El castro de la Peña de Sámano se localiza en la junta vecinal de Sámano en el término municipal de Castro Urdiales, Cantabria (España), en un macizo calizo denominado Peña de Santullán. Su altitud oscila entre los 336 metros de la Peña de Sámano, en la zona este del recinto, y los 200 metros del Portillo Bajo de Vallegón, en el extremo sur del recinto. Constituye un punto estratégico del valle desde el que se domina todo el entorno, incluido el ámbito costero. Presenta una extensión aproximada de 10 hectáreas y está rodeado de fuertes pendientes. Los puntos más elevados del yacimiento se localizan en la zona oriental (cotas de 336 y 305 metros).
La fortificación del castro se ha llevado a cabo aprovechando las excelentes condiciones defensivas del emplazamiento, de tal modo que se ha combinado hábilmente las estructuras defensivas naturales con las artificiales. El resultado es un emplazamiento fuertemente fortificado, en el que se condiciona el paso por puntos determinados (puertas y caminos), y se dificulta o impide cualquier otro acceso mediante sólidas estructuras defensivas.
La gruesa muralla que rodea el castro tiene más de 2 metros de espesor y constituye una obra contra talud que permite situar al defensor en una posición elevada sobre el atacante. Asimismo, dada su considerable anchura, constituye un buen medio de comunicación al poder ser utilizada como camino. La muralla alcanza un mayor desarrollo en la zona norte (casi medio kilómetro de longitud), en donde se localiza un gran acceso de 30 metros de largo por casi 3 metros de ancho, denominado "Puerta de la Sangaza". La muralla ha sido reforzada en el extremo este, a la altura de la cota de 336 metros, debido a su vulnerabilidad desde un posible ataque desde la eminencia de la Peña de Santullán. Continúa su trazado hacia el sureste adquiriendo una mayor potencia, debido a la más fácil accesibilidad de esta zona. En la zona sur el relieve su acentúa y en el suroeste se refuerzan de nuevo las defensas al construirse el elemento estratégico denominado "La Puerta del Vallegón". Esta puerta, a la que se accede tras salvar los portillos Alto y Bajo, tiene unas dimensiones reducidas y permite el acceso a la parte oeste del castro.
El castro "intramuros", constituye un único recinto con dos sectores diferenciados. El sector occidental presenta unas mejores condiciones de habilitabilidad y protección. Se han excavado en esta zona posibles estructuras de habilitación asociadas a abundante material arqueológico. El sector oriental es mayor y su acceso se practica únicamente desde el sector anterior. No se han documentado en este sector estructuras de habitación ni se han hallado materiales arqueológicos.
En la parte oeste del recinto del castro existe una pequeña cavidad conocida como "La Cueva del Ziguste", en cuyo entorno se han hallado materiales metálicos atribuidos a la Segunda Edad del Hierro (puntas y regatones de lanzas, fíbula, etc.).
El castro ha sido muy maltratado por las excavaciones furtivas antes de su descubrimiento oficial.
Descubierto por Félix González Cuadra en 1972, el castro de la Peña de Sámano (Castro Urdiales) es uno de los poblamientos prerromanos más imponentes de la costa oriental cántabra. Esta increíble atalaya natural albergo hace siglos un recinto castreño de aproximadamente 10 hectáreas, el cual se cree que fue poblado por el pueblo de los autrigones. Esta tribu prerromana fue situada por Ptolomeo entre los ríos Asón (Cantabria) y Nervión (País Vasco), indicando que su territorio limitaba con el de los caristos por el este y los cántabros por el oeste. Otros historiadores como Plinio el viejo citaba "entre las diez ciudades de los autrigones" Tritum (Monasterio de Rodilla) y Virovesca (Briviesca), ambas en Burgos, lo que nos da a entender el amplio territorio que ocupaba esta tribu de norte a sur entre los territorios de cántabros y caristos.
Volviendo al castro en sí, combina a la perfección la fortificación mediante grandes murallas de más de 2 metros de alto con el aprovechamiento de los accidentes naturales de la peña. En lo alto del mismo han podido distinguirse vestigios de una pequeña organización urbana, observándose resto de edificaciones de planta rectangular (con las esquinas redondeadas eso sí) y pequeñas estructuras de planta ovalada. Destacar que justo en el centro del área de hábitat del poblado se ubica la conocida como Cueva de Ziguste. En las excavaciones y posteriores investigaciones realizadas por el equipo de R. Bohigas y por M. Unzueta se menciona también la posible existencia de una organización estructural del poblado, atisbándose cierto "urbanismo" en la ejecución y construcción del mismo por parte de sus moradores. Presenta dos accesos principales. Uno denominado la "Puerta de Sangaza" (al norte) y otro denominado como "Puerta del Vallegón" (al oeste), ambas combinando ensanchamientos de muralla y pasillos estrechos para regular y controlar el paso al interior del recinto.
