Descolonización de América
descolonización o emancipación de América se refieren al proceso por el cual los territorios de ultramar (caso de España) y las colonias europeas en el continente americano (para el resto de países europeos) se independizaron de las potencias europeas que habían conquistado sus territorios. La descolonización de América inició un proceso de descolonización mundial que se completó en el siglo XX dando origen a los estados-nacionales modernos.
Estados Unidos
Los Estados Unidos de América fue el primer país de América en independizarse, declarando las 13 Colonias, reunidas en varios "congresos continentales", su independencia de Gran Bretaña en 1776, la cual fue reconocida, después de una guerra, mediante el Tratado de París en 1783.
Haití
Después de la Revolución francesa, muchos de los ideales de la extensión de libertad surgieron en Haití, donde un levantamiento declaró a Haití una república libre y se afilió a Estados Unidos como la segunda nación independiente en el hemisferio occidental. Haití es el único país occidental en el cual un levantamiento de esclavos condujo directamente a la independencia.
Territorios españoles en América
Véase también: Expulsión de los españoles de América
Con la Guerra de independencia hispanoamericana, la mayor parte de los territorios españoles en Hispanoamérica ganaron su independencia en el primer cuarto del siglo XIX. Paraguay fue uno de los primeros países en independizarse. En el año 1811 Miguel Hidalgo en México, Simón Bolívar y José de San Martín en Sudamérica, entre muchos otros libertadores, condujeron las luchas por la independencia. En la América portuguesa, don Pedro I (también Pedro IV de Portugal), el hijo del rey portugués don Juan VI, proclamó la independencia del país en 1822 y se hizo el primer emperador de Brasil, hecho pacíficamente aceptado por la corona en Portugal.
En Argentina, José de San Martín formó un Ejército Libertador en Mendoza como parte de su plan para liberar el territorio de las tropas Realistas. Cruzó la Cordillera de Los Andes, ayudó a la independencia de Chile y, utilizando una flota organizada en dicho país, atacó el centro del poder español en Sudamérica, la ciudad de Lima, declarando la independencia del Perú en 1821. Poco después se encontró en Guayaquil con Simón Bolívar, y tras una breve entrevista le cedió su ejército y la meta de finalizar la liberación del Perú. Argentina proclamó su Independencia el 9 de julio de 1816.
Durante la Guerra de la Independencia Española, varias asambleas fueron establecidas por criollos para gobernar las tierras en nombre de Fernando VII de España. Esta experiencia de la autonomía y la influencia del liberalismo, la francmasonería y las ideas de las Revoluciones francesa y estadounidense fueron generando un desapego contra la España europea, reconduciéndose hacia la lucha por la independencia, conducida por los libertadores, también conocidos como autonomistas. Los territorios hispanoamericanos se separaron de la Madre Patria, a menudo con la ayuda del Imperio Británico, que pretendió comerciar con América sin el monopolio español.
Un proceso similar ocurrió en los territorios del norte y Centroamérica de España en los años 1820 tras la Independencia de México.
Territorios portugueses en América
A diferencia de los españoles, los portugueses no dividieron su territorio en América. Las capitanías que ellos crearon fueron sometidas a una administración centralizada en Salvador, desde donde se redactó un informe directamente a la corona portuguesa en Lisboa. Es por ello por lo que no es común referirse a una "América portuguesa" (como América española, América holandesa, etc.) sino a Brasil como un territorio unificado desde sus mismos principios.
Por consiguiente, Brasil no se dividió en varios estados a la hora de la Independencia (1822), como le pasó a sus vecinos de habla hispana. La adopción de una monarquía en vez de una república federal en las seis primeras décadas de la soberanía política brasileña también contribuyó a la unidad nacional.
Canadá
El 1 de julio de 1867, Canadá creó su dominio dentro del Imperio Británico sin incluir Terranova, unida con el resto de Canadá en 1949.
Guerra hispano-estadounidense
En 1898, los Estados Unidos ganaron la Guerra Hispano-estadounidense y ocuparon Cuba y Puerto Rico, terminando la ocupación española de América. Cuba recibió independencia en 1902. De todos modos, durante gran parte del siglo XX se vivió una corriente de inmigración de la gente pobre y exilios políticos desde España hacia los antiguos territorios, sobre todo Argentina, Cuba, Venezuela y México.
La descolonización en el siglo XX
Varios países se independizaron hasta el siglo XX:
- Bahamas: Los británicos concedieron a las islas una autonomía interna en 1964 y, en 1973, su independencia plena, permaneciendo como miembro de la Mancomunidad Británica de Naciones.
