viernes, 12 de mayo de 2017

Prehistoria en la Península Ibérica

Yacimientos arqueológicos de Cantabria


Entre los pueblos de Camesa y Rebolledo, a pocos kilómetros de Mataporquera, en el término municipal de Valdeolea (CantabriaEspaña), late el pulso de un antiguo asentamiento romano enterrado y que la arqueología está sacando a la luz: se trata de los yacimientos arqueológicos de «El Conventón», situado en Rebolledo, y el de «La Cueva», en Camesa. Sus orígenes se vinculan con el asentamiento próximo de la Legio IV Macedonica tras las guerras cántabras (29-19 a.C.) y con la calzada romana que unía Pisoraca con Portus Blendium y que se bifurca en las inmediaciones del yacimiento. También se relacionan con un castro cántabro y con un campamento romano. Más importante, si cabe, es su vinculación, aún por determinar, con Octaviolca, asentamiento aún por localizar y situado —según la placa I del Itinerario de Barro— a 10 millas romanas (unos 15 kilómetros) de la ciudad romana de Julióbriga. Sin embargo, su historia está aún por discernir.

«El Conventón»

La villa: una residencia señorial

En el yacimiento romano-medieval de «El Conventón» se puede visitar una edificación que superaba los 1.000 m² de superficie útil, situada al borde de una antigua calzada romana. Presidía un barrio situado a las afueras del hipotético asentamiento de Octaviolca.
Se trataba de una villa romana, es decir, una gran residencia señorial en el campo, propiedad de un notable o patricio del lugar. Sin embargo, se mantienen aún muchas incógnitas sobre la identidad de este edificio y sobre su relación con el entorno. Se sabe que por aquí pasaba una calzada, pues se hallaron tres fragmentos de un miliario, una señal que indicaba distancias en millas. Se colocó durante el reinado del emperador Trajano Decio (249-251 d.C.) en un momento muy cercano al de la caída en desuso de la villa. La presencia de la vía en las inmediaciones ha hecho pensar en una mansio (mansión), es decir, un establecimiento hostelero al borde del camino, a modo de mesón. Efectivamente, la existencia de las termas podría apoyar esta hipótesis, sin embargo no parece que tenga acceso externo, ni se han hallado caballerizas, amplias cocinas, ni mostradores, etc. La identificación como villa resulta por tanto la hipótesis más verosímil, pero queda por dilucidar si se trató de una gran casa rural o una residencia peri urbana, una lujosa morada señorial en las inmediaciones de un núcleo de población grande, de una ciudad.
El tamaño del edificio, los paramentos de pinturas murales que decoraron uno de sus corredores y las termas prueban la condición adinerada de sus propietarios. Un sistema de calefacción por hypocaustum, mediante aire procedente de un horno (praefurnium) y que circulaba bajo el suelo, permitió crear este «balneario privado».
Todo un ala del edificio se consagró al placer del baño y el masaje. Bañeras con agua caliente (caldarium), templada (tepidarium) y fría (frigidarium), sauna de vapor (laconicum) y vestuario (apodyterium) en salas independientes, permitían disfrutar del placer del agua mientras el sol de la tarde entraba por las ventanas. Las dependencias termales de la villa son de época Flavia (finales del siglo I d.C.) y distintas ampliaciones de los siglos II y III d.C. El agua de la piscina fría salía por un canal de evacuación que circulaba por la planta baja de la torre. Allí se ubicó la letrina, el aseo que se limpiaba al vaciar la piscina.
El entorno que ocupó la villa romana perduró desde el siglo I hasta mediados del siglo III de nuestra era; posteriormente se abandonó, coincidiendo con el comienzo de la decadencia del Imperio Romano y la crisis del siglo III.

Iglesia y necrópolis medieval

Tres siglos después de haberse abandonado la villa romana y su entorno, una nueva población —en época visigoda— reaprovecha en parte el edificio y crea en torno al ala termal una necrópolis de tumbas de fosa. De este modo, el destino del lugar quedaba marcado por muchas centurias: al menos hasta el siglo XII tumbas de laja y sarcófagos se multiplican. El escaso número de sarcófagos y el lugar privilegiado donde se enterraron —dentro de la iglesia o en la entrada— evidencia hasta qué punto los notables del lugar constituían una minoría social.
La necrópolis se concentraba en torno a una iglesia altomedieval de planta y ábside rectangulares, de estilo prerrománico, de la que sólo queda la planta. Ésta mostraba una sola nave con un pavimento de tosco empedrado. Debajo, el terreno estaba poblado de enterramientos pero también se halló un nivel de ocupación medieval con restos que indican que allí se vivió, en el siglo VII.

