El canibalismo sexual en el reino animal y particularmente, entre los artrópodos, es un comportamiento estudiado por la etología como una variante del canibalismo caracterizada por tener lugar durante el proceso de apareamiento, generalmente en el transcurso o con posterioridad a la cópula. En la mayoría de los casos, es el organismo femenino el que mata y consume al macho de su misma especie, siendo raros los comportamientos inversos.2 3
El canibalismo sexual ha sido estudiado por los biólogos desde Charles Darwin.
Incidencia del canibalismo sexual en el reino animal
Aunque el canibalismo en general es un comportamiento que se encuentra extendido en el reino animal, solamente han sido documentados casos de canibalismo sexual en algunas especies de arácnidos, insectos y anfípodos, dándose también, aunque raramente evidenciado, entre algunas de gastrópodos y de copépodos.2
A pesar de su escasa frecuencia, este hábito es particularmente común en numerosas familias de arañas y escorpiones, donde su práctica dentro de una población determinada, puede llega a tener efectos significativos en su tamaño y la distribución relativa de sus miembros de distinto género.
Entre los insectos, el canibalismo sexual es un comportamiento especialmente raro, pero es prácticamente universal entre las distintas especies de mantodea.
Origen y evolución
Debido a las diferentes formas que entre las diferentes especies puede adoptar este comportamiento con respecto al papel desempeñado por cada sexo, las posibles ventajas y el momento para su manifestación, las causas y efectos de este comportamiento en el proceso evolutivo es objeto de discrepancia y debate entre los especialistas que proponen diferentes modelos explicativos, a veces contradictorios. En opinión de Stephen Jay Gould, autor de la teoría del equilibrio puntuado, la rareza de este hábito impide que tenga un efecto significativo en el alcance del proceso de selección natural.5 Sin embargo, diferentes estudios han puesto en evidencia el importante papel desempeñado por el canibalismo sexual en las pautas alimenticias de algunas especies, resultando una de las fuentes significativas de consumo de las hembras. Así, un estudio etológico de la especie de mántis Tenodera aridifolia sinensis reveló que cerca del 63 % de la dieta de las hembras se basa en especímenes machos.4
En cualquier caso, parece existir consenso en relacionar el canibalismo sexual con el llamado dimorfismo sexual cuando dentro de una misma especie, este resulta en el desarrollo de hembras de tamaño mayor que el de los machos, adoptando estrategias reproductivas diferenciadas.2 1 6 7
Numerosos modelos explicativos apuntan hacia un escenario de competencia o conflicto de intereses entre los sexos. Así, los casos que acontecen previamente al apareamiento, suele explicarse bien, como una decisión parte del proceso de búsqueda de fuentes alimenticias (en inglés, foraging) propio de las especies cuya agresividad ha sido favorecida por la selección natural, bien como casos de confusión en la identificación de la fuente. Otros modelos explicativos de este comportamiento apuntan a que las hembras seleccionan a los machos copulando por ser más fácilmente accesibles en ese momento como alimento que cualquier otro macho. En cualquier caso, canibalismo y apareamiento no son comportamientos exclusivos y en muchas ocasiones, el macho es devorado después de la cópula.8 Este aporte de alimento para la hembra tendría un efecto significativo para su disponibilidad al apareamiento y al desarrollo de su descendencia.
Estrategias masculinas
A pesar de la posición central evidente de las hembras en este comportamiento, numerosos estudios se han consagrado en investigar la complicidad de los machos y su impacto evolutivo.2
En este contexto, uno de los modelos propuestos, aunque solo aplicable a los casos de canibalismo tras la cópula, el papel adaptativo de los machos puede explicarse desde una estrategia extrema de disponibilidad paternal (paternal investment) y no tanto como resultado de una conflicto entre sexos, ya que su sacrificio permite incrementar la cantidad y calidad de la fecundación.2 9
Varios autores han señalado varias dificultades en este modelo,10 para, en especial, explicar el por qué, siendo supuesto su carácter ventajoso, la mayoría de los machos intentan escapar de su canibalización, desarrollándose incluso en algunas especies, estrategias en este sentido.