- Guyana: del Reino Unido, en 1966.
- Surinam: de los Países Bajos, en 1975.
- Trinidad y Tobago: del Reino Unido, en 1962.
- Belice (hasta 1973, Honduras Británica): del Reino Unido, en 1981.
- Puerto Rico: de los Estados Unidos en 1952 desde entonces es un Estado Libre Asociado.
Colonias subsistentes
Algunas partes de América están controladas por poderes europeos en la actualidad:
- Anguila (Reino Unido)
- Antillas Neerlandesas (Países Bajos)
- Aruba (Países Bajos)
- Bermudas (Reino Unido)
- Islas Vírgenes Británicas (Reino Unido)
- Islas Caimán (Reino Unido)
- Islas Malvinas (Reino Unido)
- Guayana Francesa (Francia)
- Guadalupe (Francia)
- Martinica (Francia)
- Montserrat (Reino Unido)
- San Pedro y Miquelón (Francia)
- Islas Turcas y Caicos (Reino Unido)
- Groenlandia (Dinamarca)
Además, las Islas Vírgenes de los Estados Unidos son controlados por los Estados Unidos. En sentido estricto:
- Aruba se separó de las Antillas Neerlandesas el 1 de enero de 1986, y se convirtió en un estado autónomo dentro del Reino de los Países Bajos. El proceso hacia una independencia plena en 1996 fue detenido a petición del gobierno de Aruba en 1990.
- Las Antillas Neerlandesas son políticamente disueltas el 15 de diciembre de 2008. Curazao y San Martín adquirirán un status similar al de Aruba, en tanto que Bonaire, Saba y San Eustaquio se incorporarán a los Países Bajos, como tres nuevos municipios con un status especial.1
- Guayana Francesa, Guadalupe y Martinica no son colonias de Francia pero forman parte de Francia, como departamento de ultramar (DOM, Départements d'outremer). El Movimiento de Descolonización y Emancipación Social de Guayana Francesa es un partido que lucha por la independencia.
Descolonización de América La descolonización de América fue un proceso continental, ocurrido especialmente entre los siglos XVIII y IXX, en el que se independizaron o emanciparon las colonias de las potencias europeas. La descolonización de América, independencia de América, o emancipación americana, fue un proceso histórico ocurrido entre los siglos XVIII y XIX en el que las colonias europeas en el continente americano declararon su emancipación y autonomía frente a las potencias europeas que unos siglos antes habían conquistado sus territorios. Generalmente después de cada declaración de independencia prosiguió una larga, costosa y cruenta guerra por la independencia. Estados Unidos fue el primer país americano en rechazar el colonialismo (británico) en 1765, declarar su independencia en 1776 y ganar la guerra por su emancipación en 1783, lo cual tuvo una profunda influencia en las corrientes de pensamiento de la época. Pero no solo en América. Más tarde, la Revolución francesa estalló en 1789, promoviendo principios de igualdad y libertad para todos los hombres, y más tarde, las guerras napoleónicas de principios del siglo IXX. Ambos eventos tuvieron repercusiones en toda Europa y por extensión, en las colonias europeas en América. En 1808, durante la Guerra peninsular (en el contexto de las guerras napoleónicas) Napoleón Bonaparte capturó al rey español Fernando VII y forzó la cesión de la corona española a su hermano, José Bonaparte. Esto produjo una serie de proclamaciones en las colonias americanas de rechazo a la autoridad francesa y de respaldo a la “legítima” autoridad de la corona española. Pero los criollos, influenciados por las ideas libertarias y revolucionarias, continuaron con un irreversible proceso independentista que culminó con la emancipación y descolonización de las Américas.
La segunda descolonización de América Latina y la formación de la patria grande
El régimen de acumulación primaria del capitalismo, tal y como detenidamente analizó Karl Marx en su obra El Capital, se desarrolló por las fuerza de la armas de las potencias europeas durante los siglos XVI, XVII y XVIII, sometiendo en régimen colonial amplias regiones de América, África y Asia. La economía capitalista mundial pudo implantarse gracias a la conquista basada en la organización militar occidental que podía vencer con muy pocos efectivos la resistencia de las castas dominantes de estos territorios y someter con posterioridad a toda la población indígena. Una vez culminada la conquista militar se procedió al expolio económico basado principalmente en la extracción de oro y plata y el tráfico de mercancías exóticas y de esclavos.
