Batallas de la Guerra de la Independencia Española
El sitio de Gerona, ocurrido el 6 de mayo de 1809 (conocido también como el tercer sitio de Gerona debido a los dos anteriores acontecidos en 1808), hace referencia a los siete meses de asedio a los que la Grande Armée francesa sometió a los habitantes de la ciudad de Gerona. La ciudad se mantuvo en lucha bajo el mando del general Álvarez de Castro hasta que la enfermedad y el hambre los obligó a capitular, el 12 de diciembre.
En el momento del ascenso de José Bonaparte al trono de España, en 1808, el general Álvarez era comandante del castillo de Montjuïc, en Barcelona. El 29 de febrero de ese mismo año, las tropas francesas intentaron tomar el fuerte. Álvarez, que estaba tomando las medidas necesarias para su defensa, recibió órdenes del Capitán General de Cataluña para rendirlo. Tras acceder a ello, no sin reservas, Álvarez de Castro abandonó Barcelona para unirse a los rebeldes españoles en su lucha contra la dominación francesa y fue nombrado jefe del ejército de Cataluña y Gobernador de Gerona.
El 6 de mayo, un ejército francés de 18.000 hombres capitaneado por el Mariscal Augereau ordenó el sitio de la ciudad. El general Álvarez de Castro, encargado de organizar su defensa, contaba tan solo con 5.600 hombres bajo su mando. Durante el sitio, elregimiento de Saboya realizó varios convoyes con vitales suministros, pero debido a la disminución de los defensores de la ciudad, el 26 de junio se le ordenó ingresar a Gerona para ayudar a la defensa, debiendo penetrar las líneas francesas en un ataque a bayoneta calada.1
Los franceses montaron 40 baterías que durante los siguientes siete meses dispararon 60.000 balas de cañón contra la ciudad. En agosto, las tropas francesas capturaron el castillo de Montjuich, pieza clave en la defensa de la ciudad. Irreductible, Álvarez ordenó construir barricadas y trincheras dentro de la propia ciudad, prolongando la lucha durante otros cuatro meses hasta que, exhausto y enfermo, delegó el mando en el brigadier Julián Bolívar.
Dos días después, el día 10 de diciembre,2 la ciudad capituló. Se estima que en torno a 10.000 personas, entre soldados y civiles, murieron dentro de los muros de la ciudad. Las pérdidas francesas fueron también cuantiosas, en torno a 15.000, de las cuales más de la mitad fueron debidas a enfermedad.
La resistencia de la ciudad, tan solo comparable a la llevada a cabo en Zaragoza, sirvió para reforzar la moral de los españoles, convirtiendo esta en un ejemplo de valor y resistencia que los afianzaría en el ideal de expulsar a los invasores del país.
Las defensas de Gerona
Gerona, cabeza del corregimiento de su nombre, situada en lo antiguo cuesta abajo de un monte, extendióse despues por las dos riberas del Oña, llamándose el Mercadal la parte colocada á la izquierda. La de la derecha se prolonga hasta donde el mencionado rio se une con el Ter, del que tambien es tributario por el mismo lado, y despues de correr por debajo de várias calles y casas el Gálligans, formado de las aguas vertientes de los montes situados al nacimiento del sol. Comunícanse ambas partes de la ciudad por un hermoso puente de piedra, y la circuia un muro antiguo, con torreones, cuyo débil reparo se mejoró despues, añadiendo siete baluartes, cinco del lado del Mercadal y dos del opuesto;habiendo sólo foso y camino cubierto en el de la puerta de Francia. Dominada Gerona en su derecha por várias alturas, eleváronse en diversos tiempos fuertes que defendiesen sus cimas. En la que mira al camino de Francia, y por consiguiente, en la más septentrional de ellas, se construyó el castillo de Monjuich, con cuatro reductos avanzados, y en las otras, separadas de ésta por el valle que riega el Gálligans, los del Calvario, Condestable, Reina Ana, Capuchinos, del Cabildo y de la Ciudad. Antes del sitio se contaban algunos arrabales, y abríase delante del Mercadal un hermoso y fértil llano, que bañado por el Ter, el riachuelo Guell y una acequia, estaba cubierto de aldeas y deleitables quintas.
La poblacion de Gerona, en 1808, ascendía á 14.000 almas, y al comenzar el tercer sitio constaba su guarnicion de 5.673 hombres de todas armas. Mandaba la plaza, en calidad de gobernador interino, D. Mariano Alvarez de Castro, natural de Granada, y de familia ilustre de Castilla la Vieja, quien con la defensa inmortalizó su nombre. Era teniente de rey D. Julian Bolívar, que se habia distinguido en las dos anteriores acometidas de los franceses, y dirigian la artillería y los ingenieros los coroneles D. Isidro de Mata y D. Guillermo Minali; el último trabajó incesantemente y con acierto en mejorar las fortificaciones.
Por la descripcion que acabamos de hacer de Gerona, y por la noticia que hemos dado de sus fuerzas, se ve cuán flacas eran éstas y cuán desventajosa su situacion. Enseñoreada por los castillos, tomado que fuese uno de ellos, particularmente el de Monjuich, quedaba la ciudad descubierta, siendo favorables al agresor todos los ataques. Ademas, si atendemos á los muchos puntos que habia fortificados, y á la extension del recinto, claro es que para cubrir convenientemente la totalidad de las obras se requerian por lo ménos de 10 á 12.000 hombres, número lejano de la realidad. A todo suplió el patriotismo. Animados los gerundenses con antiguas memorias, y reciente en ellos la de las dos últimas defensas, apoyaron esforzadamente á la guarnicion, distribuyéndose en ocho compañías, que, bajo el nombre de Cruzada, instruyó el coronel D. Enrique O’Donnell. Compusiéronla todos los vecinos, sin excepcion de clase ni de estado, incluso el clero secular y regular, y hasta las mujeres se juntaron en una compañía, que apellidaron de Santa Bárbara, la cual, dividida en cuatro escuadras, llevaba cartuchos y víveres á los defensores, recogiendo y auxiliando á los heridos.
Anteriormente habíase tambien tratado de excitar la devocion de los gerundenses, nombrando por generalísimo á San Narciso, su patrono. Desde muy antiguo tenían los moradores en la proteccion del Santoentera y sencilla fe. Atribuían á su intercesion prosperidades en pasadas guerras, y en especial la plaga de moscas que tanto daño causó, segun cuentan, en el siglo XIII, al ejército frances que, bajo su rey Felipe el Atrevido, puso sitio á la plaza; sitio en el que, por decirlo de paso, grandemente se señaló el gobernador Ramon Folch de Cardona, quien, al asalto, como refiere Bernardo Desclot, tañendo su añafil y soltadas las galgas, no dejó sobre las escalas frances que no fuese al suelo herido ó muerto. Ciertos hombres, sin profundizar el objeto que llevaron los jefes de Gerona, hicieron mofa de que se declarase generalísimo á San Narciso, y áun hubo varones cuerdos que desaprobaron semejante determinacion, temiendo el influjo de vanas y perniciosas supersticiones. Era el de los últimos arreglado modo de sentir para tiempos tranquilos, pero no tanto para los agitados y extraordinarios. De todas las obligaciones, la primera consiste en conservar ilesos los hogares patrios, y léjos de entibiar para ello el fervor de los pueblos, conviene alimentarle y darle pábulo hasta con añejas costumbres y preocupaciones; por lo cual el atento político y el verdadero hombre religioso, enemigos de indiscretas y reprensibles prácticas, disculparán, no obstante, y áun aplaudirán, en el apretado caso de Gerona, lo que á muchos pareció ridícula y singular resolucion, hija de grosera ignorancia.