Respecto a su cronología, gracias a las investigaciones realizadas por el equipo de R. Bohigas y por M. Unzueta, se cree que pudo abarcar un abanico temporal de existencia continuada de alrededor de 800 años. Esto quiere decir que la ocupación del castro de la Peña de Sámano se extiende desde finales de la Edad del Bronce, toda la Edad del Hierro y una pequeña convivencia en la época romana. Todas estas conclusiones se apoyan firmemente en los materiales allí encontrados: puntas de lanza, un hacha, cerámicas a mano, dardos, una fíbula y una fusayola. Este objeto es posiblemente el objeto relacionado con la actividad textil que mayor visibilidad tiene en los registros arqueológicos de todas las épocas. Aparece desde la Prehistoria Reciente hasta la Edad Media, pudiendo estar fabricada de piedra, hueso, metal, arcilla, etc. Nadie mejor que la gente del Proyecto Mauranus para daros una visión mucho más profesional de la definición de fusayola (ver enlace).
Atendiendo a todos los aspectos relacionados con el yacimiento, bien sea en cuanto a su ubicación o bien en cuanto a los materiales allí encontrados, se ha propuesto identificar el lugar con el Oppidum (S)Amanorum que correspondería a partir de la mención de Plinio (Naturalis Historia IV,1,10) con la gentilidad de los (S)amani, ligados estos a Portus Amanum. No olvidemos el nexo de este antiguo puerto prerromano con el origen de la colonia de Flaviobriga (Castro Urdiales) a escasos kilómetros del centro del castro.
El Castro de Las Rabas es un Bien de Interés Cultural de Cantabria, con la Categoría de Yacimiento Arqueológico declarado por Decreto 37/2004, de 22 de abril. Se encuentra en Celada Marlantes, dentro del término municipal de Campoo de Enmedio.
El Castro de Las Rabas, también conocido en la bibliografía como «asentamiento cántabro de Celada Marlantes», se localiza en el paraje del mismo nombre, a kilómetro y medio al noroeste de la localidad de Celada Marlantes. El emplazamiento está circundado por lomas ligeramente más elevadas hacia el norte y el oeste: las Encinas, La Mayuela y Las Quintanas. Por el sur y el este los límites orográficos vienen marcados por el cauce del río Marlantes.
El conocimiento del yacimiento de Las Rabas parece estrechamente unido a las excavaciones en la villa romana de Julióbriga iniciados en la década de los años 1950. Los resultados de las mismas y las exploraciones de la zona en relación con el trazado de la vía romana que, siguiendo el curso del Besaya conduce a la costa, llevaron al descubrimiento en el entorno de Celada Marlantes de una necrópolis alto-medieval que aseguraba una continuidad histórica del poblamiento en la comarca. Así, la búsqueda del asentamiento prerromano condujo al hallazgo de vestigios arqueológicos que han sido datados en el siglo I a. C.
La mayor parte de las intervenciones se realizaron en la vertiente norte del castro, que proporcionó abundante material cerámico y metálico. La cerámica predominante está realizada a mano y con variados motivos decorativos tanto impresos como incisos y con motivos típicos (acanaladuras, uñadas, espigados, etc.) de las culturas del Hierro I, y aún anteriores. Junto a estas, pero en menor número, aparecen cerámicas de tradición celtibérica de pastas finas, decoradas con motivos característicos de dicha cultura. De la misma manera, el material metálico conformado por puntas de lanza, cuchillos afalcatados, fíbulas de diversa tipología, hachas, clavos, etc. nos informa de la superposición sobre el sustrato anterior de las influencias de los pueblos del Hierro II.
La última campaña ha sacado a la luz los restos de unos posibles fondos de cabañas circulares, en la vaguada que forman la vertiente norte del castro de Las Rabas y las estribaciones del alto de La Mayuela.
