viernes, 6 de noviembre de 2015

Guerras por países - España

Batallas de la Guerra de la Independencia Española

La batalla de Espinosa de los Monteros fue librada el 10 y 11 de noviembre de 1808, en las proximidades delocalidad homónima burgalesa en los Montes Cantábricos, en que las tropas napoleónicas al mando del generalVictor obtuvieron la victoria contra el teniente general Joaquín Blake, jefe del Ejército de Galicia.

Desarrollo de la batalla

En el primer día de combate, Victor, buscando un victoria fácil que borrase su humillación en Valmaseda, lanzó una serie de ataques sin sentido que fueron repelidos con fuertes perdidas por los disciplinados soldados regulares del general marqués de la Romana. Sin embargo, la posición de Blake todavía se mantenían. En la mañana del 11 de noviembre, Victor retomó sus posiciones y coordinó un ataque francés masivo que atravesó a la izquierda de Blake y barrió las tropas españolas fuera del campo de batalla. Los franceses capturaron un total de 30 cañones y otras treinta banderas.
Aunque no es una derrota decisiva en sí misma, la confusión desesperada del ejército español destrozado y cansado, que carecía de un gobierno y una estructura de mando coordinada, la batalla de Espinosa marcó un golpe de muerte para el Ejército de Galicia que mandaba Blake. En su haber con todo fue capaz de retirar cara al oeste, con orden, lo que quedaba de sus tropas a través de las montañas, escapando de la persecución napoleónica del mariscal Soult. Cuando llegó a León, el 23 de noviembre de 1808, todavía contaba con 10 000 hombres bajo su mando. Tres días después, Blake traspasó el mando de sus tropas a marqués de la Romana.