Así, los escorpiones macho suelen picar con su aguijón a las hembras en el momento de depositar su espermatóforo. En el caso de los machos de las especies de arañas, viuda negra y araña cangrejo, estos suelen enredar a su pareja con hilos de seda poco antes de aparearse, de manera que puedan limitar los movimientos de ataque de la hembra. En otras arañas, los machos disponen de mandíbulas especializadas con las que mantienen abierta las de su pareja, mientras que otras especies eligen el momento de la muda, o ecdisis, de la hembra, cuando no les es posible alimentarse, para copularlas. Otro ejemplo de estrategia masculina se presenta en las mantis religiosas y algunas arañas, de forma que el macho retrasa en lo posible su aproximación de apareamiento a la hembra hasta que esta se encuentra entretenida con la captura de otra presa.2 6 11 Los machos de Pisauridae, ofrecen a sus parejas una pieza de alimento a modo de distracción.
A su vez, el dimorfismo sexual puede explicarse en relación con las prácticas de canibalismo sexual. Así, las hembras de Nephila o arañas de tela de oro, son hasta 20 veces más pesadas que sus congéneres masculinos,12 sugiriéndose una demostración del principio expuesto por Darwin en su obra The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex.13 según el cual, los machos más ligeros, son más rápidos y por tanto, más aptos para sobrevivir.
Otra evidencia, señalada como contradictoria al modelo de convivencia masculina para con el canibalismo, se presenta en los machos de viuda negra Latrodectus mactans: aquellos que logran escapar de un ataque predatorio de su pareja, suelen copular a continuación con numerosas otras hembras.2 14
Canibalismo masculino
Los casos documentados de machos con hábito de canibalismo sexual son prácticamente desconocidos. En investigaciones sobre el isópodoparasitario Ichthyoxenus fushanensis, pudo constatarse la depredación de hembras por machos tras apareamiento solamente durante la época de celo, periodo durante el cual los especímenes pueden experimentar cambios de sexo. Debido a ello, los investigadores cuestionan una relación como respuesta evolutiva o de sexualidad, sino más bien, el resultado de competición entre individuos.
La mantis religiosa es un insecto especialmente curioso por muchísimas razones, pero especialmente por su afición al canibalismo sexual.
Como sabéis, se trata de un animal especialmente sádico, no sólo por su físico, que le da la apariencia de alguien que está tramando algo, sino también por lo crueles que puede llegar a ser las hembras, que decapitan al macho justito en el momento del acto sexual.
Existen muchas teorías sobre las causas que las llevan a cometer un acto tan atroz, aunque según un estudio reciente parece haber una un poco menos frívola que las demás. Todo sea por el bien de su descendencia.
¿Cuáles son las posibles causas del canibalismo de la mantis religiosa?

El canibalismo sexual no es una costumbre generalizada en todas las mantis religiosas; pues, de hecho, en muchos casos ambos miembros de la pareja terminan los encuentros sexuales con todas las partes del cuerpo en su sitios.
Sin embargo, sí que es cierto que aproximadamente el 13-28% de estas relaciones la cosa acaba con la hembra comiéndose al macho. Esto hace que visualicemos a estos insectos como seres demoníacos, pero los biólogos llevan años tratando de dar una razón que contribuya a la mejora de su imagen.
Uno de los argumentos más probables reside en que el contenido proteico del macho aporta a la hembra un aporte extra de energía que le ayuda a poner un mayor número de huevos, contribuyendo con ello al desarrollo de una progenie mayor.
El insecto mitad mantis mitad avispa
Hoy os hablamos de los mantíspidos, un curioso insecto cuya apariencia se asemeja a una mezcla de mantis religiosa y avispa.
Sin embargo, la hipótesis tiene sus lagunas, ya que el periodo de apareamiento de estos animales coincide con el verano, una época en la que las presas de la mantis no escasean, por lo que no tendrían por qué verse “en la obligación” de comerse al macho.
