martes, 31 de octubre de 2017

Apuntes de Historia Universal

Tomado de la gran web : www.uv.es/ivorra/Historia/Indice.htm

LA QUERELLA DE LAS INVESTIDURASSIGUIENTE
En pocas generaciones, los normandos habían pasado de ser un temible pueblo de vikingos salvajes a convertirse en un pueblo "civilizado" (para la época) y, sobre todo, increíblemente eficiente. Guillermo I el Conquistador se las estaba arreglando para dominar con apenas cinco mil hombres a toda la población sajona de Inglaterra, que era unas trescientas veces superior en número. Esto fue posible gracias a una combinación de medidas. Una de las primeras tareas a las que se vieron forzados los sajones bajo el gobierno normando fue la de construir castillos para sus señores. En poco tiempo Inglaterra se llenó de sólidos castillos normandos donde un pequeño contingente podía resistir una revuelta mientras el ejército se reunía y acudía a la zona. Hasta entonces, los normandos habían combatido con armaduras ligeras, pero Guillermo I empezó a fomentar entre sus caballeros el uso de armaduras pesadas, de tal forma que un caballero armado apenas tenía nada que temer contra un campesinado sin caballos y sin más armas que a lo sumo hondas o arcos. Las tierras fueron repartidas entre los normandos que, con el título de sheriff, representaban al rey en cada condado. Se formó así una nueva nobleza que desplazó a la nobleza sajona (sólo unos pocos nobles sajones pudieron conservar sus tierras, y a finales del siglo apenas llegaban a la media docena). Guillermo I cuidó hábilmente de que sus nobles fueran lo suficientemente fuertes como para dominar a sus vasallos sajones, pero lo suficientemente débiles como para que no guerrearan entre sí. El sistema feudal funcionó en Inglaterra de la forma más eficiente posible.
Por otro lado, Guillermo I supo usar a la Iglesia en su favor. En 1070 depuso a Stigand, el arzobispo de Canterbury no reconocido por Roma, y, con el debido permiso del papa, nombró en su lugar a un normando de origen italiano llamado Lanfranco, que a pesar de sus sesenta y cinco años empezó a reformar la Iglesia de Inglaterra según los criterios de Hildebrando, es decir, se encargó de que los eclesiásticos respetaran una cadena de mandos que terminaba en el papa, pero cuyo eslabón previo era él mismo. Al parecer, cuando Guillermo I se iba a casar con Matilde de Flandes hubo cierta oposición por parte de la Iglesia, pero Lanfranco intercedió ante el papa y logró su bendición para el matrimonio. Desde entonces gozó de la protección de Guillermo. Otro normando llamado Tomás de Bayeux fue nombrado arzobispo de York. Durante los años siguientes Lanfranco fue colocando a normandos en los principales cargos eclesiásticos del país.
Guillermo I trató de aprender la lengua de los sajones (la que ahora se llama inglés antiguo o anglosajón), y escribía sus documentos oficiales en latín y en inglés antiguo, pero no logró convencer a sus hombres para que hicieran lo mismo. La nobleza siguió hablando en francés, y el inglés antiguo quedó para el campesinado, que se vio obligado a aprender francés (aunque fuera rudimentariamente) para entender a sus amos. Más concretamente, los normandos hablaban una variante dialectal de la lengua de oil llamada normando, que en Inglaterra evolucionó a otra conocida como anglonormando. Otras eran el picardo, el valón, el champañés, el lorenés y el franciano, que se hablaba en la zona de París.
El rey Malcom III de Escocia se casó con Margarita, la hermana de Edgar, el heredero sajón a la corona de Inglaterra. Era una buena "inversión", pues si la dinastía de Guillermo I se extinguía o era derrocada, entonces los hijos de Malcom III podrían alegar su derecho al trono como descendientes de Alfredo el Grande.
Mientras tanto los cumanos llegaron a las fronteras occidentales de Rusia y atacaron Hungría. El kanato occidental de los karajaníes se convirtió en un protectorado selyúcida. El sultán selyúcida Alp Arslán dio un paso más en su campaña contra Siria al tomar la ciudad de Alepo.
En 1071 el normando Roberto Guiscardo tomó la ciudad de Bari, que era el último reducto bizantino en el sur de Italia. El emperador Romano IV había dado por perdida Italia y en su lugar se centraba en hacer frente a los turcos. Partió hacia el este con un ejército de 60.000 soldados de caballería pesada. Muchos eran inexpertos, y la lealtad de algunos generales era dudosa, pero con ellos tomó la ciudad de Mazinkert, que los turcos habían tomado unos años antes. Con ello violaba el tratado de paz que había firmado con Alp Arslán. Éste se encontraba en Siria y tuvo que abandonar sus planes para retroceder precipitadamente a enfrentarse a los bizantinos.
La fuerza turca era superior en número, pero estaba formada principalmente por caballería ligera, que no podía resistir un ataque frontal de la caballería pesada bizantina. Sin embargo, era más ágil y podía maniobrar mejor. Romano IV envió a su caballería al galope contra los turcos, con lo cual violó una de las normas básicas de la estrategia bizantina: nunca debía enviarse caballería pesada a perseguir a la caballería ligera, a menos que ésta estuviera acorralada contra un río u otra barrera: tales persecuciones sólo agotaban a los caballos y los volvían vulnerables ante un contraataque. Así sucedió: los turcos huyeron con la pericia necesaria para no dejarse acorralar y hostigaron con flechas desde lejos. El emperador vio que sus tropas se estaban agotando y ordenó la retirada. Mientras trataban de instalarse en un campamento para pasar la noche, los turcos atacaron por todas partes. Además, un general llamado Andrónico Ducas (pariente del emperador anterior) había decidido que no había posibilidad de victoria y había retirado a sus hombres sin advertir a Romano IV. Esta desorganización, sumada a la gran habilidad de Alp Arslán, permitió a los turcos destruir completamente el ejército bizantino y capturar al propio emperador. Hasta entonces, los persas, los árabes, los búlgaros, etc. habían hecho retroceder en ocasiones al ejército bizantino y habían ocupado territorios, pero nunca antes habían aniquilado al grueso del ejército. La derrota de Mazinkert marcó el inicio de la decadencia militar de Constantinopla.
Alp Arslán liberó a Romano IV a cambio de un tratado por el que se comprometía a pagar un cuantioso tributo anual y a liberar a todos los presos islámicos. Sin embargo, cuando Romano IV llegó a la capital se encontró con que su hijastro (el hijo de Eudoxia y de Constantino X) había sido nombrado emperador, con el nombre de Miguel VII. Hizo recluir a su madre en un monasterio y ordenó cegar a su padrastro, que murió en el exilio pocos meses después. Miguel VII era un erudito, cuando lo que hacía falta era un soldado. Como emperador fue bastante incompetente. Los turcos comprendieron que el acuerdo firmado con Romano IV quedaba invalidado y se lanzaron sobre Asia Menor, que estaba prácticamente indefensa.
El rey García de Galicia decidió confiar la Terra Portucalense al conde Menendo Núñez, pero el conde Sisenando Davídiz no aceptó la decisión y se rebeló. El rey Alfonso VI de León aprovechó los disturbios para invadir Galicia, empresa a la que pronto se sumó el rey Sancho II de Castilla. García fue derrotado y hecho prisionero por Sancho II, quien le permitió trasladarse a la corte del rey al-Mutadid de Sevilla. Alfonso VI y Sancho II se repartieron Galicia.
Pedro Ramón, el primogénito del conde Ramón Berenguer I de Barcelona terminó asesinando a su madrastra Almodis, que desde que se había casado con el conde había hecho todo lo posible para relegar a Pedro en favor de sus propios hijos. Pedro Ramón fue encarcelado y desheredado.
Tras la muerte (sin descendencia) de Pedro I de Saboya, su hermano Amadeo II se convirtió en el nuevo conde de Saboya y marqués de Turín.
El hermano del difunto conde Balduino VI de Flandes desposeyó del título a su sobrino Arnulfo III y se convirtió en Roberto I de Flandes. Ambos se enfrentaron en la batalla de Cassel, en la que Arnulfo III resultó muerto. El rey de Francia Felipe I había apoyado a Arnulfo III, pero tras ser derrotado comprendió que Roberto era el conde legítimo y se casó con su sobrina Berta en 1072. El conde Balduino II de Hainaut trató de recuperar en varias ocasiones el condado de su hermano, pero sus intentos fueron vanos.