Centro de interpretación

Un gran centro de 1.300 m² protege los vestigios arqueológicos y permite al visitante realizar la visita guiada y señalizada, disfrutando de una visión panorámica excelente. Además, el centro ofrece un amplio espacio de exposiciones donde tienen cabida la arqueología y el patrimonio de la zona.

«La Cueva»

Este yacimiento romano está situado a unos 700 metros del anterior y se llega a él desviándose por la carretera de acceso al pueblo de Camesa, hasta unos 300 metros del núcleo de éste. Fue excavado parcialmente durante tres campañas de verano (19861989 y 1991); sin que hasta la fecha se haya publicado ni una reseña sobre él, a excepción de unos pocos datos advirtiendo de su existencia e importancia: su existencia venía manifestándose desde mucho tiempo mediante la aparición esporádica de fragmentos de cerámica romana, ladrillos y tégulas, piedras labradas y alguna moneda también romana.
Solo su excavación permitirá extraer conclusiones ajustadas, pero ya antes de ella se obtienen algunas orientaciones. Respecto a la época del yacimiento, tanto las monedas como la cerámica «sigillata» nos sitúan en los siglos II y III d. C. (época de los Antoninos y los Severos). El lugar parece idóneo para el emplazamiento de una villa de gran extensión o incluso de una pequeña agrupación urbana. Finalmente, las dimensiones y la alineación de las estructuras o muros, adivinadas más que comprobadas, sugieren que nos imaginemos allí, más que una villa, un pequeño núcleo urbano.
En el yacimiento se aprecian las magníficas dimensiones de un edificación romana, con un ala de 90 metros de longitud, que probablemente alcanzaba hasta 120 metros. También se observa el tamaño, la distribución y forma de las estancias, que hacen que esta edificación no tenga analogía con ninguna de las excavadas hasta ahora en la ciudad de Julióbriga.
Aún no se conoce con certeza la funcionalidad de las estructuras exhumadas; podrían tener un carácter militar y tratarse de barracones de tropa o bien tratarse de un edificio de carácter público, quizá de forma rectangular y porticada en torno a una plaza o foro. En este caso, las estancias excavadas serían tal vez tiendas comerciales (tabernae) que ocupaban el ala este del edificio, sin que se conozca a qué otras funciones se destinarían las dependencias de las alas aún no excavadas, si es que se conserva en la actualidad algún resto de ellas.
Yacimiento arqueológico Camesa Rebolledo Vista parcial del yacimiento Cantabria Cantabriarural
Del Yacimiento Arqueológico cabe decir que se mantuvo ocupado durante más de un milenio, aunque hubo un periodo de unos doscientos años de abandono. Los hallazgos durante las excavaciones arqueológicas y los análisis del de carbono 14 han permitido comprobar que los restos que pueblan el lugar se fueron depositando desde el siglo I hasta el siglo XI o quizá el siglo XII.
El Yacimiento Arqueológico Camesa-Rebolledo, fue desubierto gracias a la presencia de un ladrillo que procedía de una época romana, una villa, que se mantuvo en uso desde el siglo I hasta mediados del siglo III aproximadamente, a juzgar por los tipos de cerámicas hallados y por las monedas. Luego, parece que el lugar se abandona durante más de tres siglos.
Comienza más tarde a usarse como necrópolis o cementerio. Las tumbas más antiguas, en forma de fosas abiertas sobre el suelo del edificio romano son del siglo VII. Posteriormente, desde el siglo VIII, las tumbas comienzan a fabricarse con lajas. Los enterramientos se siguen produciendo hasta el siglo XII, en las inmediaciones de una hermita construida en la parte alta de la loma. Después, el lugar se abandona definitivamente.
La Villa Romana
La ocupación más antigua del Yacimiento Arqueológico Camesa-Rebolledo, que corresponde un gran edificio, se produjo a mediados del siglo I a.d. C. a juzgar por las monedas y las cerámicas encontradas. Seguramente se trató de una villa, una residencia señorial en el campo,propiedad de un notable o patricio del lugar.
Sin embargo, se mantienen aún muchas incognitas sobre la identidad de este edificio y sobre su relación con el entorno.
Sabemos que por aquí pasaba una calzada, pues se encuentran tres fragmentos de un miliario, un borne que indicaba distancias en millas. Se colocó durante el reinado del emperador  Trajano Decio (249-251 d.C.) en un momento muy cercano al de la caida en desuso de la villa.
La presencia de la vía en las inmediaciones ha hecho pensar en una mansión, un establecimiento hostelero al borde del camino, a modo de mesón. Efectivamente, la existencia de las termas podría apoyara esta hipótesis, sin embargo no parece que tenga acceso externo, ni se han hallado caballerizas, amplias cocinas, ni mostradores, etc…
La identificación del Yacimiento Arqueológico Camesa-Rebolledo como villa resulta por tanto la hipótesis más verosimil, pero queda por dilucidar si se trató de una gran casa rural o una residencia periurbana, una lujosa morada señorial en las inmediaciones de un núcleo de población grande, de una ciudad.