Movimientos franceses: combate de la érmita de los Ángeles (31 de mayo de 1809)
Los franceses, preparándose de antemano para el sitio, se presentaron á la vista de la plaza el 6 de Mayo, en las alturas de Costa-Roja. Mandaba entónces aquellas tropas el general Reille, hasta que el 13 le reemplazó Verdier, quien continuó á la cabeza durante todo el sitio. Con este general, y sucesivamente, llegaron otros refuerzos, y el 31 arrojaron los enemigos á los nuestros de la ermita de los Ángeles, que fue bien defendida. Hubo várias escaramuzas, pero lo corto de la guarnicion no permitió retardar, cual conviniera, las primeras operaciones del sitiador. Solamente los paisanos de las inmediaciones de Montagut, tiroteándose con él á menudo, le molestaron bastantemente.
Al comenzar Junio fué la plaza del todo circunvalada. Colocóse la division westfaliana de los franceses, al mando del general Morio, desde la márgen izquierda del Ter, por San Medir, Montagut y Costa-Roja; la brigada de Juvhan en Pont-Mayor, y los regimientos de Berg y Wurszburgo en las alturas de San Miguel y Villa-Roja, hasta los Ángeles; cubrieron el terreno del Oña al Ter, por Montelibi, Palau y el llano de Salt, tropas enviadas de Vich por Saint-Cyr, ascendiendo el conjunto de todas á 18.000 hombres. Hubiera preferido el último general bloquear estrechamente la plaza á sitiarla; mas, sabiéndose en el campo frances que no gozaba del favor de su gobierno, y que iba á sucederle en el mando el mariscal Augereau, no se atendieron debidamente sus razones, llevando Verdier adelante su intento de embestir á Gerona.
Comienza el sitio de Gerona (8 de junio de 1809): operaciones en torno a Monjuich
Reunido el 8 de Junio el tren de sitio correspondiente, resolvieron los enemigos emprender dos ataques, uno flojo, contra la plaza, otro vigoroso, contra el castillo de Monjuich y sus destacadas torres ó reductos. Mandaban á los ingenieros y artillería francesa los generales Sanson y Taviel.
Antes de romper el fuego, se presentó el 12 un parlamentario para intimar la rendicion; mas el fiero gobernador Álvarez respondió que no queriendo tener trato ni comunicacion con los enemigos de su patria, recibiria en adelante á metrallazos á sus emisarios. Hízolo así, en efecto, siempre que el frances quiso entrar en habla. Criticáronle algunos de los que piensan que en tales lances han de llevarse las cosas reposadamente, mas loóle muy mucho el pueblo de Gerona, empeñando infinito en la defensa tan rara resolucion, cumplida con admirable tenacidad.
Los enemigos habian desde el 8 empezado á formar una paralela en la altura de Tramon, á 600 toesas de las torres de San Luis y San Narciso, dos de las mencionadas de Monjuich, sacando al extremo de dicha paralela un ramal de trinchera, delante de la cual plantaron una batería de ocho cañones de á veinte y cuatro y dos obuses de á nueve pulgadas. Colocaron tambien otra batería de morteros detras de la altura Denroca, á 360 toesas del baluarte de San Pedro, situado á la derecha del Oña, en la puerta de Francia. Los cercados, á pesar del incesante fuego que desde sus muros hacian, no pudieron impedir la continuacion de estos trabajos.
Progresando en ellos, y recibida que fué por los franceses la repulsa del gobernador Álvarez, empezó el bombardeo en la noche del 13 al 14, y todo resonó con el estruendo del cañon y del mortero. Los soldados españoles corrieron á sus puestos, otro tanto hicieron los vecinos, acompañándolos á todas partes las doncellas y matronas alistadas en la compañía de Santa Bárbara. Sin dar descanso prosiguieron en su porfía los enemigos hasta el 25, y no por eso se desalentaron los nuestros, ni áun aquellos que entónces se estrenaban en las armas. El 14 incendióse y quedó reducido á cenizas el hospital general; gran menoscabo, por los efectos allí perdidos, difíciles de reponer. La junta corregimental, que en todas ocasiones se portó dignamente, reparó algun tanto el daño, coadyuvando á ello la diligencia del intendente D. Cárlos Beramendi y el buen celo del cirujano mayor D. Juan Andres Nieto, que en un memorial histórico nos ha transmitido los sucesos más notables de este sitio.
Ataque a los reductos de San Luis, San Narciso y San Daniel (14-21 de junio de 1809)
Al rayar del 14 tambien acometieron los enemigos las torres de San Luis y San Narciso, apagaron sus fuegos, descortinaron su muralla, y abriendo brecha, obligaron á los españoles á abandonar el 19 ambas torres. Lo mismo aconteció el 21 con la de San Daniel, que evacuaron nuestros soldados. Este pequeño triunfo envalentonó á los sitiadores, causándoles despues grave mal su sobrada confianza.
Combates en el arrabal del Pedret
En la noche del 14 al 15 desalojaron los mismos á una guerrilla española del arrabal del Pedret, situado fuera de la puerta de Francia, y levantando un espaldon, trataron de establecerse en aquel punto. Temeroso el Gobernador de que erigiesen allí una batería de brecha, dispuso una salida, combinada con fuerza de Monjuich y de la plaza. Destruyeron los nuestros el espaldon y arrojaron al enemigo del arrabal.
Llega el mariscal Saint Cyr
En tanto el general frances Saint-Cyr, habiendo enviado á Barcelona sus enfermos y heridos, aproximóse á Gerona. En su marcha cogió ganado vacuno que del Llobregat iba para el abasto de la ciudad sitiada. Sentó el 20 de Junio su cuartel general en Caldas, y extendiendo sus fuerzas hácia la marina, se apoderó el 21, aunque á costa de sangre, de San Feliu de Guijols. Con su llegada aumentóse el ejército frances á unos 30.000 hombres.
Los somatenes actúan en los alrededores
Los somatenes y varios destacamentos molestaban á los franceses en los alrededores, y ántes de acabarse Junio cogieron un convoy considerable y 120 caballos de la artillería, que venian para el general Verdier. Corrió así aquel mes, sin que los franceses hubiesen alcanzado en el sitio de Gerona otra ventaja más que la de hacerse dueños de las torres indicadas.
Intentos franceses de capturar Monjuich (3-8 de julio de 1809)
Pusieron ahora sus miras en Monjuich. Guarnecíanle 900 hombres, á las órdenes de D. Guillermo Nash, estando todos decididos á defender el castillo hasta el último trance. Al alborear del 3 de Julio empezaron los enemigos á atacarlo, valiéndose de várias baterías, y en especial de una, llamada imperial, que plantaron á la izquierda de la torre de San Luis, compuesta de 20 piezas de grueso calibre y dos obuses. En todo el dia aportillóse ya la cara derecha del baluarte del Norte, y los defensores se prepararon á resistir cualquiera acometida, practicando detras de la brecha oportunas obras. El fuego del enemigo habia derribado del ángulo flanqueado de aquel baluarte la bandera española, que allí tremolaba. Al verla caída se arrojó al foso el subteniente D. Mariano Montoro,
recobróla, y subiendo por la misma brecha, la hincó y enarboló de nuevo; accion atrevida y digna de elogio.