Ese mismo año moría san Pedro Damián, uno de los cardenales que más destacó en el impulso de las reformas eclesiásticas promovidas por Hildebrando. Durante toda su vida combatió la simonía y la inmoralidad de los clérigos. Ha dejado algunos poemas, biografías de santos y tratados como el Gomorrhianus, en el que describe los vicios eclesiásticos.
También murió el duque Ordulfo de Sajonia  y su sucesor, Magnus, se rebeló contra el rey Enrique IV de Alemania, que el año anterior había sofocado la rebelión del duque de Baviera.
En Japón, el emperador ideó un ardid para librarse de la influencia de los Fujiwara. Abdicó en su hijo Shirakawa (que tendría entonces unos veinte años) y dejó que los Fijiwara lo controlaran según la tradición, pero él siguió ejerciendo el poder mediante una especie de gobierno paralelo. Los Fujiwara no supieron reaccionar y no tardaron en dividirse en diversas facciones.
El rey Guillermo I de Inglaterra no tuvo dificultad en desbaratar un segundo intento de invasión por parte del rey Sven II de Dinamarca, así como una incursión del rey Malcom III de Escocia. Guillermo I penetró en Escocia y Malcom III tuvo que rendirle homenaje y abandonó definitivamente todo intento de ayudar a su cuñado Edgar a lograr la corona de Inglaterra. Edgar tuvo que huir a Flandes y desde entonces llevó una vida azarosa combatiendo en lugares distintos, hasta en Tierra Santa.
Mientras tanto, los señores normandos seguían sin ser capaces de capturar al sajón Hereward y sus rebeldes. Para penetrar en su territorio pantanoso, los caballeros tenían que dejar atrás sus caballos y enfrentarse con hombres que conocían cada palmo del terreno. Una y otra vez eran derrotados. La historia de Hereward fue probablemente el punto de partida de la leyenda que los sajones crearon en los siglos siguientes sobre Robin Hood, pero el príncipe de los ladrones no tuvo el mismo final que Hereward, ya que el de éste no fue muy legendario: Guillermo I hizo rodear toda la región donde se escondían los rebeldes y lentamente fue estrechando el cerco. Cuando el territorio empezó a sentir los efectos del hambre, unos monjes se ofrecieron a guiar a los normandos por un camino que conducía al campamento de Hereward. Los guerrilleros tuvieron que rendirse. No se sabe qué fue de Hereward. La leyenda dice que Guillermo le concedió el perdón a cambio de un juramento de fidelidad y que le fueron devueltas sus tierras, pero esto sí que suena al típico final de leyenda.
Roberto Guiscardo, junto con su hermano Roger, completó la conquista de Sicilia con la toma de Palermo. A partir de este momento se dedicó a pacificar el territorio desbaratando las revueltas locales y consolidando una disciplinada estructura feudal similar a la que Guillermo I había implantado en Normandía y en Inglaterra. Dejó Sicilia bajo el gobierno de su hermano, el conde Roger I de Sicilia, quien fue respetuoso con la población musulmana, que en muchas ciudades mantuvo su libertad y sus tradiciones.
Los reyes Alfonso VI de León y Sancho II de Castilla se disputaron la supremacía sobre Galicia y acabaron enfrentándose en la batalla de Golpejera. Sancho II derrotó e hizo prisionero a su hermano Alfonso VI, tras lo cual entró en León y allí fue ungido y coronado rey de León. A instancias de su hermana Urraca, el castellano dejó en libertad a Alfonso VI, que se refugió en la corte del rey al-Mamún de Toledo. Sin embargo, la nobleza leonesa no aceptó a Sancho II y se agrupó en torno a Urraca, que se hizo fuerte en Zamora. Sancho II puso sitio a la ciudad. Se cuenta que un noble leonés llamado Vellido Adolfo,amante de Urraca, salió de la ciudad fingiendo pasarse a las filas de Sancho II para después asesinarlo a traición. Los zamoranos le cerraron las puertas y se vio obligado a huir perseguido por Rodrigo Díaz, que no logró alcanzarlo.
Como el rey asesinado no tenía hijos, el heredero legítimo del reino de Castilla era precisamente Alfonso VI. Los nobles castellanos eran reticentes a aceptarlo, sobre todo porque había sospechas de que Alfonso VI había instigado el asesinato de Sancho II. Para ser ungido rey de Castilla, Alfonso VI tuvo que jurar que no tuvo relación alguna con la muerte de su hermano. Fue el Juramento de Santa Gadea(llamado así porque tuvo lugar en la iglesia de Santa Gadea, en Burgos). Probablemente fue el mismo Rodrigo Díaz quien, actuando por última vez como alférez real, tomó juramento a Alfonso VI. Luego pasó discretamente a segundo plano, pues el nuevo rey no confiaba en el que había sido leal vasallo de su hermano. Fue sustituido en su cargo de alférez por García Ordóñez. Los principales cargos de la corte fueron ocupados por el conde de Carrión, Pedro Ansúrez, y por la familia de los beni Gómez.
Tras la muerte de Sancho II, su hermano García pudo recuperar el reino de Galicia, aunque por poco tiempo, ya que en 1073 Alfonso VI le pidió una entrevista y en el encuentro lo hizo encarcelar y lo mantuvo prisionero en León con honores de rey.
El condado de Maine se rebeló contra la autoridad de Guillermo I de Normandía, pero éste sofocó la revuelta y reafirmó su dominio sobre el territorio.
Una revuelta de los karajaníes obligó al sultán Alp Arslán a abandonar nuevamente la campaña de Siria contra los fatimíes, pero nunca pudo retomarla, pues murió en una batalla contra aquéllos. Fue sucedido por su hijo Malik Sha, quien empezó por someter a los karajaníes. Los sultanes selyúcidas habían creado una administración llamada diván, presidida por un visir. Mientras Alp Arslán y Malik Sha dirigían sus ejércitos, quien realmente gobernó el Imperio en su nombre fue el visir Nizam al-Mulk. Fundó en Bagdad una escuela superior de estudios religiosos (Nizamiyya) que defendió la ortodoxia sunní frente a los chiitas.
Malik Sha y Nizam al-Mulk fracasaron en sus intentos de hacer sedentarios a los turcos que habían penetrado en el Califato Abasí. Tampoco pudieron estabilizar su poder, pues los sultanes consideraban el Estado como una propiedad familiar. Malik Sha distribuyó numerosas tierras entre sus parientes y luego tuvo que hacer frente a sus revueltas.
También murió el papa Alejandro II, y el pueblo de Roma aclamó como nuevo papa a Hildebrando, que adoptó el nombre de Gregorio VII. Naturalmente, continuó con su programa de reformas.
Ese mismo año dictó sentencia de excomunión y destierro contra Pedro Ramón, el hijo del conde Ramón Berenguer I de Barcelona, que había asesinado a su madrastra Almodis seis años antes. Pedro Ramón marchó a Al-Ándalus y murió poco después.
En 1074 Gregorio VII convocó un concilio en Roma en el que condenó la simonía, el concubinato de los clérigos y la relajación de sus costumbres.
El rey Salomón de Hungría fue derrotado en Mogyoród por su primo, el hijo de Bela I, que se convirtió en rey con el título de Geza I. Salomón huyó y se hizo ermitaño. Geza I fue reconocido por el papa Gregorio VII y el emperador bizantino Miguel VII le envió una corona que fue unida a la que san Esteban había recibido de Silvestre II.
El califa fatimí al-Mustansir, incapaz de hacer frente a la ruina económica y a los ataques de los selyúcidas, llamó al general armenio Badr al-Yamali y lo nombró visir, concediéndole plenos poderes.
El sultán Malik Sha encargó a un grupo de sabios una reforma del calendario. Al frente de éstos estaba Umar Jayyam, matemático y poeta, director del observatorio de Isfahan. Pero es más famoso como poeta, por sus cuartetas, que expresan un cierto escepticismo pesimista.
El rey Alfonso VI de León y Castilla se casó con Inés, hija del duque de Aquitania Guillermo VIII, y ese mismo año Rodrigo Díaz se casó con Jimena Díaz, hija del conde de Oviedo, de la que unos decían que era "de tal hermosura que estando ella había dos lunas en la noche" y otros que era "yegua de piel amarilla, con la que nadie se casa, si no es por la dote". En cualquier caso, era de sangre real, lo que indica que Rodrigo Díaz gozaba de buena posición en la corte castellana.
