viernes, 12 de mayo de 2017

Prehistoria en la Península Ibérica

prehistoria de cantabria


El Castro de Castillo es un Bien de Interés Cultural de Cantabria, con la Categoría de Zona Arqueológica declarado por Decreto 39/2004, de 29 de abril. Se encuentra en Prellezo, dentro del término municipal de Val de San Vicente.
El Castro de Castillo se encuentra en la rasa litoral occidental de Cantabria, sobre un promontorio marino denominado «Castillo», cuyo punto extremo que se interna en el mar es la denominada «Punta de la Garita». El lugar está unos ochocientos metros al norte del pueblo de Prellezo (Ayuntamiento de Val de San Vicente). El promontorio tiene forma de península y lo flanquean al oeste la ensenada de la Mina y por el este la ensenada de la Ballena, en la que desemboca un pequeño arroyo. La mayor parte del perímetro del promontorio está delimitado por pronunciados acantilados que caen directamente sobre el mar. Los únicos puntos accesibles del mismo son el istmo por el que se comunica con tierra firme por el sur y una parte de la ladera sudeste que desciende hacia la ensenada de la Ballena. La cota más alta de la península se alza a 53 msnm. En el interior de esta península hay una amplia zona llana de cerca de dos hectáreas.
El horizonte visual alcanza por el oeste toda la costa asturiana hasta más allá de Llanes, quedando oculta una pequeña parte de la desembocadura del Deva en Tina Mayor por el saliente marino formado por la zona de Pechón (Cantabria). Hacia el este la costa inmediata queda tapada por las puntas que preceden al saliente que culmina en la Punta del Morro o de Berellín. Las estructuras defensivas de este enclave castreño, a base de grandes murallas y terraplenes con fosos de gran entidad, corresponden al tipo de fortificaciones características de los castros marítimos de Asturias situados en similares promontorios marítimos. En el istmo de entrada dispone de un imponente sistema defensivo a base de una gran muralla cuyo potente derrumbe cubierto de césped todavía alcanza una altura de 10 metros. Esta muralla ha sido cortada por una pista moderna en el extremo oeste del istmo, que es donde parece que se encontraba la puerta. El corte permite ver un núcleo interno a base de tierra y piedra con bloques de mayor tamaño en los bordes que parecen corresponder al lienzo externo. Desde la puerta la muralla continúa unos metros cerrando la ladera sudoeste que cae sobre la ensenada de La Mina. En la cima de la parte frontal de la muralla que cierra el istmo por el sur son visibles afloramientos del derrumbe de piedra caliza. Este tramo de muralla frontal mide 45 metros de largo, descendiendo otros 28,30 metros por la ladera sudeste para enlazar con las otras líneas de murallas existentes en esta zona. Originalmente la cima de la muralla frontal parece haber tenido unos 4,90 metros de grosor.
Cerca de la puerta es visible un ensanchamiento de 10 metros de largo por 4,10 metros de ancho que parece corresponder a un bastión o torreón. A los pies de la parte frontal de la muralla principal que cierra en el istmo es visible un gran foso de 6 metros de anchura reforzado por un contrafoso exterior de entre 4,90 y 5 metros de anchura (el conjunto de muralla, foso y contrafoso alcanza unos 17 metros de anchura), defensas cuya complejidad y magnitud son poco habituales en los castros conocidos de los valles del interior.
La muralla frontal llega hasta la ladera este que desciende a la ensenada de la Ballena. En este punto toma dirección norte hasta los afloramientos rocosos para cerrar el acceso por esta pendiente, más accesible que la del oeste, recorriendo un tramo de 133 metros de largo. Bajo esta línea defensiva existen otras dos líneas de murallas. La intermedia tiene 50 metros de largo y un potente talud de 13 metros de altura. La inferior tiene un recorrido de 51 metros de largo.
Entre estas líneas de muralla de la ladera este parece existir un camino de entrada al castro que sube en zigzag entre las líneas defensivas. Del extremo norte de estas líneas de murallas que cierran la ladera de la ensenada de la Ballena bajan perpendicularmente a las mencionadas estructuras defensivas dos grandes alineamientos paralelos que llegan hasta la misma ensenada y que forman un pasillo de unos 11 metros de anchura. En esta ensenada desemboca un pequeño arroyo que es el punto de abastecimiento de agua más cercano al castro. El interior del castro dispone de amplias zonas llanas que culminan en una zona más alta en el extremo nordeste que forma una especie de acrópolis. Una parte del interior de la península fue parcialmente reutilizada en otras épocas para labores agrícolas. Con estas últimas parece que deba relacionarse el talud murado existente en el centro de la península en dirección norte sur. Existen otras estructuras adosadas a los afloramientos rocosos situados hacia el interior, detrás de la muralla principal, a base de muros de piedra trabados a hueso cuya finalidad agrícola no parece clara y que pudieran corresponder a la ocupación castreña.

