jueves, 26 de enero de 2017

Imperios - Colonización española en América


El cabildo abierto era una modalidad extraordinaria de reunión de los pobladores de las ciudades hispanoamericanas, durante la colonización española, en caso de emergencias o desastres. Usualmente, las ciudades coloniales estaban gobernadas por cabildos coloniales, instituciones de tipo municipal integrados por funcionarios designados por las autoridades coloniales, pero en casos de emergencia, el cabildo podía convocar a cabildos abiertos integrados por los vecinos.
En el inicio de las Guerras de Independencia Hispanoamericana los cabildos abiertos jugaron un papel decisivo, actuando como órganos de participación popular con capacidad para destituir a las autoridades y establecer gobiernos autónomos.
Modernamente, algunos países hispanoamericanos denominan cabildos abiertos a las asambleas populares convocadas por los gobiernos municipales con el fin de tratar y decidir asuntos de importancia pública local.
El término se ha trasladado al lenguaje moderno para referirse a la realización de reuniones populares abiertas con el fin de tomar decisiones.
"Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810", cuadro realizado por Pedro Subercaseaux, que representa el inicio de la Revolución de Mayo en Argentina.

Los cabildos abiertos tradicionales

Durante la colonia era de uso común en Hispanoamérica el cabildo abierto, práctica consistente en la reunión de los vecinos de una ciudad en casos de emergencia y que se organizaban de forma similar a los concejos surgidos en la alta edad media en distintos reinos ibéricos. Usualmente eran convocados por el cabildo, invitando solo a los vecinos que consideraba más importantes ("la parte más sana y principal"), excluyendo por regla general a los criollos pobres, indígenas, mujeres, esclavos y mestizos y demás población
La reunión solía celebrarse en el recinto del cabildo o en alguna iglesia. Los cabildos abiertos atribuían a la parte representativa de la ciudad el derecho a deliberar sobre cuestiones que por su naturaleza requerían una solución extraordinaria. Las personas convocadas eran designadas por el cabildo invitante sin intervención del pueblo y constituían la aristocracia local. Con todo, la circunstancia de llamarlas para deliberar con el cabildo ordinario daba a estas asambleas un carácter más democrático.
Durante los primeros siglos de la dominación española los cabildos abiertos no tuvieron demasiada importancia política y fueron convocados con fines diversos, entre ellos:
  • Acordar donativos.
  • Adoptar medidas contra los indios.
  • Contratar los servicios de un médico.
  • Escuchar la lectura de una cédula real.
En los años iniciales de la Conquista de América abundaron los cabildos abiertos, pero esta manifestación de soberanía popular se hizo cada vez menos frecuente, en la medida que las corporaciones se burocratizaron y pasaron a ser controladas de manera monopólica por la aristocracia española y criolla.

Los cabildos abiertos revolucionarios

La vieja tradición de los cabildos abiertos volvió a ser recuperada en 1810, con motivo del arresto en Francia, por parte de Napoleón, del monarca español Fernando VII, tuvo lugar el nombramiento de juntas de gobierno para gobernar en ausencia del monarca, desencadenando de esta manera el proceso de independencia.

El Cabildo Abierto del 18 de septiembre de 1810
El juramento de los nuevos gobernantes estaba concebido en estos términos: "¿Jura usted defender la patria hasta derramar la última gota de sangre, para conservarla ilesa hasta depositarla en manos del señor don Fernando VII, nuestro soberano, o de su legítimo sucesor; conservar y guardar nuestra religión y leyes; hacer justicia y reconocer al supremo Consejero de Regencia como representante de la majestad Real?".