Yacimiento Arqueológico Camesa-Rebolledo, Arqueositio Cántabro-Romano de Camesa-Rebolledo











El campamento romano de El Cincho, se encuentra próximo a La Población, en el término municipal de Campoo de Yuso (CantabriaEspaña).

Localización

La fortificación se localiza a unos 500 m. al norte, del núcleo de La Población de Yuso (Campoo de Yuso), en torno a la cota máxima de 924 m., en el lugar conocido como El Cincho en la zona más amplia y abierta de la cubeta campurriana, al extremo de La Rasa, allí donde Campoo se aproxima a la profunda hoz del río Nela (Valdeporres) y a las alturas de la divisoria (Mediajo Frío y El Escudo). Se trata de una loma destinado a pastos, cercados que domina visualmente la gran llanada de La Vilga, hoy anegada por el Embalse del Ebro . El topónimo que da nombre al cerro, y ahora al yacimiento, "El Cincho", proviene por evolución del latino cingulum, con sentido aquí de cinturón amurallado en torno a la cima.

Situación estratégica

El campamento, está localizado en la cima de un cerro de situación estratégica desde el punto de vista militar. El cerro fue elegido por las legiones de Roma para establecerse durante alguna de las ofensivas inmediatamente posteriores al año 27 a. C.
También se ha testimoniado, un emplazamiento atrincherado del ejército y las milicias republicanas de la guerra civil española, percibiéndose hasta tres líneas de trincheras en zig-zag situadas al este de la cota y dominando la carretera de Reinosa que vá hacia Corconte y Burgos, por donde finalmente se produjo la ofensiva contra la posición.

Características

Concretamente tenemos en El Cincho, por un lado, los restos de un muro (agger) y foso (fossaperimetrales que encierra un recinto de ocupación, con esquinas redondeadas, con un muro de similares características que divide el área de asentamiento y refuerza las estructuras de defensa, y una serie de amontonamientos y alineamientos de piedra sin trabajar en el sector oeste del yacimiento.
En el amurallamiento externo se localizan dos claros accesos al recinto a través de puertas en clavícula (especialmente espectacular es la puerta norte) y otro posible del mismo tipo, la construcción rodea el cerro en torno a la cota de 905 metros y alcanza un perímetro de unos 1.510 metros, extendiéndose 528 metros de norte a sur y 330 metros de este a oeste, en sus longitudes máximas; se percibe, en su mayor parte, como un gran alomamiento de derrumbe que, en su lado oeste, alcanza hasta los 4,50 metros de anchura, con afloramiento de piedra local sin huellas de trabajo en muchas zonas de su perímetro, y un foso más o menos colmatado en torno al mismo.
El contorno del campamento, bien delimitado y documentado,encierra, 152.000 metros cuadrados, el área de ocupación propiamente, da una idea de la importancia del mismo; revela una planta subrectangular con tres de las esquinas redondeadas y la restante adaptada al terreno con el fin de evitar una vaguada, al sureste, que quedaría batida desde el altozano inmediato.

Conservación

La zona peor conservada de esta gran estructura es la meridional, ya que las labores de pratificación de este último siglo han arrasado la muralla y rellenado todavía más el foso. Aun así se puede apreciar, lo que es más peculiar, la existencia posible del hasta tres líneas de murallas distantes entre sí unos diez metros. Teniendo en cuenta que este es la zona de peores condiciones naturales para la defensa, la existencia, aún por comprobar, de las mismas no resultaría extraña. En el circuito se aprecian ciertas discontinuidades que son compatibles con accesos o puertas. Una, que no ofrece dudas, por el lado norte, aproximadamente en el centro de este frente amurallado; otras tres, muy próximas entre sí las más septentrionales, por la zona de sierra comunal en su lado oeste, y otras dos por el este, de las cuales la más septentrional parece más claramente una puerta. Tres de ellas disponen de dispositivo de "calviculae". En concreto dos de entre las situadas al oeste y la puerta del lado norte. Al tiempo existe otro amurallamiento con foso que divide el interior del recinto, también con esquinas redondeadas, que enlaza las puertas más septentrionales de los lados este y oeste. Este muro, menos destacado en superficie actualmente que el recinto exterior, se reconoce por su correspondiente alomamiento y se acompaña de un posible foso en todo su recorrido por su lado norte. El recinto norte, el cerrado por este muro y foso, encierra unos 59.000 metros cuadrados, lo que deja unos 93.000 metros cuadrados de extensión para el recinto principal situado en la parte alta del cerro.