Castro de Castillo de Prellezo (Val de San Vicente). Foto: Lino Mantecón Callejo
El castro de Castillo (Prellezo, Val de San Vicente) es un yacimiento único en Cantabria. Muchos podrán pensar que no es ni el más espectacular, ni en el que más materiales se han podido obtener, ni siquiera el más vistoso. Pero eso si, no existe en la región otro castro similar, ya que las estructuras defensivas de este enclave castreño corresponden a fortificaciones características de los castros marítimos, abundantes en Asturias y Galicia pero sinigual en Cantabria. Se ubica en la rasa litoral occidental de Cantabria, sobre un promontorio marino en forma de península del que toma el nombre. Dicha península tiene una extensión aproximada de tres hectáreas, internándose en el mar por un punto denominado como "Punta de la Garita" y siendo el lugar ideal para este tipo de fortificaciones marítimas.
La identificación del castro de Castillo como tal es relativamente reciente (Eduardo Peralta, F. Fernández y R. Ayllón en 2003), aunque la zona ha tenido interés arqueológico desde finales del siglo pasado, concretamente desde la década de los años 80. Fue por aquél entonces cuando el CAEAP, tras prospectar la cueva de Castillo, encontró diversos materiales del Paleolítico Superior y de la Prehistoria reciente. No confundamos esta pequeña cavidad con las cuevas del Monte Castillo. Los restos encontrados, además de algunos concheros mesolíticos en pequeñas cavidades próximas, pusieron ya este enclave en el mapa arqueológico de la región. No sería hasta Febrero de 2003 cuando, tras realizar un corte por la construcción de una pista de la concentración parcelaria, se identificó y notificó el hallazgo de la estructura castreña. Es a partir de este momento cuando Eduardo Peralta solicita el permiso para realizar una prospección visual, además del levantamiento topográfico y limpieza del corte citado, dando estos trabajos como resultado los datos que podemos citar en esta sección.


Castro de Abiada


Asentamiento o castro de antigüedad atribuida a la Edad del hierro, situado a 1 km Abiada y a 1 500 metros de La Lomba, pertenecientes ambas al municipio de la Hermandad de Campoo de Suso, en Cantabria.
Ocupa aproximadamente 2 ha en lo alto de unos riscos calizos, y está encajado entre el río Guares y el barranco de La Señoruca, que baja de la sierra del Cordel. Su cota máxima es de 1156 msnm, con un desnivel de 126 metros sobre el cauce del río (1030 msnm). Su posición es ventajosa para la defensa, con fuertes defensas naturales, y ofrece una vista completa de todo el valle de Campoo. El citado risco forma junto al monte Cabezo y La Lomba, la última estructura orográfica que separa las cuenca del Híjar de la del Guares.1
Conocido en la comarca inmemorialmente como "Los Castros", no se tuvo evidencia de su condición de castro defensivo o campamento romano hasta 1989, cuando el investigador Miguel Ángel Fraile López encontró restos de terrazas labradas en la piedra, piezas "cerámicas lisas a mano" y monedas romanas (antoninianos). También refieren haberse encontrado puntas de flecha romanas por buscadores clandestinos.2 3
Su estado de conservación no ha sido alterado especialmente por el hombre después de su despoblamiento, al ser un lugar yermo. A falta de investigaciones futuras, no sé puede precisar la cronología del asentamiento, ni el posible tránsito de castro cántabro a campamento militar romano.

Castro la lomba abiada.JPG








El castro de El Cincho, se sitúa junto a la localidad costera de Yuso, perteneciente al municipio de Santillana del Mar, al norte de la Comunidad Autónoma de Cantabria (España). Se trata de un asentamiento castreño, lo que en la Antigüedad se denominaba un oppidum; es decir, una ciudad característica de la Edad del Hierro. Nos encontramos ante los restos arqueológicos de una población de la Protohistoria, en un período previo a la romanización.

Ubicación

El yacimiento arqueológico se localiza en un alto dominante de 273 m. de altura que se erige frente a la costa, a escasos 1,95 km. de distancia de ésta. Se emplaza a menos de un kilómetro del histórico casco urbano de la Villa de Santillana del Mar. El topónimo que da nombre al monte (cincho), y por ende al enclave, proviene del latín cingo (proteger, cubrir, circundar, rodear, ceñir) que hace referencia al cinturón amurallado en torno a la cima. La superficie total del poblamiento supera las 6 ha.2

Descubrimiento

En la primavera del año 2014, los arqueólogos Javier Marcos Martínez y Lino Mantecón Callejo descubrieron un asentamiento fortificado y un hábitat castreño en el monte costero de El Cincho. Inmediatamente comunicaron el hallazgo ante la Dirección de Cultura de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria. Este altozano posee una privilegiada situación geo-estratégica de la cuenca baja del río Besaya, con un dominio visual del territorio extraordinario que alcanza más allá de los límites geográficos de la comunidad cántabra. Esta es la razón que justifica la existencia del castro.3