En esta fase originaria de acumulación capitalista, las colonias constituidas por la parte del mundo entonces sometida a las potencias europeas, tuvo en la América Hispánica, el Caribe, la India, y áreas de la costa, africana, asiática y de Oceanía, una transformación importante, al acabar en amplios territorios con las economías tradicionales, sustituyéndolas por plantaciones orientadas al consumo de las metrópolis y, en el caso de América Latina, por la masiva explotación minera para la obtención de metales preciosos empleando para ello decenas de miles de esclavos, o en régimen de semiesclavitud como la mita; régimen de trabajos forzados que entre el final de siglo XVI y los comienzos del siglo XVII en Perú podía ocupar hasta un séptimo de la población y en las minas de Potosí entre 13.000 y 17.000 mitayos debían trabajar 280 días al año.
Este imperialismo europeo, tuvo su primer revés en las Américas, comenzó en el Norte con la independencia de las trece colonias de Gran Bretaña a finales del siglo XVIII, a la que en los inicios del siglo XIX se sumaria América Latina frente al imperio español. Con posterioridad, durante la primera mitad del siglo XX, tras dos cruentas guerras mundiales el resto de las colonias del mundo también se emanciparían, conformando para finales del siglo XX el actual mosaico de Naciones del Tercer Mundo.
En el caso de América Latina, con la Independencia política se consiguió expulsar por la puerta grande al león depredador colonial español, pero mientras eso se hacia, por la puerta de atrás penetró el siniestro tigre del Norte: EEUU, dando lugar a una segunda colonización en todo el continente latinoamericano. Bajo la bandera de proteger América de las potencias europeas EEUU instauró una tutela sobre el continente latinoamericano apoyada en gobiernos oligárquicos sometidos a sus dictados, y cuando eso no era suficiente para mantener su dominio, lo hacia con la intervención directa de su ejército.
Si hasta su independencia política América Latina, fue expoliada para propiciar la acumulación primaria del capitalismo de las potencias europeas, la segunda colonización por parte de su vecino del Norte, contribuyó a la acumulación primaria del capitalismo de EEUU durante los siglos XIX y XX. La hegemonía de EEUU sobre Latinoamérica la sumió en décadas de soledad política frente al resto del mundo en el que su voz apenas si tenía relevancia.
La colonización de EEUU del continente latinoamericano de la mano de gobiernos oligárquicos y dictaduras sangrientas no estuvo exenta de gran resistencia y luchas heroicas, ahogadas todas ellas en una sistemática represión. Los sectores sociales más comprometidos con los pueblos latinoamericanos comenzaron a comprender que el poder militar de las oligarquías con el apoyo de EEUU, era el escollo principal para conseguir la prosperidad de sus naciones. Y un nuevo grito comenzó a recorrer América Latina: el poder al servicio del pueblo nace de la punta del fusil. Miles de revolucionarios engrosaron la resistencia guerrillera en casi todas las naciones del continente.
En los años sesenta del siglo XX EEUU desato una cruenta guerra en Vietnam, y ello traería una crisis económica mundial que tendría un perverso efecto colateral retardado en América Latina. Esta guerra fue incrementando notablemente la deuda de EEUU, lo que acentuó el incrementó progresivo del déficit general de su balanza de pagos. EEUU para hacer frente a los pagos adoptó medidas de carácter inflacionista como fue el incremento de la masa monetaria que a la postre llevó a la devaluación del dólar, pero éste no podía devaluarse sin afectar al conjunto del sistema monetario internacional, por cuanto era la unidad de referencia para establecer paridades y era la principal moneda de reserva internacional, por lo que la devaluación tuvo el efecto inmediato de empobrecer a todos los países con reservas de dólares y los países productores de petróleo, para mantener su poder adquisitivo recurrieron al aumento de los precios del crudo.
La fuerte inflación llevó a la aplicación de la cláusula de variabilidad de los tipos de interés a los países del Tercer Mundo que se habían endeudado particularmente en América Latina con el fin de articular su desarrollo económico. Los préstamos concedidos a los diferentes países pasaron de tasas de interés bajas a tasas de interés altas, se pasó del 0,57% en 1979 al 7% en 1982. Así la medida de subir los tipos de interés para compensar la inflación, generaría una crisis estructural permanente en los países latinoamericanos, afectando duramente a las empresas y Estados deudores. En poco años lo que era una deuda posible de asumir se convirtió en un duro lastre al incrementarse el servicio de la deuda. Tal situación condujo a los países en vías de desarrollo, particularmente en América Latina, por ser el área más endeudada relativamente respecto de su PIB, hacia la catástrofe, hacia lo que se ha bautizado para los años ochenta del siglo XX como la década perdida.
