viernes, 12 de mayo de 2017

Prehistoria en la Península Ibérica

Yacimientos arqueológicos de Cantabria


Julióbriga (en latín Iuliobriga, literalmente Ciudad fortificada de Julio, en memoria del padre adoptivo de Augusto: Cayo Julio César) fue la ciudad romana más importante de las 9 fundadas en Cantabria,2 está situada sobre una colina de 917 metros en la población de Retortillo, en el interior de Cantabria y en el área de transición entre la Costa y la Meseta; tenía acceso al mar por el llamado Puerto de la Victoria (Portus Victoriae Iuliobrigensium), actual Santander que fue fundado el año 26 a. C., al final de las guerras cántabras.

Historia

Fue fundada entre los años 15 a 13 a. C. por la Legio IV Macedonica romana, al final de las guerras cántabras, muy posiblemente sobre un castro cántabro preexistente. Julióbriga nace en la zona de mayor densidad de población cántabra, en el mayor punto de tensión durante la guerra emprendida por el emperador Augusto, con el objetivo de romanizar la región y sin merecer un estatuto de privilegio. Fue una ciudad de carácter civil que tuvo que administrar una zona que no conocemos, pero que debió de abarcar al menos el valle del río Besaya y los territorios adyacentes, además de una franja costera indefinible. Para mantener la paz en la zona, durante los primeros años la IV Legión montó un campamento semipermanente cerca, en Pisoraca, lo que es hoy el pueblo de Herrera de Pisuerga. La presencia militar romana no desaparecería hasta el año 40.
Durante el siglo I termina de articularse el trazado de la ciudad, en pleno apogeo. Años después se amplía bajo el mandato del emperador Vespasiano. Julióbriga ha trascendido en Hispania para entonces, y durante el último tercio del siglo I y todo el siglo II vemos a ciudadanos de aquí ocupando cargos civiles de relevancia en la administación tarraconense (Tarraco, actual Tarragona). Mientras, la romanización de la zona de Campoo se evidencia, y se mezclan rasgos de la cultura tradicional cántabra con la romana.
De Julióbriga partía una calzada romana que la comunicaba con Pisoraca (Herrera de Pisuerga), Portus Blendium (Suances) y Portus Victoriae Iuliobrigensium (Santander), desde su creación una de las principales arterias de unión entre el norte y la Meseta, aún hoy reproducido por las carreteras y recientemente por el trazado de la Autovía de la Meseta.
Las excavaciones han constatado el cultivo de cereales, la existencia de ganadería bovina y que la comarca estaba cubierta parcialmente de bosques en la Antigüedad.
A pesar de conocerse la existencia de esta ciudad desde antiguo, las excavaciones, comenzadas a mediados del siglo XX han comprendido una superficie reducida del yacimiento, de modo que han salido a la luz muy pocas ruinas, divididas en tres zonas cercanas entre sí; el hecho de que parte de la población de Retortillo se halle edificada justo encima dificulta las labores arqueológicas. Los objetos y restos encontrados comprenden desde la Edad del Hierro hasta la Edad Media.
La ciudad fue abandonada durante el siglo III, aunque se estima una parcial reocupación por grupos reducidos de gentes durante el siglo IV y se constatan trazas de incendios poco importantes.
Desde el siglo V y durante el Medievo, hasta el siglo XIII, el centro de la ciudad fue utilizado como cementerio, terminando por emplazarse una iglesia románica sobre el foro, en torno a la cual se formó una aldea diminuta. Otra iglesia, la de Santa María de Retortillo, se edificó sobre la anterior en el siglo XII.
En el año 1057 los terrenos donde se asentaba Julióbriga fueron entregados a la entonces abadía de Santa Juliana.

Restos

Casa de los Morillos. Al fondo, Reinosa.
Planta del foro romano.
La arquitectura romana en Julióbriga llega a su máxima definición a finales del siglo I, caracterizándose por grandes zócalos pétreos de mampostería tomada con barro en combinación con sillería de arenisca (únicos restos que hoy se pueden contemplar), y muros de adobe, tapial y madera con techumbres de madera y teja. En las casas más ricas se han encontrado restos de estuco, así como de revoco en otras. Existió asimismo una calle porticada tras el foro, franqueada por pilastras cuadradas.
Convivieron en la ciudad mansiones con patio peristilo de arquitectura típica romana, y bloques exentos de viviendas más modestas, sin patio interior y con un terreno exterior con edificaciones menores como hórreos (de uno de ellos se conservan los apoyos), establos y corrales, que evolucionaron hasta la Casa Montañesa cántabra.
Entre los restos destacan:
  • El foro romano de la ciudad, de pequeñas dimensiones, edificado en lo alto de la loma, cerca y bajo la iglesia románica de Retortillo.
  • Casa de los Morillos, del año 80 d. C.
  • Casa de los mosaicos, con llamativos pavimentos blancos y negros, termas y un hipocaustum.
  • Tabernae; un edificio tipo ínsula con aterrazamiento del terreno para poder albergar almacenes y comercios.
El museo Domus Romana abre sus puertas en el año 2003 en el sitio de Julióbriga. Hasta entonces, los restos eran trasladados al Museo Arqueológico de Santander.

