El Prestidigitador, también conocido como El prestidigitador y el ratero, es un cuadro atribuido al pintor flamenco El Bosco o su taller, ejecutado en óleo sobre tabla. Mide 53 centímetros de alto por 65 cm de ancho. Se conserva en el Museo Municipal de Saint-Germain-en-Laye(Francia).
Historia[editar]
Existen dudas dentro de la crítica sobre su realización o no por el Bosco. Tradicionalmente se ha considerado una obra del periodo inicial de El Bosco, evidenciando que en estos inicios de su carrera tanto la composición como la técnica son todavía vacilantes. Así, la fecha de composición estaría en el periodo 1475-1480. No obstante, tales fechas son imposibles a partir de los análisis dendrocronológicos, que obligan a que actualmente se hable de hacia 1502 o después.
Antes de entrar en el Museo Municipal de Saint-Germain-en-Laye en 1872, formaba parte de la colección Ducastel. Aunque no se sepa más del origen del cuadro, lo cierto es que debió tener mucho éxito, pues se le conocen varias copias.
Análisis[editar]
En esta obra, el Bosco aborda la escena de género, que en su caso se mezcla con la fe.
En la escena que se representa a un espectador simplón que asiste a los juegos de prestidigitación del charlatán, quien hace surgir de su boca una rana o un sapo; mientras, a sus espaldas, un cómplice del prestidigitador le corta la bolsa del dinero. Los sapos suelen aparecer en los cuadros del Bosco como un signo negativo, del mal concretado frecuentemente en la herejía. En la iconografía cristiana es un animal que concentra en sí la referencia a varios de los pecados capitales, mientras que posteriormente se asoció a la brujería.
En la escena que se representa a un espectador simplón que asiste a los juegos de prestidigitación del charlatán, quien hace surgir de su boca una rana o un sapo; mientras, a sus espaldas, un cómplice del prestidigitador le corta la bolsa del dinero. Los sapos suelen aparecer en los cuadros del Bosco como un signo negativo, del mal concretado frecuentemente en la herejía. En la iconografía cristiana es un animal que concentra en sí la referencia a varios de los pecados capitales, mientras que posteriormente se asoció a la brujería.
El charlatán queda a la derecha. Lleva una cesta en la que asoma una lechuza, animal presente en otras obras del Bosco como símbolo de herejía.
Enfrente tiene al simplón, inclinado para echar el animal por la boca. Debajo de él, un niño lo contempla divertido, lo que aludiría a un proverbio: quien escucha a los ilusionistas pierde el dinero y se gana la mofa de los chiquillos. Las figuras que se amontonan detrás del simplón y el ratero contemplan la escena con ironía.
El vendedor ambulante es un cuadro del pintor flamenco El Bosco, ejecutado al óleo sobre tabla. Es un círculo de 71,5 centímetros de diámetro, insertado en una tabla octogonal. Se conserva en el Museo Boijmans Van Beuningen de Róterdam.
El personaje de esta pintura es muy parecido a las puertas exteriores de El carro de heno, que representa también a un Vendedor ambulante, un Vagabundo o la parábola del hijo pródigo (Tolnay y Larsen).
Es una obra de los últimos años del Bosco. La dendrocronología ha establecido una fecha de hacia 1494 o después.1 Algunos autores han señalado que el cuadro fue realizado hacia el año 1510.
También se le conoce como El viajero y El hijo pródigo. Como escribe Jos Koldeweij, «representa el homo viator, el caminante, el hombre sobre el sendero de su vida. Amenazado por peligros y tentaciones, debe continuar el camino a lo largo de una vía a menudo estrecha y accidentada y plagada de obstáculos», dividida en dos caminos: el del pecado, simbolizada por el burdel a la izquierda que tiene como insignia una oca blanca, símbolo de lascivia; y aquel otro del regreso que parece haber elegido el hijo pródigo, cuya iconografía se asemeja al arcano sin número del tarot: El Loco.2
Considera Pijoán que aquí se representa al Hijo pródigo como un vagabundo que se marcha de la venta donde le han acogido, llevándose el zurrón lleno y el sombrero de un soldado que se ha quedado rezagado besando a una joven. Desde una ventana le mira una vieja que le ha descubierto. No tendría entonces esta obra intención moralizadora.3
Los análisis dendrocronológicos ha confirmado la tesis, ya expuesta en 1972 por Filedt Kok, de que esta tabla es la parte exterior de un tríptico cuyo interior estaría formado por la Nave de los locos, abajo la Alegoría de los placeres que se conserva en New Haven y a la derecha, la Muerte de un avaro, tablas que fueron cortadas por la mitad. Todas ellas presentan un gran parecido en el dibujo. Siendo ello así, habría que interpretar el sentido de la tabla en su conjunto como una representación de la idea, propia de la Devotio moderna, del ser humano como un peregrino-ermitaño que busca el camino de la salvación, alejándose de la maldad y los vicios del mundo. Sería así una alegoría de la vida humana entendida como peregrinación. A ello contribuiría, según Koldeweij, el bastón nudoso, para defenderse de las acechanzas de los perros, y el gran cesto de mimbre como representación de su dolorosa carga, para recorrer el camino del arrepentimiento, lejos de la corrupción y la maldad.
