viernes, 12 de mayo de 2017

Prehistoria en la Península Ibérica

prehistoria de cantabria

El castro de la Garma es un yacimiento castreño cántabro situado en Omoño (Ribamontán al Monte), que forma parte de otro mucho mayor, del cual lo más destacable es la galería inferior de la cueva La Garma, que contiene evidencias arqueológicas fechadas entre el 25.000 y el 11.500 aC. Fue descubierto por el equipo de prospecciones del GAEM y estudiado desde 1996 bajo la dirección de Esteban Pereda Saiz.1 Data de la Edad del Hierro I y en lo que se refiere únicamente al castro, cuenta con una superficie de 2 hectáreas.

Restos arqueológicos

Arquitectura

El yacimiento posee una superficie terraplenada variante a lo largo del tiempo de ocupación, tanto en su forma como en tamaño.1
Aún no se ha determinado el lugar que ocupaban las viviendas, si bien se ha descubierto lo que se cree que es el zócalo de una cabaña, aunque no son observables agujeros ni de una estructura de cubrición de madera ni de un hogar.3

Industria

Se han encontrado trozos de cerámica y de molinos, como es típico en la región. Además se hallaron un punzón de bronce y otras evidencias de actividades metalúrgicas en bronce y hierro; uno de los elementos de fundición encontrados está compuesto de varios metales, sobre todo del cobre y plomo, y otro, de cobre con aproximadamente un 4% de estaño.

Cueva de la Garma, Cuevas de Cantabria
Es una de las cuevas más desconocidas de Cantabria pero considerado un yacimiento de los más importantes de Europa.
Una de las características más interesantes de la cueva de La Garma es que nos permite observar  la evolución de sus pobladores, ya que según los estudios que se están realizando y que comenzaros en la década de 1990, estuvo habitada durante muchos miles de años.
En la entrada de la Cueva de la Garma se han encontrado vestigios del Paleolítico Inferior, mientras que en lo alto del castro se encontraron los restos de una cabaña habitada entre el primer y segundo milenio antes de Cristo por los antecesores de los cántabros.
Los restos Paleolíticos consisten principalmente en huesos y restos animales que nos están permitiendo conocer mejor el medio en el que vivían nuestros antepasados han aparecido molares de elefantes o restos de tigres y leones, por poner un ejemplo.
En el interior de la cueva llamada La Garma A, se hallan depositados en una capa de 4 metros de espesor los restos de 100.000 años de historia, en lo que es una de las secuencias estratigráficas más importantes del norte de España.
Distribución de la cueva
La Cueva de la Garma tiene 3 pisos fósiles y abundantes formaciones kársticas.
El piso superior, donde se encuentra la única entrada transitable en la actualidad, tiene un reducido vestíbulo que continúa por una sinuosa galería que finaliza en una sima.
Tras esta sima, se accede al piso intermedio, más amplio, que tiene su boca original cegada. Al final de esta galería se abre una segunda sima que desciende hasta la zona central del piso inferior.
Este piso tiene corredores y salas de gran tamaño, sobre todo en el área de lo que fue el primitivo vestíbulo, también cegado actualmente. Desde el piso inferior se puede descender, por una tercera sima, hasta el nivel activo del sistema, por donde transcurre un río subterráneo.
Pinturas, objetos y enterramientos
Además de los restos de animales, en la cueva se han encontrado un puñal de silex, que formaba parte del ajuar en un enterramiento. Según los estudios durante miles de años la cueva se utilizó como necrópolis más que como cueva habitada.
La importancia de este puñal es que no fue elaborado en esta zona de la península, sino que procede de Andalucía o el Estuario del río Tajo. El castro de casi dos hectáreas, es muy posterior a esta época, así como los enterramientos acompañados de cerámicas que ya son medievales.
Las pinturas están situadas fundamentalmente en el vestíbulo y estas son numerosas, tanto grabadas como con pigmentos. Hay variedad de pinturas negras, sobre todo de cuadrúpedos y otros murales de pinturas rojas representando signos y manos
En la actualidad, la cueva de la Garma está siendo estudiada por los expertos.

Cueva de la Garma mural de los caballos Cantabria Cantabriarural

Cueva de la Garma, Cuevas de Cantabria

Resultado de imagen de Castro de La Garma













El castro del Pico del Hacha es un poblado castreño cántabro localizado en las inmediaciones de Seña (Limpias), cerca de Laredo, e identificado como tal por el Servicio de Patrimonio (I. Castanedo Tapia) en junio de 2000.1 El lugar está ocupado por una serie de antenas que han provocado la destrucción de gran parte del yacimiento, instaladas en 1999.
Se trata de un recinto amurallado que ronda las 2 hectáreas de superficie1 2 y data de la Edad del Hierro.3 En él se han encontrado fragmentos de molinos de mano barquiformes4 concebidos en piedra arenisca y otras herramientas protohistóricas.