No tardaron los enemigos en intentar el asalto del castillo. Emprendiéronle furiosamente á las diez y media de la noche del 4 de Julio; vanos fueron sus esfuerzos, inutilizándolos los nuestros con su serenidad y valentía. Suspendieron por entónces los contrarios sus acometimientos; mas en la mañana del 8 renovaron el asalto en columna cerrada y mandados por el coronel Muff. Tres veces se vieron repelidos, haciendo en ellos grande estrago la artillería, cargada con balas de fusil, particularmente un obus, dirigido por D. Juan Candy. Insistió el enemigo Muff en llevar sus tropas por cuarta vez al asalto, hasta que, herido él mismo, desmayaron los suyos y se retiraron. Perdieron en esta ocasion los sitiadores unos 2.000 hombres, entre ellos 11 oficiales muertos y 66 heridos. Mandaba
en la brecha á los españoles D. Miguel Pierson, que pereció defendiéndola, y distinguióse al frente de la reserva don Blas de Fournás. Durante el asalto tuvieron constantemente los franceses en el aire, contra el punto atacado, siete bombas y muchos otros fuegos parabólicos. Grandes y esclarecidos hechos allí se vieron. Fué de notar el del mozo Luciano Ancio, tambor apostado para señalar con la caja los tiros de bomba y granada. Llevóle un casco parte del muslo y de la rodilla, y al quererle trasportar al hospital, opúsose, diciendo: «No, no; aunque herido en la pierna, tengo los brazos sanos para con el toque de caja librar de las bombas á mis amigos.»
Enturbió algun tanto la satisfaccion de aquel dia el haberse volado la torre de San Juan, obra avanzada entre Monjuich y la plaza. Casi todos los españoles que la guarnecian perecieron, salvando á unos pocos D. Cárlos Beramendi, que, sin reparar en el horroroso fuego del enemigo, acudió á aquel punto, mostrándose entónces, como en tantos otros casos de este sitio, celoso intendente, incansable patriota y valeroso soldado.
Asalto a Palamós
Esto ocurria en Gerona, cuando el general Saint-Cyr, atento á alejar de la plaza todo género de socorros, despues de haber ocupado á San Feliude Guijols, creyó tambien oportuno apoderarse de Palamós, enviando para ello el 5 de Julio al general Fontane. Este puerto, casi aislado, hubiera podido resistir largo tiempo si le hubieran defendido tropas aguerridas y buenas fortificaciones. Pero éstas, de suyo malas, se hallaban descuidadas, y solamente las coronaban algunos somatenes y miqueletes, que, sin embargo, se negaron á rendirse y disputaron el terreno á palmos. Cañoneras fondeadas en el puerto hiceron al principio bastante fuego; mas el de los enemigos las obligó á retirarse. Entraron los franceses la villa y casi todos los defensores perecieron, no siéndoles dado
acogerse, segun lo intentaron, á las cañoneras y otros barcos, que tomaron viento y se alejaron.
Llega el mariscal Augereau a Perpiñán. Destrucción de destacamento francés en San Lorenzo de Muga
Por el mismo tiempo llegó á Perpiñan el mariscal Augereau. Confiado en que los catalanes escucharian su voz, dirigióles una proclama en mal español, que mandó publicar en los pueblos del Principado. Mas apénas habian fijado tres de aquellos carteles, cuando el coronel D. Antonio Porta destruyó en San Lorenzo de la Muga el destacamento encargado de tal comision, volviendo á Perpiñan pocos de los que le componian.
Un ataque de gota en la mano, y el ver que no era empresa la de Cataluña tan fácil como se figuraba, detuvieron algun tiempo al mariscal Augereau en la frontera, por lo que continuó todavía mandando el séptimo cuerpo el general Saint-Cyr.
Los españoles molestan a los franceses en los alrededores de Gerona
No desayudaban tampoco á los heroicos esfuerzos de Gerona las escaramuzas con que divertían á los franceses los somatenes, miqueletes y alguna tropa de línea. Don Antonio Porta los molestaba desde la raya de Francia hasta Figueras; de aquí á Gerona entreteníalos el Dr. D. Francisco Robira, infatigable y audaz partidario. El general Wimpffen, don Pedro Cuadrado y los caudillos Milans, Iranzo y Clarós corrían la tierra que media desde Hostalrich por Santa Colonia hasta la plaza de Gerona. Por tanto, para despejar la línea de comunicacion con Francia, tuvo Saint-Cyr que enviar el 12 de Julio una brigada del general Souham á Bañolas, al mismo tiempo que el general Guillot desde Figueras se adelantaba á San Lorenzo de la Muga.
Socorros a Gerona interceptados: combate de Castellar (10 de julio de 1809)
Muy luégo de comenzar el sitio habian los de Gerona pedido socorro, y en respuesta á su demanda, trataron las autoridades de Cataluña de enviar un convoy y alguna fuerza á las órdenes de D. Rodulfo Marshall, irlandes de nacion y hombre de bríos, que habia venido á España á tomar parte en su sagrada lucha. Pasaron los nuestros delante del general Pino en Llagostera sin ser descubiertos; mas avisado el enemigo por un soldado zaguero, tomó el general Saint-Cyr sus medidas, y el 10 interceptó en Castellar el socorro, entrando solo en la plaza el coronel Marshall con unos cuantos que lograron salvarse.
Siguen los ataques de Monjuich hasta su evacuación (12 de agosto de 1809)
Los sitiadores, despues del malogrado asalto de Monjuich, prolongaron sus trabajos, y abrazando los dos frentes del Nordeste y Noroeste, se adelantaron hasta la cresta del glácis. Nuevas y multiplicadas baterías levantaron, sin que los detuviesen nuestros fuegos ni el valor de los sitiados. Perecieron el 31 muchos de ellos en la torre de San Luis, que voló una bomba arrojada de la plaza, y en una salida que voluntariamente hicieron del castillo en el mismo dia varios soldados.
Entrado Agosto, continuaron los franceses con el mismo ahinco en acometer á Monjuich, y en la noche del 3 al 4 quisieron apoderarse del rebellin del frente de ataque. Frustróse por entónces su intento; pero aldia siguiente se hicieron dueños de aquella obra, alojándose en la cresta de la brecha: 800 hombres defendian el rebellin, 50 perecieron, y con ellos su bizarro jefe D. Francisco de Paula Grifols. Ni áun así se enseñorearon los franceses de Monjuich. Los defensores, ántes de abandonarlo, hicieron una salida el 10 en daño de sus contrarios.
Sin embargo, previendo el gobernador del castillo, D. Guillermo Nash, que no le seria ya dado sostenerse por más tiempo, habia consultado en aquellos dias á su jefe, D. Mariano Álvarez, quien, opuesto á todo género de capitulacion ó retirada, tardó en contestarle. Nash entónces juntó un consejo de guerra, y con su acuerdo evacuó á Monjuich el 12 de Agosto á las seis de la tarde, destruyendo antes la artillería y las municiones. Ocuparon los franceses aquellos escombros, siendo maravillosa y dechado de defensas la de este castillo, pues los sitiadores sólo penetraron en su recinto al cabo de dos meses de expugnacion, y despues de haber levantado 19 baterías, abierto várias brechas y perdido más de 3.000 hombres. De los 900 que componian la guarnicion española, murieron 18 oficiales y 511 soldados, sin quedar apénas quien no estuviese herido.
Poco ántes de la evacuacion, y ya ésta resuelta, recibió D. Guillermo Nash pliegos del gobernador Álvarez, en los que, léjos de aprobar la retirada de Monjuich, estimulaba á la defensa con premios y ofrecimientos. No por eso se cambió de parecer, juzgando imposible prolongar la resistencia. Los jefes, al entrar en la plaza, pidieron que se les formase consejo de guerra si no habian cumplido con su obligacion; pero Álvarez, justo no ménos que tenaz y valeroso, aprobó su conducta.
