comportamiento epidéitico entre los animales sugiere que cuando éstos se reúnen en grandes multitudes (bandadas, cardúmenes, rebaños, enjambres, etc...) lo hacen con la intención, aunque sea inconsciente, de facilitar a todos los individuos un censo actual del número de ejemplares totales, para de ese modo, poder regular su próxima natalidad, y evitar tanto sub como superpoblaciones.
Esta hipótesis fue desarrollada por el zoólogo Wynne-Edwards en su libro Animal Dispersion in Relation to Social Behavior de 1962, y es parte de su Teoría de la Selección Grupal.
En ella se propone que cuando las enormes bandadas de estorninos se juntan al atardecer, o cuando los jejenes danzan en masa alrededor de un pilar, lo hacen con la intención de hacer un censo de su población, y aunque no sean conscientes de ello, de un modo automático, nervioso u hormonal la percepción de su densidad de población se relacionará directamente con su sistema reproductor, de tal modo que en caso de existir, por ejemplo, una superpoblación, los indices de natalidad disminuirán drásticamente para acercarse al nivel óptimo de población y evitar un colapso por sobre-explotación de recursos.
Esta hipótesis ha sido criticada por George C. Williams (1966) en Adaptation and Natural Selection, por Maynard Smith (1975) en The Theory of Evolution, y por Richard Dawkins (1976) en The Selfish Gene.
Este último le otorga la razón en cuanto a un auto-regulamiento de la natalidad en función de una población dada, pero, la justifica mediante su Teoría del Gen Egoísta, y aunque reconoce que ésta es compatible con comportamientos epidéiticos, sostiene que no existen evidencias directas que muestren que las agregaciones animales sean o tengan comportamientos epidéiticos.
Congo (1954-1964) fue un chimpancé que aprendió a pintar con Desmond Morris,1 etólogo, etnólogo y pintor surrealista.
Los críticos calificaron su estilo de lírico abstracto impresionista.2
En junio de 2005, tres pinturas de Congo se vendieron en una subasta en Bonhams por cerca de 22000 dólares estadounidenses.3
Pablo Picasso y Joan Miró tenían obras de Congo.

Una pintura realizada por Congo.
cortejo sexual al comportamiento animal cuando el macho busca apareamiento con la hembra y, a su vez, la hembra lo recibe. Dicho comportamiento se denomina sexual (y no sensual) por cuanto la presencia de placer no es definitoria del mismo. De hecho, las conductas sexuales de cortejo y cópula ocurren en numerosísimas especies de animales y de protozoos en las que no se supone habitualmente la existencia de psiquismo y, en este, de reacciones sensuales; es decir, en numerosísimas especies donde los organismos individuales pueden describirse como robots cartesianos o autómatas carentes de interioridad o subjetividadexistencial. En muchos casos, ocurre una disputa selectiva entre los machos que tienen en mira una misma hembra.
Muchas especies animales tienen durante el periodo de acoplamiento una serie de comportamientos más o menos ritualizados. Frecuentemente implican la exhibición de características físicas, la producción de sonidos especiales o la obtención de regalos para ofrecer al candidato, cuyo registro neurológico por este desencadena, en el mismo, reacciones comportamentales (que, cuando hay psiquismo, también son sensuales) y ellas van conduciéndolo a aproximarse gradualmente a consumar la cópula. Entre los vertebrados, a los que en general suele atribuírseles psiquismo, este tipo de comportamientos suelen ser muy complejo en peces y aves, pero es aún más desarrollado en invertebrados como los artrópodos.
El cortejo sexual aumenta la disponibilidad al apareamiento al inducir neurológicamente respuestas progresivamente ordenadas a aparearse; y, en los organismos con subjetividad, lo hace al aumentar la motivación sexual de los individuos. Paralelamente disminuye la agresividad intraespecífica entre los individuos que se van aproximando a consumar la cópula, y también entre todos los individuos para aquellas especies que se reúnen en agregaciones, bandas o manadas durante el periodo reproductivo y permanecen fuertemente territoriales o solitarios el resto del año.
El cortejo sexual consiste generalmente en una mezcla pautada ( que por metáfora se denomina "ritualizada") de acciones inicialmente relacionadas con el apareamiento, el ataque, la huida y con otras acciones del menú comportamental que en otros contextos pueden relacionarse con las pruebas que determinan la calidad de la ingestión (ósculos), el cuidado parental biológico (caricias), etc.
