Raimundo II o Ramón II (fallecido en 924) fue el conde de Tolosa, Nîmes, y Albi. Era el, probablemente mayor, hijo de Odón de Tolosa y Garsenda.
En 886, a la muerte de Bernardo "el Ternero", le sucedió en el título condal en Nîmes y Albi mientras Odón su padre recibía el condado de Tolosa. En 898, su padre le hizo conde de Rouergue. En 906, Odón le dio Rouergue a su hijo menor Ermengol y convirtió a Raimundo en coconde de Tolosa. En 918, Odón murió y Tolosa pasó a Raimundo, mientras Rouergue, junto con Nîmes y Albi, pasó a Ermengol. Raimundo también recibió el título de su padre de duque de Septimania. Murió en 924 y dejó sus títulos a su hijo Raimundo Ponce.
Raimundo se casó con Guinidilda, hija de Wifredo II Borrell, conde de Barcelona. Su único hijo fue Raimundo Ponce.
Ratramno de Corbie, latinizado como Ratramnus Corbeiensis (muerto cerca del año 870) fue un monje franco del monasterio de Corbie, teólogo de la corte carolingia, conocido por sus trabajos referentes a la eucaristía y la predestinación.
Ratramno fue un monje benedictino de la Abadía de Corbie, ubicada en el actual Departamento del Somme, uno de los más importantes autores eclesiásticos del siglo IX. De su vida no se tienen datos, pero sí de su obra literaria. Su obra más destacada es un tratado referente a la sagrada eucaristía titulada De corpore et sanguine Domini. Esta obra fue escrita a instancias del emperador Carlos el Calvo, como respuesta a una obra del mismo nombre escrita por Pascasio Radberto. Ratramno sostenía que a pesar que el pan y el vino consagrado parecen no haber sufrido cambio alguno, se han transformado en la carne y sangre de Cristo, aunque, según Ratramno, el cuerpo de Cristo que se ofrece en la Misa no es la misma carne que sufrió el castigo y cruxificción en el Monte Calvario. Curiosamente, la obra de Ratramno sirvió para sostener y para atacar el dogma de Transubstanciación: Juan Fisher utilizó el trabajo de Ratramno para defender a la eucaristía en su obra De Veritate Corporis et Sanguinis Christi in Eucharistia, adversus Johannem Oecolampadium (publicada en Colonia en 1527), y Thomas Cranmer para sostener lo contrario. Por el hecho de que la obra de Ratramno fuese utilizada por los reformadores, fue incluida en el Index librorum prohibitorum en 1559, para sólo ser excluía de este en 1900.
En la década del 840 y del 850, Ratramno se vio envuelto en una controversia referida a las enseñanzas de Gotescalco de Orbais. Ratramno conoció a Godescalco cuando este último llegó al monasterio de Corbie en 830. Luego Ratramno apoyó a Godescalco en el conflicto que este tuvo con el arzobispo Hincmaro de Reims.
Otra de sus obras fue De prædestinatione Dei en la que sostenía la doble predestinación, tanto para la salvación como para la condenación, pero rechaza la teoría que las personas están predestinadas al pecado.
Ratramno fue autor de la Epistola de Cynocephalis, en la que especulaba acerca de si los cinocéfalos —una supuesta raza de seres híbridos con cuerpo de humano y cabeza de perro— eran seres humanos y por consiguiente debían ser evangelizados. Este tema se reeditaría siglos después con la polémica sobre la naturaleza humana de los aborígenes americanos luego del Descubrimiento de América en 1492 y resuelta con la Bula Sublimus Dei de 1537.
En los últimos años de su vida, Ratramno se opuso a la designación del patriarca de Constantinopla Focio que provocara un cisma entre las Iglesias de Roma y de Constantinopla entre los años 863 a 867.
La influencia del Imperio carolingio en las Islas Baleares se encuentra testimoniada en varios textos y crónicas francos. Las noticias que ofrecen estas fuentes son escasas y se prestan a la especulación sobre el grado de relación, o incluso de dominio, del imperio Carolingio y las Islas Baleares.
