lunes, 19 de febrero de 2018

Patrimonios de la Humanidad por países

Bolivia

Los Kallawayas son un grupo étnico de Bolivia, con base en los Andes, en las regiones de Curva, Chajaya, Khanlaya, Huata Huata, Inka y Chary, situadas en los alrededores de Charazani en la provincia de Bautista Saavedraen el departamento de La Paz.2​ Desde tiempos pre-incaicos controlaron una importante zona de transición entre las tierras altas y bajas, considerada por los Incas la entrada más "factible" hacia la zona amazónica.3​ La cosomovisión de la cultura Kallawaya es una estructura coherente compuesta de rituales, mitos, valores y expresiones artísticas, pero la principal actividad de los Kallawayas es la práctica de la medicina ancestral. Destaca su conocimiento sobre el uso de una amplia variedad de plantas medicinales nativas, cerca de 900 especies reportadas por Girault en 1987,2​ distribuidas en diferentes ecosistemas; y además, de 29 especies exóticas introducidas desde otros continentes.4​ Así, la farmacopea Kallawaya es una de las más ricas del mundo.1​ La medicina Kallawaya también incluye el uso de animales, minerales y la práctica de rituales basados en creencias religiosas.
El origen del nombre Kallawaya es consistente con los fonemas aimaras "Qolla-waya" que significan "medicamento" y "llevar al hombro".5​ Así, el significado aimara hace referencia clara y directa al oficio de éstos curanderos. En la lengua propia de los kallawayas, el Machchaj juyai, los fonemas "khalla" (que significa libación) y "wayai", se traducirían como "brote de las libaciones". En Machchj juyai también existe la palabra "k'alli" o "k'alla" que significa sacerdote y "k'alli wayai" significaría "advenimiento del sacerdocio". Por otra parte, en idioma quechua no existe significado alguno. De esta manera, los kallawayas estarían vinculados filológicamente a los aimaras.5​ Sin embargo, estudios recientes proponen que la lengua kallawaya es de etimología compleja y aun poco clara. El léxico kallawaya incluye, no solamente palabras de origen pukinaaimaraquechua y uru-chipaya; sino también, un pequeño número de palabras prestadas de lenguas cualitativa y cuantitativamente diferentes a las mencionadas: kunza y ese ejja takana.6​ Estas últimas posiblemente introducidas intencionalmente para incrementar el lenguaje secreto de los rituales.


La cosmovisión andina de los kallawayas
UNESCO logo.svg UNESCO-ICH-blue.svg
Patrimonio cultural inmaterial de la Unesco
PaísFlag of Bolivia.svg Bolivia
TipoCultural inmaterial
N.° identificación00048
RegiónAmérica Latina y el Caribe
Año de inscripción2008 (III sesión)










Ichapekene Piesta, la fiesta mayor de San Ignacio de Moxos

Inscrito en 2012 (7.COM) en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
© 2010 by Fama Producciones
La Ichapekene Piesta es una festividad sincrética que reinterpreta el mito fundacional moxeño de la victoria jesuítica de San Ignacio de Loyola, asociándolo a las creencias y tradiciones indígenas. Los festejos dan comienzo en el mes de mayo con fuegos artificiales, cantos y alabanzas, y prosiguen en el mes de junio con celebraciones de misas diurnas y nocturnas, velatorios, donaciones de limosnas y banquetes. La principal representación de la victoria de San Ignacio consiste en una representación escénica en la que doce guerreros solares con tocados de plumas espectaculares combaten a los guardianes de la Santa Bandera –“señores” primigenios de los bosques y las aguas– antes de acabar convirtiéndolos al cristianismo. Estos rituales constituyen un acto de fe y renovación constante que permiten a los moxeños renacer al cristianismo en presencia de sus espíritus ancestrales. En la procesión principal participan 48 grupos disfrazados con máscaras de antepasados y animales que destacan la importancia otorgada al respeto de la naturaleza. Estos grupos festivos gastan bromas y bailan al son de la música barroca de las misiones jesuíticas hasta que, en torno de la medianoche, hacen surgir de sus sombreros bengalas y petardos que simbolizan el don de la luz y la clarividencia para vivir en armonía con la biodiversidad.









