo el maques de Lazán, apostados en el “Cerro de las Horcas”, contando también con dos baterías de artillería del brigadier Martín García Loigorri, lugar exacto en donde, con prodigios heroicos, salió a recibirle con valor a los franceses en los mismos pies de los cañones para ser derrotarlos impunemente allí mismo.
Aunque los franceses disponían de más jinetes y mucho más preparados en la guerra, la empresa fue en si muy atrevida, porque al estar éstos en aquellas desfavorecidas posiciones, se desprendió la osadía de sacar provecho de la empresa de Blake tanto militar, ya que podría dar ánimo y fuerza en las comarcas, como en el ámbito político. Nicolás Sancho, en su libro contaba de esta manera la batalla.
“El ataque fue terrible e impetuoso, salvo una pequeña reserva que con su caballería dejó Suchet como punto de apoyo, empleó todas sus fuerzas alentándolas con su presencia y la de los generales Fabre y Laval. Estaba en este punto el General en Jefe (Blake) con el grueso de la tropa y seis piezas de artillería; de nuevo intento subir (los franceses) a Pueyos atacando el centro también y tener el Guadalupe a su espalda; juzgó que no quedaba más recurso que vencer o sucumbir con ignominia”. “Pelearon valerosamente consiguiendo su gloria; dejando el campo cubierto de cadáveres y sobre todo por la acequia del estanque (la Estanca) próxima a la cruz de las Heras, en la que murieron dos compañías de Polacos (soldados apoyados a Francia), los cuales audazmente se dirigían por ella, como a cubierto para poner a retaguardia a los nuestros”. [3]
A las seis de la mañana, Suchet se acerca con su ejército a Alcañiz, se hace visible la posición española, desde allí toma la iniciativa desplegando sus fuerzas en dos grandes ejes. La división Musnier, mandada por el general Fabre, dirige la incursión por centro de la vega alcañizana situándola en el punto denominado “Cerro del Hambre” con la intención de penetrar de frente y poder entrar en la ciudad.
El brigadier Laval dirigiría las fuerzas por el norte, en dirección a Pueyos, para atacar con dos columnas las posiciones españolas; una columna lo haría por la derecha situándose en el llamado “Cerro del Portel” y la otra lo haría por el flanco izquierdo con el propósito de envolver con las tropas la colina de Pueyos para neutralizarla.
El avance francés se hace muy enérgico en los primeros momentos; el ataque precedido de fuertes guerrillas, fue rechazado por Areizaga y su ejército que, ayudados por un obús al efecto, defendía la colina, replegándose los franceses por esta acción en orden y algunas bajas hasta la primera posición:
“De 900 a 1000 granaderos franceses que la componían, con arma en mano, paso de ataque y gritos horribles, llegaron hasta el pie de las alturas del puesto y la columna desapareció en pocos minutos”. [4]
Blake por su parte, avistado el poder enemigo, con el primer encontronazo y viendo el número y superioridad de las primeras ofensivas francesas, las tropas españolas se vieron forzadas a replegarse hacia Pueyos protegidos por las baterías del cerro que guarnece Pedro de Tejada en el cabezo de Tiro de Cañón:
El Mariscal francés, decidió dar un segundo asalto en dos ataques decisivos sobre los flancos españoles; Fabre a la cabeza con casi mil hombres del 1º regimiento de “Vístula” ataca al cerro Perdiger, en donde está Menchaca y debido a la resistencia a los pies de la colina, se tiene que replegar a sus anteriores posiciones. Laval, mientras tanto, hace la incursión por el cabezo de Tiro de Cañón, defendido por Roca hasta la colina de Pueyos en donde se realizaron fuertes combates.
Blake mandó salir al coronel Menchaca del flanco izquierdo para que impidiese el asalto de Pueyos a cargo del 2º brigada de Cazadores de Valencia y el 1º de voluntarios de Aragón que seguidos de la caballería llegaban hasta el caserío de “Tella”,muy próximo a la colina, descargando contra los franceses al descenso de Pueyos.
Blake, con esta maniobra, ordenó un segundo ataque con la caballería por la parte Norte, entre Zaragoza y Caspe, que guardaba Areizaga. En ese cambio de posición, se encontró con una descarga de la infantería francesa, situada en la falda del “Cerro el Portel” y obligó a defenderse, hiriendo al brigadier Ibarrola que la mandaba; no pudiendo hacer nada se replegó algo desordenada, pues la caballería Imperial les intentaba arremeter y no pudiendo resistir la carga se retiraron al abrigo de los infantes de Menchaca.