Según la costumbre, a los Cabildos Abiertos sólo eran convocados los vecinos de "importancia", en esta ocasión las 450 esquelas de invitación decían: "Para el día 18 del corriente, espera a usted el muy ilustre señor Presidente con el ilustre ayuntamiento en la sala real tribunal del Consulado, a tratar de los medios de seguridad pública, discutiéndose allí qué sistema de gobierno debe adoptarse para conservar siempre estos dominios al señor don Fernando VII".
Todos los acuerdos se tomaron por unanimidad, y hasta los nombramientos de los dos últimos vocales de la Junta Provisoria de Gobierno fueron hechos por mayorías abrumadoras, sin que se notasen voces discordantes, especialmente después de los elocuentes discursos de Argomedo y de Infante. Lo que tal vez por entonces no sabían los opositores al nuevo sistema, era que gran parte del éxito se debió a la cuidadosa selección en el reparto de las invitaciones para asistir al Cabildo: de las 450 esquelas enviadas, casi todas lo fueron a criollos de reconocida tendencia libertaria, y sólo 14 llegaron a manos de españoles peninsulares.
Tras la votación el gobierno quedó conformado por Mateo de Toro y Zambrano, presidente; el Obispo de Santiago José Antonio Martínez, como vicepresidente; el consejero de Indias Fernando Márquez de la Plata, primer vocal; Juan Martínez de Rozas, segundo vocal; Ignacio de la Carrera, tercer vocal; como secretarios Gaspar Marín y José Gregorio Argomedo. Luego fueron incorporados Francisco Javier Reina, Juan Enrique Rosales.
El juramento de los nuevos gobernantes estaba concebido en estos términos: "¿Jura usted defender la patria hasta derramar la última gota de sangre, para conservarla ilesa hasta depositarla en manos del señor don Fernando VII, nuestro soberano, o de su legítimo sucesor; conservar y guardar nuestra religión y leyes; hacer justicia y reconocer al supremo Consejero de Regencia como representante de la majestad Real?".
El primer acuerdo del Cabildo santiaguino, tomado exactamente una semana después, fue fijarle un sueldo a la Junta!: "Considerando... que el día 18 del presente... resultó la instalación de una Junta Provisoria de Gobierno, a nombre de nuestro adorado monarca don Fernando VII... ; resultó la pluralidad por que al Sr. Presidente de la Excma. Junta se le asignasen seis mil pesos anuales, tres mil a cada uno de los señores vocales que la componen y dos mil a cada secretario".
Otro acuerdo de igual o superior importancia, tomado por el Cabildo el 9 de noviembre, fue satisfacer la cantidad de mil pesos "para gastos de recepción del Excelentísimo Sr. Presidente, Conde de la Conquista" , quien siempre residió en Santiago.
Bajo la nueva organización numerosos españoles sufrieron ataques personales y en sus bienes. Y comenzaron a circular, en copias manuscritas, Proclamas y Catecismos Políticos como el de Camilo Henríquez, u otros más decidores del hostil ambiente reinante, tal como el "Diálogo entre un español americano ilustrado y un español europeo pata rajada" en el que, innecesario es decirlo, el peninsular recibía la peor parte.
El primer motín armado contra las nuevas autoridades fue encabezado en abril de 1811 por el oficial de Dragones don Tomás de Figueroa, quien pagó con la vida el atentado. Al poco tiempo la Junta exigió a los españoles declararse chilenos o abandonar el país, lo que en la práctica no ocurrió. Pero sí fue requisito para ser oficial del incipiente ejército, haber nacido patricio, es decir, criollo. No sucedía lo mismo en el bando contrario, pues la casi totalidad de los oficiales y todos los soldados del ejército de Pareja eran chilenos, especialmente de las provincias sureñas, que por tradición familiar o por adhesión caballerosa a la persona del rey, creían que la patria era una e indivisible con la corona española.
El cabildo también se ocupó del modo de repartir las contribuciones de guerra, y consideró que sólo debían pagar los " anti-patriotas . Pero la Junta la sacó de su error: "Contéstese al Ilustre Cabildo que deben incluirse en la contribución... no sólo los declarados anti-patriotas, sino también los indiferentes, y aún aquellos patriotas que ni con sus personas ni con sus intereses, a proporción de lo que podían, han ayudado a la defensa de su patria en los apuros que ha estado y se mantiene". (1813)
El precio del azúcar, del pan y de otros productos comenzó a sufrir embates, ya fuera por escasez de las materias primas, o por especulación, y el Cabildo debió preocuparse de estos desconocidos fenómenos: "Se leyó un oficio del Superior Gobierno, en que se mandaba que se nombrase por el Cabildo un regidor para que asistiese al experimento que debía hacerse para ver lo que rendía de pan una fanega de harina, y de esta suerte, arreglar el número y peso de piezas (de pan) que deben dar los panaderos por medio real. Y teniendo en consideración este Cuerpo los conocimientos que sobre este particular tiene el regidor don José Antonio Valdés, se acordó fuese él que asistiera al citado experimento" . (1812)
Durante varias sesiones del año siguiente se continuó debatiendo éste y otros problemas del mismo género: "Se discutió largamente la materia, sosteniéndose por una parte, la conveniencia de los aranceles en este ramo de abastos, y por otra, la ineficacia de estos medios, contrarios a la libertad y propiedad de los abastecedores y consumidores. Se tuvo presente que sólo la concurrencia numerosa de los primeros puede proporcionar un abastecimiento comodísimo a los segundos, por medio de la competencia que en el estado de absoluta libertad se debe formar entre los panaderos, tirando cada cual a hacerse del mejor despacho (y clientela) por la abundancia y buena calidad de su pan. Por tanto, y siendo ésta una materia de tanta consideración y trascendencia a los intereses públicos, se acordó suspender la resolución de este negocio hasta examinarlo con la mayor reflexión y escrupulosidad' . (1813)
Otro tema que pareciera anecdótico, pero que fue causa de preocupación, es la contaminación atmosférica a lo cual documentos señalan: "Observando el Cabildo que toda la atmósfera al rededor de la ciudad estaba cargada de un humo espeso y caliente, que causaba notable variación en el temperamento... se comisionó al señor regidor don Antonio Hermida, para que con el cabo de alguaciles y cuatro ministros averiguase y diese parte del resultado". (1813)
En junio de 1814, poco después de la corta tregua de Lircay, y creyendo que ya se había alcanzado la victoria definitiva, el Cabildo dispuso tres noches de fiestas, música e iluminaciones, en celebridad de la paz.