Sitio de Gérona tras la caída de Monjuich
Miraba el enemigo como tan importante la rendicion de Monjuich, que al dar Verdier cuenta de ello á su gobierno, afirmaba que la ciudad se entregaria dentro de ocho ó diez dias. Grande fué su engaño. Cierto era que la plaza, con la pérdida del castillo, quedaba por aquella parte muy comprometida, cubriéndola sólo un flaco y antiguo muro, y ningunos otros fuegos sino los de la torre de la Gironella y los de dos baterías situadas encima de la puerta de San Cristóbal y muralla de Sarracinas. Tambien los franceses se habian posesionado el 2 del convento de San Daniel, en la cañada del Gálligans, é impedido la entrada de los cortos socorros que todavía de cuando en cuando penetraban en la plaza por aquel lado.
Nuevas baterías francesas contra Gerona (19 de agosto de 1809)
Hasta entónces, persuadidos los sitiadores de que con la ocupacion de Monjuich abriria la ciudad sus puertas, no habian contra ella apretado el sitio. Sólo por medio de una batería de cuatro cañones y dos obuses, plantada en la ladera del Puig Denroca, molestaban á los vecinos y hacian desde su elevada posicion daño en los baluartes de San Pedro, Figuerola y en San Narciso. Construyeron ahora tres baterías: una en Monjuich, de cuatro cañones de á veinte y cuatro; otra encima del arrabal de San Pedro, y la tercera en el monte Denroca. Rompieron todas ellas sus fuegos el dia 19, atacando principalmente la muralla de San Cristóbal y la puerta de Francia. Los sitiados, para remediar el estrago y ofrecer nuevos obstáculos, imaginaron muchas y oportunas obras; cerraron las calles que desembocan en la plaza de San Pedro, y abrieron una gran cortadura, defendida detras por un parapeto. Los franceses, que, escarmentados con el ejemplar de Zaragoza, huian de empeñar la lucha en las calles, no insistieron con ahinco en su ataque de la puerta de Francia, y revolvieron contra la de San Cristóbal y muralla de Santa Lucía, paraje, en verdad, el más flaco y elevado de la plaza. Adelantaron para ello sus trabajos, y construidas nuevas baterías de brecha y morteros, vomitaron éstas muerte y destrozos los últimos dias de Agosto, con especialidad en los dos puntos últimamente indicados y en los cuarteles nuevo y viejo de Alemanes.
Intento de penetración francesa en torre Gironella (25 de agosto de 1809)
Quisieron el 25 alojarse los enemigos en las casas de la Gironella; pero una partida española que salió del fuerte del Condestable impidió su intento, matando á unos y cogiendo á otros prisioneros. Pocos esfuerzos de esta clase le era lícito hacer á la guarnicion, escasa de suyo y menguada con las pérdidas de Monjuich y las diarias de la plaza. La corta poblacion de Gerona tampoco daba ensanche, como en Zaragoza, para repetir las salidas. Ni áun apénas hubiera quedado gente que cubriese los puestos, si de cuando en cuando, y subrepticiamente, no se hubiesen introducido en el recinto algunos hombres, llevados de verdadera y desinteresada gloria, de los cuales en aquellos dias hubo 100 que vinieron de Olot. No obstante, el gobernador D. Mariano Álvarez, activo al propio tiempo que cuerdo, no desaprovechaba ocasion de molestar al enemigo y retardar sus trabajos, y á un oficial que, encargado de una pequeña salida, le preguntaba que adónde, en caso de retirarse, se acogería, respondióle severamente: Al cementerio.
Mas luégo que vió atacado el recinto de la plaza, puso su conato en reforzar el punto principalmente amenazado; para lo cual, construyendo en parajes proporcionados várias baterias, hasta colocó una de dos cañones encima de la bóveda de la catedral. Aunque los enemigos desencabalgaron pronto muchas piezas, ofendíales en gran manera la fusileríade las murallas, y sobre todo las granadas, bombas y polladas que de lugares ocultos se lanzaban á las trincheras y baterías vecinas. Los apuros, sin embargo, crecian dentro de la ciudad, y se disminuia más y más el número de defensores, siendo ya tiempo de que fuese socorrida.
El general Blake se dispone a socorrer a Gerona: el convoy del 1 de septiembre de 1809
El general D. Joaquin Blake, quien, despues de su desgraciada campaña de Aragon, regresó, segun dijimos, á Cataluña, puesta tambien bajo su mando, salió en Julio de Tarragona con sólo sus ayudantes y recorrió la tierra hasta Olot. En su viaje, si bien detenido por una indisposicion, no permaneció largo tiempo, retrocediendo á Tortosa antes de concluirse el mes; de allí, tomadas ciertas disposiciones, pensó con eficacia en auxiliar á Gerona. Aguijábanle á ello las vivas reclamaciones de aquella plaza, y las que de palabra hizo D. Enrique O’Donnell, enviado por Álvarez al intento.
Blake, resuelto á la empresa, atendió antes de su partida á distraer al enemigo en las otras provincias que abrazaba su distrito, por cuyo motivo envió una division á Aragon, dejó otra en los lindes de Valencia, y él,con la de Lazan, se trasladó en persona á Vich, en donde, no terminado todavía Agosto, estableció su cuartel general.
A su llegada agregó á su gente las partidas y somatenes que hormigueaban por la tierra, y pasó á Sant Hilari y ermita del Padró. Desde este punto quiso llamar la atencion del enemigo á varios otros para ocultar el verdadero por donde pensaba introducir el socorro. Así fué que el 30 de Agosto en la tarde envió á D. Enrique O’Donnell, con 1.200 hombres, la vuelta de Bruñolas, habiendo antes dirigido por el lado opuesto á don Manuel Llauder sobre la ermita de los Angeles. Don Francisco Robira y D. Juan Clarós debian tambien divertir al enemigo por la orilla izquierda del Ter.
El general Saint-Cyr, cuyos reales, desde el 10 de Agosto, se habian trasladado á Fornell, estando sobre aviso de los intentos de Blake, tomó, para estorbarlos, várias medidas de acuerdo con el general Verdier, y reunió sus tropas, desparramadas por la dificultad de subsistencias. Mas, á pesar de todo, consiguieron los españoles su objeto. Llauder se apoderó de los Angeles, y O’Donnell, atacando vivamente la posicion de Bruñolas, trajo hácia sí la mayor parte de la fuerza de los enemigos, que creyeron ser aquél el punto que se queria forzar.
