lunes, 26 de febrero de 2018

Santos por meses y días

santos del 7 de marzo

Santa Perpetua y santa Felicidad son dos mártires cartaginesas, cuyo martirio se relata en la Passio Perpetuae et Felicitatis. En el año 202, durante la persecución del emperador Septimio Severo, una joven mujer rica de 22 años, llamada Perpetua, fue arrestada y acusada al parecer por cristianismojunto con su esclava Felicidad (también conocida como Felícitas), y otras tres personas más. Ante su negativa a adorar a los dioses paganos, fueron condenadas a muerte en el anfiteatro.
Perpetua pertenecía a una rica e influyente familia cartaginesa que se había iniciado en la religión cristiana por medio de un diácono, llamado Sáturo. Con ella se convirtieron también sus esclavos: Felicidad, Revocato, Saturnino y Segundo.
En el año 202 el emperador Severo ordenó una dura persecución contra los cristianos, y la policía imperial arrestó a todos los creyentes de la familia de Perpetua, incluyéndola a ella. Los jueces intentaron convencer a la familia para que volviesen al paganismo, pero ante su negativa decidieron dejarlos en prisión hasta que se organizasen los Juegos. Usaron el derecho de los condenados a una cena de despedida (la llamada cena libre) a la que dieron un cariz de ágape cristiano. Los tres esclavos fueron arrojados a los leones junto con el diácono, que había logrado convertir al cristianismo a uno de los carceleros; mientras que las mujeres fueron decapitadas.
La historia de su martirio fue inmensamente popular en los siglos IV y V: San Agustín dice que la Passio se leía frecuentemente en las iglesias y reuniones, para gran provecho de los creyentes.
Sus vidas fueron objeto de dos novelas históricas: Perpetua: Una novia, una mártir, una pasión escrita por Amy Peterson y La escalera de bronce de Malcolm Lyon.

Santas Perpetua y Felicidad.
Verrière de Sainte Perpétue (église Notre-Dame de Vierson, XIXe siècle).jpg
Santas Perpetua (centro) y Felicidad (derecha). Vidriera siglo XIX. Iglesia Notre Dame de Vierzon.
Mártires
NacimientoCartago
Fallecimiento7 de marzo de 203
CartagoAfrica
Venerado enIglesia ortodoxaIglesia católicaIglesia anglicana
Festividad7 de marzo
PatronazgoMadres, madres embarazadas, ganaderos, carniceros, Cartago, Cataluña