La Isla Aristazabal, (en inglésAristazabal Island1 ) es el nombre de una isla situada al suroeste de la Isla Princesa Real en la Columbia Británica, al oeste de Canadá. Tiene una superficie de 420 kilómetros cuadrados (160 millas cuadradas).1La isla fue bautizada así el 30 de agosto de 1792, por el teniente comandante Jacinto Caamaño de la corbeta española Aranzazu en honor del capitán español «Gabriel de Aristazábal», uno de los más notables comandantes españoles de la época. La palabra con falta de ortografía "Aristizable" aparece en las cartas del capitán de Vancouver.








Los cargadores a Indias eran los que comerciaban con estos territorios españoles. Eran comúnmente conocidos como mercaderes de las Indias, pero entre sí se llamaban cargadores.1
En 1503 se creó la Casa de Contratación de Indias, con sede en Sevilla, que establecía un asiento o monopolio de ese comercio. Aquellos que comerciaban con las Indias crearon en Sevilla en 1547 el Consulado de Cargadores a Indias, para resolver sus asuntos civiles. Este consulado al principio tuvo su sede en una estancia de la Casa de Contratación y algunos mercaderes de dicho consulado negociaban sus asuntos en las gradas de la catedral.2 Por esto, se construyó la Casa Lonja, que fue finalizada en 1598.3
En 1680 los barcos de América pudieron despacharse tanto en Cádiz como en Sevilla y en 1717 se trasladaron la Casa de Contratación y el consulado a Cádiz. Esto hizo que estos mercaderes pusieran sus casas-palacio en las localidades costeras de esa provincia, como Sanlúcar de Barrameda.