Amaneció el 1.º de Setiembre, cubierta la tierra de espesa niebla, y Saint-Cyr, á quien Verdier se habia ya unido, aguardó hasta las tres de la tarde á que los españoles le atacasen. Hizo, para provocarlos, varios movimientos del lado de Bruñolas; pero viendo que al menor amago daban aquéllos trazas de retirarse, tornó á Fornells, en donde, con admiracion suya, encontró en desórden la division de Lecchi, que, regida ahora por Millossevitz, habia quedado apostada en Salt. Justamente por allí fué por donde el convoy se dirigió á la plaza, siguiendo la derecha del Ter. Componíase de 2.000 acémilas, que custodiaban 4.000 infantes y 2.000 caballos, á las órdenes del general D. Jaime García Conde. Cayó éste de repente sobre los franceses de Salt, arrollólos completamente, y miéntras que en derrota iban la vuelta de Fornells, entró en Gerona el convoy tranquila y felizmente. Álvarez dispuso una salida, que bajo D. Blas de Fournás fuese al encuentro de Conde, divirtiendo asimismo la atencion del enemigo del lado de Monjuich. A la propia sazon Clarós penetró hasta San Medir, y Robira tomó á Montagut, de donde arrojó á los westfalianos, que solos habian quedado para guardar la línea, matando un miquelete al general Hadeln con su propia espada. Clavaron los nuestros tres cañones, y persiguieron á sus contrarios hasta Sarriá. En grande aprieto estaban los últimos, cuando, repasando el Ter el general Verdier, volvió á su orilla izquierda, y contuvo á los intrépidos Clarós y Robira. Por su parte el general Conde, despues de dejar en la plaza el convoy y 3.287 hombres, tornó, con el resto de su gente, á Hostalrich, y á Olot D. Joaquin Blake, que habia permanecido en observacion de los diversos movimientos de su ejército. Fueron éstos dichosos en sus resultas, y bastante bien dirigidos, quedando completamente burlado el general Saint-Cyr, no obstante su pericia.
Dió aliento tan buen suceso á la corta guarnicion de Gerona, que se vió así reforzada; mas por este mismo aumento no se consiguió disminuir la escasez con los víveres introducidos. Los franceses ocuparon de nuevo los puntos abandonados, y el 6 de Setiembre recobraron la ermita de los Angeles, pasando á cuchillo á sus defensores, excepto á tres oficiales y al comandante Llauder, que saltó
por una ventana. No intentaron contra la plaza, en aquellos dias, cosa de gravedad, contentándose con multiplicar las obras de defensa. No desaprovecharon los sitiados aquel respiro, y atareándose afanadamente, aumentaron los fuegos de flanco y parabólicos, y ejecutaron otros trabajos no ménos importantes.
Pasado el 11 de Setiembre, renovaron los enemigos el fuego con mayor furor, y ensancharon tres brechas ya abiertas en Santa Lucía, Alemanes y San Cristóbal, maltratando tambien el fuerte del Calvario, cuyo fuego sobremanera los molestaba.
Dispuso el 15 D. Mariano Álvarez una salida con intento de retardar los trabajos del sitiador, y áun de destruir algunos de ellos. Dirigíala D Blas de Fournás, y aunque al principio todo lo atropellaron los nuestros, no siendo despues convenientemente apoyadas las dos primeras columnas por otra que iba de respeto, tuvieron que abrigarse todas de la plaza sin haber recogido el fruto deseado.
El asalto del 19 de septiembre
Aportilladas de cada vez más las brechas, y apagados los fuegos del frente atacado, trataron los enemigos de dar el asalto. Pero ántes enviaron parlamentarios, que, segun la invariable resolucion de Álvarez, fueron recibidos á cañonazos. Irritados de nuevo con tal acogida, corrieron al asalto á las cuatro de la tarde del 19 de Setiembre, distribuidos en cuatro columnas de á 2.000 hombres. Entónces brillaron las buenas y prévias disposiciones que habia tomado el gobernador español: allí mostró éste su levantado ánimo. Al toque de la generala, al tañido triste de la campana, que llamaba á somaten, soldados y paisanos, clérigos y frailes, mujeres y hasta niños, acudieron á los puestos de antemano y á cada uno señalados. En mediodel estruendo de 200 bocas de cañon, y de la densa nube que la pólvora levantaba, ofrecia noble y grandioso espectáculo la marcha majestuosa y ordenada de tantas personas de diversa clase, profesion y sexo. Silenciosos todos, se vislumbraba, sin embargó, en sus semblantes la confianza que los alentaba. Álvarez á su cabeza, grave y denodado, representábase á la imaginacion, en tan horrible trance, á la manera de los héroes de Homero, superior y descollando entre la muchedumbre, y cierto que si no se aventajaba á los demas en estatura, como aquéllos, sobrepujaba á todos en resolucion y gran pecho. Con no menor órden que la marcha, se habian preparado los refuerzos, la distribucion de municiones, la asistencia y conduccion de heridos.
Presentóse la primera columna enemiga delante de la brecha de Santa Lucía, que mandaba el irlandés D. Rodulfo Marshall. Dos veces tomaron en ella pié los acometedores, y dos veces rechazados, quedaron muchos de ellos allí tendidos. Tuvieron los españoles el dolor de que fuese herido gravemente, y de que muriese á poco, el comandante de la brecha, Marshall, quien, antes de espirar, prorumpió diciendo «que moria contento por tal causa y por nacion tan brava.»
Otras dos columnas enemigas emprendieron arrojadamente la entrada por las brechas, más anchurosas, de Alemanes y San Cristóbal, en donde mandaba D. Blas de Fournás. Por algun tiempo alojáronse en la primera, hasta que al arma blanca los repelieron los regimientos de Ultonia y Borbon, apartándose de ambas, destrozados por el fuego que de todos lados llovia sobre ellos. No ménos padeció otra columna enemiga,que largo rato se mantuvo quieta al pié de la torre de la Gironella. Herido aquí el capitan de artillería D. Salustiano Gerona, tomó el mando provisional D. Cárlos Beramendi, y haciendo las veces de jefe y de subalterno, causó estrago en las filas enemigas.
Amenazaron tambien éstas, durante el asalto, los fuertes del Condestable y del Calvario, igualmente sin fruto. Tres horas duró funcion tan empeñada. Todas las brechas quedaron llenas de cadáveres y despojos enemigos; el furor de los sitiados era tal, que dejando á veces el fusil, sus membrudos y esforzados brazos cogian las piedras sueltas de la brecha, y las arrojaban sobre las cabezas de los
acometedores. Don Mariano Álvarez animaba á todos con su ejemplo y áun con sus palabras, precavia los accidentes, reforzaba los puntos más flacos, y arrebatado de su celo, no escuchaba la voz de sus soldados, que encarecidamente le rogaban no acudiese, como lo hacia, á los parajes más expuestos. Perdieron los enemigos varios oficiales de graduacion y cerca de 2.000 hombres; entre los primeros contaron al coronel Floresti, que en 1808 subió á posesionarse del Monjuich de Barcelona, en donde entónces mandaba D. Mariano Álvarez. De los españoles cayeron aquel dia de 300 á 400, en su número muchos oficiales, que se distinguieron sobremanera, y algunas de aquellas mujeres intrépidas que tanto honraron á Gerona.
Escarmentados los franceses con leccion tan rigorosa, desistieron de repetir los asaltos, á pesar de las muchas y espaciosas brechas, convirtiendo el sitio en bloqueo, y contando por auxiliares, como dice Saint- Cyr, el tiempo, las calenturas y el hambre.
Convoy del 26 de septiembre de 1809
Don Joaquin Blake, á quien algunos motejaban de no divertir la atencion del enemigo del lado de Francia, intentó de nuevo avituallar la plaza. Para ello, preparado un convoy en Hostalrich, apareció el 26 de Setiembre, con 12.000 hombres, en las alturas de la Bisbal, á dos leguas de Gerona. Gobernada la vanguardia por D. Enrique O’Donnell, desalojó á los franceses de los puntos que ocupaban desde Villa-Roja hasta San Miguel. Salieron al propio tiempo de la plaza y del Condestable 400 hombres, guiados por el coronel de Baza D. Miguel de Haro, que tambien ha trazado con imparcialidad la historia de este sitio. Seguia á O’Donnell Winipffen con el convoy, el cual constaba de unas 2.000 acémilas y ganado lanar. Quedó el grueso del ejército, teniendo al frente á Blake, en las mencionadas alturas de la Bisbal.