El conde Gausfredo II de Rosellón murió y fue sucedido por su hijo Guislaberto II.
El rey al-Mamún de Toledo conquistó el reino de Córdoba, pero murió al año siguiente, en 1075, y fue sucedido por su nieto Yahyá al Qádir. Como suele ocurrir cuando muere un rey fuerte, sus enemigos apuestan por que el nuevo rey no estará a la altura del anterior y aprovechan para saldar sus cuentas. A veces aciertan y a veces no. Esta vez acertaron. Al-Qádir era mucho menos eficiente que su abuelo, y pronto se vio en apuros ante los ataques de los reyes de Valencia, Sevilla y Zaragoza, así como por el conde de Aragón Sancho I Ramírez y por un partido interno ortodoxo radical que lo acusaba de pactista. Valencia se independizó bajo Abú Bakr, hermano de Abd al-Malik, el último rey anterior a la anexión del reino a Toledo.
El rey de Inglaterra Guillermo I el Conquistador desbarató una conjuración urdida por nobles normandos en colaboración con algunos de los antiguos nobles sajones.
En Austria murió el margrave Ernesto el Valeroso y fue sucedido por Leopoldo II el Hermoso.
El papa Gregorio VII había enviado un gran número de legados por toda Europa, pero estos se encontraron con trabas, sobre todo en Alemania, debido a que la nobleza se negaba a perder el control sobre los cargos eclesiásticos que el papa reclamaba para sí. El punto clave era quién podía nombrar y deponer obispos, pues un obispo se mostraba fiel a quien le nombraba y podía deponerle. Por ello convocó un concilio en Roma en el que se prohibió bajo pena de excomunión que los señores concedieran la investidura religiosa a un eclesiástico, y condenó todo atentado a la libertad de las elecciones episcopales. Así mismo redactó veintisiete disposiciones que fueron publicadas con el título de Dictatus Papae y que merece la pena leer. Ya de paso, excomulgó a Roberto Guiscardo, que había hecho algunas incursiones por territorios pontificios. El duque se había apoderado de Amalfi y en 1076 se apoderó de Salerno.
Enrique IV de Alemania no tardó en reaccionar ante las pretensiones del papa: En enero convocó un concilio en Worms que depuso a Gregorio VII, pero a su vez, en febrero, Gregorio VII excomulgó a Enrique IV y liberó a sus vasallos del juramento de sumisión. Se inició así la llamada querella de las investiduras.
Mientras tanto, el rey Alfonso VI de León y Castilla escribía a Gregorio VII solicitando ayuda contra los musulmanes. La carta era descaradamente exagerada. El rey advertía que si no recibía la ayuda necesaria "... falto de asistencia, luchando contra toda África aliada, trataré con el sarraceno y dejaré libre el paso a los desfiladeros pirenaicos". Gregorio VII se asustó e invitó a los caballeros europeos a acudir a Castilla a luchar contra los moros. Algunos franceses y alemanes acudieron a la llamada, pero discutieron entre sí y no tardaron en marcharse.
Por esta época los almorávides conquistaron el Imperio de Ghana, que quedó dividido en dos partes: el norte, dominado por los almorávides, que se islamizó, y el sur, en el que se refugiaron todos los nativos que no aceptaron el islam. 
En Denia murió el rey Iqbal, tras lo cual las Baleares se independizaron del reino y éste cayó inmediatamente en manos del rey al-Muqtadir de Zaragoza.
En Francia murió el duque de Borgoña Roberto I, el tío de Felipe I. El rey trató de hacerse con el ducado, pero al final se lo quedó Hugo I, un nieto de Roberto I que gobernó con total independencia.
En Alemania murió el duque de la Baja Lorena Godofredo IV el Jorobado, que había nombrado heredero a su sobrino Godofredo, pero Enrique IV sólo le concedió el marquesado de Amberes, que comprendía un territorio llamado Bouillon, por lo que Godofredo fue conocido como Godofredo de Bouillon. El ducado se lo asignó a su hijo Conrado, de dos años de edad. Con tal duque, los distintos condados que integraban el ducado adquirieron una gran independencia, hasta el punto de que el título ducal dejó de tener valor alguno. Entre dichos condados destacaron el de Limburgo y el de Lovaina.
También murió el rey Sven II de Dinamarca y fue sucedido por su hijo Harald Hen. Durante el reinado de su padre había aparecido el uso de la moneda en Dinamarca. Harald unificó el sistema monetario.
El sultán turco Malik Sha logró finalmente arrebatar Siria a los fatimíes. También les tomó Palestina, en particular la ciudad santa de Jerusalén.
Así mismo murió el conde de Barcelona Ramón Berenguer I. Nombró herederos a sus hijos Ramón Berenguer II Cabeza de Estopa y Berenguer Ramón II. Ese mismo año Ramón Berenguer II participó en una campaña contra Murcia de acuerdo con el rey al-Mutamid de Sevilla. En Granada murió el rey Badis, que fue sucedido por su nieto Abd Allah ibn Buluggin.
El rey Sancho IV de Navarra no era nada querido en la corte. Era costumbre que el rey eligiera a distintos nobles para los cargos más relevantes, pero de una forma progresiva, de modo que cada uno iba ascendiendo paulatinamente desde los puestos más bajos hasta los más altos. Sin embargo, Sancho IV tomó con frecuencia decisiones arbitrarias por las que unos nobles eran depuestos y otros nombrados sin ninguna consideración a sus carreras. Esto generó numerosas conjuras palaciegas, hasta que una de ellas triunfó. Durante una cacería en el mes de junio, el rey "se despeñó" por un terraplén sobre el río Arga,en el despoblado de Peñalén. Por eso es recordado como Sancho IV el de Peñalén. La corona correspondía por herencia a su hermano Ramón, pero sucedió que Ramón y su hermana Ermesinda eran los responsables de "lo de Peñalén", así que tuvieron que huir para no ser condenados por regicidas. Ramón es conocido como Ramón el Fratricida.
La nobleza navarra eligió como nuevo rey al primo del difunto, el conde Sancho I Ramírez de Aragón, que se convirtió así en el rey Sancho V de Navarra y I de Aragón. En realidad no fue tan sencillo. Parece ser que, desde hacía unos cuatro años, Sancho I ya se hacía llamar (sin justificación alguna) rey de Aragón. Los antecedentes para esto eran que su padre Ramiro I había sido el hijo primogénito (aunque bastardo) del rey de Navarra Sancho III Garcés, y había tratado en vano de hacerse reconocer como rey. Ramiro I había sido derrotado por su hermanastro García IV y tuvo que contentarse con su título de conde, pero al parecer transmitió a su hijo la idea de que en realidad le correspondía la dignidad real, y éste se atrevió a asumirla porque el rey navarro Sancho IV no era excesivamente peligroso. En cualquier caso, al convertirse en rey de Navarra pudo legitimar su título real y, lo que es más, convirtió legalmente a Aragón en reino del mismo modo que Fernando I había convertido a Castilla en reino al ser proclamado rey de León. Por su parte, el rey Alfonso VI de León y Castilla también era primo del difunto Sancho IV, así que se consideró con igual derecho al trono navarro. No consiguió el trono, pero Castilla se anexionó la zona occidental del reino de Navarra (la Rioja) y Sancho I (V) le rindió vasallaje.
Los historiadores posteriores no debieron o no quisieron entender lo que había pasado realmente para que los condados de Castilla y Aragón se convirtieran en reinos, así que la "versión oficial" fue que el testamento del rey Sancho III el Mayor legaba Navarra, Castilla y Aragón a sus tres hijos y que dio a todos el título de rey.
Dos años antes había muerto el rey croata Petar Kresimir IV y se produjeron disputas sobre la sucesión, pero finalmente un legado pontificio coronó a Dimitar Zvonimir, confirmando así la supremacía de la Iglesia romana en el país.
La querella de las investiduras dio pie para que algunos nobles alemanes se rebelaran contra Enrique IV. El duque Boleslao II de Polonia tomó parte por Gregorio VII y a cambio éste le concedió el título de rey. Igualmente, el papa aprobó la decisión que tomaron los duques de Suabia, de Baviera y de Carintia, reunidos en Forchheim, donde eligieron rey de Alemania al duque Rodolfo de Suabia. Rodolfo había luchado junto a Enrique IV contra las rebeliones de Sajonia, pero apoyar al papa le pareció más provechoso, luego también más justo. En octubre una asamblea de obispos y príncipes alemanes reunida en Tribur conminó a Enrique IV a que se sometiera a Gregorio VII.
