Yacimientos arqueológicos de Cantabria
El complejo kárstico del monte de La Garma, situado entre Omoño, en el municipio de Ribamontán al Monte, y Carriazo, en el municipio de Ribamontán al Mar (Cantabria, España), contiene importantes conjuntos de arte rupestre paleolítico con figuras de animales pintadas, grabadas, signos y manos en negativo de color rojo. Está incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde julio de 2008, dentro del sitio «Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del Norte de España» (en inglés, Cave of Altamira and Paleolithic Cave Art of Northern Spain).1
También contiene un gran yacimiento del paleolítico superior avanzado, en excelente estado de conservación, encontrándose los restos paleolíticos en superficie, conjuntos de carbones en el suelo, esqueletos humanos, así como restos de interés paleontológico (oso de las cavernas).
En un nivel superior hay cerámicas alto medievales, enterramientos humanos de la prehistoria reciente, así como un depósito estratificado desde el paleolítico superior al mesolitico.
Un nivel sepulcral de la prehistoria reciente con abundantes cerámicas a mano, microlitos geométricos y marcas negras en las paredes.
Sierra que alberga la Cueva de La Garma, protegida por una lona blanca, Cantabria, España.
La cueva de los Hornucos está situada en Suano, municipio de Hermandad de Campoo de Suso (Cantabria, España).
Primeras exploraciones documentadas
La caverna de Los Hornucos, o de Suano es una gruta en la Hermandad de Campoo de Suso, Cantabria, en la que se han encontrado restos históricos y prehistóricos que evidencian su uso por el hombre como cámara sepulcral y como refugio o vivienda. Su existencia ha sido conocida desde tiempo inmemorial por los vecinos de los pueblos aledaños, aunque las primeras exploraciones documentadas de las que se tiene constancia, son las de Luis de Hoyos Sainz de 1901, cuando dibujó un plano y envió al Museo de Historia Natural alguno huesos que allí encontró.1 2
Estos hallazgos despertaron la curiosidad entre los habitantes del valle por los posibles tesoros que la cueva pudiese ocultar, y en 1934 un grupo de mozos de Villacantid y alrededores, Daniel Fernández Ortega, Manuel Hoyo García, Víctor Fernández, Joaquín Fernández, Tomás López, Eduardo Muñoz, Emiliano Villanueva y Adrián Sainz de los Ríos,3 penetraron en la cavidad, y tras una excursión de varios cientos de metros, hallaron diversos objetos de cerámica, estalactitas, y cráneos y otros restos humanos.4
Por las mismas fechas, D. Carlos Navarro Morenés, D. Ricardo García Díaz, y D. Antonio Fernández Carpio, entran en la cueva, donde encuentran cenizales con carbón y restos de huesos de aves, y trozos de vajillas cerámicas a mano; días más tarde vuelve en compañía del padre Jesús Carballo, director del Museo Prehistórico de Santander, y el antropólogo Juan Uría. En esta exploración descubren un enlosado de piedras en la entrada que tapa el cauce del arroyo de Ricueva que de esta caverna surge, y que interpretan como evidencia del uso de la cueva como vivienda. Además de nuevos restos humanos y más piezas cerámicas, encuentran diversas piezas metálicas, como punzones, mangos y trozos de puñal.4
Entre septiembre y octubre de 1936, se hace cargo de las investigaciones y excavaciones el citado Jesús Carballo, a resultas de las cuales aparecieron nuevos objetos, que sumados a los ya encontrados, conforman la siguiente relación sintetizada:
- Diversos fragmentos de cerámica roja "a mano", encontradas en cenizales como restos de ajuar, y en lechos arcillosos sobre cráneos humanos, como piezas oferentes viáticas, de origen calcolítico.
- Varias hachas y punzones de cobre, de origen calcolítico.
- Un mango de asta del siglo 111 antes de J. C.
- Cucharillas, cazillos y otros objetos de bronce de datación romana.
- Un fragmento cerámico de origen romano o precristiano.
- Restos de piezas cerámicas decoradas, de origen supuesto visigodo o medieval.
- Prendedores, hebillas, y otros objetos de bronce de época visigoda.
- Treita y cuatro cráneos humanos marcadamente dolicocéfalos, de datación calcolítica.1
De las exploraciones referidas se puede deducir que esta gruta ha sido usada por el ser humano desde tiempos no posteriores al calcolítico, con una continuación en su uso por lo menos hasta la época medieval, y aún posteriormente, como refugio de circunstancias para pastores. Las cámaras más próximas a la boca son las que presentan evidencias de uso habitacional, mientras que galerías más alejadas fueron las destinadas a enterramietos o cámaras mortuorias.
Geología
La boca de la gruta se encuentra en la falda del monte Endino, en una zona que llaman el Rozadío, a unos 1000 msnm. Se abre en un afloramiento o isleo calcáreo en la capa sedimentaria de la sierra, cubierto por la vegetación y dentro de un hayedo. La galería se desarrolla en un área aproximada de 600 por 200 m, entre carniolas y calizas del Jura. La meteorización de estos materiales ha causado la aparición de un sistema kárstico por el que discurre el agua procedente de manantiales y deshielos de cotas superiores. Estos conductos han ido profundizándose y creando nuevas galerías según ha ido avanzando la erosión química con el paso del tiempo. En la actualidad, el agua discurre por niveles inferiores inaccesibles hasta salir al exterior en la misma entrada de la caverna, formando el arroyo Ricueva.