El mariscal Suchet, no perdiendo la esperanza de conseguir el triunfo con que inaugurar su mandato sobre Aragón, recapacitaría para una nueva y decisiva intervención por el centro en donde, abierta la línea, intentaría con una maniobra preparatoria, esperar agrupar a toda la fuerza española a la vista y poder atacarla así impunemente frente a el.
Una gruesa columna de 2.000 infantes, de tropas frescas que no habían intervenido aun en combate, compuestas por el 114º regimiento de “Línea” y de la 1ª de “Vístula”, guiada por el valiente general Fabre, arremetió contra los españoles mientras los demás cuerpos franceses controlaban a jaque, en fuego oblicuo, las restantes posiciones de las alas españolas del frente:
“Arma al brazo, con gallardo continente y resuelto paso, avanzaron los Imperiales por el llano, sin alterar un instante su correcta formación, a pesar del fuego de la artillería e infantería españolas que hacían más vivo y certero a medida que se iban aproximando; más nada contiene la furia francesa y arrolladas las guerrillas caían los enemigos sobre el cerro de las Horcas, manifestando su confianza en la victoria por hurras y entusiasmo que les animaba, cuando a pocos pasos de las piezas, vacila la columna, se detiene y entrega momentos después a la fuga más desordenada. El fuego vivísimo del los infantes de Saboya, América y Valencia, y sobre todo la metralla de la artillería española, brillantemente dirigida por el brigadier García Loigorri y servida con una firmeza, serenidad y sangre fría imponderables, habían barrido materialmente las primeras fracciones de la columna y desbaratando las demás, dando victoria a las nuestras” . [5]
El episodio final corrió cargo de un batallón del 2º regimiento de Valencia, descargando la artillería cuando tan solo se hallo el enemigo en las mismas bocas de los cañones de Loigorri, dejando desecha la columna francesa que intentaba romper la línea y entrar de este modo a Alcañiz para quitar toda esperanza de retirada; pero la resistencia fue tal que contando casi con la victoria, los franceses tuvieron que retirarse a sus posiciones en desorden y dejando el suelo sembrado de cadáveres.
Siete horas de ardiente fuego duró la contienda, quedando los ejércitos divididos y a la vista. Suchet, derrotado, fue reuniendo las tropas que aún le quedaron en las alturas que ocupaban. Mientras tanto los españoles, maltrechos también por la gran ofensiva, no se atrevieron a seguirles; al caer la noche, el ejército francés quedaba reunido y se retiró hacia sus posiciones estratégicas de Samper.
Las pérdidas humanas fueron considerables:
“Recorrido al amanecer, el campo de batalla, se encontraron 500 cadáveres enemigos, principalmente en las acequias de riego; según las gentes, han abandonado en su huida y los heridos que han hecho transportar, se puede calcular la perdida de 2.000 hombres” . [6]
Nicolas Sancho, cifra el número de 1.000 muertos y 40 prisioneros:
”Quedó el campo cubierto de cadáveres y sobre todo del estanque próximo a la Cruz de las Eras en el que murieron dos compañías de polacos” (soldados que apoyaban a los franceses).
Obelisco conmemorativo a la batalla de Alcañiz, en el lugar de la contienda |
De estos sucesos se da cuenta de cierta crítica hacia Blake, con fundada prudencia, de su indecisión por no perseguir en su retirada las fuerzas francesas y así poder aniquilarles definitivamente, proclamándose un victoria triunfal; tal vez debido a la situación crítica española, inferior de soldados y la poca caballería preparada que poseía, para ir en pos de una persecución del enemigo. Esta justificación la expresa el propio general en el informe de guerra que envió posteriormente al monarca Felipe VII.
Sin embargo la batalla se ganó, los franceses se replegaron a lugar seguro en donde tenían sus antiguas posiciones, trasladándose una semana después las tropas, bastante desmoralizadas a Zaragoza sin tan siquiera dar noticia de los sucesos:
El ejército de Blake, se estableció en Alcañiz durante seis días hasta restablecer la normalidad y organizar su ejército, marchando a Caspe el 30 de Mayo en donde, con un desfile militar, hizo celebrar su victoria.
El brigadier Loigorri, obtuvo a primero de Junio siguiente, el empleo de mariscal de campo y posteriormente la cruz laureada de San Fernando que brilló en el uniforme del cuerpo.
El brigadier Loigorri, obtuvo a primero de Junio siguiente, el empleo de mariscal de campo y posteriormente la cruz laureada de San Fernando que brilló en el uniforme del cuerpo.
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