El enérgico rey que se había enfrentado victorioso a bávaros y sajones vio amenazada su corona por un hombre aún más enérgico que él. La situación se le iba de las manos y consideró que su mejor alternativa era ceder ante el papa y aparentar que estaba arrepentido. Escribió una carta de retractación, la promissio, pero no fue suficiente, en enero de 1077 tuvo que marchar a Italia y permaneció tres días en la nieve vestido de penitente a las puertas del castillo de Canossa, propiedad de la condesa Matilde de Toscana, donde el papa se había refugiado. Con ello logró que Gregorio VII le diera la absolución. Matilde había estado casada con el duque de Lorena, Godofredo el Jorobado, que había muerto el año anterior, y ahora la condesa realizó una donación solemne por la que todos sus Estados pasaban a formar parte de los Estados Pontificios. En marzo Rodolfo de Suabia fue coronado rey en Maguncia. Enrique IV depuso a los duques que lo apoyaban y logró expulsarlo de Suabia. Entre los expulsados estaba Güelfo I de Baviera. El ducado quedó bajo el gobierno del rey.
Los turcos dominaban ya la mayor parte de Asia Menor, a la que llamaron Rum (Roma), pues hasta entonces había sido parte del Imperio Bizantino, es decir, según los bizantinos, del Imperio Romano. Malik Sha confió el gobierno de Rum a su primo Sulaymán ibn Qutulmis.
En Hungría murió el rey Geza I y fue sucedido por su hermano Ladislao I.
El conde de Besalú Guillermo II el Trueno había dejado un hijo que ahora alcanzó la mayoría de edad y se convirtió en el conde, Bernardo III, conjuntamente con su tío Bernardo II.
El rey tolteca Matlacoatzin murió y fue sucedido por Tlicohuatzin.
En 1078 el príncipe Iziaslav I de Kíev fue expulsado de su Estado por su hermano Vsiévolod, que estaba casado con María, una hija del emperador bizantino Constantino IX Monómaco. Los miembros de la familia real de Kíev (los Riurikovichi) se repartieron los principados pactando una especie de turnos según la edad, de modo que Vladimiro Monómaco, el hijo de Vsiévolod, obtuvo el principado de Chernígov. Al mismo tiempo, Nóvgorod pasó a manos de Sviatpolsk.
En Constantinopla la economía iba mal. Se devaluó la moneda, los alimentos escaseaban y los precios subieron. Finalmente estalló una rebelión. En realidad fueron dos, una en los Balcanes y otra en Asia Menor, ambas dirigidas por sendos generales llamados Nicéforo. El emperador Miguel VII se apresuró a abdicar y se le permitió ingresar en un monasterio. Los dos Nicéforos lucharon entre sí y ganó el de Asia Menor, que se convirtió en el nuevo emperador, Nicéforo III. En realidad Nicéforo III no se mantuvo en el poder por sus propios méritos sino por los de un gran general: Alejo Comneno, sobrino del emperador Isaac I que había reinado veinte años antes. Su padre, Juan, ocupaba un cargo en el palacio del emperador, pero Alejo había pasado su vida en el ejército luchando a las órdenes de Romano IV y Miguel VII. Ahora servía a Nicéforo III y en su nombre derrotó a todos los generales que se le opusieron.
Los sarracenos fueron expulsados de Córcega, y el papa Gregorio VII confió la administración de la isla al arzobispado de Pisa.
En Normandía se hallaba el monasterio benedictino de Santa María de Bec, del que fue nombrado abad un italiano llamado Anselmo, y que era el mejor teólogo de la época. Había llegado al monasterio veintidós años antes, cuando estaba presidido por Lanfranco, el actual arzobispo de Canterbury. Anselmo es uno de los padres de la Escolástica, es decir, de la filosofía medieval. Definía la especulación filosófica como una explicación de la fe, sostenía en la necesidad de creer para comprender, pero insistía en que luego debía procurarse comprender lo que se creía: "No anteponer la fe es presunción, pero no apelar seguidamente a la razón es negligencia". El mayor legado filosófico de Anselmo es nada menos que una prueba de la existencia de Dios, el llamado argumento ontológico. Es el siguiente:
Todo el mundo tiene una idea de Dios. Incluso quien niega la existencia de Dios tiene la idea de aquello cuya existencia niega. La idea de Dios es la idea de un ser perfecto, un ser más perfecto que el cual ningún otro puede ser pensado. Ahora bien, una de las cualidades que supone esta perfección es la existencia, pues un Dios que no existiera sería inferior a un Dios que existiera. Por consiguiente, si Dios no existiera, podríamos pensar en un ser más perfecto que Dios, un ser que fuera igual en todo a Dios pero que además existiera, y esto contradice al concepto mismo de Dios. La conclusión lógica es que Dios tiene que existir.
Este argumento ontológico ha ocupado a los filósofos durante varios siglos. Una de las primeras refutaciones la presentó un monje francés llamado Gaunilón en un tratado titulado Liber pro insipiente.
Ese año murió el conde Poncio I de Ampurias. Había jurado fidelidad como vasallo al conde Ramón Berenguer I de Barcelona. Fue sucedido por su hijo Hugo II. Fue el primer conde de Ampurias que acuñó moneda propia. El conde de Barcelona Ramón Berenguer II se casó con Mahalda, hija de Roberto Guiscardo.
El hijo mayor del rey Guillermo I de Inglaterra se rebeló contra su padre, instigado por el rey Felipe I de Francia. Era de baja estatura, lo que le valió el apelativo de Roberto Courteheuse (Roberto Pantalones Cortos).
Los reyes rivales de Alemania Enrique IV y Rodolfo de Suabia se enfrentaron en Mellrichstadt, en Turingia. La victoria fue para Enrique IV, pero no fue decisiva. Rodolfo se retiró a Sajonia. En 1079Enrique IV nombró duque de Suabia a Federico de Beuren, al que concedió la mano de su hija Inés. Federico construyó el castillo de Staufen cerca de Beuren, y cambió su nombre familiar por el de Federico I de Staufen.
Guillermo I el Conquistador se reconcilió con su hijo Roberto con la mediación del rey Felipe I de Francia. Firmaron el tratado de Gerberoy, por el que se concedía a Roberto el gobierno del ducado de Normandía.
Los condes de Barcelona, los hermanos Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II no se llevaban bien. Mantenían controversias casi continuas, que se zanjaron a través de una comisión eclesiástica nombrada por el papa Gregorio VII. La base de las disputas radicaba en que Ramón Berenguer II era quien, desde la muerte de su padre, dirigía efectivamente los condados sin permitir la participación de su hermano en las decisiones de gobierno. El acuerdo alcanzado establecía un reparto de sus dominios, así como el convenio de que los hermanos residirían alternativamente seis meses al año en el palacio condal.
El rey Alfonso VI de León y Castilla nombró conde de Nájera a su alférez García Ordóñez y arregló su matrimonio con Urraca de Navarra, hermana del fallecido Sancho IV de Navarra. Con esto García Ordoñez se convirtió en la figura más importante de la corte castellana. El rey envió a Rodrigo Díaz a cobrar las parias al rey de Sevilla al-Mutamid, y entonces García Ordóñez buscó un pretexto para atacar Sevilla. Puesto que al-Mutamid pagaba las parias, oficialmente Sevilla estaba bajo la protección del rey Alfonso VI, por lo que Rodrigo Díaz consideró que su deber era protegerla del ataque de García Ordóñez. Los dos castellanos se enfrentaron en Cabra y venció el Campeador. Al-Mutamid pagó las parias y añadió algunos presentes de gran valor para el embajador del rey que tan bien le había defendido. De regreso a Castilla, Rodrigo Díaz entregó a Alfonso VI las parias recaudadas y se quedó con los regalos recibidos a título personal, pero sus enemigos en la corte, que no eran pocos, y entre ellos estaba, naturalmente, García Ordóñez, fomentaron habladurías sobre este hecho.
El débil monarca toledano al-Qádir, incapaz de resistir los ataques de los reinos vecinos, pidió ayuda a Alfonso VI, que se la prestó a cambio del pago de parias atrasadas y de una suma adicional.