El pago del servicio de la deuda representó un importante flujo de capitales desde los países en vías de desarrollo hacia los desarrollados a través de los canales de la Banca internacional privada. Tal trasvase de capitales dio lugar a una profundización de la crisis en los países pobres y a suavizar la crisis de los países ricos. De esta manera, los países de América Latina con esta transferencia de capitales pasarían a pagar, años más tarde, la deuda contraída por EEUU en la guerra de Vietnam, falsamente pagada con la inflación y realmente amortizada con los intereses de la deuda latinoamericana.
Entre 1975 y 1982 la deuda a largo plazo de América Latina casi se cuadriplicó, de 42.500 millones a 176.400 millones de dólares. Agregando los préstamos a corto plazo y los créditos del FMI, en 1982 el total de la deuda era de 333.000 millones de dólares. Economía Mundial J. Martínez Peinado- J.M. Vidal Villa (1995).
Para asegurar que los Estados pagaran la deuda se implementaron duras medidas neoliberales que sumieron a amplias capas de la población en toda América Latina en la pobreza, pero como tales medidas eran imposibles de aplicar bajo formas democráticas debido a la fuerte oposición popular, ente los años setenta y ochenta del siglo XX una ola de sanguinarias dictaduras, bajo la odiosa tutela de EEUU, asolaron el continente para asegurar la prioridad del pago de la deuda por encima de los intereses de la mayoría de la población.
Tras esta amarga experiencia, los pueblos de Latinoamérica comenzaron a despertar de su soledad centenaria, las conciencias que despertaban ya no eran solo las de los sectores sociales más comprometidos con la causa revolucionaria. A finales del siglo XX y principios del XXI millones de personas demandaban en toda América Latina la urgencia de una segunda descolonización efectiva de su patrón del Norte, y el continente comenzó a plagarse de gobiernos de izquierda que reclamaban la dignidad, el desarrollo económico y el bienestar para sus pueblos y naciones.
Ante una demanda social de cambio tan masiva el discurso revolucionario de la lucha armada fue relegado como un periodo superado en favor del discurso del poder democrático, acabando las dictaduras patrocinadas por el patrón del Norte ahogadas en las movilización pacífica popular. Los poderes fácticos represivos de las oligarquías vendidas a los intereses de EEUU se situaron a la defensiva y, aunque todavía en los principios del siglo XXI no han cejado en su empeño golpista, estas clases están cada vez más sometidas a la vigilancia revolucionaria de las inmensas mayorías sociales de los pueblos latinoamericanos.
Al finalizar la primera década del siglo XXI, el grito en favor de la segunda descolonización en toda América Latina es imparable, pero el despertar de doscientos años de sometimiento a EEUU precisa de una reacción unitaria e incardinada en el corazón de la mayoría latinoamericana. Tres son los ejes que despuntan de lo que debiera ser la arquitectura de esta segunda descolonización:
1. La dignificación del pensamiento, personas y actos de los líderes de la independencia política latinoamericana y la de los revolucionarios que lucharon durante doscientos años por la emancipación de la pobreza y contra las sangrientas dictaduras neoliberales y el imperialismo.
2. La apuesta por un proyecto político integrador latinoamericano como base para alcanzar plenamente la emancipación del imperialismo de EEUU. Un proyecto político, que debiera comenzar por alcanzar una sola voz latinoamericana ante el resto del mundo en los problemas que afectan al continente latinoamericano y en los problemas más importantes que tiene la humanidad, en cuanto a la guerra y la paz, el cambio climático y el desarrollo económico mundial. Una voz que por el significado histórico que tiene la unidad latinoamericana como expresión de cientos de años de lucha antiimperialista por recuperar su dignidad y su porvenir debiera estar en contra de todo tipo de hegemonía mundial y por el respeto entre naciones basado en los principios de la coexistencia pacífica.
3. La apuesta por un proyecto económico integrador en la orientación estratégica de hacer de Latinoamérica una potencia económica con características propias, que por la lacra y el atraso que ha supuesto el neoliberalismo para el continente, debe apostar por un modelo socioeconómico fundamentado en los intereses de las mayorías nacionales y contrario a los intereses oligárquicos.
En esa demanda de integración latinoamericana el liderazgo no va a depender solamente de la fortaleza económica de una nación que puede representar Brasil, sino también por la emergencia del pensamiento de las naciones más comprometidas con el ideario de la unidad latinoamericana y que sintonizan con las mayorías sociales del continente que demandan ese impulso político.