Sondeos arqueológicos

Los diversos sondeos arqueológicos han permitido constatar el tipo de estructura defensiva de este emplazamiento romano. De dentro a afuera, un pasillo de ronda -"verna"- con suelo de tierra pisada que formaría parte del "intervallum" situado entre la empalizada y las primeras tiendas del campamento; el "vallum" o base de piedra sobre la que sustentar la empalizada, arrasada por los mismos soldados romanos y por los combatientes de la guerra civil después, consistentes en una base levantada por amontonamiento de piedra seca irregular y sin trabajar, sobre el "agger" levantado con la tierra extraída de los fosos, la "fossa", de 0,90 metros de ancha por 0,60 metros de profundidad, y un probable "contra-agger" exterior formado con tierra y piedra poco apreciable hoy.

La empalizada

Desde el inicio de la base del "vallum", sobre el que presumiblemente se levantaría la empalizada defensiva, hasta el "contra-agger" las estructuras tiene unos 7 metros de desarrollo, de los que 3 serían propiamente el "agger", sobre el que la base de la empalizada parece que apenas tenía 1,5 metros de anchura, algo más de 1 metro de rampa y entre 0,90 metros el foso del muro exterior y 1,30 metros el del muro interno.

Desniveles

El desnivel actual entre el fondo de estos fosos y la base del vallado es de 2 metros en el muro interior y de algo más, 2,25 metros, en el exterior. Pero este, sin duda, no sería el desnivel originario, ya que los arrasamientos posteriores ya señalados permiten suponer que la diferencia fue bastante mayor. La diferencia de altura entre la base y la cima del "agger", debiéndose tener en cuenta que el "vallum" ha sido arrasado por diversas causas, es de 1,70 metros en el amurallamiento exterior y de 1,30 metros en el muro interno.

Puerta Norte (en clavícula) del campañmento romano. Se aprecia a mitad del cerro
El campamento romano de "El Cincho" se sitúa en la cima de un cerro cercano al núcleo de La Población de Yuso (Campoo de Yuso), aproximadamente a unos 924 metros de altitud en su cota máxima. Su situación, dominando visualmente la gran llanada de La Vilga (hoy inundada por el Embalse del Ebro), era de gran importancia estratégica para el ejército romano, siendo un asentamiento de gran importancia en las campañas inmediatamente posteriores al año 27 a.C. Su nombre proviene de la evolución del latino "cingulum", con sentido aquí de cinturón amurallado en torno la cima. Hasta no hace muchos años, el lugar se había destinado a pastos y a la explotación ganadera, sin siquiera saberse el tesoro que albergaba.
En el último siglo, parte del yacimiento fue destruido debido al emplazamiento atrincherado del ejército y las milicias republicanas en la guerra Civil Española. Concretamente, existen tres líneas de trincheras en zig-zag al este del cerro, ya que en este punto era donde se controlaba el paso de la carretera de Reinosa a Corconte. Los sondeos arqueológicos realizados han permitido constatar el tipo de estructura defensiva del campamento de El Cincho. De dentro afuera existe un pasillo de ronda-“verna” con suelo de tierra pisada que formaría parte del “intervallum”, el cual se situaba entra la empalizada y las primeras tiendas del campamento. Se ha detectado también el “vallum” o base de piedra donde se colocaba la empalizada. Esta base, conformada por piedra seca irregular y sin trabajar, se sitúa sobre el “agger” levantado con la tierra extraída de los fosos o “fossa”.

Campamento romano de El Cincho
Estructuralmente el yacimiento de El Cincho tiene dos secciones claramente diferenciadas. En primer lugar está el campamento como tal, con los restos de un muro (agger) y foso (fossa) perimetrales. Sus esquinas son redondeadas tal y como se aprecia en la imagen, observándose además otro muro que divide el área de asentamiento y que refuerza las estructuras de defensa. Por último, en el sector oeste del yacimiento, existen una serie de amontonamientos y alineamientos de piedra sin trabajar.
Centrándonos en el amurallamiento externo, podemos observar dos accesos principales al recinto. Concretamente a través de puertas en clavícula, destacando entre ambas la localizadas en la zona norte y de reseñable espectacularidad. La muralla rodea el cerro a una altitud aproximada de 905 metros y alcanza un perímetro de 1.510 metros extendiéndose 528 metros de norte a sur y 330 metros de este a oeste en sus longitudes máximas. Con estas dimensiones encierra un total de 152.000 metros cuadrados, dándonos este dato a entender la importancia del mismo. Como se puede apreciar, está divido en dos partes: El recinto norte, el cual tiene unos 59.000 metros cuadrados y el sur (con los restantes 93.000), dejando el recinto principal en la parte alta del cerro.


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