Alfonso VI tomó Coria al rey de Badajoz al-Mutawakkil, el cual decidió enviar una petición de ayuda a los almorávides de Yúsuf ibn Tasfin. Éste estaba ocupado en la conquista de Marruecos, así que no envió tropas a Al-Ándalus.
El rey Boleslao II de Polonia apoyaba al papa Gregorio VII en su querella contra el rey de Alemania Enrique IV, pero eso no tenía nada que ver con que fuese un buen católico. Al contrario, el obispo de Cracovia llevaba ya un tiempo denunciando sus excesos, y finalmente lo excomulgó. Como respuesta, Boleslao II hizo matar a san Estanislao al pie del altar. Esto provocó una revuelta de la nobleza que arrebató la corona a Boleslao y lo envió al exilio. El rey es recordado como Boleslao II el Atrevido, y acabó refugiándose en un convento de Hungría. Los nobles pusieron en el trono a su hermano Ladislao I Herman, pero éste ya no llevó el título de rey que Boleslao II había conseguido de Gregorio VII, sino que llevó el de duque de Polonia, como su padre.
El conde Hugo I de Borgoña abdicó en favor de su hermano Eudes I Borel y se retiró a un monasterio.
Uno de los hermanos de Malik Sha, llamado Tutus, asesinó al gobernador de Siria, el general Aziz, y ocupó su lugar.
En 1080 Enrique IV de Alemania logró derrotar por segunda vez a su adversario Rodolfo, esta vez en Flarchheim, pero esta victoria tampoco fue decisiva. De todos modos, era una victoria que Enrique IV trató de aprovechar para intimidar al papa Gregorio VII, pero la respuesta de éste fue una nueva excomunión (en marzo). Entonces Enrique IV tuvo la idea de poner a Gregorio VII en la misma situación en que se encontraba él (con un rival que le disputaba el título). En junio logró reunir en Brixen una asamblea de obispos leales que eligieron papa al arzobispo de Ravena Guiberto, que adoptó el nombre de Clemente III. Rodolfo se enfrentó nuevamente a Enrique IV en la batalla de Hohenmölsen con la ayuda de Otón de Nordheim, pero, a pesar de que su ejército resultó vencedor, él murió en el combate. También murió el conde Amadeo II de Saboya y marqués de Turín. Fue sucedido por su hijo Humberto II.
El duque Guillermo VIII de Aquitania marchó a Castilla para ayudar al rey Alfonso VII de Castilla contra los musulmanes.
En Dinamarca murió el rey Harald Hen y fue sucedido por su hermano Canuto II. Se ganó el apoyo de la Iglesia concediéndole el cobro de diezmos y castigando severamente la inobservancia de las prescripciones eclesiásticas.
La debilidad de los principados rusos había permitido que se creara un nuevo reino en el Cáucaso, al norte de Armenia. Se llamaba Georgia, y su rey actual era Jorge II. El pueblo armenio, presionado por los georgianos y por los selyúcidas, tomó la decisión de emigrar en masa hacia Cilicia (la región al sureste de Asia Menor), bajo la conducción de un príncipe llamado Rubén. Allí fundaron la Pequeña Armenia(de modo que la tierra de donde provenían fue conocida como la Gran Armenia).





EL CID CAMPEADORSIGUIENTE
El rey Enrique IV de Alemania, tras haber eliminado a su adversario, Rodolfo de Suabia, se marcó como siguiente objetivo tomar Roma para instalar a Clemente III en los Estados Pontificios, pero no era tarea fácil, pues para ello tenía que combatir a la nobleza italiana contraria al dominio alemán y que se había declarado partidaria de Gregorio VII. Cuando Clemente III fue elegido papa, Roberto Guiscardo juró lealtad a Gregorio VII, pero no le ofreció sus ejércitos, porque estaba planeando una campaña más interesante: nada menos que tomar Constantinopla.
Mientras Guiscardo ultimaba sus preparativos, en Constantinopla se produjo un cambio de emperador. Alejo Comneno decidió que Nicéforo III carecía de las aptitudes necesarias para el gobierno y que él lo haría mejor. Se había casado con Irene, la hija del emperador Miguel VII, con lo que consiguió el apoyo de la familia Ducas, (de la que habían surgido los emperadores Constantino X y Miguel VII, y que era una de las más poderosas en la capital). Un rápido golpe de Estado le dio el control de Constantinopla, Nicéforo III abdicó y se retiró a un monasterio, y así, en abril de 1081, Alejo Comneno se convirtió en el emperador Alejo I. La situación del Imperio era crítica: Asia Menor estaba totalmente bajo dominio turco, salvo unas pocas ciudades costeras que podían resistir asedios avituallándose por mar. Con la pérdida de Asia Menor, el Imperio Bizantino había perdido su principal fuente de soldados. En junio Roberto Guiscardo se lanzó al mar con una flota de 150 naves y 30.000 hombres. Tomó sin dificultad la isla de Corfú, luego desembarcó en el continente, marchó hacia el norte y puso sitio a la ciudad de Dyrrachium.
Alejo I empezó por asegurarse la paz en Asia Menor sobornando a los virreyes turcos, que vieron la posibilidad de fortalecerse para terminar rebelándose contra Malik Sha. Luego el emperador solicitó la ayuda de Venecia: los venecianos disfrutaban de grandes privilegios comerciales en Constantinopla a cambio de poner su flota a disposición del Imperio cuando fuera requerida, y éste era un buen momento. La flota veneciana derrotó fácilmente a la normanda, que estaba dirigida por Bohemundo, un hijo ilegítimo de Guiscardo. Alejo I esperaba que Roberto Guiscardo se concentrara en buscar el modo de volver a Italia sin su flota, pero el normando hizo justo lo contrario: se adentró en el continente y derrotó al ejército bizantino. Alejo I tuvo que apresurarse a reclutar más hombres.
Mientras tanto, el conde de Barcelona Ramón Berenguer II fue asesinado por orden de su hermano Berenguer Ramón II, que por ello es recordado en la historia como Berenguer Ramón II el Fratricida.Pese al escándalo subsiguiente, Berenguer Ramón II logró mantener su autoridad sobre sus condados, e incluso logró la tutela sobre su sobrino recién nacido, llamado también Ramón Berenguer. Los únicos condados que rechazaron esta autoridad fueron los de Carcasona y Razes, que, con la excusa de reconocer únicamente como conde al hijo del difunto, se desvincularon completamente del condado de Barcelona y pasaron a manos del conde Bernardo Atón de Béziers. El fratricida compartió la tutela de su sobrino con el conde de Cerdaña Guillermo I Ramón, que se había casado con su tía Sancha, si bien ésta había muerto tres años atrás.
En Castilla, el conde de Nájera García Ordóñez, enemigo irreconciliable de Rodrigo Díaz, logró finalmente enemistarlo con el rey Alfonso VI, a raíz de una brillante campaña que el Campeador había llevado a cabo en tierras de Toledo. El rey receló de un vasallo que tomaba demasiadas iniciativas y que era tan admirado entre sus hombres, así que ordenó su destierro. Fue desposeído de todos sus bienes y se prohibió a todos los súbditos del reino que le proporcionaran víveres o alojamiento. El Campeador abandonó Castilla junto con los hombres que quisieron acompañarlo y se dispuso a ofrecer sus servicios como soldado a quien quisiera aceptarlos.
En primer lugar ofreció sus servicios al conde Berenguer Ramón II de Barcelona, pero no llegaron a un acuerdo. No se sabe exactamente por qué, pero es probable que se debiera a que Rodrigo Díaz siempre impuso como condición a la hora de ofrecerse como mercenario que jamás lucharía contra su señor el rey Alfonso VI.
Entonces marchó a Zaragoza, donde fue contratado por el rey al-Muqtadir, que murió antes de que se acabara el año. Entre su legado se encuentra el palacio de la Aljafería, un alcázar suntuoso con torres, grandes patios y estancias decoradas con columnas de mármol. Al Muqtadir fue sucedido por sus hijos al-Mutamin, que recibió Zaragoza y el apoyo del Campeador, y al-Hayib, que heredó las taifas de Lérida, Tortosa y Denia, si bien hubiera preferido la herencia de su hermano mayor. Al-Hayib buscó el apoyo del conde Berenguer Ramón II de Barcelona y del rey Sancho V Ramírez de Navarra (y I de Aragón), pero en 1082, al-Mutamin, con el apoyo del Campeador, los derrotó a todos en Almenar, donde además hizo prisionero a Berenguer Ramón II. El conde fue liberado a los pocos días.