Batalla de Espinosa de los Monteros

El primer intento de los franceses por conquistar España había sido un fracaso casi total: en Cataluña se desarrollaba una lucha implacable, Dupont había sido aniquilado en Bailén, Moncey tuvo que retirarse de Valencia y aunque Bessières había obtenido algunas victorias importantes (como Medina de Rioseco), Zaragoza no había caído y en el norte seguía imperando la rebelión. Pero aun recibieron otra mala noticia. Con la derrota de Junot en Vimeiro el 21 de agosto frente a los británicos y la firma del convenio de Sintra, Portugal seguía los pasos de España. A mediados del verano de 1808, las fuerzas imperiales parecían haber escapado por muy poco de ser expulsadas totalmente de la Península.
Napoleón estaba furioso y desconcertado porque la guerra en la Península no se terminaba de desarrollar favorablemente para los franceses y esto perjudicaba seriamente su prestigio en Europa. Por consiguiente decidió acudir él mismo a recuperar la posición a la cabeza de un gran ejército.
Mientras tanto, en España los acontecimientos se habían ido desarrollando a un ritmo muy lento. El rey José y su desmoralizado ejército se mantenían en el Ebro a la espera de que el enemigo acometiese de un momento a otro.
Hasta finales de agosto no se concentraron suficientes fuerzas españolas para comenzar a presionar a los franceses. Pero, incluso entonces, la operación que se llevó a cabo (un ataque a Milagro con el fin de avanzar a lo largo del Ebro) se desarrolló de una manera tan poco convincente, que los franceses la rechazaron enseguida y pensaron que se trataba de un simple ataque de diversión. Hasta tres semanas después no se reanudaron las operaciones. Esta vez la acción comenzó en Reinosa, al otro extremo de la línea del rey José, donde el general Blake había reunido 32.000 soldados gallegos y asturianos.
Aunque las juntas le habían pedido que cooperase con las demás fuerzas, Blake decidió actuar por su cuenta, y el 10 de septiembre inició su avance con intención de tomar Bilbao y, provocando al enemigo en Vizcaya, envolver su flanco derecho. Diez días después, su vanguardia se apoderó de la ciudad y Jourdan, jefe del estado mayor de José Bonaparte, respondió enviando más tropas al alto Ebro, donde se unieron a los primeros refuerzos de Napoleón llegados de Alemania.
El mariscal Ney lanzó un contraataque con 10000 hombres. Expulsó a la vanguardia gallega de Bilbao y la hizo retroceder; pero, como no quería arriesgarse a entablar batalla con todo el ejército de Blake, dejó 3.000 soldados en la ciudad y volvió al Ebro, estableciendo su posición frente a los 10000 españoles que mantenía el general Pignatelli en Logroño.
Mientras tanto, Blake había vuelto a tomar la ofensiva en Vizcaya. Al ver que los atacantes eran superiores en número, el general Merlin evacuó Bilbao el 11 de octubre y se retiró a Durango, donde recibió refuerzos y presentó batalla. El comandante español destacó entonces casi 11000 hombres para evitar que cualquier contingente francés pudiera aproximarse por Vitoria y, tras esperar indeciso hasta finales de octubre, reanudó el avance. Sin embargo, Blake descubrió que las escasas fuerzas de Merlin habían sido reemplazadas por tres divisiones enteras bajo el mando del mariscal Lefebvre y que el cuerpo de ejército del mariscal Victor también había avanzado y amenazaba su flanco derecho. Estos dos comandantes franceses tenían órdenes estrictas del propio Napoleón de no emprender ninguna acción ofensiva hasta que él diese la señal, pero Lefebvre decidió probar suerte antes. Atacando de repente, hizo retroceder a Blake; pero, incapaz de hacerse con el cuerpo principal de su oponente, no tuvo más remedio que retirarse a Bilbao, sin darse cuenta de que, al dejar combatir con los 8000 hombres del flanco derecho español, había quedado atrapado en los pasos de las montañas. Preocupado por la seguridad de su fuerza principal, Blake lanzó inmediatamente un contraataque para cubrir la retirada de ésta, y en la lucha consiguiente la retaguardia del cuerpo de ejército de Lefebvre quedó detenida por las columnas hostiles que la atacaban por ambos lados. Indignado, el duque de Danzig hizo retroceder enseguida sus divisiones para liberar a los rezagados y, uniéndose a Victor, se lanzó en persecución del ejército gallego en retirada.
Cuando el comandante español se detuvo por fin, en Espinosa de los Monteros, para enfrentarse a los mariscales franceses que le perseguían, sus tropas habían quedado reducidas a 23000 hombres con seis cañones. El 10 de noviembre, la vanguardia de Victor realizó un primer intento contra la posición enemiga, pero fue rechazado tras dos horas de agotadora lucha. Por la tarde volvió a atacar con más tropas de su propio cuerpo de ejército que acababan de llegar, pero tuvo que retirarse otra vez. Sin embargo, al día siguiente, en vez de asaltar el centro y la derecha del enemigo, como había hecho antes, se dirigió hacia el flanco izquierdo y se lanzó a un ataque de frente. El resultado fue decisivo. Los hombres de Blake situados en ese lado abandonaron su puesto precipitadamente y los franceses arrollaron toda la línea gallega y la pusieron en fuga. Cuando el español consiguió reunir a los fugitivos en Reinosa no tenía ya más que 2000 hombres totalmente agotados y había perdido la artillería. Los franceses sufrieron unas 1000 bajas, la mayoría de ellas el 10 de noviembre.






La Batalla de Foz de Arouce fue travada el día 15 de marzo de 1811 durante la retirada de Massena, a finales de la tercera invasión francesa de Portugal. Este combate se encuentra en el conjunto de acciones retardadoras ejecutadas por las tropas francesas bajo el mando del Mariscal Ney.