7 de Marzo
 Santas Felicidad y PerpetuaMártires
(año 203)
Felicidad y PerpetuaEstas dos santas murieron martirizadas en Cartago (África) el 7 de marzo del año 203.
Perpetua era una joven madre, de 22 años, que tenía un niñito de pocos meses. Pertenecía a una familia rica y muy estimada por toda la población. Mientras estaba en prisión, por petición de sus compañeros mártires, fue escribiendo el diario de todo lo que le iba sucediendo.
Felicidad era una esclava de Perpetua. Era también muy joven y en la prisión dio a luz una niña, que después los cristianos se encargaron de criar muy bien.
Las acompañaron en su martirio unos esclavos que fueron apresados junto a ellas, y su catequista, el diácono Sáturo, que las había instruido en la religión y las había preparado para el bautismo. A Sáturo no lo habían apresado, pero él se presentó voluntariamente.
Los antiguos documentos que narran el martirio de estas dos santas, eran inmensamente estimados en la antigüedad, y San Agustín dice que se leían en las iglesias con gran provecho para los oyentes. Esos documentos narran lo siguiente.
El año 202 el emperador Severo mandó que los que siguieran siendo cristianos y no quisieran adorar a los falsos dioses tenían que morir.
Perpetua estaba celebrando una reunión religiosa en su casa de Cartago cuando llegó la policía del emperador y la llevó prisionera, junto con su esclava Felicidad y los esclavos Revocato, Saturnino y Segundo.
Dice Perpetua en su diario: "Nos echaron a la cárcel y yo quedé consternada porque nunca había estado en un sitio tan oscuro. El calor era insoportable y estábamos demasiadas personas en un subterráneo muy estrecho. Me parecía morir de calor y de asfixia y sufría por no poder tener junto a mí al niño que era tan de pocos meses y que me necesitaba mucho. Yo lo que más le pedía a Dios era que nos concediera un gran valor para ser capaces de sufrir y luchar por nuestra santa religión".
Afortunadamente al día siguiente llegaron dos diáconos católicos y dieron dinero a los carceleros para que pasaran a los presos a otra habitación menos sofocante y oscura que la anterior, y fueron llevados a una sala a donde por lo menos entraba la luz del sol,y no quedaban tan apretujados e incómodos. Y permitieron que le llevaran al niño a Perpetua, el cual se estaba secando de pena y acabamiento. Ella dice en su diario: "Desde que tuve a mi pequeñín junto a mí, y a aquello no me parecía una cárcel sino un palacio, y me sentía llena de alegría. Y el niño también recobró su alegría y su vigor". Las tías y la abuelita se encargaron después de su crianza y de su educación.
El jefe del gobierno de Cartago llamó a juicio a Perpetua y a sus servidores. La noche anterior Perpetua tuvo una visión en la cual le fue dicho que tendrían que subir por una escalera muy llena de sufrimientos, pero que al final de tan dolorosa pendiente, estaba un Paraíso Eterno que les esperaba. Ella narró a sus compañeros la visión que había tenido y todos se entusiasmaron y se propusieron permanecer fieles en la fe hasta el fin.
Primero pasaron los esclavos y el díacono. Todos proclamaron ante las autoridades que ellos eran cristianos y que preferían morir antes que adorar a los falsos dioses.
Luego llamaron a Perpetua. El juez le rogaba que dejara la religión de Cristo y que se pasara a la religión pagana y que así salvaría su vida. Y le recordaba que ella era una mujer muy joven y de familia rica. Pero Perpetua proclamó que estaba resuelta a ser fiel hasta la muerte, a la religión de Cristo Jesús. Entonces llegó su padre (el único de la familia que no era cristiano) y de rodillas le rogaba y le suplicaba que no persistiera en llamarse cristiana. Que aceptara la religión del emperador. Que lo hiciera por amor a su padre y a su hijito. Ella se conmovía intensamente pero terminó diciéndole: ¿Padre, cómo se llama esa vasija que hay ahí en frente? "Una bandeja", respondió él. Pues bien: "A esa vasija hay que llamarla bandeja, y no pocillo ni cuchara, porque es una bandeja. Y yo que soy cristiana, no me puedo llamar pagana, ni de ninguna otra religión, porque soy cristiana y lo quiero ser para siempre".
Y añade el diario escrito por Perpetua: "Mi padre era el único de mi familia que no se alegraba porque nosotros íbamos a ser mártires por Cristo".
El juez decretó que los tres hombres serían llevados al circo y allí delante de la muchedumbre serían destrozados por las fieras el día de la fiesta del emperador, y que las dos mujeres serían echadas amarradas ante una vaca furiosa para que las destrozara. Pero había un inconveniente: que Felicidad iba a ser madre, y la ley prohibía matar a la que ya iba a dar a luz. Y ella sí deseaba ser martirizada por amor a Cristo. Entonces los cristianos oraron con fe, y Felicidad dio a luz una linda niña, la cual le fue confiada a cristianas fervorosas, y así ella pudo sufrir el martirio. Un carcelero se burlaba diciéndole: "Ahora se queja por los dolores de dar a luz. ¿Y cuando le lleguen los dolores del martirio qué hará? Ella le respondió: "Ahora soy débil porque la que sufre es mi pobre naturaleza. Pero cuando llegue el martirio me acompañará la gracia de Dios, que me llenará de fortaleza".
A los condenados a muerte se les permitía hacer una Cena de Despedida. Perpetua y sus compañeros convirtieron su cena final en una Cena Eucarística. Dos santos diáconos les llevaron la comunión, y después de orar y de animarse unos a otros se abrazaron y se despidieron con el beso de la paz. Todos estaban a cual de animosos, alegremente dispuestos a entregar la vida por proclamar su fe en Jesucristo.
A los esclavos los echaron a las fieras que los destrozaron y ellos derramaron así valientemente su sangre por nuestra religión.
Antes de llevarlos a la plaza los soldados querían que los hombres entraran vestidos de sacerdotes de los falsos dioses y las mujeres vestidas de sacerdotisas de las diosas de los paganos. Pero Perpetua se opuso fuertemente y ninguno quiso colocarse vestidos de religiones falsas.
El diácono Sáturo había logrado convertir al cristianismo a uno de los carceleros, llamado Pudente, y le dijo: "Para que veas que Cristo sí es Dios, te anuncio que a mí me echarán a un oso feroz, y esa fiera no me hará ningún daño". Y así sucedió: lo amarraron y lo acercaron a la jaula de un oso muy agresivo. El feroz animal no le quiso hacer ningún daño, y en cambio sí le dio un tremendo mordisco al domador que trataba de hacer que se lanzara contra el santo diácono. Entonces soltaron a un leopardo y éste de una dentellada destrozó a Sáturo. Cuando el diácono estaba moribundo, untó con su sangre un anillo y lo colocó en el dedo de Pudente y este aceptó definitivamente volverse cristiano.
A Perpetua y Felicidad las envolvieron dentro de una malla y las colocaron en la mitad de la plaza, y soltaron una vaca bravísima, la cual las corneó sin misericordia. Perpetua únicamente se preocupaba por irse arreglando los vestidos de manera que no diera escándalo a nadie por parecer poco cubierta. Y se arreglaba también los cabellos para no aparecer despeinada como una llorona pagana. La gente emocionada al ver la valentía de estas dos jóvenes madres, pidió que las sacaran por la puerta por donde llevaban a los gladiadores victoriosos. Perpetua, como volviendo de un éxtasis, preguntó: ¿Y dónde está esa tal vaca que nos iba a cornear?
Pero luego ese pueblo cruel pidió que las volvieran a traer y que les cortaran la cabeza allí delante de todos. Al saber esta noticia, las dos jóvenes valientes se abrazaron emocionadas, y volvieron a la plaza. A Felicidad le cortaron la cabeza de un machetazo, pero el verdugo que tenía que matar a Perpetua estaba muy nervioso y equivocó el golpe. Ella dio un grito de dolor, pero extendió bien su cabeza sobre el cepo y le indicó al verdugo con la mano, el sitio preciso de su cuello donde debía darle el machetazo. Así esta mujer valerosa hasta el último momento demostró que si moría mártir era por su propia voluntad y con toda generosidad.
Estas dos mujeres, la una rica e instruida y la otra humilde y sencilla sirvienta, jóvenes esposas y madres, que en la flor de la vida prefirieron renunciar a los goces de un hogar, con tal de permanecer fieles a la religión de Jesucristo, ¿qué nos enseñarán a nosotros? Ellas sacrificaron un medio siglo que les podía quedar de vida en esta tierra y llevan más de 17 siglos gozando en el Paraíso eterno. ¿Qué renuncias nos cuesta nuestra religión? ¿En verdad, ser amigos de Cristo nos cuesta alguna renuncia? Cristo sabe pagar muy bien lo que hacemos y renunciamos por El.













Ardo Esmaragdo (f. 843) fue un hagiógrafo. Ingresó en el monasterio de Aniane, en Hérault, cuando era un muchacho, y fue compañero de San Benito de Aniano. Fue ordenado sacerdote y se convirtió en jefe de la escuela del monasterio.
En 794, acompañó a Benito al Concilio de Fráncfort y, en 814, los sustituyó como abad del monasterio después de que se uniera a la corte imperial de Aquisgrán. Esmaragdo escribió la vida de San Benito de Aniane en 822, y es honrado como santo en su monasterio después de su muerte.

San Ardón Esmaragdo
Fallecimiento843
AnianeHérault, Francia
Venerado enIglesia Católica
Festividad7 de marzo

San Ardón Esmaragdo, monje y presbítero
fecha: 7 de marzo
†: 843 - país: Francia
canonización: culto local
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: En el monasterio de Aniane, en la Septimania, san Ardón Esmaragdo, presbítero, compañero de san Benito de Aniane en la vida cenobítica.
Ardón parece ser una versión abreviada de su nombre de nacimiento, Smaragdo. Sabemos en realidad muy poco de él; nació en el Languedoc, sur de Francia, e ingresó desde niño en el monasterio de Aniano, donde era abad el gran reformador de la vida benedictina en el siglo X, san Benito de Aniano. San Ardón fue el escritor de la vida de su amigo y abad, obra unánimemente alabada como una de las mejores frutos de la literatura hagiográfica de la época. Sabemos que además escribió otras obras, pero no han llegado hasta nosotros. En los elogios de su persona se lo llama "maestro", aunque no queda claro si es por la sabiduría manifiesta en los escritos o porque efectivamente ocupó un cargo de enseñanza en el monasterio, como algunos afirman, y que es muy probable. Fue además ordenado sacerdote.
Los Bolandistas no lo incluyen en Acta Sanctorum, porque -dicen al mencionarlo entre los "excluidos" del día 7 de marzo- que no consta su culto antiguo, y que, puesto que casi no han llegado datos fuera de la mencionada biografía que escribió, no parece que debiera considerársele santo. A esto responde Mabillon con una página de sus Acta Sanctorum OSB donde destaca tres aspectos que dan muestras de que el culto al santo comenzó con su muerte:
-La lectura en el breviario benedictino, que, aunque no transmite datos de su vida, sí que refleja el culto que recibía en la Orden.
-La lápida sepulcral, que, aunque mal conservada, podía leerse en ella las palabras de veneración en cinco versos, que el propio Mabillon reconstruye, y de los que el último dirá que «brilló entre los soles de la orden 3 décadas», ya que fue nombrado abad el 814.
-La conservación y veneración de sus reliquias, que aunque en algún momento se perdieron, permaneció el catálogo de reliquias del monasterio, que indicaba que la cabeza se hallaba en una caja de plata revestida en oro, y el cuerpo en un precioso cofre con incrustaciones.
En realidad debemos tener presente que con mucho menos de testimonios de culto se encuentran inscriptos otros santos en el Martirologio, y parece injusto relegarlo por carecer de detalles. La lápida nos informa del año de su muerte, el 843, y que llegó a poco menos de los 60 años, por lo que podemos calcular que nació hacia el 784.
La «Vida de San Benito de Aniane» escrita por Ardón fue editada por Mabillon en Acta SS OSB, IV, I, 192-217 y reimpresa en Migne PL CIII 353-84. Ver mabillon, Acta SS OSB, IV, I, pág 558; también Michael Ott, Ardo Smaragdus, en Catholic Encyclopedia; también el Butler de Thurston en inglés dedica un artículo (tomo I, pág. 516), que no ha sido, lamentablemente, incluido en la edición mexicana.

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