Yacimiento


Vista aérea de drone del lomo de la muralla principal.
En este lugar se asentó uno de los principales castros del pueblo prerromano de los cántabros. Esta cultura indígena, de influencia celtíbera, fue capaz de enfrentarse a las imponentes legiones romanas (durante el período transcurrido del año 29 a. C. al 19 a. C., conocido como las Guerras CántabrasBellum Cantabricum et Asturicum). De aquel asentamiento persisten importantes vestigios arquitectónicos y múltiples objetos de cultura material. Unas ruinas de una población arcaica que son todavía reconocibles en la cima del monte, integradas en el paisaje costero de Santillana del Mar.
Se han desarrollado varias campañas arqueológicas desde el año 2014, realizando labores de exploración del terreno, trabajos de limpieza y desbroce vegetal, varios sondeos con metodología arqueológica y otra serie de labores de sistemática científica. En este tiempo se ha logrado desvelar una estructura de muralla, cuyo trazado circunvala la cumbre de la montaña, en la que se han reconocido dos momentos constructivos. El más antiguo se corresponde con la fase de la Protohistoria, conformado por un modelo arquitectónico de muros con relleno de tierra y arcilla apisonada, junto con un probable armazón de troncos de madera, que en conjunto alcanzaba los 3,75 m. de anchura. Un sistema constructivo que las fuentes clásicas denominaban como muro gálico. La segunda fase está compuesta por una muralla con zócalo de piedra de 2,5 m. de ancho.2
La investigación ha logrado localizar arqueológicamente una de las puertas del recinto fortificado de la Edad del Hierro, conformada por una entrada en pasillo entre murallas, junto con importantes trabajos de desmonte para generar un aterrazamiento. Igualmente, se ha registrado y verificado una segunda línea de muralla que refuerza el sistema defensivo del castro, localizada en el flanco más desprotegido. En este mismo sentido, los investigadores sostienen que tal vez se aprovechó la quebrada superficie del relieve del karst como sistema defensivo, al modo de los denominados campos de piedras hincadas tan usuales en las fortificaciones de las comunidades prerromanas. En este caso, estaríamos ante la primera constatación de este modelo en tierras de los cántabros. El castro de El Cincho posee otros elementos de interés: cueva situada en el interior del recinto, posible existencia de una acrópolis y un antemuro, entre otros.

Sondeo 2 del castro de El Cincho, Yuso (Santillana del Mar). Vista de las murallas superpuestas y el lapiaz desnudo.
Quizás nos encontremos ante uno de los enclaves más importantes de la Protohistoria de la región. Perteneció a un pueblo cántabro (grupo étnico o populi que habitó la cuenca del río Besaya y fue generadora de las famosas estelas gigantes discoideas), ya que como sostienen sus investigadores el enclave arqueológico puede ser considerado un castro de castros, un oppidum.4

Materiales Arqueológicos

Archivo:Canto tallado bifacial. Castro El Cincho de Yuso (Santillana del Mar). .jpg
Canto tallado bifacial en arenisca compacta. Paleolítico Inferior/Medio. Foto: Nilo Merino Recalde.
El Cincho ha sido ocupado en distintos momentos de la Historia de la Humanidad, desde el Paleolítico Inferior hasta la Edad Antigua. Los vestigios recuperados son de muy variada tipología: industria líticacerámica a mano, elementos metálicos, etc. Un notable hallazgo es un molino giratorio con clavija, del que se conservan las dos valvas pertenecientes a un descubrimiento realizado por el escultor Jesús Otero, en el año 1953.5
Una pieza muy especial que destaca por su relevancia es la manilla de un escudo6 (scutum o caetra). Se trata de un conjunto de piezas machihembradas, una anilla de hierro, tachuelas de cobre con función ornamental y restos de madera adheridos; que se han identificado como un aplique para la sujeción y suspensión de las correas de un escudo (cinchas de tiracol o telamón). Por paralelos en el mundo celtibérico, se sostiene que estos objetos metálicos se relacionan con la pieza de un escudo circular celtíbero que consistía en un par de piezas gemelas de hierro con una anilla cada una, que servían para la sujeción de las correas de las que, en bandolera, llevaba el guerrero suspendido el escudo, tanto a pie, como a caballo. La cronología de este objeto se puede enmarcar entre los siglos VI a III a. C.(Segunda Edad del Hierro) según los paralelos hallados en la Península Ibérica.
Fotografía aérea en la que se puede observar las dimensiones del enclave fortificado, así como los restos de las antiguas fortificaciones defensivas.

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