Por lo tanto, esto lleva a una nueva teoría un poquito más sádica, apoyada por el hecho de que la primera parte del cuerpo que se comen es la cabeza.
Y es que, de este modo, podrían desinhibir el centro nervioso que impedía al salida del esperma, que además aumentará con las convulsiones de la muerte, favoreciendo el desarrollo correcto del acto sexual. Pero ojo, que no es por placer, simplemente podría ser que se trate de la única forma de que la cópula termine con éxito reproductivo.
Caracteres sexuales secundarios
La madurez sexual que distinguen entre los dos sexos de una especie, pero no son directamente parte del sistema reproductor, por lo que no incluyen los órganos sexuales, siendo distintos de las características sexuales primarias.
Los caracteres sexuales secundarios permiten distinguir a los diferentes sexos.1 Sus diversas etapas de desarrollo varían según las especies. Estos tienen relación con múltiples aspectos anatómicos, funcionales o biológicos de los órganos genitales internos.
La aparición de estos rasgos es estimulada por la producción hormonal (de andrógenos o estrógenos), que está determinada por el código genético.

En los animales
Algunas características sexuales secundarias conocidas en diversas especies de animales, incluyen las melenas de los leones machos y las largas plumas de los pavos reales machos. Otros ejemplos dramáticos incluyen los colmillos de los narvales machos, probóscides agrandados en los elefantes marinos machos y monos proboscis, la coloración brillante en la cara de los mandriles machos, los cuernos crecidos en muchas cabras y antílopes y los cuernos de diversos mamíferos. En las aves y los peces los machos de muchas especies tienen patrones de colores más brillantes y llamativos, y la presencia de partes externas sobresalientes. En los anfibios, las crestas dorsales del macho de la salamandra y los parches nupciales de anfibios anuros.
Las diferencias de tamaño entre los sexos de los animales también se consideran características sexuales secundarias. Si bien, en una gran parte de mamíferos, los machos son más grandes y corpulentos que las hembras, esto no siempre es así para todas las especies.
En los seres humanos
En los seres humanos, las características sexuales secundarias más visibles son el agrandamiento de los senos en las mujeres, y el vello facial y el crecimiento de la nuez de Adán en los varones.
Se considera que la adolescencia comienza con la incipiente aparición de estos caracteres sexuales (en la fase puberal), y termina al finalizar el crecimiento. Los cambios que ocurren hacia el establecimiento de las características sexuales secundarias no se establecen en un mismo momento, sino que siguen una secuencia progresiva. 5
Las principales características sexuales secundarias de los humanos incluyen:
En el varón
- Musculatura más desarrollada, mayor fuerza física y masa muscular.
- Incremento de la estatura, varones adultos son más altos que la mujer adulta, en promedio.
- Presencia de vello androgénico más grueso y largo en otras partes del cuerpo: brazos, piernas, pectoral, abdominal, axilar, y púbico.
- Vello facial, barba y/o bigote.
- En promedio, pies, manos y nariz más grandes que en las mujeres.
- Tórax y hombros más anchos.
- Voz más grave que la de la mujer.
- Alargamiento y aumento del grosor del pene.
- Índice cintura/cadera menor que la mujer, en promedio.
- Cabeza ósea y esqueleto más pesados.
- Posible aparición de alopecia androgénica progresiva con la edad.
- Comportamiento más agresivo.
En la mujer
- Senos desarrollados y pezones más grandes.
- En promedio, menor crecimiento de la estatura que en el varón.
- Mayor nivel de grasa subcutánea, especialmente en el rostro, glúteos y muslos.
- Caderas más anchas.
- Desarrollo de vello corporal o androgénico en menor medida que el varón, principalmente en las piernas y axilas.
- Vello púbico crecido de forma triangular, en el área genital cubriendo la vulva y el monte de Venus.
- Aparición de celulitis.
- Voz más aguda que la del varón.

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