Las referencias más antiguas provienen de la obra de Einhard, dignatario de la corte con Carlomagno, con quien mantuvo una relación estrecha y escribió su biografía, hacia el año 830. Precisamente en la biografía hace una referencia genérica a las Islas Baleares afirmando que: “Balearico mari miscetur” (mezcló el mar Balear).1
Pero es en su otra obra, Annales Reine Francorum, escrita por los mismos años que el anterior, donde se dan las informaciones más detalladas y que será el modelo de las citas posteriores. Así informa que en 798 las Baleares fueron atacadas por los musulmanes, así mismo aclara que esto era un hecho habitual y que el nombre de las islas eran Mallorca y Menorca.2 Por este motivo al año siguiente los baleares se dirigieron al emperador para suplicarle auxilio y ofreciéndole su sumisión. El monarca atendió las súplicas y los defendió.3
La misma crónica cita otro episodio que sólo está vagamente relacionado con las Islas Baleares, en 813, Ermenguer de Ampurias, apostado en las costas mallorquinas, atacó la flota musulmana, procedente de Córcega, haciéndose con ocho naves y liberando quinientos corsos cautivos.4
En este contexto, las crónicas islámicas documentan una expedición de la marina musulmana a las islas de Mallorca, Ibiza y Cerdeña, en 815. Esta razia fue reforzada por un convoy procedente de Tarragona y conjuntamente asolaron los entornos de Marsella.5
De los años 892 y 897 son dos bulas papales sobre la vinculación de Mallorca y Menorca al obispado de Gerona, de compleja interpretación y que algún historiador ha vinculado a la tradición carolingia, mientras que otros han negado que se refieran a las Islas Baleares.6
Ampliaciones historiográficas
Con estos datos finaliza el vínculo de la corte carolingia con las Islas Baleares, pero la historiografía antigua ha extendido el alcance y le ha dado una trascendencia mayor que la que se puede documentar.
Así en la Histoire generale de Languedoc, de la primera parte del siglo XVIII, se afirma que, en ausencia del rey Luis el Piadoso, los condes que tenían el mando en la frontera con los sarracenos hicieron una incursión naval en las Islas Baleares, liberando las Baleares de piratas musulmanes y tomando posesión de Mallorca y Menorca en nombre de Luis el Piadoso.7 La fuente que cita la Historia General de Languedoc para llegar a estas conclusiones, es la de Andre Duchesne,8 que únicamente reproduce croniconos inspirados en Einhard, sin que se pueda, por lo tanto, deducir la intervención de otro monarca que Carlomagno ni la actuación unilateral de los condes.
Otra referencia, curiosa pero sin fundamentar ni base documental conocida, es la de Pere Antoni Beuter en la Segunda parte de la crónica general de España (1551), el cual afirmó que las Baleares, a la muerte de Carlomagno pertenecieron a Bernardo de Italia, nieto de Carlomagno, que confió su gobierno a Ermenguer de Ampurias.

Renacimiento carolingio es la denominación acuñada por el filólogo e historiador Jean-Jacques Ampère en 18321 para designar, por comparación con el Renacimiento italiano de los siglos XV y XVI, al periodo de resurgimiento cultural que se dio en el ámbito del Imperio carolingio a fines del siglo VIII y comienzos del siglo IX, coincidiendo con los primeros carolingios (Carlomagno y Ludovico Pío).
Durante este período hubo un aumento de los estudios artísticos, literarios, jurídicos y litúrgicos (se reformaron los ritos sacramentales).2 También se desarrolló el empleo del latín medieval y la minúscula carolingia, proveyendo un lenguaje común y un estilo de escritura que permitieron una mejora de la comunicación entre la minoría culta de la mayor parte de Europa. Se utiliza incluso la expresión humanismo carolingio para designar la labor de recuperación de la cultura clásica latina que se dio esencialmente en los monasterios carolingios y en la Escuela Palatina de Aquisgrán, bajo la dirección de Alcuino de York.3 La actividad política y legislativa de la corte carolingia (incluso en cuestiones como la reforma monetaria, la demarcación territorial civil -condados, ducados, marcas- y la reordenación de las provincias eclesiásticas -se restauró la autoridad de los arzobispos sobre los obispos sufragáneos-) estuvo tan vinculada a estos aspectos, que se denominan conjuntamente con la expresión reformas carolingias,4 y se explicitó en textos que pueden considerarse manifiestos del programa reformador de Carlomagno, como la Admonitio Generalis5 (789) o la Epistula de litteris colendis.6
La conveniencia del uso del término renacimiento para describir este período es objeto de debate, entre otras razones porque la mayoría de los cambios en este período se limitaron casi completamente al ámbito del clero y fueron dirigidos desde el poder como un programa consciente, careciendo del dinamismo social que caracterizó al Renacimiento de la Edad Moderna.7 Más que un renacimiento de nuevos movimientos culturales, consistió en un intento de recrear el Imperio romano, y unificar la diversidad cultural europea bajo el cristianismo romano.8
El Imperio carolingio marcó el inicio de una nueva concepción de las relaciones entre Iglesia y Estado. Carlomagno se veía a sí mismo como un defensor del cristianismo, identificado con la Iglesia católica. Además, como únicamente los clérigos sabían leer y escribir, su ayuda era imprescindible para su administración, así como para crear un sistema educativo. La fuerte alianza entre Estado e Iglesia que caracterizó al renacimiento carolingio y le permitió llevar a cabo sus reformas, determinó su naturaleza teocéntrica, a diferencia del antropocentrismo humanista del Renacimiento propiamente dicho.