Muralla del posible castro de Pico del Hacha. Fotografía: José Ángel Hierro Gárate
El posible castro de Pico del Hacha (Laredo-Limpias, Cantabria) es un yacimiento sobre el que sobrevuelan aún varias incógnitas. Y eso teniendo en cuenta que sobre él se han realizado varias intervenciones y prospecciones que, si bien han aclarado gran parte de su pasado, dejan en el aire su atribución cronología exacta. ¿Un castro de la Edad del Hierro?, ¿Una estructura defensiva medieval? ¿Una elevación para una antena de telefonía móvil?. Con certeza estamos ante todas ellas, sobre todo de la última. Para situarnos, el Pico del Hacha se ubica en las inmediaciones de la desembocadura del río Asón, concretamente entre los municipios de Laredo (en su vertiente norte) y Limpias (fachada sur). La primera referencia al enclave la encontramos en un documento del siglo XVII, donde se cita la presencia de una fortificación en dicho lugar: "media legua de Trincheras Reales en la eminencia de la Cruz del Hacha", reiterándose en varias ocasiones (Hierro Gárate, 2007: 87).
El yacimiento como tal fue descubierto por I. Castanedo y B. Malpelo en el año 2000, en el transcurso del seguimiento de Impacto Arqueológico motivado por la instalación de antenas de telefonía en el lugar. No obstante, se tiene constancia de varias intervenciones arqueológicas en los años 90 sin que su resultado trascendiese o tenga documentación alguna. En el año 2006 vuelve a ser noticia al ser incluido por José Ángel Hierro Gárate en su estudio de impacto agresivo "Reflexiones tras la destrucción de un yacimiento: el caso del Pico del Hacha y la necesidad de un Inventario General del Patrimonio Arqueológico", tras el cual pasa a ser incluido en el INVAC por el mismo autor con la categorización de "Asentamiento al aire libre" y con una propuesta de adscripción cronológica en la Edad del Hierro (Hierro, 2007: 85). En 2007, en el marco de un programa de vigilancia arqueológica fruto de las obras de urbanización del Plan Parcial Peñaflor, se lleva a cabo la primera intervención arqueológica sobre sus estructuras defensivas. Consiste en el desbroce y posterior cata de desescombro de un tramo de muralla para intentar aclarar su origen como veremos a continuación.
Independientemente de las posibles dudas respecto a las etapas o épocas del asentamiento, el yacimiento del Pico del Hacha es un claro exponente de que en muchas ocasiones (por no decir en todas), los intereses económicos pasan por encima de cualquier informe o seguimiento de impacto arqueológico. En nuestra región tenemos casos donde, una vez conocido el valor histórico de un enclave y su entorno, se instalan elementos como canteras, antenas de telefonía móvil, parques eólicos (véase el molino de Vestas en el entorno de Las Rabas) y un sinfín de despropósitos similares..otro más a la lista.
AgradecimientosJosé Ángel Hierro Gárate
BibliografíaCastros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

Estructuras de Pico del Hacha
Como bien apuntamos antes, en la intervención (prospección visual) de impacto arqueológico del año 2000, se detectó un perímetro de derrumbe de lo que parecía ser una posible muralla. Posteriormente, en 2007, se limpió y desescombro un tramo de unos 8 metros de longitud aproximadamente, descubriéndose entonces un muro de entre 2,5 y 3 metros de anchura. La construcción del mismo es de factura muy tosca, donde los sillares encajan sin ningún tipo de argamasa (“a hueso”). Curiosamente, se detectaron también varios momentos constructivos, circunstancia por la cual se propuso que nos encontrábamos ante una estructura con varias etapas de ocupación. La parte superior se denominó “parapeto” y es la que podemos observar aún en nuestros días, mientras que la más profunda (en la base) conserva tres hiladas de mampostería asentadas sobre una base de arcilla, en la cual sus constructores hicieron una pequeña zanja de cimentación con una anchura aproximada de 2,9 metros. Sobre esta construcción (más antigua) ya en abandono, se construiría el citado “parapeto” sin orden ni metodología alguna, es decir mediante el amontonamiento sucesivo de piedras. Trazando un perímetro sobre la cima, y con la certeza de que gran parte de la misma está rodeada por este muro (salvo el sector Oeste que no se ha podido confirmar), estamos ante un recinto de unas 2 hectáreas.
Materiales hallados
Los materiales encontrados en las sucesivas intervenciones no destacan por su número, pero si nos permiten realizar un acercamiento cronológico a lo que pudo ser el asentamiento. En la intervención del año 2000 se encontró un fragmento de molino barquiforme y una mano de molino Malpelo (Castanedo, 2000; Hierro, 2007: 84), material que sin lugar a dudas nos sitúa cronológicamente en algún momento de la Edad del Hierro, aunque realizar una afirmación al 100% de que se trate de un recinto castreño es aún precipitado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario