jueves, 7 de abril de 2016

Dinastías

dinastías de la antíguedad

los Asmoneos
CUANDO Jesús estuvo en la Tierra, el judaísmo se hallaba dividido en partidos que pugnaban por imponer su influencia sobre el pueblo. Este es el cuadro que pintan tanto los relatos evangélicos como los escritos de Josefo, historiador judío del siglo primero.
Los fariseos y los saduceos tenían entonces una enorme autoridad sobre la opinión pública, hasta el grado de inducirla a rechazar a Jesús como el Mesías (Mateo 15:1, 2;16:1; Juan 11:47, 48; 12:42, 43). No obstante, no se cita a estos dos influyentes grupos en ningún lugar de las Escrituras Hebreas.
Josefo menciona a los saduceos y los fariseos por primera vez en el contexto de los sucesos del siglo segundo antes de nuestra era. En aquella época, muchos judíos se rindieron a los atractivos del helenismo, esto es, la cultura y la filosofía griegas. La tensión entre helenismo y judaísmo alcanzó su punto álgido cuando las autoridades seléucidas profanaron el templo de Jerusalén y lo dedicaron a Zeus. Un dinámico jefe judío, Judas Macabeo, de una familia conocida como los Asmoneos, encabezó un ejército rebelde que liberó el templo del control griego.*
Los años inmediatamente posteriores a la revuelta y la victoria macabeas se caracterizaron por la formación de sectas con ideologías antagónicas que pugnaban entre sí para poner de su lado a la mayor parte de la comunidad judía. ¿Qué dio origen a esta tendencia? ¿Por qué se dividió tanto el judaísmo? El repaso de la historia de los Asmoneos nos dará la respuesta.
Independencia y desunión crecientes
Alcanzado el objetivo religioso de restaurar la adoración de Jehová en el templo, Judas Macabeo se centró en intereses políticos, por lo que muchos judíos dejaron de seguirle. Pese a ello, él continuó peleando contra los reyes seléucidas, concertó un tratado con Roma y trató de crear un estado judío independiente. Judas murió en batalla, pero sus hermanos Jonatán y Simón prosiguieron la lucha. Al principio, los gobernantes seléucidas combatieron a los Macabeos con todas sus energías; no obstante, con el tiempo alcanzaron acuerdos políticos por los que les concedían cierto grado de autonomía.
Aunque los Asmoneos descendían de sacerdotes, nunca habían ocupado el sumo sacerdocio, un puesto que, en opinión de muchos judíos, pertenecía a los sacerdotes de la línea de Sadoc, a quien Salomón había nombrado sumo sacerdote (1 Reyes 2:35;Ezequiel 43:19). Jonatán se valió de la guerra y la diplomacia para persuadir a los seléucidas de que le dieran a él ese cargo, pero tras su muerte, su hermano Simón logró aún más. En septiembre del año 140 a.E.C. se emitió en Jerusalén un importante decreto, conservado en unas tablillas de bronce al estilo griego: “El rey Demetrio [el gobernante seléucida griego] lo confirmó [a Simón], por esto, como sumo sacerdote, lo contó entre sus amigos, y lo rodeó de honores [...]. Los judíos y los sacerdotes resolvieron que Simón fuera su caudillo y sumo sacerdote de por vida hasta que apareciera un profeta digno de crédito” (1 Macabeos 14:38-41, libro histórico apócrifo).
Así, no solo las autoridades seléucidas extranjeras acordaron que Simón y sus descendientes fueran gobernantes y sumo sacerdotes, sino también “la Gran Asamblea” de su propio pueblo, lo cual constituyó un momento histórico decisivo. Como dijo el historiador Emil Schürer, una vez que los Asmoneos crearon una dinastía política, “ya no fue su mayor afán el cumplimiento de la Torá [la Ley judía], sino la defensa y la ampliación de su poder político”. Sin embargo, Simón se cuidó de ofender la sensibilidad de los judíos y escogió en lugar de “rey” el título “etnarca”, es decir, “caudillo del pueblo”.
No todo el mundo estaba de acuerdo con que los Asmoneos usurparan tanto el poder religioso como el político. Muchos historiadores opinan que fue en aquella época cuando se formó la comunidad del Qumrán. Un sacerdote de la línea de Sadoc —según se cree es el personaje al que los escritos de Qumrán llaman “Maestro de justicia”— se marchó de Jerusalén y condujo a un grupo opositor al desierto de Judea, al lado del mar Muerto. Uno de los rollos del mar Muerto, un comentario del libro de Habacuc, condena al “Sacerdote Impío, a quien se llama con el nombre de la fidelidad al comienzo de su gestión. Pero cuando dominó sobre Israel se [engrió] su corazón”. El parecer de muchos estudiosos es que esta descripción del “Sacerdote Impío” gobernante encaja o con Jonatán, o con Simón.
Simón prosiguió con sus campañas militares para extender los territorios bajo su control. Sin embargo, su reinado terminó bruscamente cuando su yerno Tolomeo lo asesinó junto a dos de sus hijos mientras celebraban un banquete cerca de Jericó. Este intento de hacerse con el control del país fracasó, pues a Juan Hircano, el hijo superviviente de Simón, se le avisó de que iban a atentar contra su vida, lo que le permitió capturar a quienes pretendían matarlo, tras lo cual asumió el control político y el sumo sacerdocio en lugar de su padre.
Mayor expansión y opresión
Al principio, Juan Hircano tuvo que hacer frente a graves amenazas de parte de las fuerzas sirias, pero en 129 a.E.C., la dinastía seléucida perdió una batalla crucial ante los partos. Con relación a cómo le afectó esta guerra, el historiador judío Menahem Stern escribió: “Toda la estructura del reino se desplomó”. Hircano “pudo entonces recobrar la total independencia política de Judea y comenzar a expandirse en varias direcciones”. Y en efecto se expandió.
Como la amenaza siria ya no representaba un obstáculo, Hircano empezó a invadir y subyugar territorios fuera de los límites de Judea. Los habitantes de aquellos lugares tenían que convertirse al judaísmo, o sus ciudades serían destruidas. Una de tales campañas fue contra los idumeos (edomitas). El señor Stern comentó sobre ella: “La conversión de los idumeos fue la primera de su clase, por tratarse de la conversión de todo un pueblo y no de individuos aislados”. Otra de las zonas conquistadas fue Samaria, cuyo templo, situado en el monte Garizim, arrasó Hircano. El historiador Solomon Grayzel escribió lo siguiente sobre lo irónico de esta política de conversiones forzosas que llevó a cabo la dinastía asmonea: “Nos encontramos con que el nieto de Matatías [padre de Judas Macabeo] estaba violando el mismo principio que con tanta nobleza había defendido la generación anterior: la libertad de cultos”.
Aparecen los fariseos y los saduceos
Josefo habla por primera vez de la creciente influencia de los fariseos y los saduceos al escribir sobre el reinado de Hircano. (Ya había mencionado a los fariseos que vivieron durante el reinado de Jonatán.) No nos cuenta los orígenes de los fariseos, pero algunos investigadores opinan que procedían de los hasidim, una secta piadosa que apoyó a Judas Macabeo mientras trató de alcanzar sus objetivos religiosos, pero que lo abandonó cuando este empezó a abrigar ambiciones políticas.
Por regla general, el nombre fariseo se relaciona con una raíz hebrea que significa “los separados”, aunque hay quien cree que está emparentado con “intérprete”. Los fariseos eran eruditos que no pertenecían a un linaje especial, sino que procedían de la gente común. Se separaban de la impureza ritual rigiéndose por unos principios de piedad especial, en virtud de los cuales aplicaban a las situaciones cotidianas las leyes del templo relativas a la santidad sacerdotal. Idearon una nueva manera de interpretar las Escrituras y el concepto que más adelante recibió el nombre de ley oral. Durante el reinado de Simón incrementaron su influencia gracias a que algunos entraron a formar parte de la Gerousía (consejo de ancianos), que tiempo después recibió el nombre de Sanedrín.
Josefo cuenta que al principio Juan Hircano fue discípulo y partidario de los fariseos, pero en un determinado momento ellos lo censuraron por no renunciar al sumo sacerdocio, lo que desembocó en una drástica ruptura. Hircano prohibió las ordenanzas religiosas farisaicas y, como castigo adicional, tomó partido por los saduceos, adversarios religiosos de los fariseos.
El nombre saduceo probablemente se relaciona con el sumo sacerdote Sadoc, cuyos descendientes habían ocupado el sacerdocio desde los días de Salomón, si bien no todos los saduceos eran de este linaje. Según Josefo, eran aristócratas y gente acaudalada de la nación, y no contaban con el apoyo de las masas. El profesor Schiffman comenta que, ‘al parecer, la mayoría de ellos eran sacerdotes o se habían casado con mujeres de las familias de los sumos sacerdotes’. Así que llevaban mucho tiempo relacionados estrechamente con quienes ostentaban el poder, por lo cual percibían como una amenaza que podía minar su autoridad natural la creciente importancia de los fariseos en la vida pública, así como su idea de extender la santidad sacerdotal a todo el mundo. En los últimos años del reinado de Hircano, los saduceos recuperaron el control.
Más política y menos piedad
Al hijo mayor de Hircano, Aristóbulo, le sorprendió la muerte cuando solo llevaba reinando un año. Él había continuado con los itureos la política de conversiones forzosas y había puesto la alta Galilea bajo control asmoneo. Sin embargo, fue durante el reinado de su hermano, Alejandro Janeo (de 103 a 76 a.E.C.), cuando la dinastía asmonea alcanzó el cenit de su poder.
Alejandro Janeo rompió con la norma seguida hasta entonces y se proclamó libremente sumo sacerdote y rey. Se intensificaron los conflictos entre los Asmoneos y los fariseos, que incluso desembocaron en una guerra civil que se cobró 50.000 vidas judías. Aplastada la rebelión, Janeo actuó de una manera que recordaba a los reyes paganos: mandó empalar a 800 rebeldes e hizo matar a sus esposas e hijos ante sus agonizantes ojos, mientras él banqueteaba en público con sus concubinas.*
Pese a su enemistad con los fariseos, Janeo, como político pragmático que era, se dio cuenta de que estos contaban cada vez con mayor apoyo popular, por lo que en su lecho de muerte aconsejó a su esposa, Salomé Alejandra, que compartiera el poder con ellos. Janeo había optado por que fuera ella, y no sus hijos, quien le sucediera al frente del reino. Salomé Alejandra fue una reina competente que dio a la nación uno de los períodos más pacíficos de la época asmonea (76-67 a.E.C.). Los fariseos recuperaron sus puestos de autoridad, y se revocaron las leyes contra sus ordenanzas religiosas.
A la muerte de Salomé, sus hijos Hircano II, que había sido sumo sacerdote, y Aristóbulo II, se enzarzaron en una lucha por el poder. Ambos carecían de la visión política y militar de sus antepasados, y parece que tampoco comprendieron toda la trascendencia de la creciente presencia de Roma en la zona tras el hundimiento total de los seléucidas. En 63 a.E.C., ambos hermanos pidieron al gobernante romano Pompeyo, entonces en Damasco, que mediara en su disputa. Ese mismo año, Pompeyo y sus tropas marcharon hacia Jerusalén y asumieron el control. Fue el principio del fin de la dinastía asmonea. En 37 a.E.C. tomó Jerusalén el rey idumeo Herodes el Grande, a quien el Senado romano había aprobado como “rey de Judea” y “aliado y amigo del pueblo romano”. Había terminado el reino asmoneo.
El legado de los Asmoneos

En la época asmonea, desde Judas Macabeo hasta Aristóbulo II, se puso el fundamento de la división religiosa existente cuando Jesús estuvo en la Tierra. El celo por la adoración de Dios que caracterizó al principio a los Asmoneos degeneró en un abusivo interés personal. Sus sacerdotes, que tuvieron la oportunidad de unir al pueblo en la práctica de la Ley de Dios, llevaron a la nación al abismo de los enfrentamientos políticos internos. En este ambiente florecieron las ideas religiosas divisivas. Los Asmoneos dejaron de existir, pero la lucha por el control religioso entre saduceos, fariseos y otros partidos caracterizaría a la nación bajo Herodes y Roma.

Asmoneos

Nombre y fuentes. 
Asmoneos, o Hasmoneos, en griego 'Asamonaíoi, es la denominación adoptada por Flavio Josefo para designar la dinastía judía de los Macabeos , desde Simón (143-135 a. C.) hasta Antígono (40-37), de acuerdo con el nombre Hasmon, de un antepasado de la familia (algunos creen que deriva del hebreo has'man-nim, prócer, príncipe). La principal fuente para conocer los A. es Flavio Josefo, pues los dos libros del A. T. sobre los Macabeos sólo abarcan desde Seleuco IV (187 a. C.) hasta el asesinato de Simón Macabeo (134 a. C.) F. Josefo se basa en la tradición de Nicolás de Damasco y da precisos pormenores que posibilitan el conocimiento de la historia de esta época; en la introducción de Bellum Iudaicum, comienza con Antíoco IV Epífanes y resume lo ocurrido hasta la intervención romana; pero son mis detalladas las noticias en Antiquitates Iudaicae. En nuestros días se debe recurrir también a los textos de Qumrán , así como a las principales investigaciones arqueológicas (cfr. N. Avigad, Ancient monuments in the Kedrom Valley, Tel Aviv 1954, en hebreo, con resumen en inglés; R. de Vaux, L´Archéologie et les manuscrits de la Mer Vorte, Londres 1961; L. Y. Rahmani, Das Jasongrab in Jerusalem, Tel Aviv 1963, en hebreo). Exponemos la historia de los A. dividida en cuatro épocas.
Primer periodo: 134-104 a.C. El primer A. es Simón, que sucede a sus hermanos Judas y Jonatán, reinando desde el 143 al 134 a. C. Ocupa Joppe (Jaffa), para asegurarse un puerto (1 Mach 14, 5); vence al sirio Trifón (1 Mach 13, 12-24) y manda sepultar con honores a su hermano Jonatán en el mausoleo de Modin (1 Mach 13, 25-30). En el a. 142 Simón reconoce la autoridad del rey seléucida de Siria Demetrio 11, quien lo confirma como sumo sacerdote y etnarca, lo que supone una cierta autonomía de los judíos (1 Mach 13, 41 ss.; 14, 25-49). La fortaleza Accra, instalada en Jerusalén en el 167 a. C., se rinde a Simón; su hijo Juan Hircano es jefe del ejército. En el 139 a. C. se renueva la alianza con los romanos (1 Mach 14, 27 ss.). Cinco años después Simón es asesinado por su yerno Ptolomeo, consiguiendo Juan Hircano escapar a la furia de los asesinos de su padre (1 Mach 16, 11-24).
Juan Hircano I (134-104 a. C.) sucede a Simón como sumo sacerdote y etnarca. Primeramente aparece como simple vasallo de Antíoco VII Sidetes (138-129 a. C.), el hermano más joven de Demetrio 11. Pero, muerto éste, sus sucesores se enfrascan en luchas fratricidas (ca. 12964 a. C.), perdiendo así el control de Palestina y permitiendo cierto esplendor bélico a Hircano 1 (F. Josefo, Antiquitates, XIII - XIV). En el 128 a. C. concluyen, pues, las disensiones entre la comunidad de Jerusalén y el poder seléucida, que habían alcanzado su punto álgido con las intervenciones de Antíoco IV Epífanes.
Juan Hircano 1, aun ayuda de tropas mercenarias, ensancha sus territorios (F. Josefo, Antiq. XIII, 8, 4). Marcha hacía el sur del jordán oriental y conquista Mádaba; extiende su poder hasta más allá del Carmelo. Prosigue después contra Samaria; toma la ciudad de Siquem y el monte Garizim, donde destruye el templo samaritano (cfr. Zach 14, 11 ss.). Avanza después contra la provincia de Idumea y toma las ciudades de Adora (Dúra) y Marelah (Tall Sandâhanna), forzando a los idumeos a practicar la circuncisión y a observar la Ley, e incorporándolos a la comunidad de Jerusalén (Antiq. XIII, 9, l). Ataca de nuevo Samaria, que conquista y destruye en el 107 a. C. (Antiq. XIII, 10, 2.3).
Pero la política del etnarca en el interior de Jerusalén es difícil. Procura aliarse con los saduceos, apartándose de los fariseos que reprueban sus pretensiones bélicas. Según algunos el epigrama al final del Cantar de los Cantares (S, 8-10) es un texto de origen fariseo que se enfrenta con la política de Juan Hircano 1, por solicitar el apoyo de Roma, organizar un ejército mercenario y violar el túmulo de David, retirando de allí 3.000 talentos de plata para costear sus gastos. Igualmente el segundo epigrama (Cant 8, 11-12), sería de origen fariseo. Y se opone al funcionalismo saduceo, aliado del etnarca pretencioso, que llega a fundir monedas con las inscripciones: «El Sumo Sacerdote Juan y la comunidad de los Judíos», «El Sumo Sacerdote Juan, jefe de la comunidad de los judíos» (C. Watzinger, Denkmäler Palüstitias, 11, 1933, 23).
Segundo periodo: 104-76 a.C. Aristóbulo I (104-103 antes de Cristo). A la muerte de Juan Hircano 1, en el 104, a pesar de sus deseos de ser sucedido por su mujer, toma el poder su primogénito Aristóbulo, que pone en prisión a su madre y a tres de sus hermanos, aliándose con su hermano Antígono, a quien acabará traicionando y matando (Antiq. XIII, 11, 1.2). Toma el título de rey y se corona con la diadema. Realiza algunas campañas en Galilea (Antiq. XIII, 11, 3), y muere después de un año de reinado.
Alejandro Janeo (103-76 a. C.). La esposa de Aristóbulo, después de muerto éste, deja en libertad a los tres hermanos de su marido que estaban prisioneros, e instala como rey a uno de ellos, Jonatán, que se hace llamar Alejandro Janeo, es decir, toma el apellido «Janeo» y un nombre griego. Con él comienzan las intrigas familiares en la dinastía de los A.; se casa con Salomé Alejandra, la antigua esposa de Aristóbulo, que a la muerte de su nuevo marido le sucederá en el trono; de los otros hermanos, hace matar a uno, dejando con vida al otro, que carece de importancia política (Antiq. XIII, 12).
Alejandro Janeo no abandona las campañas bélicas a fin de aumentar su territorio; conquista la Torre de Estraton y Adora, ocasión en que se enfrenta con Ptolomeo Latiro, que, expulsado de Egipto por su madre Cleopatra, reinaba en Chipre y que había sido llamado en socorro de los habitantes de Ptolemaida (Acre). Janeo es vencido cerca de Asafón, pero, gracias a la actuación de Egipto, puede obtener ciertas ventajas (Antiq. XITI, 12, 2-13, 2). Parte después para nuevas campañas en la parte oriental del Jordán: conquista Gadara, Amathus y Antedon; terminando por saquear e incendiar la ciudad de Gaza (Antiq. XIII, 13, 3), y solamente por motivos políticos se abstiene de conquistar Ascalón. Se dirige más tarde a Moab, extendiendo su dominio hasta esta región (probablemente fundándose en Num 24, 17 ss.).
Sin embargo, todas estas conquistas de Janeo, apoyadas en fuerzas mercenarias, no encuentran simpatía dentro de la comunidad judía, en la que los fariseos son los mayores enemigos de su política; los textos de origen fariseo le presentan de modo desfavorable, entre otros motivos, por su matrimonio y por usar el título de rey sin ser de la casa de David. Los fariseos pidieron auxilio a las tropas del seléucida Demetrio III Eucaeros, quien le infligió una seria derrota cerca de Siquem. Habiendo conseguido escapar, el rey castigó severamente a los fariseos en Jerusalén, asegurando su autoridad por medio del terror (Antiq. XI 1 1, 13, 5 - 14, 2). Con ello suscitó mayores antipatías, teniendo que enfrentarse una vez más a los nabateos y a su rey Aretas 111 (Antiq. XIII, 15, 1.2). Después de recuperar el poder, Alejandro janeo atacó de nuevo en la parte oriental del Jordán,, y ocupó las ciudades de Pella (Jirbat Fahil), Gerasa (Yiras), Gólan, Seleucia, 'Altarót (Tall Al'ari) y la fortaleza de Gamala (Antiq. XIII, 15, 3; Bell. lud., 1, 4, 8). Finalmente, murió durante el sitio a la fortaleza de Ragaba (Ráyib). Al final de su vida procuró reconciliarse con los fariseos, previendo que el reino no podría sobrevivir con disputas internas (Antiq. XIII, 15, 5).
Tercer periodo: 76-41 a. C. Salomé Alejandra (76-67 antes de Cristo). A la muerte de su marido (76 a. C.), esta mujer, enérgica y astuta, reina durante nueve años, procurando seguir una política de conciliación entre las facciones internas de Jerusalén, sobre todo fariseos y saduceos. Se reserva la función regia y entrega el cargo de sumo sacerdote a su primogénito Hircano II, que lo ejerce desde el 76 al 67 a. C.; el temperamento débil de Hircano II y sus relaciones con los fariseos favorecen los planes de Alejandra, que aparta de la política a su otro hijo Aristóbulo II, de carácter más fuerte. Con su hábil política la reina agrada a los fariseos, de modo que su reinado pasa a la historia como un tiempo de prosperidad; y sabe también salir airosa de situaciones difíciles (Antiq. XIII, 16, 1-6). Según algunos la euforia de los fariseos en esta época se refleja, tal vez, en el libro de Judit, lo que junto con otros indicios llevaría a situar la composición de este libro en la época de los A. (cfr. A. Condamin, en «Recherches de Science Religieuse» 1910, 570-571). La tendencia farisea, apoyada en los antiguos oráculos de Num 14, 17 ss., narraría en el libro de Judit la victoria de una judía, figura de la Hija de Sión, contra un general de Assur, prototipo de los enemigos del Pueblo de Dios. Pero esa hipótesis es discutible. En cualquier caso, la astuta política de Salomé Alejandra no se continúa con Aristóbulo II, que aprovecha el descontento de los saduceos, celosos de la influencia de los fariseos. La reina muere a los 73 años de edad, habiendo conseguido que el conflicto no estallase durante su reinado.
Aristóbulo II (67-63 a. C.). Ante la poca resistencia de su hermano, toma el título de rey y de sumo sacerdote desde el 67 al 63 a. C., periodo que se caracteriza por la lucha entre los dos hermanos y por la interferencia del poder romano, que ya deja sentir su influencia en el Oriente. Hircano II, con Aretas III, rey de los nabateos, sitian Jerusalén en el 65 a. C.; pero son obligados a retirarse ante las presiones de Pompeyo. Hireano 11 y los fariseos llaman en su auxilio contra Aristóbulo al idumeo Antípatro. Aristóbulo, por su parte, recurre al legado de Pompeyo en Siria, que obliga a retirarse a los enemigos de Aristóbulo. Hasta que en el 63 a. C. Aristóbulo, Hircano II y una tercera delegación judía comparecen ante Pornpeyo, en Damasco, a fin de regular la marcha de la política en Jerusalén.
En el otoño del 63 a. C. Pompeyo entra en Jerusalén y envía a Roma a Aristóbulo y su hijo Antígono; entrega de nuevo el cargo de sumo sacerdote al débil Hircano II, que lo desempeña durante los años 63-40 a. C. Palestina cae desde entonces bajo la jurisdicción romana; y el idumeo Antípatro, como ministro de Hireano II, es quien de hecho gobierna Judea. En el 47 a. C. se nombra también etnarca a Hircano II, cargo que desempeña desde el 47 al 41 a. C.; en esta ocasión Herodes, hijo de Antípatro, es el estratega de Galilea, y ya demuestra su fuerza y astucia política en la represión de la revuelta de Ezequías. La influencia de Herodes aumenta, y en el 41 a.C. Marco Antonio le nombra tetrarca, juntamente con su hermano Fasael. Así, en medio de estas luchas e intrigas de corte, la dinastía de los A. camina hacia su fin.
Cuarto periodo: 40-37 a. C. Antígono (40-37 a. C.), Nunca perdió Aristóbulo II la esperanza de reconquistar poder e influencia; pero será su hijo Antígono quien consiga realizar ese deseo. Cuando los partos invaden Siria y Palestina en el 40 a. C., Antígono aprovecha su auxilio para hacerse nombrar rey y sumo sacerdote por tres años. Herodes huye a Roma. Hircano II es mutilado por Antígono con el fin de incapacitarle para el cargo de sumo sacerdote (Lev 21, 18 ss.) y los partos lo exilian a Babilonia, donde permanecerá hasta el 36 a. C. (Antiq. XV, 2, 1-4). Herodes, mientras tanto, consigue que el Senado Romano le nombre rey a finales del 40 a. C.; además se alía con la familia de los A., casándose con Mariamme I, nieta de Aristóbulo II y de Hircano II, y lucha contra Antígono desde el 39 al 37 a. C. (Antiq. XIV, 12, l). El poderío de la dinastía de los A. llega a su fin cuando Herodes toma Jerusalén en el a. 37 y pasa a ser rey efectivo.
Los representantes de los A. encuentran la muerte ante la furia de Herodes. El 35 a. C. Aristóbulo III, hermano de Mariamme, es nombrado sumo sacerdote por Herodes, bajo las presiones de su madre Alejandra (Antiq. XV, 2, 5-7, 3.1); pero al final de ese año y por orden del mismo Herodes, Aristóbulo III es ahogado en los baños de Jericó, después de la Fiesta de las Tiendas (Antiq. XV, 3, 3;Bell. Iud. I, 22, 2). Hircano II, que regresa del exilio en el 36 a. C. (Antiq. XV, 2, 1-4) es igualmente ejecutado en la primavera del 30(Antiq. XV, 6, 1-4; Bell, Iud. 1, 22, l). Y Mariamme es mandada matar por orden de su marido (Antiq. XV, 7, 4-6; Bell. Iud. I, 22, 3-5).
Tal fue la decadente y lamentable situación política de Palestina durante el siglo que precedió al nacimiento de Jesucristo. Las tres décadas inmediatas a este máximo acontecimiento en la historia de la humanidad, se caracterizan por el dominio sobre Palestina del régimen del cruel Herodes I el Grande, rey vasallo de Roma.

LOS ASMONEOS Y LOS HERODES
XII.  El fin de la independencia de los asmoneos
El origen de los Herodes.-
Se ha mencionado la caída del reino sacerdotal judío frente a Roma, pero no se la ha descrito.  El fin del gobierno de los asmoneos estuvo estrechamente vinculado con el surgimiento de la familia de Herodes, de ascendencia idumea, es decir, de los edomitas que fueron obligados por Juan Hircano (de origen macabeo) a aceptar la fe judía.
Esta estrecha vinculación de los edomitas y los judíos dio la oportunidad a un edomita de nombre Antípatro (o Antipas) de ocupar un cargo civil en el reino judío, y se convirtió para los judíos en el gobernador de Idumea.  Su hijo, también llamado Antípatro, parece que ocupó más tarde el mismo cargo.  Cuando estalló la guerra civil entre los hermanos macabeos -Hircano II y Aristóbulo II-, el Antípatro menor apoyó a Hircano y se alió con Aretas III, rey de los nabateos, pueblo árabe de la Transjordania y del antiguo territorio edomita.  Aretas atacó y derrotó a Aristóbulo, quien se refugió en la fortaleza de Jerusalén.
La llegada de Pompeyo.-
En este momento fue cuando los romanos intervinieron en la guerra.  Pompeyo se quedó en el Cercano Oriente después de haber vencido a los reyes del Ponto y de Armenia en el año 66 a. C.  En el año 65 a. C. el general a quien Pompeyo envió a Siria recibió honores de los enviados de Hircano y de Aristóbulo.  Probablemente por la razón práctica de que Aristóbulo estaba seguro en su refugio de Jerusalén, los romanos se pusieron de su lado y contra Hircano.
El ejército romano prosiguió su avance hacia el sur, y obligó a Aretas a que levantara el sitio contra Jerusalén y se retirara.  Pero la conducta arrogante de Aristóbulo hizo que Pompeyo desconfiara de él y lo apresara.  El ejército romano tomó a Jerusalén con la traicionera ayuda de los seguidores de Hircano, aunque los soldados de Aristóbulo retuvieron la colina del templo durante tres meses más.  Los romanos abrieron finalmente una brecha en los muros a mediados del año 63 a. C. En la captura posterior de la zona del templo fueron muertos unos 12.000 judíos. Pompeyo y sus oficiales entraron en el lugar santísimo y contemplaron asombrados un sagrario que no tenía ninguna representación visible del Dios que allí era adorado (cf. Josefo, Guerra de los judíos i. 7. 6).
Pompeyo terminó con el reino macabeo y arrebató un territorio considerable a Judea; permitió que Hircano continuara como sumo sacerdote y que gobernara con el título de etnarca ("gobernante del pueblo"), quizá bajo la supervisión del gobernador romano de Siria.  Antípatro se convirtió en su primer ministro.  Aristóbulo y sus hijos fueron enviados a Roma como prisioneros; sin embargo, escaparon, y en tres ocasiones se sublevaron contra los romanos; pero en las tres oportunidades fueron derrotados desastrosamente.  Gabinio, procónsul romano de Siria, se enfureció y dividió a Judea en cinco distritos, cada uno gobernado por un concilio de ancianos.  Debido a esta disposición, Hircano cada vez tuvo menos responsabilidad administrativa, mientras que Antípatro adquiría más y más autoridad convirtiéndose en el virtual gobernante.  En el año 54 a. C., Craso, el triunviro y sucesor de Gabinio como procónsul de Siria, con el pretexto de conseguir dinero para una campaña contra los partos,  saqueó el tesoro del templo, por lo que los judíos se sublevaron en el año 53.  En el año 48 -cuando Pompeyo fue muerto en Egipto después de su derrota ante Julio César en la batalla de Farsalia-  Antípatro se cambió de bando convirtiéndose en un poderoso y eficiente aliado de Julio César; y éste, a su vez, concedió favores a los judíos.  En el año 47 se le dio plena autoridad a Hircano, con los títulos de etnarca y sumo sacerdote, cargos que fueron convertidos en hereditarios para los judíos.  Sin embargo, Antípatro todavía era quien tenía el poder y hacía notar esto a los judíos, para gran disgusto de la nobleza.  Antípatro nombró a su hijo Fasaelo gobernador de Jerusalén y sus alrededores, y como gobernador de Galilea a un hijo suyo más joven, a Herodes, conocido más tarde como Herodes el Grande.
Después de que Julio César fue asesinado en el año 44, Casio, uno de los conspiradores contra César, consiguió el mando en la zona del Oriente mediterráneo y recibió el cordial apoyo de Antípatro y Herodes.  Casio, como retribución, convirtió a Herodes en gobernador de Celesiria.  Poco después Antípatro fue envenenado en Jerusalén.
En el año 42 a. C., después de la derrota de Bruto y de Casio, Antonio asumió el control de los intereses romanos en el Oriente.  Como Antonio había sido antes amigo de Antípatro, rechazó las súplicas de los judíos de que eliminara a la casa herodiana, y retuvo a Herodes y a su hermano Fasaelo como etnarcas de Palestina.  Se permitió que Hircano permaneciera, pero sólo como sumo sacerdote.  Herodes robusteció su posición ante los judíos desposándose con Mariamna, una nieta de Hircano II
Herodes, rey.-
Al año siguiente los partos invadieron a Siria, y Antígono, hijo de Aristóbulo, levantó el estandarte de la revolución y consiguió la ayuda de un ejército de los partos.  Fasaelo fue tomado prisionero y finalmente se suicidó, mientras que Herodes huía y conseguía llegar a Roma, en donde se ganó la simpatía de Antonio y de Octavio, que en ese tiempo estaban aliados; y en el año 40 a. C. el senado romano, por unanimidad, nombró a Herodes como rey de Judea.
Aunque Herodes contaba con el apoyo de los romanos, necesitó tres años para poder ocupar su trono.  Los judíos que se le oponían ofrecieron su última resistencia en Jerusalén.  Se necesitaron casi tres meses para tomar la ciudad alta y la zona del templo.  Fue horrorosa la matanza que siguió, pues tanto los romanos como los judíos del bando de Herodes estaban enfurecidos por la tenaz resistencia que les oponían.  Antígono, el último Macabeo que actuó como rey, fue flagelado ignominiosamente y ejecutado ante el insistente pedido de Herodes.  Ahora (37 a. C.) Herodes era amo de una ciudad en ruinas y rey de una nación que lo odiaba.

XIII.  El reinado de Herodes el Grande
Desde el punto de vista de la política y la cultura,  Herodes con justicia fue llamado "grande".  Tuvo éxito en mantener un equilibrio de lealtad a Roma en la cambiante corriente de una difícil conducción política.  Por un lado, fortaleció su reino y fomentó su prosperidad, mientras que por el otro conservó la amistad y cooperación de César Augusto.  Pero junto con sus mejores cualidades estuvo dominado por celos crecientes, y su desconfianza llegó hasta el punto de dar muerte a sus parientes más cercanos y a sus mejores amigos.
Herodes y el sanedrín.-
Casi inmediatamente después de subir al trono, Herodes hizo ejecutar a 45 nobles que habían encabezado la revolución de Antígono.  Muchos de esos hombres eran miembros del sanedrín, y su pérdida hizo necesaria la reorganización de ese cuerpo.  Los fariseos tuvieron predominio en ese consejo reorganizado; sin embargo, muchos de esos fariseos se oponían a Herodes, y aun se habían negado a prestarle juramento de lealtad.  Por lo tanto, no les permitió que ejercieran una influencia significativa en política.  Por esta razón el sanedrín se convirtió en un lugar donde principalmente se discutían cuestiones teológicas.
Herodes y los asmoneos.-
Herodes ofendió al residuo de la familia de los asmoneos (macabeos) al nombrar como sumo sacerdote a un oscuro judío babilonio (o egipcio).  Herodes sospechaba que los asmoneos completaban contra él, por lo que finalmente hizo matar al anciano Hircano II; a la hija de éste, Alejandría, suegra de Herodes; al nieto de Hircano y cuñado del propio Herodes, el bien parecido Aristóbulo III, y finalmente a Mariamna, hermana de Aristóbulo y esposa del propio Herodes.  Con excepción de sus hijos con Mariamna, esto significó el fin de la casa de los asmoneos, que durante casi 150 años había predominado en los asuntos judíos.
Helenización.-
Como Alejandro Magno, Augusto, protector de Herodes, determinó unificar el mundo romano por medio de la difusión de la cultura griega.  Herodes siguió rápidamente su ejemplo, e intentó hacer en Palestina lo que Augusto hacía en mayor escala en el imperio.  Una ola de paganismo invadió a Jerusalén.  Las carreras y los juegos griegos estaban a la orden del día; la religión y la exhibición del paganismo florecían delante del templo, y por todo el país, en diversos lugares, se erigían santuarios a dioses paganos.  Algunos de los fariseos reaccionaron y se confabularon contra Herodes, por lo que éste se desquitó enérgicamente matando a muchos de ellos.
Herodes como edificador.-
Herodes construyó fortalezas por todos sus dominios y en los lugares estratégicos para reprimir a los judíos revoltosos.  Su propio hermoso palacio en Jerusalén era, en realidad, una fortificación.  Gastó años y miles de talentos en construir la ciudad de Cesarea, y en hacer en ella un puerto artificial, pero efectivo.  Sus actividades como constructor trascendieron Palestina.  Obsequió mercados,  gimnasios y templos a comunidades tan remotas como algunas que estaban en Grecia, Rodas y Siria.
El proyecto máximo de Herodes fue la reconstrucción del templo de Jerusalén.  El templo de Zorobabel, aunque había sido bello, ya tenía casi 500 años de antigüedad y necesitaba muchas reparaciones.  Herodes se propuso satisfacer su propio orgullo artístico y al mismo tiempo ganarse la amistad de los judíos dándoles un magnífico lugar para su culto.  Se dedicaron 18 meses a la reedificación del santuario propiamente dicho, y ocho años en los trabajos de las plataformas circundantes,  los muros, atrios y pórticos.  Después de que la obra hubo llegado a este punto y el templo estaba en pleno uso, aún quedaba mucho por hacer.  En realidad, los detalles del templo no se completaron hasta después del año 62 d. C., sólo pocos años antes de que fuera destruido por los romanos.
Ultimos días de Herodes.-
Aristóbulo y Alejandro, hijos de Herodes y de Mariamna, su esposa asmonea, habían sido educados en Roma; eran altos, hermosos, y estaban orgullosos de su sangre asmonea.  Cuando regresaron a Jerusalén se convirtieron en el blanco de los complots de Salomé,* la hermana de Herodes, y de Antípatro, hijo e Herodes.  Como resultado se despertaron las sospechas de Herodes contra estos dos hijos suyos, y finalmente los hizo ejecutar en el año 7 a. C. En ese tiempo también murieron apedreados unos trescientos judíos acusados de simpatizar con ellos.  Antípatro continuó su rebelión hasta que,  sólo cinco días antes de morir,  Herodes ordenó que también fuera ejecutado ese hijo suyo.
A medida que Herodes se aproximaba al fin de su vida, podía enorgullecerse de muchos logros significativos.  Dejaba monumentos de gran belleza artística y el comercio y las manufacturas de Palestina estaban en buenas condiciones; pero su pueblo no lo amaba.  La gente lo aborrecía por los elevados impuestos que cobraba, por sus actividades paganizantes y sus muchas crueldades.  Cuando enfermó y se propagó la noticia de que no podría curarse, en Jerusalén estalló una alegría incontenible, y una turba derribó el águila de oro -odiado emblema de sus dominadores romanos- que Herodes había colocado a la entrada del templo.  Por eso, cuando Herodes sanó, se vengó de muchos de esos frustrados festejadores.
Cuando comprendió que sus últimos días se aproximaban, el anciano rey ordenó a su hermana Salomé que encarcelara en el hipódromo a todos los caudillos judíos y los hiciera matar tan pronto como él muriera, para que toda la nación estuviera de luto cuando le llegara la hora de su muerte.  Salomé cumplió con la orden de aprisionarlos, pero más tarde los puso en libertad.
Uno de los últimos actos sanguinarios de Herodes el Grande fue la cruel matanza de los niños de Belén en un vano esfuerzo por destruir al Mesías, el recién nacido Jesús, del cual había oído por los magos del Oriente (Mat. 2:1-18).  José y María escaparon con el niño a Egipto, en donde permanecieron hasta que Herodes murió a principios del año 4 a. C.  La historia que sigue a la muerte de Herodes continuará en el artículo siguiente, en las pp. 65-81.
Bibliografía
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La historia de Israel.  Bilbao: Desclée de Brouwer, 1966.  Traducción del inglés.  Se ofrece un cuadro de las circunstancias históricas en las que el pueblo y la fe de Israel se desenvolvieron.  Las dos últimas partes de la obra abarcan el período del exilio, la dominación persa, helénica y seléucida.  Concluye con un comentario de los aspectos teológicos del judaísmo y su desarrollo durante el período intertestamentario.
Bruce, Federico.-
Israel y las naciones.  Madrid: Literatura Bíblica, 1979.  El autor, profesor de exégesis y crítica bíblica en la Universidad de Manchester, analiza la historia de Israel desde el exilio hasta la caída de Jerusalén y la destrucción del templo.  Al final de la obra hay cuadros y listas de los reyes de Israel, Asiria, Babilonia, Persia y Egipto.  También hay cronologías de los sumos sacerdotes judíos de la época grecorromana, de la familia asmonea, de Herodes, de los gobernadores de Judea y de los emperadores romanos.
Bury, J. B.-
et al.  The Cambridge Ancient History  (12 t.). New York: The Macmillan Company, 1926-1939.  Probablemente sea ésta la más exhaustiva historia de la antigüedad.  En tres de sus tomos, VI: The Hellenistic Monarchies and the Rise of Rome; VIII: Rome and the Mediterranean 218-133 B.C.; IX: The Roman Republic 133-44 B.C., hay numerosos capítulos por diferentes eruditos que tratan de los eventos narrados en este artículo; ver también el tomo VII.  El tratamiento de las fuentes originales es equilibrado, y cuando hay diferentes opiniones se toman en cuenta las ideas de las varias escuelas filosóficas.
Charles, R. H.-
ed.  Apocrypha and Pseudepigrapha of the Old Testament (2 t.). Oxford: The Clarendon Press, 1913.  Esta traducción de los apócrifos y pseudoepigráficos del Antiguo Testamento ha sido con sus extensas introducciones y notas, autoridad en el estudio de estas obras.  Sin embargo, las fechas presentadas han sido modificadas por eruditos posteriores.
Charlesworth, James H.-
ed.  The Old Testament Pseudepigrapha (2 t.). Garden City, New York: Doubleday and Company, 1983-1985.  En gran medida, esta obra reemplaza a la de Charles, anteriormente citada.
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ed.  The Jews (3 t.) 4a ed. New York : Schocken Books, 1970-197 l.  El primer tomo trata de la historia de los judíos; el segundo, de su religión y cultura; el tercero, de su papel en la civilización mundial.  Escrito por diversos eruditos.
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Obras completas (4 t.). Buenos Aires: Acervo Cultural Editores, 196 l.
Ling, Trevor.-
Las grandes religiones de Oriente y Occidente (2 t.). Madrid: Istmo, 1972.  El tercer capítulo del primer tomo abarca el período del judaísmo desde el exilio hasta la caída de Jerusalén (587 a. C. a 70 d. C.).
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Schüerer, Emil. A History of the Jewish People in the Time of  Jesus Christ (5 t.). New York: Charles Scribner's  Sons, n. d. Revised edition: Edinburg, T. & Clark, 1971.  Esta obra antigua (completada en 1897) ha sido considerada como erudita y autorizada.  Se está publicando una nueva edición revisada en Escocia; hasta fines de 1985 se habían publicado los primeros dos tomos que tratan la historia política de Palestina desde el año 175 a. C. hasta el 135 d. C. La segunda parte (t. 3-5) presenta la condición interna de Palestina y el pueblo judío en tiempos de Cristo.  Se estudia también la literatura judía helenística y los apócrifos del Antiguo Testamento.
_____. A History of the Jewish People in the Time of Jesús.  Editado por Nahum N. Glatzer.  New York: Schocken  Books, 1961.  Se trata de una edición revisada y condensada de los dos primeros tomos de la obra de Schüerer, ya señalada.

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