Monjes irlandeses, monasterios y bibliotecas
A finales del siglo VI, en la Galia, el monje e historiador Gregorio de Tours escribía: "desdichado de nuestro tiempo, que ha visto perecer entre nosotros el estudio de las letras". Contrariamente, Irlanda, que ni había pertenecido al Imperio ni sufrió las invasiones, se había incorporado a la cristiandad en ese momento, desarrollando una pujante cultura en sus monasterios (como los de Clonard9 y Clonmacnoise), que no solamente preservaron la herencia cultural grecorromana y cristiana, sino que la propagaron por Britannia e incluso por el continente europeo. En los siglos VII y VIII, los monjes irlandeses y británicos eran la vanguardia de la civilización occidental, tanto en la conservación de la cultura (Beda el Venerable, erudito anglosajón) como en su difusión (San Columba -irlandés, fundador del monasterio de Iona en Escocia-, San Aidan -irlandés, fundador del monasterio de Lindisfarne en Inglaterra-, San Columbano -irlandés, fundador los monasterios de de Luxeuil10 en Francia y de Bobbio en Italia-, San Bonifacio -anglosajón, el apóstol de los germanos, fundador del monasterio de Fulda11 en Alemania-, etc.) Junto al anglosajón Alcuino de York, los monjes irlandeses constituyeron la mayor parte de la élite intelectual carolingia (José Escoto,12Clemente de Irlanda,13 Cruindmelo,14 Donato de Fiesole15 y Dungal16 ).
Aun así, el nivel cultural de la época era anémico: mientras que en la antigua Biblioteca de Alejandría los pergaminos podían contarse por decenas de miles, la biblioteca17 del monasterio de Saint Gall, una de las mayores del siglo VIII (reunida en más de un siglo tras la fundación del monasterio por el monje irlandés San Galo, en 613) tenía solamente 36 volúmenes,18 de modo que cuando Waldo de Reichenau ocupó el cargo de abad (en 782) se vio en la necesidad de crearla prácticamente de nuevo, con un planteamiento más ambicioso. En el siglo IX la situación había cambiado radicalmente: el monasterio de Fulda tenía más de un millar de volúmenes, el de Murbach cuatrocientos, el de Saint Riquier19 doscientos seis (catalogados en el año 831) y el de Reichenau20 unos quinientos (catalogados en 822).21
Un plano del monasterio de Saint Gall de comienzos del siglo IX refleja que la biblioteca ocupaba un local propio, situado al norte del presbiterio, de forma simétrica a la sacristía situada al sur. En la planta inferior se situaba el scriptorium (infra sedes scribentium), con una mesa central y siete puestos de copista dispuestos contra los muros. La biblioteca propiamente dicha ocuparía la planta superior.22
Entre los centros monásticos más poderosos estaba la abadía de Saint-Denis, cerca de París, que gozaba desde mediados del siglo VII de independencia jurisdiccional frente al obispado local, dependiendo directamente del Papa. Fue allí donde Esteban II legitimó el acceso al poder de la dinastía carolingia y confirmó su especial relación con ella, consagrando a Pipino el Breve (754).23
Contexto sociopolítico
En el siglo VIII, como consecuencia de varios procesos políticos, se produjo una alianza entre el reino franco y el Papado. Carlomagno llevó a cabo una serie de intensas campañas militares, que le permitieron por primera vez en siglos pacificar Francia, Italia y Alemania, restaurando la práctica totalidad del Imperio de Occidente (excepto Britania, Hispania y África romana). Para controlar tan vasto imperio necesitaba un bien entrenado servicio civil que pudiera sostener una ahora necesaria burocracia estatal, por lo que se decidió a llevar a cabo una profunda reforma educacional, aparejada a su reforma administrativa, que le permitiera sostener por medios pacíficos en el tiempo lo ganado por la conquista militar. El mismo Carlomagno, por las noches, se preocupó de aprender a leer y escribir. El grado de instrucción del emperador como alumno de su propia Escuela no está claro. Algunas fuentes lo presentan como un completo iletrado, y otras señalan que sus dificultades se restringían a escribir latín, debido a heridas de guerra en sus manos.24
Reforma educativa
Las dimensiones del imperio de Carlomagno precisaban de un aparato burocrático que lo sostuviera. Para ello era necesario servidores públicos alfabetizados, es decir, que supieran leer y escribir (en ese momento: el latín). La falta de personas letradas significaba una gran dificultad, su origen se encontraba en el hecho de que el latín vulgar estaba divergiendo en dialectos regionales (los precursores de las lenguas romances modernas) mutuamente ininteligibles; de modo que ni siquiera los eruditos que empleaban el latín literario podían comunicarse sin dificultad con sus colegas de otros lugares de Europa.