Fuentes escritas

Son escasas las menciones históricas a Julióbriga, pero todas ellas resaltan su importancia en la Península. En ellas la ciudad aparece siempre como Iulóbriga. La más destacable es del año 60, cuando es mencionada por Plinio el Viejo en Naturalis Historia,3 que la sitúa en las proximidades del nacimiento del río Ebro.4
Otro geográfo antiguo que la cita es Ptolomeo en el siglo II, además de encontrarse en textos administativos anónimos del siglo V y epígrafes.
Casa de los Mosaicos (Julióbriga).jpg
Calle Porticada (Julióbriga - Retortillo).jpg
Casa de los Morillos.jpg





La cueva del Mirón es una cavidad situada en el municipio de Ramales de la Victoria, comunidad autónoma de Cantabria (España) que contiene un importante yacimiento arqueológico y paleoantropológico, además de representaciones de arte parietal, del Paleolítico Superior. Es de gran importancia por recoger de forma ininterrumpida restos entre la actualidad y el Musteriense. Se encuentra dentro de la zona arqueológica de Ramales, declarada Bien de Interés Cultural desde 2006. Fue descubierta en 1903.
La campaña de excavaciones realizada en el verano de 2010 en la cueva del Mirón permitió descubrir el que podría ser el primer enterramiento del Magdaleniense encontrado en la península ibérica.
Se trata de un enterramiento secundario, en el que parte de los huesos del esqueleto aparecen desordenados y recubiertos de ocre, práctica, esta última, común en los rituales funerarios del Paleolítico Superior, y detalle que ha conducido a los investigadores a pensar en la posible datación de los restos hallados, pertenecientes, probablemente, a un adulto joven y de pequeña talla.
El catedrático de la Universidad de Cantabria (UC), Manuel González Morales, fue el director de las excavaciones del Mirón, quien trabajó junto a Lawrence G. Straus, de la Universidad de Nuevo México además de otros. González Morales realizó campañas desde el año 1996 hasta 2011, con la financiación de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria, el Ministerio de Educación, la Fundación Marcelino Botín y las fundaciones estadounidenses Leakey y Nacional para la Ciencia, además de donaciones realizadas por la novelista Jean M. Auel, autora de El clan del oso cavernario, y el apoyo logístico y técnico del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria.1
Los huesos hallados (mandíbula completa, numerosos restos del esqueleto postcraneal, vértebras, costillas y varias falanges) aparecieron cubiertos de un bloque de piedra con grabados junto a una pared de la cueva y rodeados de pequeñas hogueras. La datación por carbono-14 arrojó una edad de unos 18 500 años de antigüedad para los restos.2 El hallazgo tiene una «gran relevancia científica», ya que permitirá «obtener información sobre las poblaciones humanas que habitaban la zona cantábrica a finales del Paleolítico Superior, incluyendo datos sobre ADN, características antropológicas, alimentación y posibles patologías, así como rituales de enterramientos». Todos los elementos encontrados alrededor, especialmente las hogueras y el color ocre pintado de los huesos, llevaron a pensar en «un enterramiento ritual del Magdaleniense (hace entre 15 000 y 8000 años)», de similares características a la Dama Roja de Paviland, encontrada en el Reino Unido, según declararon los descubridores. De igual forma, se expuso al hipótesis de que los restos no estén completos se debe a que éstos hubieran sido devorados en parte por animales y alterados por haber estado ubicados junto a una antigua excavación hecha por «caza tesoros». Aun así, el director indicó que el yacimiento estaba «casi intacto», ya que las técnicas empleadas por el equipo de investigadores eran «mucho más selectivas» que las realizadas en otros yacimientos de similares características en Europa.
Las investigaciones en la cueva del Mirón, considerada uno de los yacimientos más importantes de la Cornisa Cantábrica, arrojaron en los años de excavación «una importante cantidad de datos y conocimiento» sobre los asentamientos humanos del Paleolítico (hace entre 42 000 y 4000 años), en un yacimiento al que González Morales definió en 2011 como una inagotable fuente «que no terminará en generaciones».

Cueva del miron.jpg

Omoplato o escápula con la silueta de una cabeza de cierva, procedente de las excavaciones de la Cueva del Mirón 01.jpg

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