Enterado Saint-Cyr de la marcha del convoy, trató de impedir su endose entre O’Donnell y Wimpffen, y todo lo apresó, excepto unas 170 cargas, que se salvaron y metieron en Gerona. Achacóse la culpa á la sobrada intrepidez de O’Donnell, que se alejó más de lo conveniente de Wimpffen, y tambien á la tímida prudencia de Blake, que no acudió debidamente en auxilio del último. Así no llegaron á Gerona víveres tan necesarios y deseados, y perdió malamente el ejército de Cataluña unos 2.000 hombres. O’Donnell y Haro se abrigaron de los fuertes del Condestable y Capuchinos. Trataron los franceses cruelmente á los arrieros del convoy, ahorcando á unos y fusilando á otros en el Palau, á vista de la ciudad.
Corta compensacion de tamaña desdicha fueron algunas ventajas conseguidas en el Llobregat y Besós por los miqueletes y tropas de línea. Tampoco pudo servir de consuelo el haber dispersado los ingleses y cogido en parte un convoy que escoltaban navíos de guerra franceses, y que llevaba víveres y auxilios á Barcelona; ventura que no habian tenido poco ántes con el que mandaba el almirante frances Cosmao, que entró y salió de aquel puerto sin que nadie se lo estorbase.
Augereau sustituye a Saint Cyr (5 de otubre de 1809): la escasez
Realmente en nada remediaba esto á Gerona, cuyas enfermedades y penuria crecian con rapidez. Se esmeraban en vano para disminuir el mal la Junta y el Gobernador. No se habian acopiado víveres sino para cuatro meses, y ya iban corridos cinco. Imperceptibles fueron, conforme manifestamos, los socorros introducidos en 1.º de Setiembre, aumentándose las cargas con el refuerzo de tropas.
Por lo mismo, y segun lo requeria la escasez de la plaza, D. Enrique O’Donnell, que desde la malograda expedicion del convoy de 26 de Setiembre permanecia al pié del fuerte del Condestable, tuvo que alejarse, y atravesando la ciudad en la noche del 12 de Octubre, cruzó el llano de Salt y Santa Eugenia, uniéndose al ejército por medio de una marcha atrevida.
En aquel día llegó, igualmente, al campo enemigo el mariscal Augereau, habiendo partido el 5 el general Saint-Cyr. Con el nuevo jefe frances, y posteriormente, acudieron á su ejército socorros y refuerzos, estrechándose en extremo el bloqueo. Levantaron para ello los sitiadores várias baterías, formaron reductos, y llegó á tanto su cuidado, que de noche ponian perros en las sendas y caminos, y ataban de un espacio ó otro cuerdas con cencerros y campanillas; por cuya artimaña cogidos algunos paisanos, atemorizáronse los pocos que todavía osaban pasar con víveres á la ciudad.
La escasez, por tanto, tocaba al último punto. Los más de los habitantes habian ya consumido las provisiones que cada uno en particular habia acopiado, y de ellos y de los forasteros refugiados en la plaza veíanse caer muchos en las calles, muertos de hambre. Apénas quedaba otra cosa en los almacenes para la guarnicion que trigo, y como no habia molinos, suplíase la falta machacando el grano en almireces ó cascos de bomba, y á veces entre dos piedras, y así y mal cocido se daba al soldado.
Nacieron de aquí, y se propagaron, todo género de dolencias, estando henchidos los hospitales de enfermos, y sin espacio ya para contenerlos. Sólo de la guarnicion perecieron en este mes de Octubre 793 individuos, comenzando tambien á faltar hasta los medicamentos más comunes.
Por lo mismo, y segun lo requeria la escasez de la plaza, D. Enrique O’Donnell, que desde la malograda expedicion del convoy de 26 de Setiembre permanecia al pié del fuerte del Condestable, tuvo que alejarse, y atravesando la ciudad en la noche del 12 de Octubre, cruzó el llano de Salt y Santa Eugenia, uniéndose al ejército por medio de una marcha atrevida.
En aquel día llegó, igualmente, al campo enemigo el mariscal Augereau, habiendo partido el 5 el general Saint-Cyr. Con el nuevo jefe frances, y posteriormente, acudieron á su ejército socorros y refuerzos, estrechándose en extremo el bloqueo. Levantaron para ello los sitiadores várias baterías, formaron reductos, y llegó á tanto su cuidado, que de noche ponian perros en las sendas y caminos, y ataban de un espacio ó otro cuerdas con cencerros y campanillas; por cuya artimaña cogidos algunos paisanos, atemorizáronse los pocos que todavía osaban pasar con víveres á la ciudad.
La escasez, por tanto, tocaba al último punto. Los más de los habitantes habian ya consumido las provisiones que cada uno en particular habia acopiado, y de ellos y de los forasteros refugiados en la plaza veíanse caer muchos en las calles, muertos de hambre. Apénas quedaba otra cosa en los almacenes para la guarnicion que trigo, y como no habia molinos, suplíase la falta machacando el grano en almireces ó cascos de bomba, y á veces entre dos piedras, y así y mal cocido se daba al soldado.
Nacieron de aquí, y se propagaron, todo género de dolencias, estando henchidos los hospitales de enfermos, y sin espacio ya para contenerlos. Sólo de la guarnicion perecieron en este mes de Octubre 793 individuos, comenzando tambien á faltar hasta los medicamentos más comunes.
La batalla de Gévora fue un enfrentamiento armado menor perteneciente a la Guerra de la Independencia Española, que enfrentó al ejército hispano-portugués y a las tropas francesas. Tuvo lugar el 19 de febrero de 1811 en la localidad de Gévora, cerca de Badajoz, España. El ejército francés, inferior en número al hispano-portugués, ganó la batalla y estuvo a punto de destruir el ejército español de Extremadura.
En un intento de ayudar al ejército del mariscal francés André Masséna a abandonar su posición en Portugal -atascado frente a las Líneas de Torres Vedras, situadas frente a Lisboa, tras su invasión en 1810- el mariscal Jean de Dieu Soult condujo una parte del Ejército del Sur (Armée du Midi) desde Andalucía a la región vecina deExtremadura, poniendo sitio a la ciudad amurallada de Badajoz. El Vizconde de Wellington y el capitán generalPedro Caro y Sureda enviaron un gran ejército español para romper el cerco. Sin embargo, Caro y Sureda murió antes de la partida de dicho ejército, el 23 de enero de 1811, víctima de un violento ataque de disnea; el mando pasó al general Gabriel de Mendizábal. Con el apoyo de una pequeña fuerza de caballería portuguesa, los españoles llegaron a la ciudad y acamparon en los cercanos altos de San Cristóbal a principios de febrero de 1811.
Mendizábal hizo caso omiso de las instrucciones de Wellington y no atrincheró a su ejército. Soult aprovechó la posición vulnerable del ejército español y envió una pequeña fuerza para atacarlo. La mañana del 19 de febrero, las fuerzas francesas al mando del mariscal Édouard Adolphe Casimir Joseph Mortier derrotaron rápidamente al ejército español, causando 1000 bajas y tomando 4000 prisioneros, mientras que las bajas del ejército francés fueron de tan sólo 400 hombres. La victoria permitió a Soult concentrarse en su asalto a Badajoz, que cayó en manos de los franceses el 11 de marzo y permaneció en manos francesas hasta el año siguiente.