La segunda descolonización de América Latina en su conjunto es una empresa posible, beneficiosa y que puede alumbrar al resto de los países del Tercer Mundo a encontrar el camino de su bienestar y el de todo el género humano.
Latinoamérica. La formación de la patria grande
La patria grande está por refundarse. José / Pepe / Mújica, presidente de Uruguay, abril del 2010
La patria grande fue el sueño de los libertadores de los países latinoamericanos que pretendieron la unión de las naciones latinoamericanas y, ahora en el siglo XXI es un ideal de integración que arraiga y fructifica en las amplias masas de ciudadanos latinoamericanos.
Este afán integrador tiene dos componentes fundamentales, el primero el reconocimiento de Latinoamérica como una gran nación de naciones convergente de culturas, ansiosa de serlo para sacudirse los doscientos años de soledad mundial, que la tutela odiosa del vecino del Norte en alianza con las oligarquías caciquiles locales, sumieron al continente; el segundo, la superación de la pobreza y la desigualdad fruto del poder absoluto de esas mismas oligarquías que, en esa larga noche de doscientos años, detentaron los recursos y los medios de producción en beneficio exclusivo de sus intereses.
Latinoamérica se está poniendo de pie, mejor está ya de pie y, aunque las fuerzas oscuras del imperio de EEUU y de las oligarquías locales siguen poniendo palos en la rueda a la integración latinoamericana, el destino ha pasado a pertenecer al interés de los pueblos, liderados por las fuerzas políticas progresistas emergentes, que han hecho de las palabras, libertad, soberanía y justicia sus señas de identidad, palabras odiadas por quienes quisieran seguir viendo a Latinoamérica subyugada al imperio del Norte y los intereses mezquinos de oligarquías antipatrióticas.
Con este impulso histórico integrador los gobiernos sudamericanos están desarrollando múltiples iniciativas de integración regional que abarcan todos los aspectos de la cultura, la política, la economía y las infraestructuras, a fin de cuentas, una nación de naciones moderna debe vertebrarse por los lazos culturales, pero también los comerciales, los institucionales y por las infraestructuras y, en la actual coyuntura económica, Sudamérica crece económicamente y reparte su riqueza entre los más necesitados, mientras que Europa y EEUU, se estancan y descargan la crisis sobre los más débiles.
En lo económico MERCOSUR es lo más avanzado en integración económica y UNSASUR en integración política, pero la pregunta que cabe hacerse es ¿ha llegado el momento histórico de diseñar un imaginario de cómo debe ser la Patria Grande? Porque si bien la voluntad integradora existe con fuerza arrolladora y, en estos momentos, esa fuerza se traduce en cientos de proyectos integradores ¿no cobraría una dimensión mayor si existiera un imaginario de cómo deben de ser los pilares de la Patria Grande sobre los que proyectar toda la arquitectura integradora?
Y por otra parte, actualmente se vive una coyuntura económica mundial en la que las grandes potencias de Occidente se encuentran atrapadas en su laberinto neoliberal, mientas que Sudamérica y China se yerguen emergentes con un dinamismo económico propio. En esta coyuntura no cabe hacerse también la pregunta ¿No es éste el mejor momento histórico para dar un impulso a la emergencia sudamericana que le sitúe en el mundo como una potencia regional y le permita proyectarse a los países del Sur en el mundo, como un continente impulsor de los valores de integración mundial, a favor de la paz, la prosperidad, el respeto entre naciones y el desarrollo armónico con el medio ambiente?
Tal vez estas preguntas pueden parecer precipitadas, impropias del momento en que se vive y que no se corresponden con el caminar al paso real de los tiempos, pero también hay que pensar que tal vez ha llegado el momento de pasar del sueño de tocar el cielo a la realidad de hacerlo.
No voy a decir, porque seria pretencioso, como debiera ser ese imaginario de la Patria Grande que debe pensarse por sus propios actores, pero si apuntar dos reflexiones.
Toda integración para que tenga proyección histórica debe sustentarse en los ciudadanos, UNASUR es actualmente una institución de jefes de Estado, pero tal vez habría que pensar en una institución consultiva electa por los ciudadanos de los países que componen UNASUR.
Toda integración debe tener elementos económicos de planificación, y la base fundamental para ello son los recursos financieros, luego un Banco del Sur que sea capaz de financiar grandes obras, y tal vez diseñar una moneda regional, sería un elemento fundamental.
¿Latinoamérica está en el momento de forjar sus sueños con pasos pequeños? o ha llegado el momento de hacerlos plenamente realidad.
http://www.javiercolomo.com/index_archivos/Seg_desc.htm
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