La diferencia entre los rituales de cortejo en las especies de animales crea un fuerte aislamiento reproductivo, que en la mayoría de los grupos del reino animal mantiene aisladas las especies emparentadas. En las especies dioicas (o sea, de dos sexos; entre protozoos hay géneros con docenas de sexos, cuya reproducción exige acumular sucesivamente materiales genéticos), machos y hembras han de buscarse, lograr reunirse, realizar los complejos rituales de cortejo y apareamiento, y finalmente copular o bien soltar juntos al ambiente sus gametos para hacer posible la fecundación.
"Danzas" nupciales, los cantos de los machos para atraer a las hembras o las caricias en la pareja humana, son ejemplos de comportamientos típicos del cortejo que permiten a la vez de conocerse, aislarse reproductivamente. Las funciones principales del cortejo para permitir la cópula son: sincronización, orientación, persuasión, comunicación, y aislamiento reproductor.
- Sincronización: la sincronización de las actividades sexuales de machos con hembras en períodos cortos de tiempo se logra en muchas especies a través del cortejo. Así, por ejemplo, en aves es frecuente que el cortejo acelere la maduración de los óvulos.
- Orientación: los animales que cantan más enérgicamente y ostentan coloraciones llamativas pueden ser oídos o vistos desde muy lejos. Esas exhibiciones ayudan a la orientación y al encuentro entre los miembros de la pareja. No obstante, si los individuos pertenecen a especies distintas, los cantos, plumajes ostentosos, aromas "afrodisíacos" no son orientativos, ya que no son tenidos en cuenta, tal como la librea sexual de un babuino en celo no suele excitar a humanos. Los animales que se comunican principalmente por señales acústicas pueden entonar melodías que desencadenan respuestas neurológicas que a su vez producen el comportamiento de acercamiento. Tales melodías pueden ser insoportables para nuestro oído, y por cierto resultar no cortejantes, pero son neurológicamente eficaces para el sexo opuesto de su especie. Muchos grillos, ranas, sapos, chicharras y langostas son así grandes "cantores".
- Persuasión: este término significa que el cortejo del macho sirve para evitar las respuestas no sexuales por parte de la hembra, por ejemplo las agresivas.
- Comunicación: cuando un animal se comunica, modifica a corto o mediano plazo el comportamiento de otro animal de forma adaptativa y beneficiosa para ambos. Lo hace mediante señales, que pueden ir desde las maternales, filiales, agresivas, defensivas hasta las sexuales. Las complicadas señalizaciones que realizan los machos "cangrejos violinistas" del género Uca, con sus grandes y potentes pinzas, se utilizan tanto para atraer a las hembras de su misma especie, como para ahuyentar a otros machos competidores (disuasión intraespecífica).
- Aislamiento reproductor: cada una de las etapas del cortejo depende del comportamiento con que responde el congénere. El macho solo pasará a una segunda etapa de exhibición si la hembra muestra determinado comportamiento de "complicidad", y ambos pasarán a una tercera solo cuando ella realice un segundo comportamiento clave. Sucesivamente, los comportamientos de ambos se van encadenando, sincronizándose en el tiempo y determinando finalmente la cópula o la liberación de los gametos al medio ambiente o a un receptáculo intracorporal.
Ningún animal que no esté fisiológicamente apto para la fertilización podrá completar esta exigente cadena de comportamientos, que depende de la maduración neurológica del individuo, la cual a su vez refleja la madurez sexual del mismo.
Los humanos a menudo somos víctimas de un altivo complejo de superioridad y terminamos subestimando las capacidades y la imaginación de nuestros coinquilinos en el planeta. Los animales conocen la diversión y la empatía. El cerdo, por ejemplo, es capaz de aprender algunos pasos de baile, por puro entretenimiento. Pollos, gallinas y gallos entrelazan sólidas amistades, hasta el punto de que cuando uno de ellos muere, sus compañeros velan su cuerpo durante un tiempo. Sin embargo, es en los rituales de apareamiento donde el reino animal nos reserva las sorpresas más increíbles, luciendo gran apertura mental y creatividad. Y esto sin tener que esperar el día de San Valentín.