Los zaragozanos dieron a Rodrigo Díaz el apelativo de Sid, que en una variante dialectal del árabe significa Señor. Por ello Rodrigo Díaz es más conocido en la historia como el Cid Campeador. Bajo su protección, Zaragoza dejó de pagar parias a los Estados cristianos.
Mientras tanto Roberto Guiscardo tomaba Dyrrachium, pero Alejo I llegó a un acuerdo con Enrique IV de Alemania, que estaba atacando Italia, así que el normando consideró oportuno volver a Italia. No obstante, dejó su ejército en Iliria, a las órdenes de su hijo Bohemundo. Por otra parte, Alejo I tuvo que conceder a los venecianos franquicias comerciales en todo el territorio imperial, y no sólo en la capital, como hasta entonces.
Ese año fue procesado y obligado a retractarse de su doctrina un profesor de la Universidad de Constantinopla llamado Juan Ítalo. (El sobrenombre le venía de que había vivido en el sur de Italia hasta que los normandos conquistaron el territorio a los bizantinos.) Juan Ítalo enseñaba la filosofía de Aristóteles y la doctrina de la que tuvo que retractarse era, en esencia, la afirmación de que era posible investigar en filosofía con independencia de la teología.
El hijo de Guillermo I de Inglaterra, Roberto Courteheuse, estaba cansándose de esperar que muriera su padre para heredar la corona, así que volvió a rebelarse contra él, pero fue derrotado y exiliado.
En 1083 Enrique IV tenía asediado a Gregorio VII en el castillo de Sant'Angelo (el antiguo mausoleo de Adriano), y Roberto Guiscardo se dispuso a liberarlo. Al otro lado del mar, el emperador Alejo I atacó a Bohemundo. La caballería pesada normanda era la mejor del mundo. Alejo I trató de neutralizarla equipando a sus soldados con carros, pesadas armaduras y largas lanzas, pero Bohemundo hizo que sus jinetes atacaran por los laterales a los carros bizantinos, que tuvieron que retirarse por segunda vez. Los normandos ocuparon Tesalia.
Los fatimíes asediaron a Tutus en Damasco, pero la ciudad resistió.
El almorávide Yúsuf ibn Tasfin tomó Ceuta, con lo que completó la conquista de Marruecos.
Los reyes Alfonso VI y Sancho V (o I) Ramírez atacaron territorios del reino de Zaragoza reclamando el pago de parias. El Cid se negó a combatir al que seguía considerando su rey, pero en 1084 derrotó y persiguió a al-Hayib y al rey navarro-aragonés cerca de Tortosa.
Un religioso llamado Bruno fundó, junto con seis compañeros, una nueva orden en un paraje solitario cercano a Grenoble, conocido como la Grand Chartreuse. La orden es conocida como la Cartuja, y sigue la regla benedictina con algunas costumbres propias. Los cartujos viven en monasterios llamados cartujas y distribuyen su tiempo entre la oración, el estudio y el trabajo manual. Guardan abstinencia y silencio perpetuos. Su fundador había sido nombrado canciller de la diócesis de Reims, pero denunció la simonía del arzobispo Manasès de Gourmay, y éste le depuso del cargo y le confiscó sus bienes, pero Bruno acudió a un sínodo celebrado en Autun y allí se depuso al arzobispo. Fue entonces cuando proyectó su retiro (de esto hacía ya cuatro años).
El Selyúcida Sulaymán ibn Qutulmis derrotó a los armenios en Cilicia.
El emperador Alejo I logró reunir un nuevo ejército para enfrentarse a Bohemundo. En sus filas había 7.000 soldados turcos de caballería procedentes de Asia Menor. Se produjo un enfrentamiento en Larisa,en el que Alejo I evitó la confrontación directa. Con una astuta maniobra, indujo a los normandos a atacar en una dirección equivocada, tras lo cual envió a su ejército principal contra el campamento y destruyó sus abastecimientos. En los tres años que los normandos llevaban en territorio bizantino, su ejército había sufrido bajas y un gran desgaste, pues la población odiaba a los occidentales tanto o más que a los turcos, y empleó contra ellos una guerra de guerrillas. El golpe que ahora les había infligido el emperador acabó de desmoralizarlos, así que Bohemundo tuvo que retirarse hasta la costa y embarcó para buscar a su padre.
Mientras tanto, Roberto Guiscardo había liberado al papa Gregorio VII del asedio al que le sometía Enrique IV, pero sus hombres se dedicaron al pillaje en Roma, así que Gregorio VII se vio obligado a pedir al normando que se fuera mientras él se refugiaba en Salerno. Así Enrique IV pudo entrar finalmente en Roma y Clemente III ocupó la silla de san Pedro. Ese mismo año coronó emperador a Enrique IV. Por su parte, Guiscardo volvió junto a su hijo Bohemundo, combatió nuevamente a las naves venecianas hasta que murió en 1085, mientras asediaba Cefalonia.
El duque Vratislav II de Bohemia reconoció el título imperial de Enrique IV y a cambio éste lo nombró rey de Bohemia con carácter vitalicio (no hereditario).
El rey Canuto II de Dinamarca preparó una invasión de Inglaterra en colaboración con Olav III de Noruega y con Roberto I de Flandes. Sin embargo, una rebelión en Jutlandia le hizo abandonar el proyecto y nunca llegó a emprenderse.
Con la muerte de Roberto Guiscardo los normandos dejaron de ser una amenaza para el Imperio Bizantino, pues se planteó un problema de sucesión: Bohemundo era el primogénito, pero era bastardo, así que los ducados de Apulia y Calabria (es decir, las posesiones normandas en el sur de Italia) pasaron a su hermanastro Roger I Borsa. Bohemundo volvió a Italia y logró apoderarse de un territorio entre Bari y Tarento. También murió el papa san Gregorio VII.
El rey al-Qádir de Toledo había tenido que subir drásticamente los impuestos para pagar las parias impuestas por el rey Alfonso VI de León y Castilla, lo que lo había vuelto impopular. Finalmente estalló una rebelión que lo obligó a huir a Valencia, donde acababa de morir el rey Abú Bakr y ahora reinaba su hijo Utmán. Los toledanos ofrecieron el trono al rey al-Mutawakkil de Badajoz. Entonces Alfonso VI aprovechó los disturbios para apoderarse de Toledo. Teóricamente, debería haberle devuelto la ciudad a al-Qádir, que era su protegido, pero Toledo había sido la capital del reino visigodo y ahora estaba de nuevo en manos cristianas. Era una conquista demasiado valiosa como para renunciar a ella. En su lugar, Alfonso VI envió como embajador a Valencia a Álvar Fáñez (un sobrino del Cid), quien logró presionar para que Utmán fuera derrocado en beneficio de al-Qádir. Así se olvidó de Toledo.
Un tiempo antes, el rey al-Mutamid de Sevilla había conquistado unos territorios a al-Qádir de Toledo, y ahora Alfonso VI consideró oportuno reclamárselos. Derrotado, el rey moro tuvo que concederle la mano de su hija Zaida y los territorios en litigio fueron la dote. A continuación Alfonso VI puso sitio a Zaragoza. Allí había muerto poco antes su rey al-Mutamin, que había sido sucedido por Ahmad al-Mustain.
El rey al-Mutamid estaba furioso con el trato recibido por Alfonso VI. Comprendió que era sólo cuestión de tiempo que los cristianos dominaran todo Al-Ándalus, así que, al igual que había hecho al-Mutawakkil seis años antes, decidió llamar en su auxilio a los almorávides de Yúsuf ibn Tasfin. Los reyes vecinos trataron de disuadirlo: le dijeron que si llamaba a los almorávides perdería su reino, pero dicen que al-Mutamid contestó: Más vale ser camellero en África que porquero en Castilla.
