La Madonna Rucellai es una pintura sobre tabla del pintor italiano medieval tardío Duccio di Buoninsegna de Siena. Originalmente pintado para la Societa di Santa Maria Virginis de la iglesia de Iglesia de Santa María Novella, la pintura ahora reside en la Galería Uffizi de Florencia. La pintura describe el Virgen y Niño entronizados, rodeados por ángeles sobre un fondo de oro.
Historia[editar]
El retablo fue encargado por la Compagnia dei Laudesi para la iglesia de Santa Maria Novella en Florencia. La Madonna Rucellai es el trabajo más temprano de Duccio del que hay documentación. Estuvo diseñado para el altar principal de la iglesia, pero el nombre actual refleja su uso más tardío en la capilla Rucellai de la familia dentro de la iglesia. En un contrato datado en 15 abril de 1285, Duccio fue encargado de pintar un tablero para el cual debía cobrar 150 liras. Los requisitos únicos del contrato eran que la Virgen y el Niño y "otras figuras" tendrían que estar presentes, pero no se dieron otras instrucciones en cuanto a sus contenidos o estilo. El documento declaraba que si el trabajo final no gustaba, el artista retendría la posesión de la pintura y no se haría ningún pago.1
En el siglo XVI, el historiador de arte Giorgio Vasari atribuyó erróneamente la Madonna Rucellai a Cimabue, un contemporáneo de Duccio, en sus Vidas de los Pintores más Eminentes, Escultores, y Arquitectos. Esta equivocación permaneció durante siglos; en el siglo XIX Frederic Leighton mostró la Madonna Rucellai, desfilando a través de las calles, como la primera pintura importante de Cimabue (1853-5).23 En 1889, sin embargo, el historiador Franz Wickhoff comparó estilos entre la Madonna Rucellai y la Maestà de Duccio, y pronto otros críticos estuvieron de acuerdo en que Duccio, de hecho había pintado la Madonna.4
Descripción[editar]
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El trabajo, que mide 4.5 por 2.9 metros, puede ser la pintura superviviente más grande del arte del siglo XIII italiano. El marco y la pintura están construidos de cinco tableros de chopo pegados juntos. Pintado con témpera, la túnica de la Virgen también había sido pintado con azurita, un descubrimiento hecho después de su limpieza en 1989. La Virgen es mostrada mirando directamente a los espectadores, mientras que el Cristo Niño está sentando en su regazo, dando la bendición. La Madonna es grande en escala, ocupando la mayoría del marco. Su túnica es finamente modelada y su halo de oro incide para iluminar su presencia. El uso de oro en Duccio representa la santidad de la familia y el reino ultraterreno que habitan. Se ven seis ángeles, aguantando el adornado trono, y están pintados en sombras de verdes, rosa, lila y azul. Sus posiciones delante y detrás del trono sugieren que están levantándolo o bajándolo a tierra. El marco está decorado con treinta medallones, conteniendo retratos de Apóstoles, profetas, santos y patriarcas. Está claro por la atención en el detalle que Duccio estaba altamente preocupado por el idealismo y la belleza, tratando cada figura suavemente, con adoración y rasgos delicados.
El cuadro Virgen en Majestad, conocido también como Maestà di Santa Trinitá es una obra pictórica de Cimabue. Esta «Virgen con el Niño, ángeles y profetas» (en italiano, Madonna col Bambino, angeli e profeti)
Fue realizada en temple sobre madera de forma puntiaguda y con unas dimensiones de 385 x 223 cm y fondo de oro. Fue pintado entre 1285 y 1286; otras fuentes indican como fecha hacia 1280. No se conoce, pues, ni su fecha exacta de realización ni quién la encargó. Desde los tiempos de Vasarise atribuye a Cimabue. En un tiempo estuvo en la iglesia de Santa Trinitá, y actualmente se encuentra en la Galería Uffizi(Florencia), junto a la La madona Rucellai, obra de Duccio, y La madona de Ognissanti de Giotto.
Es un tipo de Virgen hodegetria, que señala al Niño como camino de salvación. Está en el centro, sentada, con el hijo sobre sus rodillas, mostrándoselo a los fieles. En la base se ven cuatro profetas sorprendidos por la aparición de la Virgen con el Niño: Jeremías, Abraham, David e Isaías. A ambos lados del trono en el que se sienta la Virgen, aparecen los ángeles en planos superpuestos.
La influencia bizantina se evidencia en el hieratismo de las figuras, sobre todo de la parte superior, así como en el uso de un fondo dorado. Otros rasgos en los que se nota la influencia bizantina son las figuras de la Virgen y el Niño bendiciendo, así como el color de la ropa. Sin embargo, consigue profundidad gracias a la forma del trono y la posición de los ángeles. Los rostros de los profetas son muy expresivos y realistas; la Virgen en cambio, es más suave y dulce. Se la considera un modelo perfeccionado respecto a la Maestà del Louvre. Sus formas ricas en matices evidencian una influencia en el modelado de la escultura románica.