Antecedentes

Durante la tercer invasión francesa de Portugal, el ejército de Massena fue detenido por el sistema defensivo conocido como Líneas de Torres Vedras. Por no haber recibido refuerzos que le permitieran atacar las Líneas de Torres y ante las grandes dificultades en aprovisionar su ejército, Massena decidió retirarse en dirección al Valle delMondego (Ver el artículo Retirada de Massena).
A partir de Condeixa, Massena comprendió que no tenía condiciones para establecerse en el Valle del Mondego y, por eso, decidió seguir en dirección a la frontera española. El primer objetivo era Celorico donde lo debería aguardar la División Conroux del Noveno Cuerpo de Ejército (IX CE). Mientras el VIII CE seguía por la carretera Condeixa – Casal Novo – Miranda do Corvo y escoltaba los trenes, el VI CE continuó a tener la misión de constituir la Guardia de Retaguardia del ejército de Massena. Después del Combate de Casal Novo las tropas francesas continuaron su marcha para Celorico. En esa tarde, el II CE, que había iniciado la retirada por un camino distinto, se juntó a la columna principal del ejército de Massena en Miranda do Corvo. De esta forma, Massena había reunido una fuerza con cerca de 44.000 hombres. El itinerário que seguían entraba en terreno montañoso y difícil y, por eso, Massena dio orden para que fuera destruido todo lo que no era considerado esencial.
Después de la destrucción de la mayor parte de los equipajes (14 de marzo), se siguió una marcha nocturna. Lo II CE siguió al frente, seguido por el VIII CE. Lo VI CE mantenía la misión de constituir la Guardia de Retaguardia. Miranda do Corvo fue incendiada por forma a causar tarda en el avance de las tropas anglo-lusitanas que mantenían la persecución y Ney reinició la retirada el día 15 de mañana. Después de una marcha penosa, los II y VIII CE alcanzaron el valle del Ceira en la población de Foz de Arouce y atravesaron el río en el puente que se encontraba parcialmente destruida pero aún útil. Ney, que llegó más tarde, sólo envió para el otro lado del río la División de Loison y una Peleada de la División de Mermet. Ney permaneció, con la División de Marchand, una Peleada de la División de Mermet y la Cavalaria Ligera de Lamotte, en el margen izquierdo (occidental) del Río Ceira. Por su lado, Wellington inició la marcha de persecución ya tarde en la mañana del día 15 debido a la densa niebla que persistió en las primeras horas de la mañana. El comandante de los Aliados no quiso arriesgar avanzar sin visibilidad, corriendo el riesgo de ser sorprendido por los franceses. La persecución sólo fue retomada cuando la visibilidad permitió confirmar que, del otro lado del Río Eça, en las líneas de alturas, no se encontraba el ejército de Massena pronto a atacarlo. Cuando Picton (3ª División) y Erskine (División Ligera) avistaron a las tropas francesas, en los márgenes del Río Ceira, estaban ya a medio de la tarde.

El campo de batalla

Foz de Arouce es una población y freguesia del Municipio de Lousã. Se sitúa en el margen derecha del Río Ceira. Para atravesar el Río Ceira existía un puente romano (aún existe). En ambas márgenes del río el terreno es montañoso.

Las fuerzas en presencia

Las fuerzas francesas

Las fuerzas francesas empeñadas en la Batalla de Foz de Arouce fueron dos divisiones del VI CE (Sexto Cuerpo de Ejército) bajo el mando del Mariscal Michel Ney. Los efectivos conocidos referentes a estas unidades reportan a 1 de enero de 1811 y, de esta forma, no corresponden a la realidad pero pueden dar una idea de los cuantitativos envueltos. Eran las siguientes unidades:
  • 1ª División de Infantaria, bajo el mando del General de División Jean-Gabriel Marchand, con 182 oficiales y 4.805 plazas;
  • 2ª División de Infantaria, bajo el mando del General de División Julien Auguste Joseph Mermet, con 212 oficiales y 6.040 plazas; sólo fue empeñada una Peleada;
  • Brigada de Caballería Ligera, bajo el mando del General de Peleada Auguste Étienne Marie Lamotte, con 48 oficiales y 604 plazas.

    La 3ª División de Infantaria (de Loison) se encontraba del otro lado del río (margen derecha).

Las fuerzas anglo-lusitanas

Del ejército de Wellington estuvieron envueltas en esta acción sólo dos divisiones británicas. Sin embargo, Wellington podía aún disponer de tres divisiones británicas más – las 1ª, 5ª y 6ª Divisiones – y de dos Brigadas Independientes Portuguesas – las 1ª y 5ª brigadas. Las unidades empeñadas fueron
  • 3ª División, con un efectivo de 6.050 hombres (4.500 británicos, 1.550 portugueses), bajo el mando del Major-General Sir Thomas Picton; de esta división formaba parte a 8ª Brigada de Infantaria Portuguesa, bajo el mando del Teniente-Coronel Charles Sutton, que comprendía dos batallones del RÍE 9 (Regimento de Infantaria 9) y dos del RÍE 21;
  • División Ligera, con un efectivo de 4.300 hombres (3.400 británicos, 900 portugueses), bajo el mando del Major-General Sir William Erskine;Las unidades portuguesas de esta División eran Cazadores 1 y Cazadores 3;