Las casas-palacio de cargadores a Indias son un tipo de vivienda doméstica palaciega andaluza construidas en los siglos XVII-XVIII en CádizEl Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda, producto de la actividad comercial con la América Española o Indias, adaptadas a las necesidades pero a su vez espejo de la prosperidad y gustos estéticos de sus moradores. Estos ricos comerciantes que recibirán el nombre de cargadores a Indias tendrán diversa procedencia, tanto española como extranjera.
En El Puerto de Santa María, conocido como la "ciudad de los cien palacios", destacan:
  • El palacio de Araníbar, del siglo XVII, conserva un extraordinario artesonado de origen mudéjar y formas geométricas.
  • El palacio de Santa Cruz o de Valdivieso, que se construye en el siglo XVII siguiendo el mismo esquema compositivo del de Araníbar, con monumental portada flanqueada por columnas de orden toscano y remate superior con doble frontón.
  • El palacio de Villarreal y Purullena, del siglo XVIII; frente a las casas del siglo anterior este palacete recoge todo el recargamiento de la estética Rococó. Contaba con un extraordinario mobiliario y bellos jardines. Futura sede de la Fundación Goytisolo.
  • casa de Roque Aguado, del siglo XVIII, que incorpora elementos barrocos y con un patio, herrajes y yeserías que refuerzan en su interior el carácter áulico del edificio.
  • casa-Palacio de Reynoso, del siglo XVIII, de bello patio interior y sede provisional del Ayuntamiento.
En Sanlúcar de Barrameda destacan:
  • La casa de Arizón, construida a principios del siglo XVIII, conserva el sector residencial y los almacenes. Tiene una torre mirador en forma de sillón a la manera de algunas torres-mirador de Cádiz.
  • La casa de Moreda, construida en el siglo XVII, se le conoce también por el nombre de Casa de Manjón, apellido de los propietarios del edificio desde hace doscientos años.
  • La casa Rodríguez Pérez o Casa Mergelina, construida en los siglos XVII y XVIII. Está situada en la calle San Agustín.
En Cádiz destacan:
  • El palacio de los Marqueses de Casa Recaño, levantado hacia 1730 en la zona más elevada del casco histórico. Sigue el esquema habitual en la casas de cargadores a Indias, con portada de mármol, patio porticado y escalera con yeserías. El elemento más singular es su torre mirador, conocida como Torre de Tavira, convertida desde 1788 en vigía del puerto gaditano.
  • La casa del Almirante, erigida en 1685 por Diego de Barrios, almirante de la flota, es uno de los mejores ejemplos de casa de cargadores a Indias de la ciudad. Destacan en su conjunto la portada de mármoles genoveses y el patio columnado, al que se abre una escalera cubierta por cúpula semiesférica.
  • La casa de las Cadenas, se levantó a finales del siglo XVII como residencia de Manuel de Barrios y debe su nombre a poseer privilegio de cadenas por haber albergado a la custodia del Corpus en 1692, cuando la procesión fue sorprendida por una tormenta. La portada es obra de mármoles italianos atribuida a J. A. Ponsonelli. Patio y escalera conservan la estructura original.
  • La casa de las Cuatro Torres, construida entre 1736 y 1745 por iniciativa del comerciante sirio Juan de Fragela, engloba cuatro edificios independientes, pero concebidos con espíritu unitario. Presenta rasgos significativos del barroco dieciochesco gaditano, como las torres mirador y la decoración pintada en fachadas.
  • La casa de las Cinco Torres, grupo de cinco viviendas dieciochescas de características similares, que se singulariza por sus torres, que junto a las de la vecina Casa de las Cuatro Torres contribuían a ofrecer una singular perspectiva urbana a los viajeros que se acercaban a la ciudad por mar.

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