El castro de Las Rabas (Celada Marlantes, Campoo de Enmedio) ha sido desde hace décadas un referente en el conocimiento de la antigua Cantabria prerromana. Desde las primeras excavaciones realizadas por el equipo de Miguel Ángel García Guinea en 1968-69 (incluso antes) se sabe de la gran importancia del mismo, aportando hallazgos y materiales de incalculable valor arqueológico e histórico. Situado a unos 997 metros sobre el nivel del mar, al noroeste del pueblo de Celada Marlantes, el castro de Las Rabas tiene unas características muy peculiares. A diferencia del Monte Bernorio o del Monte Ornedo, no tiene una amplitud visual que permitiese poder tener controlada una vasta llanura. Su importancia fue más bien "estratégica" que "visual", ya que son dos términos que, aun pareciendo ligado siempre, pueden tener sus matices. La importancia del castro de Las Rabas estriba en el control de una de las vías de acceso naturales entre la Meseta (a través del puerto de Pozazal) a la cuenca de Reinosa y por lo tanto a las vías de acceso a la costa. Esta última circunstancia nos lleva pensar que en sus orígenes pudo estar concebido para tener una función meramente "comercial" más que militar.
Según se cree, el castro se extiende sobre una superficie aproximada de 10 hectáreas, aunque no se sabe a ciencia cierta debido a que no existen “delimitaciones” claramente definidas. Respecto a su cronología, hasta hace no mucho tiempo había informaciones dispares. Se realizaron dataciones aproximadas en base a los objeto encontrados en las diversas excavaciones arqueológicas, creándose un amplio espectro temporal entre los siglos IV a.C y el I d.C. Por ejemplo, García Guinea y Rincón dataron el castro en el siglo III a.C, sobre todo basándose en los resultados de sus excavaciones y cotejándolos con los objetos similares aparecidos en Numancia. En otra vertiente se situaron otros arqueólogos como Moret, que lo enmarcaba no más allá del siglo II a.C, o Bolado del Castillo y Fernández Vega que en base a sus últimas actividades en el mismo lo sitúan entre el siglo IV/III a.C y el I a.C.
Respecto al final del castro de Las Rabas existen varias teorías, ya que la datación realizada en varios materiales indica que incluso antes de la llegada de los romanos pudo ser asediado o destruido en alguna ocasión. Debemos que tener en cuenta que la antigua Cantabria era un lugar donde los problemas sociopolíticos entre las tribus del norte eran más que frecuentes. Otra de las teorías (de las más aceptadas) es que, el castro de Las Rabas fue tomado y destruido en el avance de las tropas romanas lideradas por Antistio durante el año 25 a.C. en el transcurso de las Guerras Cántabras. Resulta ineludible pensar en esta secuencia lineal (Monte Bernorio, Monte Cildá, Monte Ornedo y por último castro de Las Rabas) de destrucción hacia el interior de Cantabria.
Es en definitiva, el castro de Las Rabas es una de las joyas de nuestra región y una fuente inagotable de objetos y hallazgos relacionados con la “Cantabria” prerromana. Desde Regio Cantabrorum queremos hacer también una mención especial a las arqueólogos Pedro Ángel Fernández Vega, Rafael Bolado Del Castillo, Joaquín Callejo Gomez y Lino Mantecón Callejo por su increíble trabajo de campo en los últimos años, los cuales nos ha permitido escribir esta humilde sección.
Fue el equipo de Miguel Ángel García Guinea quien comenzaría a finales de los años 60 (1968-69) a excavar en el yacimiento, obteniendo increíbles resultados. Fue en esta época cuando se intentó ligar el final del castro de las Rabas con el conflicto bélico de las Guerras Cántabras, pero no se encontraron vestigios arqueológicos que así lo constatasen. No sería hasta la estos últimos años cuando realmente se pudo vincular el final del castro de Las Rabas con un confrontamiento de las Guerras Cántabras. En 1999 se identificaron ya dos objetos muy sintomáticos: 2 placas de bronce que podrían relacionarle con la lámina decorativa de una vaina de "gladius". Es a partir de aquí, cuando las evidencias arqueológicas apuntan a que el castro de Las Rabas fue tomado y destruido por el ejército romano. Se encontró a posteriori un as perforado de Cneo Pompeyo, una hebilla en “D” decorada de balteus y una segunda hebilla con pasador y chapa de bronce de menores dimensiones. Todos estos elementos fueron relacionados directamente con una de las estructuras campamentales romana localizada en la zona, escasamente a unos 800 metros en el alto de La Poza.
En los sondeos realizados en 2009 y 2010 por el equipo de Pedro Ángel Fernández Vega, Rafael Bolado del Castillo, Joaquín Callejo Gómez y Lino Mantecón Callejo se siguió atestiguando la presencia de elementos romanos dentro del castro de Las Rabas, lo que termino por determinar que su final se encontraba íntimamente ligado a las Guerras Cántabras, y la romanización de la zona. Se presupone que las legiones romanas acampadas en el campamento principal (castra principalis) de La Poza, apoyadas por las unidades acantonadas en el castellum de El Pedron, terminaron por destruir el castro de Las Rabas.
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