Esta vez los almorávides respondieron a la llamada. En 1086 estaban en Al-Ándalus y Alfonso VI tuvo que abandonar el asedio a Zaragoza para enfrentarse a la nueva amenaza musulmana. Requirió la ayuda del rey Sancho V Ramírez de Navarra (I de Aragón), quien envió un ejército al mando de su hijo Pedro. También acudió Álvar Fáñez, que todavía estaba en Valencia. Se encontraron con los almorávides en Sagrajas, y los cristianos sufrieron una estrepitosa derrota. A ello contribuyó que los caballos se asustaron ante los camellos y los tambores almorávides. De un total de 25.000 hombres sólo sobrevivieron unos 500, entre ellos Alfonso VI, herido gravemente en las piernas. Tras esta batalla, los reinos de taifas dejaron de pagar parias a los reinos cristianos. Alfonso VI comprendió que necesitaba todos los apoyos posibles, así que de repente descubrió que Rodrigo Díaz no era tan malo como le había parecido hasta entonces. Se reconcilió con él y lo colmó de presentes (castillos, tierras, etc.).
El rey Guillermo I de Inglaterra adoptó una medida para consolidar la fidelidad de la nobleza normanda: reunió a todos los terratenientes de todos los rangos en una asamblea celebrada en Salisbury, unos 130 kilómetros al oeste de Londres, y allí les hizo prestar juramento de lealtad directamente a su persona. La idea era que si un noble se rebelaba contra el rey podía reclamar el apoyo de sus vasallos, los cuales, según la teoría feudal, le debían fidelidad a él y no al rey. En cambio, si todos juraban fidelidad al rey por encima de la debida a su inmediato superior, un noble rebelde podía encontrarse fácilmente sin los apoyos necesarios. Desde hacía unos años, en Inglaterra se estaba llevando a cabo, por iniciativa del rey, un proyecto sin igual en la Europa medieval: se estaba elaborando un inventario de la propiedad territorial del reino que permitiría regular racionalmente los impuestos y serviría de base para resolver jurídicamente los conflictos sobre la propiedad.
Ese año murió el duque Guillermo VIII de Aquitania, y fue sucedido por su hijo Guillermo IX.
También murió el conde Conrado I de Ardennes, que tres años antes había cambiado su título por el de conde de Luxemburgo. Fue sucedido por Enrique III.
En Japón, el emperador Shirakawa empleó la misma treta que su padre y abdicó en su hijo Horikawa, pero siguió ostentando el poder real relativamente libre de la influencia del clan Fujiwara. Se hizo monje con el nombre de Yukaku, y protegió incansablemente el budismo. Los Fujiwara no supieron responder a esta estrategia, sino que se dividieron en facciones enemigas. A su vez, esta división fue aprovechada por diversos clanes guerreros que se adueñaron de las tierras del norte, donde estallaron violentas guerras. Pronto destacaron dos clanes rivales: los Minamoto y los Taira.
Durante la época en que Roma y Constantinopla se disputaban el control de la religión de los búlgaros, había surgido entre ellos una secta herética radical como reacción contra la politizada religión católica. Su líder se llamaba Paulo y sus seguidores fueron conocidos como paulicianos. De entre estos surgió una variante más radical aún, encabezada por un tal Teófilo (amigo de Dios), que en eslavo se dice Bogomil, por lo que sus seguidores fueron llamados bogomilos. Sostenían que el mundo había sido creado por el Diablo, y que para lograr la salvación era necesario evitar en lo posible todo contacto con el mundo. La comida, la bebida y el sexo debían reducirse al mínimo imprescindible, no creían en el matrimonio ni aceptaban ningún ritual eclesiástico. Con el tiempo, los bogomilos se habían extendido más allá de las fronteras de Bulgaria, a lo largo del Imperio Bizantino. Para los bogomilos, las derrotas que había sufrido el Imperio en los últimos años no eran nada malo, sino todo lo contrario: al destruir el Imperio se destruía una parte de la obra del Diablo, pues todo el Mundo era obra del Diablo. Esta actitud no beneficiaba en nada al Imperio, así que el emperador Alejo I tuvo que tomar severas medidas contra los bogomilos. Finalmente, éstos se sublevaron en alianza con los pechenegos y los cumanos, que habían llegado al norte del Danubio. Las provincias del Imperio sufrieron ataques mucho peores que los que habían llevado a cabo los normandos poco antes.
El rey Canuto II de Dinamarca y uno de sus muchos hermanos fueron asesinados en la iglesia de San Albano de Odense. San Canuto es actualmente el patrón de Dinamarca. Le sucedió otro de sus hermanos, Olaf I.
Los fatimíes expulsaron a Tutus de Siria, y éste derrotó y mató a Sulaymán ibn Qutulmis para apoderarse de Alepo. Entonces Malik Sha intervino personalmente, expulsó definitivamente a los fatimíes del territorio y envió a prisión a Kiliç Arslán, el hijo de Sulaymán ibn Qutulmis, con lo que la región quedó pacificada. Tras realizar algunas reformas en la administración, volvió a Hamadán, y poco después el califa lo recibió solemnemente en Bagdad.
Por esta época enseñaba teología y filosofía un francés llamado Roscelino. Fue el primero en plantear el llamado problema de los universales, que consiste en determinar cómo deben entenderse los conceptos generales como "hombre", "mesa", etc. Según el punto de vista de Platón, no sería posible construir una mesa sin tener previamente la idea de "mesa", luego la idea de "mesa" es algo que existe previamente a cualquier mesa que podamos construir. Igualmente, no podría haber hombres si no existiera previamente una idea de "hombre". Frente a esta postura, Roscelino defendía la postura nominalista, según la cual los universales no son más que nombres, palabras, y no existen más que como un contenido de nuestra mente. Roscelino desarrolló este punto de vista para rebatir el argumento ontológico de Anselmo. Roscelino afirmaba que dicho argumento partía tácitamente de atribuir existencia a Dios en cuanto concepto, lo cual es falso. Naturalmente, Anselmo replicó desarrollando una solución opuesta al problema de los universales, la postura realista, en la línea de la filosofía platónica. Se llama así porque defiende que los universales como "hombre" tienen existencia real como ideas, una existencia distinta de la existencia de los distintos seres a los que se les puede aplicar el concepto de "hombre". El problema de los universales acaparó durante varios siglos la atención de los filósofos escolásticos.
Godofredo de Bouillon se había destacado en su apoyo a Enrique IV frente a san Gregorio VII, así que finalmente el emperador le concedió el título de duque de la Baja Lorena, que le correspondía por herencia. Así se convirtió en Godofredo V.
Cuando Enrique IV tomó Roma e instaló a Clemente III como papa, los cardenales partidarios de san Gregorio VII tuvieron que huir al sur, a territorio normando. Finalmente se organizaron y eligieron papa a uno de ellos, Desiderio da Montecassino, que adoptó el nombre de Víctor III. Había sido abad de Montecassino y durante su mandato hizo reedificar la abadía sobre grandiosos planos. Luego, durante el pontificado de san Gregorio VII, hizo de mediador entre el papa y los normandos. Cuando fue elegido papa, el mes de mayo, estaba enfermo. No pudo ser consagrado hasta mayo de 1087 y murió el 16 de septiembre.
Una semana antes moría en Ruan el rey de Inglaterra Guillermo I el Conquistador. Al parecer, había llegado a sus oídos que el rey Felipe I de Francia había hecho una broma grosera acerca de su gordura, y, aunque tenía ya setenta años, el normando no vaciló en iniciar una serie de ataques contra los territorios de Felipe I. Mientras sus hombres incendiaban la ciudad de Mantes, a mitad de camino entre Ruan y París, el caballo del Conquistador pisó cenizas calientes, lo que le hizo dar un salto repentino y el rey se precipitó al suelo. Gravemente herido, fue trasladado a Ruan, donde murió a los pocos días. Fue enterrado en la iglesia de San Esteban, en la ciudad normanda de Caen.
Para entonces ya se había completado el censo ordenado por el rey, que fue resumido en unos libros conocidos como el Domesday Book (el Libro del Día del Juicio Final), en alusión a la creencia popular de que Dios (o san Pedro) tiene un libro en el que están registrados los actos de todos los hombres, y que determinará quiénes irán al Cielo y quiénes al Infierno tras el juicio final.
El primogénito del difunto rey se encontraba aún en el exilio, a causa de la rebelión que había emprendido cinco años antes, pero se apresuró a volver a Normandía, donde consiguió ser reconocido como el nuevo duque Roberto II. No obstante, parece ser que su padre había nombrado heredero en el lecho de muerte a su segundo hijo, conocido como Guillermo el Rojo. Éste, viendo que en Normandía no tenía el apoyo necesario, zarpó hacia Inglaterra, donde Lanfranco, el arzobispo de Canterbury, lo coronó rey, y así pasó a ser Guillermo II de Inglaterra. Guillermo el Conquistador había tenido un tercer hijo, Enrique Beauclerc, al que se le concedieron cinco mil libras de plata y algunas tierras para que no reclamara más herencia.