Dentro de la gruta se abren 3 salas en las que se aprecian derrumbres centrales de bloques de piedra. El suelo está cubierto por una gruesa capa de arcilla, producto de la meteorización.
Cueva de los Hornucos, Suano, España. Exploración de 1934 del padre Carbayo, director del Museo Prehistórico de Santander.
Ídolo de Ruanales se localiza en el lugar de El Redular, en los alrededores de El Barriuco (Ruanales), del municipio de Valderredible (Cantabria, España), en un afloramiento de areniscas wealdenses que integran un amplio friso.
Se trata de una figura alargada, abierta en su base, que se estrecha en dirección arriba, cerrándose con una línea curva. Está ejecutada con un surco profundo.
El grabado principal, el llamado Ídolo de Ruanales, se encuentra a unos 110 cm del suelo, en una pared de unos 170 centímetros de altura y 78 de anchura en la base.
Cantabria cuenta con una notable colección de manifestaciones atribuidas a la edad del bronce (en torno a los 4000 años de antigüedad), cargadas de misterio y muy poco o nada conocidas popularmente. Hablemos de una de ellas.
En el entorno de la población de Ruanales se localiza una cresta rocosa dominante sobre un pequeño valle cerrado. Observamos desde la distancia un gran bloque con forma de cubo, y más formaciones que destacan sobre el valle; hitos paisajísticos que atrajeron a estos hombres, como nos atraen a nosotros. En una pared rocosa surge una figura de 1,80 metros realizada con un instrumento metálico que produce un surco ancho y profundo. Se ha interpretado como un antropomorfo, un ídolo, también como un símbolo fálico. En el interior de la representación aparecen dos líneas grabadas en paralelo, rematadas con un trazo curvo. Una posible representación de un puñal de mango "lunato", signo de poder. Junto al ídolo fue realizado otro grabado de exacto tamaño y casi idéntica representación que la descrita en el interior del ídolo.
La mole de roca con pared plana que cobija al Ídolo de Ruanales es visible desde puntos que igualmente albergan este tipo de misteriosos antropomorfos. Tal vez nos hablan de un control del paisaje por parte de estas sociedades neolíticas dedicadas al pastoreo y la agricultura, aparte de su posible relación con cultos. Ésta y otras muestras post-paleolíticas (en especial los túmulos megalíticos) curiosamente se han relacionado en la tradición con "tesoros de los moros", lugares donde habría enterradas espadas y puñales. La base de la roca que alberga el Ïdolo de Ruanales ha sido excavada en busca de ese supuesto botín.
Poco más se puede decir a día de hoy sobre su significado. Lo que sí está claro es que ejerce una indudable fascinación sobre el visitante moderno y nos conecta con hombres que percibían e interpretaban su mundo de un modo muy diferente. Al atardecer, los últimos rayos de sol golpean sobre la plana roca, ocultando poco a poco la silueta grabada del ídolo.
En el entorno de la población de Ruanales se localiza una cresta rocosa dominante sobre un pequeño valle cerrado. Observamos desde la distancia un gran bloque con forma de cubo, y más formaciones que destacan sobre el valle; hitos paisajísticos que atrajeron a estos hombres, como nos atraen a nosotros. En una pared rocosa surge una figura de 1,80 metros realizada con un instrumento metálico que produce un surco ancho y profundo. Se ha interpretado como un antropomorfo, un ídolo, también como un símbolo fálico. En el interior de la representación aparecen dos líneas grabadas en paralelo, rematadas con un trazo curvo. Una posible representación de un puñal de mango "lunato", signo de poder. Junto al ídolo fue realizado otro grabado de exacto tamaño y casi idéntica representación que la descrita en el interior del ídolo.
La mole de roca con pared plana que cobija al Ídolo de Ruanales es visible desde puntos que igualmente albergan este tipo de misteriosos antropomorfos. Tal vez nos hablan de un control del paisaje por parte de estas sociedades neolíticas dedicadas al pastoreo y la agricultura, aparte de su posible relación con cultos. Ésta y otras muestras post-paleolíticas (en especial los túmulos megalíticos) curiosamente se han relacionado en la tradición con "tesoros de los moros", lugares donde habría enterradas espadas y puñales. La base de la roca que alberga el Ïdolo de Ruanales ha sido excavada en busca de ese supuesto botín.
Poco más se puede decir a día de hoy sobre su significado. Lo que sí está claro es que ejerce una indudable fascinación sobre el visitante moderno y nos conecta con hombres que percibían e interpretaban su mundo de un modo muy diferente. Al atardecer, los últimos rayos de sol golpean sobre la plana roca, ocultando poco a poco la silueta grabada del ídolo.
http://tesoros-historicos-de-cantabria.blogspot.com.es/2013/06/thc-15-el-idolo-de-ruanales.html

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