Los rituales de apareamiento de los animales son innumerables, algunos curiosos, otros hasta repulsivos desde el punto de vista humano, y otros, una posible fuente de inspiración para los más atrevidos.
Bonobo
A los bonobos no les hacen falta ni San Valentín ni el fin de semana. Estos monos tienen relaciones sexuales para evitar conflictos, para ganarse el favor de los demás, para consolar, para hacer la paz después de una pelea, para relajarse después de una hazaña agotadora. En fin, siempre. Contrariamente a la mayoría de las otras especies tienen relaciones en todas las posiciones posibles. A los envidiosos habrá que decir que la duración media de un coito de un bonobo es de sólo 13 segundos.
Loro de la frente blanca
Cuando estas aves se preparan para aparearse, se acurrucan y se besan. Sin embargo, entre el momento de los besos y el del apareamiento, los loros crean ambiente vomitándose encima el uno al otro. Nada que no entienda una pareja cualquiera de quinceañeros tras una velada en el Ovella Negra de Barcelona.
Piquero de patas azules
Las características evidentes de esta extraña ave de las Galápagos son la expresión un tanto aturdida y los pies de un color azul fluorescente. El pájaro va muy orgulloso de estas botas tan ye-ye, tanto que las exhibe en una danza de cortejo digna de las mejores películas de Tarantino.
Pez pescador
El macho del pez pescador es más pequeño y menos hábil en la caza que las hembras, así que para perpetuar la especie, cuando encuentra una hembra la muerde. En este proceso libera una enzima que permite que los dos cuerpos se fundan. Entonces, el macho se desintegra lentamente hasta que de él sólo quedan los testículos. Estos seguirán produciendo los espermatozoides para cuando a la hembra se le antoje usarlos.
Hipopótamo
El hipopótamo nunca fue famoso por su higiene personal y se demuestra coherente también en la hora del amor. Cuando llega el momento, el macho se sube encima de una enorme pila de estiércol y empieza a arrojarlo hacia todas direcciones con su cola, hasta llegar a golpear a la deseada, la cual se queda encandilada por semejante detalle.
Delfín
Los delfines machos se unen para formar un grupo e ir en busca de una hembra. Una vez encontrada la aíslan de sus compañeras y empiezan a girar a su alrededor en una especie de secuencia de espectáculos circenses. Giran, dan saltos y cumplen acrobacias, incluso durante unos días, dependiendo de lo difícil que sea la hembra. Finalmente, ella elegirá al miembro más hermoso de la cuadrilla, dejando a los demás sólo los recuerdos.
Moscas de la fruta
Cuando las hembras rechazan los cortejos de los machos de las moscas de la fruta, estos tienden a ahogar su frustración en el alcohol. Los investigadores de la Universidad de California han identificado en su cerebro una molécula (neuropéptido F) que actúa de la siguiente forma: cuando su producción es activa, las moscas machos vírgenes se comportan como si estuvieran satisfechas sexualmente y reducen drásticamente el consumo de alcohol. Sin embargo, cuando el nivel de la molécula baja, incluso las moscas que ya se habían apareado actúan como si hubieran sido rechazadas: empinando el codo.
Puercoespín
Los puercoespines, cuando la cosa se calienta, levantan sus patas traseras, colocándose uno en frente del otro, y el macho lanza su orina contra la hembra, que tiene dos opciones: enfadarse y morder a su compañero, o aceptar la sutil propuesta.
Langosta
Las langostas, como es sabido, son animales elegantes, y se desnudan para el sexo. Antes del apareamiento salen literalmente de su caparazón, van a lo que van y luego vuelven a meterse en su exoesqueleto. Lástima que al no tener sistema nervioso central no sientan placer durante el acto.
Aves del paraíso
Al ver su colorido plumaje y sus bailes durante el apareamiento, no es difícil entender el por qué del nombre de estas aves.
La hembra, puesta en la rama, observa, mientras el hermoso pájaro negro del paraíso comienza a cortejarla mediante un baile espectacular.
Cebus
Los machos cebus, un pequeño mono de alrededor de medio metro, se orinan en las manos y luego se aplican el líquido sobre la piel de todo el cuerpo, como si se tratara de un aftershave irresistible. Al parecer, las hembras de la especie se vuelven locas por este aroma afrodisíaco.
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