Para tratar de solucionar ambos problemas, Carlomagno ordenó la creación de escuelas y atrajo a muchos de los más importantes eruditos de la época a su corte, destacadamente al monje anglosajón Alcuino de York. Alcuino y Carlomagno se encontraron en Italia en el 781; al año siguiente, Carlomagno lo llamó para que le asistiera en una reforma educativa que, iniciada en la Escuela de la corte de Aquisgrán (cuyas funciones podían considerarse precedentes de la universidad medieval), se difundiera por una red de escuelas episcopales que habrían de crearse en cada una de las diócesis de cada parte del Imperio.
Se estableció un currículo estandarizado (Trivium et Quadrivium) para su uso en esas escuelas. Alcuino se encargó de la recopilación y de la propia redacción de todo tipo de libros de texto, a veces tan rudimentarios como listas de palabras.26 La minúscula carolingia proporcionó un modelo de escritura claro y sencillo para los manuales, usado en primer lugar en los monasterios de Corbie y Marmoutier (San Martín de Tours).27 28 Se fijó una versión estandarizada del latín que permitió acuñar nuevas palabras mientras se conservaban las reglas gramaticales del latín clásico. Ese latín medieval se convirtió en la koiné de la élite culta europea, permitiendo a clérigos, funcionarios y viajeros hacerse entender por toda Europa Occidental.29
Arte carolingio
Dentro del prerrománico, el arte carolingio fue un período influencial: el norte de Europa asumió las formas del arte romano mediterráneo, lo que terminó por conformar el posterior arte románico (en el ámbito alemán, el arte otoniano del siglo X). Las principales construcciones de la arquitectura carolingia se destruyeron o transformaron profundamente en los siglos posteriores, como el palacio de Aquisgrán (de Eudes de Metz) y otros palacios carolingios, que pretendían conscientemente emular los palacios del Imperio romano y su arquitectura, asimilando influencias bizantinos y paleocristianos junto con rasgos originales, o la planificación de monasterios (la llamada utopía de Saint Gall),30 que influyó decisivamente en el de Cluny. Entre las muestras conservadas de otros artes del periodo carolingio periodo destacan los manuscritos ilustrados (miniatura carolingia),31 la metalurgia, la esculturas en pequeña escala, mosaicos y pinturas al fresco.32
Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Arte carolingio.
Música carolingia
La tradición occidental de práctica36 y teoría musical comenzó en el renacimiento carolingio. La Alta Edad Media había supuesto una ruptura de la tradición musical de la Antigüedad. Acceder a los textos escritos en griego se había convertido en imposible incluso para la minoría culta, lo que empujó a Boecio a traducir algunos tratados musicales al latín. La música fue una de las partes del Quadrivium. Con las reformas de alfabetización de Carlomagno, quien estaba particularmente interesado en música,37 comenzó en los monasterios un período de intensa actividad de copiado y escritura de tratados de teoría musical; Musica enchiriadis es uno de los más antiguos e interesantes. Se intentó unificar la práctica de música de iglesia mediante la eliminación de las múltiples variedades estilísticas regionales. Hay evidencia de que la antigua notación musical occidental, en la forma de neumas in camp aperto (sin pentagrama), fue creada en Metz alrededor del año 800, como resultado del deseo del propio emperador de que los músicos de la iglesia franca conservaran los matices usados por los romanos, particularmente en el canto.38
Reformas económicas
Véase también
Otros intelectuales vinculados al renacimiento carolingio, por orden cronológico:
- Vergilio o Vergilius de Salzburgo -en: Vergilius of Salzburg-
- Fulrado o Fulrad -fr:Fulrad-
- Ambrosio Autperto
- Paulino de Aquilea
- Adelardo de Corbie
- Angilberto de Centula
- Pablo el Diácono
- Pedro de Pisa
- Paulino de Aquilea
- Teodulfo de Orleans
- Eginhardo
- Walafrido Strabo
- Fredegiso de Tours
- Agobardo
- Rabano Mauro
- Servatus Lupus
- Nitardo
- Escoto Eriúgena
- Esmeragdo, Esmaragdo o Smaragdus de Saint-Mihiel -en:Smaragdus of Saint-Mihiel-
- Erico de Auxerre
- Haymo, Haimón o Haimo de Auxerre -en:Haimo of Auxerre-
- Remigio de Auxerre
- Haymo de Halberstadt
- Floro o Florus de Lyon -en:Florus of Lyon-
- Hincmaro de Reims
- Dhuoda
- Poeta Saxo
- Otfrido de Wissenbourg
- Geographus Bavarus o Geógrafo bávaro -en:Bavarian Geographer-
- Angelomus de Luxeuil o Angelomus Lexoviensis -en:Angelomus of Luxeuil-
No hay comentarios:
Publicar un comentario