El Combate

Cuando la División Ligera y a 3ª División avistaron a las tropas francesas en los márgenes del Río Ceira era ya tarde. La mayor parte del ejército de Massena se extendía por varios kilómetros en las alturas para allá del río (margen derecha). En el margen izquierdo, en dos colinas, se encontraban la División de Marchand, una Peleada de la División de Mermet y la cavalaria de Lamotte. Picton y Erskine entendieron que ya era demasiado tarde para lanzar un ataque y además de eso la 6ª División, la que se encontraba más próxima, aún venía un poco atrás. De esta forma, dieron órdenes para sus unidades acampen y monten puestos de vigilancia. Wellington llegó a las posiciones que estas sus unidades ocupaban poco antes de oscurecer.
Posición y movimientos de las principales fuerzas en Foz de Arouce.
El raciocínio que habían hecho los dos generales británicos fue lo aunque hube hecho Ney que, dato el adelantar de la hora, ya no esperaba entrar en combate. Así, además de establecer débiles medidas de seguridad – su cavalaria no detectó la aproximación de los Aliados - las tropas no ocuparon las posiciones defensivas adecuadas. Fue de eso que Wellington se percibió cuando, llegando al frente, pudo observar las posiciones enemigas y no perdió la oportunidad: resolvió atacar inmediatamente. A 3ª División recibió orden para atacar la izquierda francesa y la División Ligera para atacar su derecha. Con esta decisión obtenía el efecto sorprendida.
Fue la sorpresa que permitió obtener el éxito inmediatamente en el primer ataque. Algunas compañías del 95th Rifles (de la División Ligera) siguieron por una carretera estrecha y llegaron al centro de Foz de Arouce, muy cerca del puente, casi sin encontrar oposición. Las demás unidades de la División Ligera se empeñaron en un combate frontal con la División de Marchand y a 3ª División se dirigió para la Peleada de Mermet que constituía el flanco izquierdo francés. A pesar de la débil oposición encontrada por las compañías del 95th Rifles acabaron por entrar en contacto con algunas fuerzas francesas. La confusión del combate con estas compañías, del lado del puente, alertó las tropas francesas para el peligro de quedar con la retaguardia cortada y varias unidades abandonaron la línea de combate y se dirigieron apresuradamente en dirección al río. Al intenten atravesar el puente, acabaron por ser confrontados con la cavalaria de Lamotte, que había atravesado el río cerca de una hora antes, de pasar para el margen izquierdo, donde se encontraba la División Marchand. Impedidos de pasar, los fugitivos intentaron la travessia en un vado un poco la jusante. El caudal del río estaba alto y muchos se ahogaron y el águila regimental (del 39º Regimento) se perdió y su comandante fue capturado.
Ney salvó la situación lanzando lo 3º Batallón del 69º Regimento (3/69me) en un contra-ataque sobre las compañías del 95th Rifles que habían entrado en Foz de Arouce y amenazaban el puente. Ellas fueron obligadas a retirar para junto de los otros batallones de la División Ligera. El pasaje por el puente quedó así libre y las tropas francesas la atravesaron con algún desorden. Mientras lo hacían fueron sujetas al fuego de la artillería aliada y también del VIII CE que en medio de la confusión no distinguieron entre fuerzas amigas y fuerzas enemigas. Sin embargo anocheció y los franceses, tras completar la travessia hicieron explotar el puente.
Las fuentes francesas apuntan bajas que varían entre 200 y 400. Charles Oman apunta una estimativa de cerca de 250 bajas. Del lado de los Aliados se registraron 71 bajas (9 muertos y 62 heridos) siendo dos de portugueses. Fue capturada el equipaje de Marchand y de Mermet, y alguna cantidad de biscocho que la División Ligera no dejó de aprovechar. La persecución iría a permitir ahora a las tropas francesas ganar alguna distancia pues Wellington no podía avanzar en fuerza sin notar el puente, no sólo para el pasaje de sus tropas pero también de los abastecimientos que ahora era necesario hacer llegar al frente. Aún no había sido establecido un depósito en Coimbra y, así, todos los abastecimientos venían de Lisboa. En cuanto al ejército de Massena, le restaba continuar su retirada a través de un territorio despoblado.
Charles Oman hace una comparación entre este combate y lo que se trabó el año anterior, en el inicio de la invasión, en la región de Almeida (Ver Combate del Côa). En ambos casos, como refiere aquel autor, una guardia de retaguardia fue intentada a permanecer demasiado tiempo para allá de un curso de agua que sólo podía ser atravesado en un puente estrecho, casi llevando al desastre completo.

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