Antecedentes
A pesar de su victoria parcial sobre el mariscal André Masséna en Portugal en la batalla de Buçaco en septiembre de 1810, Arthur Wellesley, Vizconde de Wellington, se vio obligado por las maniobras de Masséna a retirarse tras las amplias Líneas de Torres Vedras, una serie de fuertes que defendían la capital portuguesa, Lisboa. El10 de octubre de 1810, tan sólo quedaban fuera de las líneas defensivas la división ligera del ejército británico y unas patrullas de caballería, mientras que el Ejército de Portugal a las órdenes de Masséna se concentraba alrededor de Sobral de Monte Agraço, preparando aparentemente el ataque a las líneas enemigas.2 Tras una ferozescaramuza el 14 de octubre, los franceses se atrincheraron en lugar de llevar a cabo un asalto a gran escala, permaneciendo atrincherados durante un mes, antes de retirarse a una posición entre Santarém y Rio Maior.3
Previamente, Napoleón había enviado despachos al mariscal Soult, comandante del Ejército del Sur, instándole a enviar ayuda a Masséna en Portugal.4 Sin embargo, las órdenes del Emperador, que exigían sólo una pequeña fuerza, estaban basadas en informes desactualizados, y la situación había cambiado considerablemente en el momento en que Soult las recibió.5 En aquel momento habían 30.000 soldados aliados y seis importantes fortificaciones entre el ejército francés y la capital portuguesa, haciendo que un ataque sobre Lisboa fuese virtualmente imposible.4 Sin embargo, estando obligado a actuar, Soult reunió un ejército de 20.000 hombres, principalmente del V Cuerpo, y emprendió una expedición a Extremadura con el objetivo de tomar la fortaleza española de Badajoz, alejándose de ese modo de parte de las fuerzas aliadas cercanas a Masséna y de las Líneas de Torres Vedras.6
Soult dividió su ejército en dos contingentes y avanzó hacia Extremadura por los dos principales pasos desde Andalucía en el valle del Guadiana, con la intención de volver a unirlos en Almendralejo.7 Una de las columnas, mandada por el general Marie Victor Nicolas de Fay, marqués de Latour-Maubourg, encontró escasa resistencia durante su marcha: el 3 de enero de 1811, la columna se enfrentó a 2500 soldados españoles y portugueses de caballería cerca de Usagre, pero esa fuerza sólo era una pantalla, con la intención de cubrir la retirada al otro lado del Guadiana de una división de infantería española bajo el mando delgeneral Mendizábal. Latour-Maubourg fue capaz de tomar una posición cercana a Almendralejo, donde esperó la llegada de la segunda columna francesa.8
La segunda columna, comandada por Soult, y que incluía la división del V Cuerpo del general Gazan, escoltaba el tren de asedio y por lo tanto tuvo que tomar una ruta más larga pero más practicable hacia Extremadura.8 El mal tiempo y la deserción de los conductores españoles provocaron que el tren de artillería se separara de la escolta de infantería, un problema que se acentuó cuando la columna se vio amenazada por 5000 españoles a las órdenes del general Francisco Ballesteros. Cuando el mariscal Mortier hizo frente a Ballesteros, éste se retiró sin sufrir daños importantes pero manteniendo la amenaza sobre la retaguardia de la columna francesa. Debido a esto, Soult mandó a la infantería al mando de Gazan a cortar el paso a la tropa española y proteger el tren de asedio que se había retrasado, mientras él continuaba adelante hacia Almendralejo con su caballería.9 10 Como resultado, Soult se reunió finalmente con Latour-Maubourg el 6 de enero con sólo una fracción de su columna original y sin contar con artillería pesada.8
Preludio de la batalla
Soult no podía asediar una fortaleza como la de Badajoz con su reducida fuerza y, como consecuencia, decidió cambiar sus planes. Envió su caballería ligera bajo el mando del general de brigada André Louis Elisabeth Marie Briche a tomar Mérida, dejó cuatro escuadrones de dragones en La Albuera para vigilar la guarnición de Badajoz, y él se dirigió con el resto de sus hombres a sitiar Olivenza.11 Previamente, Wellington había aconsejado al general Pedro Caro y Sureda, marqués de La Romanay comandante del Ejército español de Extremadura, que o bien destruyera la fortificación de Olivenza, o reparara sus defensas y la guarneciera completamente. Caro y Sureda a su vez dio instrucciones a Mendizábal para que desarmara la fortaleza, pero este ignoró la orden y en su lugar reforzó la guarnición con cuatro batallones de infantería.11 12 Por consiguiente, cuando Soult llegó a Olivenza el 11 de enero, encontró una fortificación firmemente guarnecida pero insostenible. La artillería pesada francesa empezó a llegar el 19 de enero, y sobre el 22 de enero los franceses lograron reabrir una brecha en los muros que había sido mal reparada anteriormente. La guarnición se rindió el 23 de enero, siendo tomados como prisioneros más de 4000 españoles del Ejército de Extremadura.13
Soult se encontraba en una difícil posición: aunque contaba con un gran contingente -4000 hombres- de caballería, al desplegar dos batallones para escoltar los prisioneros tomados en Olivenza a Sevilla, que estaba en manos de los franceses, sólo le restaban 5500 soldados de infantería con los continuar su campaña. Además, aunque el tren de asedio había empezado a llegar, la ausencia continuada de la división de infantería de Gazan le dejaba con un ejército debilitado. A pesar de estos problemas, Soult decidió sitiar Badajoz con la esperanza de que Wellington enviara refuerzos a la fortaleza española y que por lo tanto se redujeran las fuerzas aliadas que hacían frente a Masséna en las Líneas de Torres Vedras.14 El 26 de enero, Soult marchó hacia Badajoz, enviando a Latour-Maubourg con seis batallones de caballería a través del Guadiana para bloquear el acceso a la fortaleza por el norte,15 y el 27 de enero dio comienzo el primer sitio a la ciudad. Finalmente, la división de Gazan se reunió con el ejército de Soult el 3 de febrero, aumentando la fuerza de los sitiadores en 6000 efectivos.16
Mientras tanto, Gabriel de Mendizábal se había retirado a la frontera portuguesa tras haber enviado dos batallones para reforzar la guarnición de Badajoz.17 Debilitado por la derrota en Olivenza y por la continua ausencia de Ballesteros, pidió refuerzos a Caro y Sureda, y el 14 de enero recibió 1800 hombres venidos de Abrantes, a las órdenes de Carlos de España. Adicionalmente, le fueron enviados alrededor de 6000 soldados desde las Líneas de Torres Vedras el 19 de enero, que llegaron a Elvas el29 del mismo mes. Cuando estas fuerzas se unieron a los 3000 hombres que seguían a las órdenes de Mendizábal, una división de caballería española y una brigada de caballería portuguesa, los aliados contaban con un ejército de casi 15.000 hombres, que deberían haber sido dirigidos por Caro y Sureda para enfrentarse a las tropas de Soult.18 12 Sin embargo, Caro y Sureda falleció a causa de un aneurisma el 23 de enero, y el mando del ejército aliado recayó sobre Mendizábal.19 20 1