Maestà di Ognissanti es el título de una pintura sobre tabla, representando el tema de la Maestà, del pintor italiano Giotto. Tiene unas dimensiones monumentales de 204 cm x 325 cm. Se conserva en la Galería de los Uffizi de Florencia, escenográficamente a poca distancia de tablas análogas: la Maestà di Santa Trinita de Cimabue y La Madonna Rucellai de Duccio.
Historia[editar]
Este retablo fue pintado por Giotto a su regreso de Asís, al menos según la gran mayoría de la crítica italiana que asigna a Giotto las Historias de San Francisco de Asís: entre 1300 y 1303. Otros críticos la colocan en una época más tardía, bien hacia el año 1310 o tras varios viajes, hacia el 1314-1315, por lo tanto en la época de los frescos de la capilla de los Scrovegni de Padua, cuando era tan conocido que Dante lo mencionó en la Divina Comedia (Purgatorio, XI, 94-96), en el que alude, a propósito de la transitoriedad de la fama, a que Giotto había eclipsado ya al maestro Cimabue.
Se encontraba inicialmente en la iglesia de Ognissanti en Florencia, de ahí su nombre. La primera mención de la tabla como obra de Giotto se remonta a Lorenzo Ghiberti como tavola grandissima di Nostra Donna a sedere in una sedia con molti angeli intorno («tabla grandísima de Nuestra Señora sentada en una silla con muchos ángeles alrededor»). En la iglesia se encontraba en el lado derecho, probablemente sobre un muro intermedio, la separación que antes del Concilio de Trento dividía en las iglesias la zona de los sacerdotes, el presbiterio de la de los fieles, o de algún tipo de altar de ese lado. El Niño que bendice está girado tres cuartos y mira hacia la izquierda.
Descripción e iconografía[editar]
La comparación con las obras precedentes sirve para medir cómo el arte de Giotto se dirige hacia una radical renovación de la pintura, aunque no faltan rasgos arcaicos como el fondo de oro y las proporciones jerárquicas (la Virgen y el Niño más grande que quienes los rodean), composición central de la Virgen con Niño, la simetría entre las figuras, la pose hierática de la Virgen, ángeles y apóstoles en torno suyo. El suelo de oro simboliza la divinidad.
El tema de la Maestà es reinterpretado con gran originalidad, centrado sobre la recuperación de la espacialidad tridimensional de los antiguos y sobre la superación de la frontalidad bizantina. Aunque ángeles y santos son aún rígidamente simétricos, no están unos detrás de los otros, aplastados, sino que se colocan con orden uno detrás de otro, cada uno con su propia fisonomía. Están colocados en un orden de perspectiva. Como en la Maestàde Duccio, la Virgen se sienta sobre un trono arquitectónico con un punto de fuga central, que el baldaquín o tabernáculo acentúa y precisa. A diferencia del trono que aparece en la Maestàde Cimabue, se intenta representar de forma más realista: dos escalones de piedra, revestidos de mármol y piedras de color. Se ha construido según una perspectiva intuitiva pero eficaz; también una extraordinaria semejanza con el de la Justicia de la Capilla de los Scrovegni.
Como en la Madona Rucellai de Duccio y a diferencia de la Maestà de Cimabue, los ángeles no miran al espectador sino al grupo de la Virgen con el Niño. Es innovadora la representación de perfil de algunos de ellos, algo propio del arte bizantino en particular los cuatro ángeles del primer y segundo plano, que portan ofrendas para la Virgen. El de la izquierda, en segundo plano, una corona que le será entregada a la Virgen en el Cielo, evidenciando la popularidad del tema de la coronación de la Virgen en aquella época. El de la derecha, atrás, lleva un cofre precioso. Los dos ángeles delanteros, más al nivel visual del espectador, portan jarras con flores marianas: el de la izquierda con lirios (símbolo de pureza) y el de la derecha rosas. La Virgen con el Niño tienen un volumen sólido, bien desarrollada plasticidad, con claro contraste entre las sombras y las luces, mucho más que en la vecina obra de Cimabue (la Maestà di Santa Trinita) de alrededor de diez años antes. El rostro de la Virgen es más suave y humana, a diferencia del arte bizantino. Mira directamente hacia afuera, al espectador que está rezando delante de la tabla. Originalísima es la disposición de los dos santos o profetas barbudos en la última fila, visibles sólo a través de los laterales calados del trono. Están representados en tres cuartos, a diferencia de los ángeles, que aparecen de perfil. Con su presencia, están representados tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento.
Análisis[editar]
Este cuadro anuncia claramente el movimiento prerenacentista de los primitivos italianos, que, aun conservando los principios fundamentales de la pintura bizantina (sujeto, simbolización de los personajes sagrados, iconografía, simbolismo de los colores) comenzaron a elaborar otra pintura, humanizando la representación de los personajes, su individualización, la introducción de una representación coherente y realista del decorado (perspectiva formal del trono, detalles arquitectónicos, planos de colocación de los personajes).
La técnica pictórica es muy avanzada y ha superado completamente el dibujo esquemático esbozado en el siglo XIII, prefiriendo un esfumado delicado pero incisivo y regular, que da un volumen nuevo a las figuras.
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