Ese año murió el conde Guillermo I de Borgoña, y fue sucedido por su hijo Renaldo II. 
El rey Alfonso VI de Castilla seguía luchando contra los almorávides. Había solicitado nuevamente la ayuda de la cristiandad europea y, entre otros, acudieron a su llamada el duque Eudes I de Borgoña y el conde Raimundo de Saint-Gilles, hermano del conde Guillermo IV de Tolosa. Por otra parte, Alfonso VI concedió al Cid y a sus descendientes los derechos sobre todos los territorios que conquistara a los moros en el este de Al-Ándalus.
En cuanto corrió la noticia de que el Cid iba a iniciar una campaña de conquista, le llovieron aliados interesados en apoderarse de Valencia: el rey al-Mustain de Zaragoza, el rey al-Hayib de Lérida, y también el conde Berenguer Ramón II de Barcelona. Sin embargo, el Cid llegó a un acuerdo con el rey al-Qádir de Valencia, que aceptó pagarle un tributo, lo que decepcionó amargamente a al-Mustain. Al-Hayib y Berenguer Ramón II decidieron atacar Valencia por su cuenta, pero abandonaron tan pronto como supieron que se acercaba el Campeador.
Por otra parte, los reyes moros ya habían comprendido que los almorávides fanáticos les causaban más problemas que los que les resolvían, así que no colaboraban mucho con ellos, y ésta fue una de las razones principales por las que los almorávides no pudieron sacar partido de sus victorias contra los cristianos. En 1088 Yúsuf ibn Tasfin puso sitio a la fortaleza castellana de Aledo, pero Alfonso VI marchó hacia allí y derrotó a los almorávides con el apoyo del rey al-Mutawakkil de Badajoz. Tras esta derrota, Yúsuf tuvo que volver a África por motivos familiares.
Los turcos selyúcidas penetraron en Georgia y tomaron su capital, Tbilisi.
El conde Guillermo IV de Tolosa cedió sus posesiones a su hermano, el conde Raimundo de Saint-Gilles, que se convirtió así en Raimundo IV de Tolosa.
Mientras el papa Clemente III seguía en Roma, los cardenales partidarios de san Gregorio VII nombraron papa a Eudes de Lager, un discípulo de Bruno, el fundador de la orden de la Cartuja, que adoptó el nombre de Urbano II. Continuó con el programa de reformas de san Gregorio VII, así como con la querella de las investiduras contra el emperador Enrique IV y su papa Clemente III. En 1089 convocó un concilio en Melfi (en Apulia) en el que condenó las investiduras laicas, la simonía y el nicolaísmo (es decir, el incumplimiento del voto de castidad en los clérigos).
Podría pensarse que Guillermo II se había llevado la mejor parte de la herencia de su padre, pues era rey de Inglaterra mientras que su hermano Roberto Courteheuse sólo era duque de Normandía. Sin embargo, en la época las cosas se veían de forma diferente: Normandía había conquistado Inglaterra, era ella quien tenía el prestigio y el ducado de Normandía era más valioso que el reino de Inglaterra. Por ello, Guillermo II se propuso invertir la hazaña de su padre y conquistar Normandía desde Inglaterra. La nobleza normanda tampoco veía con buenos ojos que el territorio de Guillermo el Conquistador se hubiera dividido. Muchos nobles tenían posesiones a ambos lados del canal, y la división les podía producir fácilmente conflictos de intereses. La cuestión era entonces si preferían como gobernante único al rey Guillermo II o al duque Roberto II, y Roberto II tenía más partidarios porque era más débil que su hermano, luego más fácil de dominar. El caso fue que cuando Guillermo II estaba a punto de iniciar la invasión de Normandía, estalló una rebelión en Inglaterra, dirigida por Odón, el obispo de Bayeux y hermanastro de Guillermo I. Había participado valientemente en la batalla de Hastings (eso sí, blandiendo una maza en lugar de una espada, porque era religioso y no podía derramar sangre). Aunque había ocupado cargos importantes durante el reinado del Conquistador, en los últimos años de su reinado había caído en desgracia, y de ahí derivó una enemistad hacia Guillermo II.
Aparentemente, Guillermo II tenía las de perder, pues tenía en su contra a la mayor parte de la aristocracia anglonormanda, pero se encontró con el apoyo de los sajones, que detestaban a esos mismos señores normandos. Guillermo II les prometió una serie de concesiones que nunca llegó a darles y así pudo derrotar a los barones rebeldes. A Odón se le permitió que regresara a Normandía, donde sirvió al duque Roberto II.
Ese año murió el conde Teobaldo III de Blois y de Champaña, que legó Blois a su hijo Esteban y Champaña a su hijo Hugues.
También murió Lanfranco, el arzobispo de Canterbury. Hizo construir una catedral en Canterbury, de la que sólo se conserva una cripta. Entonces Guillermo II adoptó una política singular: se negó a nombrar un sucesor, con lo que se embolsaba las rentas del arzobispado. En los años siguientes hizo lo mismo con otros obispados que quedaron vacantes. Más en general, Guillermo II pronto se hizo famoso por su extremada codicia, que lo enemistó con la mayor parte de sus súbditos, tanto sajones como normandos. Con el tiempo y unos pesados impuestos, el rey logró reunir un gran tesoro que contribuyó a estabilizar la economía. Emitió monedas de plata que fueron aceptadas incluso en el extranjero. Algunas de ellas llevaban marcadas unas estrellas. En inglés antiguo "estrella" era steorling, y es posible que de aquí proceda la palabra "esterlina", usada para referirse a las monedas de plata de calidad garantizada.
El sultán turco Malik Sha emprendió una nueva campaña de conquistas, ahora hacia el este. Mientras tanto, el rey Jorge II de Georgia murió y fue sucedido por su hijo, conocido como David III el Constructor, ya que expulsó a los turcos e inició una campaña de reconstrucción del país, repoblando las llanuras y reconstruyendo las ciudades. (La población se había refugiado en las montañas cuando llegaron los turcos.) No obstante, la antigua capital, Tbilisi, siguió en poder de los musulmanes.
Alfonso VI había llamado al Cid en su ayuda para la campaña de Aledo, pero éste no había acudido, y como consecuencia fue desterrado por segunda vez. Todos pensaron que el Campeador estaba acabado, el rey al-Mustain de Zaragoza rompió definitivamente su alianza con él, y la cambió por el apoyo del conde Berenguer Ramón II de Barcelona. Hasta el rey al-Qádir de Valencia le dejó de pagar el tributo. Sin embargo, el Cid reaccionó con energía. Reforzó las numerosas guarniciones que le eran leales y en 1090 derrotó al rey al-Hayib de Lérida en la región de Denia, que cayó bajo el dominio del Campeador. Esto hizo que al-Qádir le pagara lo que le debía. Luego el Cid se dirigió hacia el norte y expulsó a al-Hayib de la huerta de Valencia.
Al-Hayib, junto con al-Mustain de Zaragoza y Berenguer Ramón II de Barcelona, todos interesados en conquistar Valencia, pidieron a Alfonso VI que les ayudara a deshacerse del Cid, pero éste se negó a intervenir. Entonces al-Mustain se retiró, mientras que Berenguer Ramón II decidió enfrentarse con el Campeador. El conde fue derrotado y hecho prisionero en Tévar, si bien fue liberado a los pocos días. Unos meses después murió al-Hayib, y le sucedió su hijo Sulaymán, menor de edad, bajo la tutela de los Banú Batir, que se sometieron al Cid. Así, el Cid había arrebatado al condado de Barcelona la influencia sobre los reinos de Denia, Lérida y también Tortosa. Esto supuso un grave perjuicio económico para Barcelona.
En León murió el rey García de Galicia, el hermano de Alfonso VI a quien éste le impidió reinar.
Conrado, el primogénito del emperador germánico Enrique IV cumplió los dieciséis años y ya había recibido el título de rey de romanos, que lo reconocía como heredero, pero, para asegurar su lealtad, Enrique IV le concedió el título de rey de Alemania.
El papa Urbano II llamó como consejero a su antiguo maestro Bruno, el fundador de la orden de la Cartuja.

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