Antes de su repentina muerte, Caro y Sureda se había reunido con Wellington y habían acordado un plan para la campaña: el ejército estaba atrincherado en los altos de San Cristóbal, con su flanco derecho protegido por el fuerte de San Cristóbal, el frente cubierto por los ríos Gévora y Guadiana, el flanco derecho protegido por la fortaleza de Campo Maior, y la retaguardia por Elvas.21 Aunque Mendizábal tenía conocimiento de ese plan cuando tomó el mando de las tropas aliadas, eligió ignorar las instrucciones al llegar a la orilla norte del Guadiana el 5 de febrero.22 En lugar de eso, dejó a la mayor parte de su infantería en Badajoz, quedando sólo un pequeño contingente de soldados de a pie y su caballería bajo San Cristóbal.23 24 El 7 de febrero, Mendizábal envió un contingente contra las líneas de sitiadores franceses: la caballería portuguesa, apoyada por un pequeño grupo de infantería, cayó sobre el ala izquierda del ejército francés mientras que una fuerza mayor de 5000 hombres atacaba la derecha. Los españoles a las órdenes de Carlos de España se dirigieron a través de las primeras líneas francesas para entablar contacto con las brigadas del general Jean-Baptiste Girard y sólo retrocedieron cuando Mortier envió varios batallones en ayuda de Girard. Carlos de España se retiró a Badajoz, habiendo perdido 650 hombres y causando 400 bajas en el ejército francés.25 26
El 9 de febrero, Mendizábal retiró la mayoría de sus hombres de Badajoz, dejando atrás una guarnición de 7000 efectivos. Los 9000 infantes que integraban el ejército se dispusieron en los altos de San Cristóbal, mientras que los 3000 jinetes acamparon tras ellos, en las llanuras del Caya. El comandante español volvió a ignorar el plan de Wellington, rehusando cavar trincheras en los altos; tampoco envió una fuerza de caballería para proteger el frente y vigilar los movimientos franceses.27 Soult, sin embargo, ignoró en gran parte al ejército español en los días siguientes, concentrándose en lugar de ello en fortalecer sus líneas de asedio y bombardear Badajoz.28Tanto el Guadiana como el Gévora se inundaron debido a fuertes lluvias, haciendo que fuera imposible cruzarlos, por lo que entre el 11 y el 18 de febrero, los franceses sólo fueran capaces de bombardear el extremo sur de las líneas españolas, empujando a los españoles a alejarse de Badajoz y de la protección del fuerte de San Cristóbal.29 30
La batalla
Sobre la mañana del 18 de febrero, la lluvia había disminuido, y el menor nivel de las aguas permitió que el río Gévora fuese de nuevo vadeable.29 30 Esa tarde, Soult envió nueve batallones de infantería, tres escuadrones de caballería y dos baterías de artillería, bajo el mando de Édouard Mortier, a que cruzaran a la ribera norte del Guadiana mediante un puente flotante. Tras unírseles seis regimientos de caballería bajo las órdenes de Latour-Maubourg, los franceses contaban entonces con 4500 soldados de infantería, 2500 unidades de caballería y 12 cañones preparados para atacar las líneas española al alba del 19 de febrero.1 3130 Debido a la espesa niebla de esa mañana, Mendizábal no fue consciente de la aproximación del ejército francés hasta que su grupo de piquetes, a tan sólo una milla de distancia de su frente, se vio obligado a retroceder por la infantería de Mortier que estaba cruzando el Gévora.31 Al mismo tiempo, la segunda división de húsares, enviada por Latour-Maubourg a dar la vuelta al flanco izquierdo, había conseguido subir los altos de San Cristóbal por el norte, y cayeron sobre los desprevenidos regimientos de Carlos de España.32 33
Mortier demostró su destreza táctica en el despliegue de su pequeña fuerza: envió toda su caballería al norte para atacar el flanco izquierdo español; mandó tres batallones al sur, entre el fuerte de San Cristóbal y el ala derecha española; mientras sus seis batallones de infantería restantes atacaban el frente del ejército español.34 35 Cuando la niebla se levantó, la caballería ligera francesa a las órdenes de Briche ganó los altos y cayó sobre el flanco izquierdo, mientras que Latour-Maubourg tomó tres regimientos de dragones para atacar la caballería hispano-portuguesa en las llanuras del Caya.36 A pesar de superar en número a los franceses, la caballería aliada ignoró las órdenes recibidas y huyó inmediatamente hacia Elvas y Campo Maior. Escaparon ilesos, principalmente debido a que Latour-Maubourg no los persiguió y en su lugar dirigió su caballería contra la línea de infantería española.37
El combate librado por el flanco izquierdo español no fue directamente decisivo. Debido a que la niebla se había dispersado, los españoles pudieron ver la inferioridad numérica de las fuerzas enemigas y se reorganizaron para el contraataque.37 Sin embargo, el duelo de mosquetes entre ambos bandos apenas había empezado cuando apareció la caballería francesa; la caballería ligera se aproximó por lo alto de los altos de San Cristóbal mientras que los dragones de Latour-Maubourg avanzaban por la retaguardia. Como respuesta, Mendizábal formó sus tropas en dos grandes cuadrados apoyados por la artillería que, aunque inicialmente tuvo éxito a la hora de impedir el avance de la caballería francesa, finalmente se convirtió en un objetivo fácil para la infantería y artillería francesas.1 37 22 Como narró un soldado español de infantería, «Su artillería se aprovechó de ello de la forma más horrible, hasta que primero se convirtió en un óvalo y luego en una masa informe que la caballería pudo penetrar y tomar prisionera.»22 De ese modo, la caballería ligera de Briche penetró a través de los dos cuadrados españoles sin mucha dificultad, decidiendo así la batalla. Unos pocos regimientos del ejército español se dispersaron; muchos se rindieron, y otros se unieron para luchar abriéndose camino hacia Badajoz o la frontera portuguesa.38
Consecuencias
La batalla de Gévora supuso un serio revés para los aliados anglo-hispano-portugueses. Wellington había advertido previamente a los generales españoles que el Ejército de Extremadura era «el último cuerpo de tropas que su país poseía»,24 39 y posteriormente escribió que «la derrota de Mendizábal es la mayor desgracia, que no era esperada previamente, que nos ha ocurrido hasta ahora.»40 Esencialmente, el ejército había sido destruido; aunque 2500 soldados de infantería hubieran escapado a Badajoz y un número ligeramente inferior a Portugal, unos 1000 españoles habían muerto o resultado heridos, 4000 fueron tomados prisioneros, y se perdieron 17 cañones.1 41 Por su parte los franceses sufrieron sólo bajas de poca importancia. Inicialmente, el parte de bajas dado por Soult informaba de 30 muertos y 140 heridos, pero esas cifras fueron finalmente revisadas e incrementadas a 400 bajas, principalmente entre la caballería.1 41
Soult se encontró entonces libre para continuar su asalto a Badajoz. Aunque por entonces la guarnición de la ciudad ascendía a unos 8000 hombres, debido al influjo de soldados provenientes del ejército de Mendizábal, finalmente la ciudad cayó en manos francesas el 11 de marzo.42 Tras esto, Wellington envió un gran cuerpo anglo-portugués, mandado por William Carr Beresford, para retomar la importante ciudad-fortaleza,43 y el 20 de abril, empezó el segundo sitio de Badajoz.44 El 16 de mayose libró la sangrienta batalla de La Albuera en un intento francés de levantar el sitio,45 en la que el más poderoso ejército aliado de Beresford logró mantener el sitio, pero a duras penas pudo derrotar a un ejército francés, de nuevo capitaneado por Soult.46 Sin embargo, cuando el francés Ejército de Portugal, entonces bajo el mando del mariscal Auguste Marmont, y el Ejército del Sur coincidieron, la fuerza combinada francesa, de más de 60.000 hombres, forzó a Wellington a levantar el sitio y retirar sus 44.000 soldados a Elvas.47 Por lo tanto, Badajoz permaneció en manos francesas hasta el año siguiente, cuando los aliados la retomaron finalmente en labatalla de Badajoz.
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