El Pujllay y el Ayarichi: músicas y danzas de la cultura yampara

Inscrito en 2014 (9.COM) en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
© 2011 par Rosalia Martinez
El Pujllay y el Ayarichi son formas musicales y coreográficas de la cultura yampara que se complementan formando un todo. Le Pujllay se practicas en la época de las lluvias y el Ayarichi en la temporada seca. El Pujllay lo ejecutan principalmente hombres en el transcurso de un ritual del mismo nombre que celebra la renovación de la vida y la abundancia traída por la época de las lluvias. Los sonidos, bailes y atuendos evocan al "Tata Pujllay", ente demoníaco y fecundo que posee una energía desbordante. Un grupo de músicos toca con varias flautas y una especie de clarinete de cuerno. Los danzarines, suntuosamente vestidos como el "Tata Pujllay", giran incansablemente alrededor de un gran altar bellamente adornado con alimentos, en señal de abundancia. El Ayarichi se baila en fiestas dedicadas a los diferentes santos católicos que rigen el orden social y cósmico e influyen en la conservación de la vida. El grupo de ejecutantes de este ritual comprende cuatro músicos-bailarines –que tocan simultáneamente una flauta de Pan y un tambor– y unas dos a cuatro bailarinas. De la confección de los trajes se encargan artesanas, que los tejen con suma minuciosidad cuidando hasta el más mínimo detalle. La ejecución de ambos ritos moviliza un vasto conjunto de redes comunitarias que aportan bebidas y alimentos en abundancia. La transmisión de los conocimientos y técnicas musicales y coreográficas a los niños se efectúa generalmente mediante juegos colectivos infantiles y la observación de los adultos, sin intervención directa de estos últimos. El Pujllay y el Ayarichi contribuyen a la unidad de las comunidades de cultura yampara en la medida en que constituyen un medio privilegiado de comunicación con la naturaleza.












Recorridos rituales en la ciudad de La Paz durante la Alasita

Inscrito en 2017 (12.COM) en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
Los participantes en los recorridos rituales efectuados en la ciudad de La Paz durante la Feria de la Alasita –que comienza el 24 de enero y dura unas dos o tres semanas– buscan y adquieren figuritas de la buena suerte vinculadas al culto de Ekeko, deidad aimara de la abundancia y protectora de la ciudad. Consagradas luego por ritualistas andinos o bendecidas por sacerdotes católicos, esas figuritas cobran así un nuevo significado para quienes han depositado su fe en ellas a fin de convertir sus deseos en realidad. Los participantes en la feria también intercambian figuritas para satisfacer simbólicamente sus deudas. La comunidad de practicantes y depositarios de esta tradición cultural abarca un número considerable de partes interesadas, y los habitantes de la capital boliviana participan ampliamente en su celebración, sea cual sea su condición social. Este elemento del patrimonio cultural fomenta la cohesión social, se transmite de generación en generación y estrecha las relaciones familiares. Además, la importancia que esta práctica tradicional concede a las donaciones y los pagos de deudas –por simbólicos que sean– contribuye a apaciguar las tensiones entre las personas, e incluso entre las clases sociales. Las prácticas de la Alasita se transmiten naturalmente en el seno de las familias, ya que los niños acompañan a sus padres en los recorridos rituales. Los esfuerzos realizados para salvaguardar este elemento han sido constantes y han dependido principalmente de la sociedad civil. Algunas colecciones y exposiciones en museos han contribuido a sensibilizar al público a la importancia cultural de determinados temas de la Alasita. Además, para fomentar la fabricación artesanal de figuritas y la creatividad se organizan concursos municipales a los que acude con entusiasmo un número cada vez mayor de participantes.










El Templo de Kalasasaya (kala: piedra y saya o sayasta: parado) o Templo de las Piedras Paradas,1​ se encuentra en TiwanakuBolivia, en él se verificaban con exactitud los cambios de estaciones y el año solar de 365 días. En los equinoccios (otoño21 de marzo y primavera21 de septiembre) el Sol nacía por el centro de la puerta principal de ingreso, a la que se accede por una magnífica escalinata. En el solsticio de invierno (21 de junio) el Sol nacía en el ángulo noreste. el solsticio de verano (21 de diciembre) se marcaba por el nacimiento del Sol en el ángulo sureste. Este muro es conocido como "pared balconera" o "chunchukala".

El «Templo de las Piedras Paradas» cubre aproximadamente 2 ha y su estructura está basada en columnas de arenisca y sillares cortados, dispuestos entre estos, sobresalen gárgolas o goteros de desagüe para las aguas pluviales.
En el interior pueden verse los restos de lo que habrían sido pequeñas habitaciones semi-subterráneas dispuestas de manera que 7 estaban a cada lado del patio. En el recinto existe un muro a base de sillares de arenisca que logra cerrar los sectores este, norte y sur, dejando a ambos costados una especie de atrio, que separa el recinto central o "ceremonial". En este segundo muro hacia el lado norte se observan dos bloques en los que, en su tercio superior, se practicó un orificio que imita, a escala, un aparato auditivo humano, y mediante el cual se pueden escuchar ruidos o conversaciones que se producen en sitios alejados. Estos "amplificadores de sonidos" nos permiten deducir que en el mundo precolombino se conocía y aplicaba la acústica.
En Kalasasaya existen tres importantes esculturas: la Estela 8 (Ponce), el monolito El Fraile y la Puerta del Sol. En el Monolito Ponce se aprecian finos grabados iconográficos como hombres alados, peces, cabezas de puma o de camélidoscóndoreságuilas y símbolos escalonados en el más puro arte tiwanakota. La estela "El Fraile" no está adornada, es una pieza labrada en arenisca veteada, mostrando un enigmático personaje que lleva un báculo y un keru en las manos; porta una faja ventral donde se aprecian algunas huellas en relieve de cangrejoz.

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