Febrero es una miniatura realizada por los hermanos Limbourg en el libro Las muy ricas horas del duque de Berry. La mayoría de las imágenes de este libro se realizaron entre 1408 y 1416. Esta en concreto mide 15,4 cm de alto y 13,6 cm de ancho. Se conserva actualmente en el Museo Condéde Chantilly.
Análisis de la obra[editar]
En esta pintura se representa una casa de labor, el corral que hay junto a ella, con el palomar en su flanco derecho. Detrás se ve el bosque, en el que aparece la figura del leñador. Detrás de él, en el paisaje cubierto de nieve, un campesino vestido con un sayo tosco y con la cabeza cubierta por un saco para protegerse del frío, lleva un asno cargado hacia el pueblo que se ve al fondo, en el que destaca la aguja gótica de la iglesia. Por encima, un celaje gris propio de un paisaje invernal.
Diversos detalles indican que no se trata de una casa de campesinos propiamente dichas, sino más bien la del administrador del señor. La dama que se encuentra en primer plano a la izquierda viste un suntuoso vestido de color azul. Al fondo de la casa puede verse una cama y colgadas en su interior aparecen diversas ropas, dos hechos que son indicativos de que no es una casa campesina, donde dormían en jergones sobre el suelo y no tenían más ropa que la que llevaban puesta.
Esta dama de azul alza las faldas para que el fuego le caliente las piernas. Los dos hombres del fondo se levantan totalmente la ropa, dejando al descubierto sus genitales. Esto no significa que se trate de una pintura erótica, sino más bien evidencia costumbres menos pudorosas que en siglos posteriores, pues en la Edad Media el sentido de la intimidad no estaba acentuado.
En el corral se distingue un rebaño de ovejas, que era el ganado más abundante debido a que producía, como la vaca, leche y carne, y además la lana con la que elaborar ropas. Otra ventaja de este animal es que podía criarse en suelos más pobres, sin requerir los extensos pastos de la vaca. Detrás del cobertizo de las ovejas se ven los panales vacíos, otra indicación de la época invernal, pues se ahumaban en otoño para matar a las abejasy así hacerse con su miel que endulzaría los alimentos y la cera que servía para hacer velas. Con la primavera, los campesinos se internarían en los bosques para apresar enjambres.
En el lado derecho de la imagen se ve una figura envuelta en una capa para protegerse del frío. La edificación que hay detrás de ella, al amparo del bosque, es un palomar. Este animal se usaba sobre todo como fuente de estiércol para abonar las huertas; al mismo tiempo, como era un animal voraz para los campos, se limitaba legalmente la cantidad de palomas que podía tener cada propietario, pudiendo tener más palomas cuanta más extensión de tierra se tenía. De esta forma, el tamaño del palomar era un indicativo de la riqueza del señor.
Género[editar]
Los libros de horas solían contener un calendario, en el que las distintas épocas del año estaban representadas, con los quehaceres propios de cada mes. A pesar de que estaban destinados a un público aristocrático, solían representar escenas campesinas, pues las labores del campo se adaptan mejor a las diferencias de actividades a lo largo del año. Gracias a ello, el campesinado apareció representado en la pintura europea, siendo de esta manera “uno de los principales documentos históricos sobre la vida del campesinado en la Edad Media” (Hagen).
Las representaciones solían ser convencionales. Así, el mes de febrerosuele representarse mediante la imagen de personas calentándose al fuego y la del leñador. Así puede verse en esta lámina de Las muy ricas horas del duque de Berry y en otras obras, como el Breviarium Grimani, que es de un siglo más tarde.
La finalidad de estas representaciones en los libros de horas, destinados a la devoción, no se sabe con certeza. Hagen apunta que quizá fuera un “recordatorio de lo efímero de las cosas terrenales” o quizá indicase “que Dios también regula las estaciones del año”.
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